NOTAS:
[714] En las dos ediciones alterationes, por culpa de los impresores extranjeros.
[715] Hombres, en las dos ediciones antiguas.
[716] Esclauon en las dos ediciones antiguas.
Morio aplica su muger al casamiento de la hija con cierto gentil hombre, y hablase en Heraclio a la postre.
Morio, Astasia.
[Mor.].—Muger, no me dexan éstos en paz por la respuesta, mira lo que te paresce, pues sabes leer y lo entiendes.
Ast.—No la queria[717] casar tan presto.
Mor.—Por qué? no es más que tiempo? Andronia, Sophia, Cleophila, no son más moças?
Ast.—No está en esso; queria cosa a mi contento.
Mor.—Bueno era el de antaño y mejor el de aora, vistoso, rico y de buenos parentes; pintado nos venia.
Ast.—Pintado sí, natural no.
Mor.—Qué tiene? mocoso es, si tan quillotra eres, mandemos hazer vno.
Ast.—Muchos ay hechos que nos no conoscemos; ya que no faltan bienes de fortuna y buena voluntad, trabajemos por auer los del spirito. Qué vale sin ánima vn cuerpo, sin hombre los dineros? parece la hermosura y la riqueza, pero la virtud no; ésta busco yo, y ésta compraria si se vendiesse.
Mor.—No te entiendo, ni sé lo que te quieres; no paras mientes quán estimados son los ricos? y cómo biuen a su plazer? comiendo quando quieren y beuiendo y dormiendo quando les plaze? qué más virtud o diablo es menester?
Ast.—Bien veo que esso te bastaria a mi despecho; no te digo cada dia que los ricos tienen más obligation de la buscar, pues son ministros y dispenseros de otro: y sus bienes los talentos con que deuen negociar? que desta vsura y interes se sirue Dios. Mas va todo muy al reues, porque los pobres nos hurtan esta gloria.
Mor.—Aun por esso los ahorcan.
Ast.—Mal peccados! y trabajo yo porque quando fuere al dar de la cuenta no tengamos tantos cargos; pero no hazes que irme a la mano rusticamente.
Mor.—No hago, amores, pero acuerdate que mires por el virote, pues lo ganamos con trabajo y vee cómo a de ser.
Ast.—No me contenta el paño.
Mor.—Quieres a Dareno?
Ast.—No.
Mor.—A Glafiro?
Ast.—Tampoco.
Mor.—A Dalindo?
Ast.—Menos.
Mor.—Y de más, si tienes ojo, a este que aora de aqui va.
Ast.—Seria malo?
Mor.—Buen hombre es, aunque no paresca muy auisado.
Ast.—Ah, ah, ah, y en qué lo ves?
Mor.—No le entiendo cosa que diga.
Ast.—Tambien él se quexa de no entenderte.
Mor.—Estamos, pues, en juego.
Mor.—Ni sé si tiene algo, que estos forasteros andan con las olas y biuen de prestado[718].
Ast.—No importa, nos se lo daremos, pues le sobra lo que yo busco, que conserua todo.
Mor.—Ya te entiendo; si te paresce assi, en ti lo dexo.
Ast.—Mas en Dios, que es el más cierto casamentero.
Mor.—Otra cosa se me oluidaua.
Ast.—Qué, hermano?
Mor.—Que podria ser tuuiese alguna mala opinion, que estos philosophos cada vno haze la suya.
Ast.—Quanto a esso, yo estoy segura.
Mor.—Esté bien, pero si quieres, yo preguntaré.
Ast.—No ay para qué en lo sabido, y seria hazelle daño y a nos poco prouecho; speraremos más vn poco, porque el tiempo es maestre en todas artes.
Mor.—Bien dizes, vida mia.
Heraclio y Logistico asechan a Asosio que va uender sus pollos y hablan con él.
Heraclio, Logistico, Asosio.
[Her.].—Passas por la burla?
Log.—No ay que fiar, yo la tenia por vna sancta Gertruda.
Her.—Mi aguelo, la color se lo defiende; no oyste dezir, guarda de Español roxo y de Aleman moreno? sabete que señala naturaleza lo de dentro en lo de fuera[719] muchas vezes.
Log.—No me diras cómo passó?
Her.—Fuera bueno que lo vieras para lo gustar mejor. El vellaco tiene la proa a Melania y la massa entre las manos dias ha, aunque lo niegue; yo por ver en qué rumo yuan los amores le asechaua; quiso la dicha que la caça fuesse más larga, trayendo el diablo por alli a Amertia, con la qual concerto cierto viaje passados sus requiebros, y despues a Mania, nuestra amiga, que tambien fue mate a pocos lances.
Log.—Mucho me cuentas.
Her.—Por su vida, que borracho de los fauores se gloriaua auer onze en la fragua.
Log.—Pese a tal con el milano; dessa manera no quedará polla en toda la comarca; ya queria encontralle para dalle algunas martilladas.
Her.—Essas seran sus mangas: pues tambien alli se dio en tu pelleja.
Log.—Mas de veras?
Her.—Vete de ay, que todas te conoscen ya y por burlon no creen cosa que digas.
Log.—No ay hombre que hable más a proposito, pero como son todas desconfiadas de plazer, quando les hablan no lo creen; mas yo vestiré largo de aquí en delante y hablaré entonado como tu moço: haziendo concierto con la risa de pagalle en casa su alcauala.
Her.—Es ya tarde, que tienes lleno el mundo d'esta opinion; pero podiendo transformarte como Apuleyo, no seria malo.
Log.—Oxe, antes las lleue el diablo a todas. Mas no me acabas de dezir en qué paró.
Her.—Passados los dos bancos, entró en el puerto negro, y concluyó con la señora Melania de la proueer de pollos, y ella a él de pan, por le faltar la comodidad de salir fuera; spero que no los comerán sin sal, y de hechar el vino con que sude y no vaya sin olor a la señora, para que se hallen por virtud o necessidad hermanos.
Log.—No seria bueno hazer d'el tosco y tomalle la mercaderia?
Her.—Quál?
Log.—Quál sino los pollos? que por la gallina no le dare vn higo.
Her.—No es todauia mala ropa, a lo menos no será menester yr buscar el Equinoctio, qualquíera de los Polos más ayna si el Luzero no los esconde.
Log.—Nunca yo tal speraria, sino al relox.
Her.—Pues otros correrian los doze Signos.
Log.—Para dar consigo en la torrida Zona y hazer Momia para vender a boticarios.
Her.—Todo lo meresce la nauegacion y el nauio.
Log.—A otro perro con ese huesso, que yo he almorzado, señor mio, y tú, cómo estas? cantas ya todas las vozes?
Her.—O, soy vn Amphyon en Thebas y Arion en el Delfin.
Log.—O comido de los ladrones! oyga yo todauia algunos puntos.
Her.—Qué más puntos quieres que estos de mi lira? No tiene la piedra iman más fuerça en atraher el hierro, y aqui verás cómo d'el cielo vienen los nombres.
Log.—Antes le hazes mucha ventaja si puedes con todos los metales, pero recelo que tengas necessidad de otras magicas para el oro.
Her.—No estimalle es cosa natural.
Log.—Algo dizes, mas si fuese contra hecho esse desprecio, entiende Pluton la cacha y gana el juego.
Her.—Y tú no me conoces? no sabes que ni Diogenes para Alexandre, Fabricio para Pirrho, fueron más seueros?
Log.—Perdoneme, señor, que se me oluidaua; aunque habla su merced de talanquera, terniamos más experiencia de sus philosophias si fuesse menester hazer quaresma.
Her.—Otras mayores tengo de mí.
Log.—D'el tiempo de Marco Crasso contra los Partos?
Her.—De más cerca.
Log.—Vengamos todauia a lo que cumple; en qué clima estamos?
Her.—En el de Phenycia.
Log.—Ya lo entiendo, quieres dezir ser el ave Phenix.
Her.—No más ni menos.
Log.—Mande Dios no te nos bueluas el cueruo de Noe.
Her.—Y más aora con una lection que ley.
Log.—En los naturales de Aristoteles o en el Timeo de Platon?
Her.—No fue ello menos a la fe, porque no quedó secreto natural.
Log.—Qué de borrones auria en el papel, cómo cuadraua? no hazia milagros, y afirmaua que se auia passado a ti el anima de Aristipo el magro?
Her.—Por regla de Pythagoras. Sea como fuere, no me accusará de moneda falsa, aunque fuesse rara y antiquissima la que despendi.
Log.—Algo pornias tú de casa.
Her.—Los cayreles y pespuntos.
Log.—Quién dio la seda?
Her.—Nunca falta un charlatan polido y adobos para la olla.
Log.—A qué vino la philosophia! Manzilla tenga d'ella; pero con todo, vuo banquete?
Her.—Aura que passe a los de Lucio Luculo, y la mesma Arabia Felix con su Phenix como está dicho.
Log.—No quemen essa y nasca algun abutre, porque éstas al cabo dan en ello o en ratones, como la amiga del mancebo de Isopete, que auia sido gato.
Her.—Guay de orejas que tal oyen! No, que aqui ay exception.
Log.—Como en las otras. El caso es que yo te veo lleuar al hospital por loco; no seria malo hazer d'ello testamento.
Her.—Ah, ah, ah!
Log.—Reylo aora, que despues lo llorarás. Por esso caço yo a diestro y a siniestro sin saber el nombre a nadie.
Her.—Alguna bestia hallarás vn dia que te quite el tuyo.
Log.—Sobre auiso ando.
Her.—Está bien.
Log.—Mas consuelate con esso, o con éste que aca viene. El mesmo es; mira, mira, qué precioso.
Her.—Sí a la fe, y de más si le an tendido alguna red.
Aso.—Quién compra pollos, quién quiere hueuos, quién pide leche? Eya, hermanas, buen barato.
Log.—Oye, oye, o hydeputa qué figura! no me puedo tener que no le arroje algo.
Her.—Está, diablo; no heches a perder la fiesta, que en diez años no aurá otra tal.
Aso.—Eya, quién compra? o qué noramala vengays tan de mañana truanes, Heraclio y Logistico; con quién voy topar yo, Virgilio en cesto? Por acá me tengo de colar. Pese a tal con el viage; esto me faltaua aora.
Her.—Olydo nos a, que se quiere desgarrar.
Log.—No lo penseys bayo, que todavia aguardareys la silla o el albarda.
Her.—Cierrale el puerto por allá, y yo por acá lo llamaré. A de los pollos, ola hombre de la cabeça, nos compraremos.
Aso.—Caydo he, qué remedio. Tiente fuerte, Asosio, y ensuziate la cara con d'este lodo. Tomaos allá con los amores negros.
Her.—Buenos dias, hermano, traes capones?
Aso.—No, señor, mas traygo pollos de que los podreys mandar hazer.
Log.—Bien lo representa; pues cómo? con emplastros?
Aso.—Cortandoles los Dios nos guarde.
Log.—Qué Dios nos guarde? qué diablos dize este villano?
Aso.—Los hablando con saluonor.
Her.—Qué saluonor? Habla christiano, bestia.
Aso.—No lo entienden sus mercedes? pues no es Latin, los compañeros.
Log.—Qué compañeros? y de más si nos trama este villano traycion alguna, que somos compañeros.
Aso.—Assi te açoten como no lo entiendes.
Her.—Qué dizes?
Aso.—No lo sé dizir en otra lengua; compren sus[720] mercedes, si tienen gana.
Log.—Quánto el par?
Aso.—No más de dos reales.
Her.—No quereys perder, y los hueuos?
Aso.—A cuatro marauedis el par.
Log.—La leche?
Aso.—A tarja el açumbre.
Her.—Ganará en ello, si pierde en lo demas.
Log.—No fiareis, señor, hasta la buelta?
Aso.—De mil amores; adonde es la posada, mi señor?
Her.—Descabullirse quiere.
Log.—No ves cómo da este honbre el ayre de Asosio nuestro amigo?
Aso.—Guay de tal si mé conoscen.
Her.—Qué dizes, hermano?
Aso.—Digo, señor, que nunca di ayre a nadie, antes soy de muy buena condicion.
Log.—Y es de creer; aora venios con nos y si compramos pagarémos.
Aso.—Norabuena, no me engañareys, vellacos, que pensays me days la cuerda.
Her.—Qué dissimulado viene!
Log.—Tanto mejor; no sospecha que le conoscemos, ni tú mires mucho para tras. Vienes, hermano?
Aso.—Voy, señor, aunque despacio, porque me toma vn çapato el pie; no me cogereys tan presto.
Log.—Pues no vienes?
Her.—Qué es d'el?
Log.—Colado se nos a por la calejuela; más supo a la fe que nos.
Her.—Dexalo yr, pero hagamosle otra peor.
Log.—Qué, por tu vida?
Her.—Que te vistas a la Asosia para yr al puesto acordado con Amertia, haziendole de lexos señas que te sigua hasta la teneres en la mano.
Log.—Nunca mejor hablaste; más preciaria burlar d'éste y engañar la Nimpha que ganar vna ciudad.
Her.—Quedara pago de vno en papo, otro en saco.
Log.—Voy entender en ello.
Her.—Y yo contigo a ayudarte a armar.
Log.—Para el torneo.
NOTAS:
[717] No la quiera, en la edición de París.
[718] Habla dos veces seguidas Morio. Debe de faltar una pregunta de Astasia.
[719] Fuerza es errata en la edición de París.
[720] Tus, en las dos ediciones.
Entrando en casa de Astasia Asosio, Melania se burla d'el y manifiesta a las damas su disfrace.
Asosio, Melania, Idona, Astasia, Aplotis.
[Aso.].—Yo os abezaré, si biuo, a burlar a costa agena, reuerendos. Qué bien empleado fuera dar comigo en vna escuela, donde no quedara rapaz que no se esforçara a acabar de me sacar de seso. Y cantara entonces la cancion de tales poluos tales lodos, aunque nunca falta quien responda:
yerros hechos por amores
dignos son de perdonare[721].
Y este es el bueno del apetito en habitos de frayle, cargado de propositos de penitencia para el otro año, tambien cantando:
Parildo, infanta, parildo,
que assi hizo mi madre a my.
Y todo despues se oluida con jura mala en piedra cayga. Desseo de entender la intention d'esta vellaca: el amor es ciego, no dé comigo en algun despeñadero do sean menester manos prestadas. Quanto a lo primero, ella en son de escoger me hará entrar en la casa de las gallinas sin dezir más; a mí toca entender el texto y glosallo conforme al lugar y tiempo. Más me quiere a lo que veo de lo que yo pensaua; es auisada, contentanle los donayres. Con estas tales teneys andado medio camino en empeçando, que vna necia a menester sciencia hecha de nueuo. Qué dispuesta y agraciada es, assi fuera el cuero; mas essa es la salsa d'este manjar; nunca pimienta hizo mal en tierra de pescado. Ya me paresce que estoy en la tela, segun lo traygo en antojo.
Mel.—Allá vienen mis amores. Qué bien le estan los habitos, mal año para Plauto ni Terencio quanto al pintar.
Aso.—Esta es; pregonemos por lo que haze al caso. Quién compra pollos, quién pide huevos? la leche se quede.
Mel.—Cómo entona el señor Iusquin! A de los pollos, hombre de bien!
Aso.—Llama, señora?
Mel.—Si son buenos?
Aso.—Buenos, señora. Pero mejor la voluntad que me hizo mudar el hábito y lo hará a la vida si cumpliere.
Mel.—Entra, señor Asosio, que no es tiempo aora desso.
Aso.—Soy contento, quedese para despues.
Mel.—Passá acá, son todauia buenos? por dissimular si nos vee alguno.
Aso.—Entiendo: tu merced escogera. O, amor mio, vida mia, es possible que te tengo a solas?
Mel.—Aqui verás quánto te quiero: Quién me llama? quién es? Nunca falta vn caramillo. Sperá aqui sin hazer mudança, que luego boluere.
Aso.—Pues cierra tras ti la puerta.
Mel.—Assi lo hago; que tal fuera yo para las olimpiadas, si los juegos assi fueran, no faltara risa y no me alaba nadie. He aqui la discrecion, la gentileza toda en vna gallinera: son escaueches de la malicia, que en fin es necia. Señora, mi señora, vea tu merced la compra que hize, y si puedo seruir de mayordomo y dispensero juntamente? Entra a ver mis pollos y vn hermoso gallo, que es lastima no ser capon.
Ast.—Qué dize esta loca, moças? que no la entiendo.
Ido.—De como le diste el cargo de las aues para el domingo, aurá acertado y no se le cueze el estomago.
Aplo.—Vaya tu merced.
Ast.—Qué dizes, Melania?
Mel.—Que alabes, señora, mi diligencia y buena dicha.
Ast.—Veamos pues.
Mel.—Allá las dexo y voy asechar de la otra parte.
Aso.—Las matronas me paresce oygo. Dios nos guarde de traydores; perdido soy si acá se entran.
Ast.—Ay, quién está aquí?
Aso.—No nada, señora, el gallinero.
Ido.—Que me maten si ésta no hizo alguna burla a éste.
Aplo.—No deue ser menos, porque él buelue la cara.
Ast.—Qué hazes aquí, hermano? no hablas?
Mel.—Hablará el diablo.
Aso.—Sí, señora, pero tomóme dolor de muelas.
Mel.—Ah, ah, ah, dolor de muelas!
Ast.—Algo es esto, amuestra, hijo.
Aplo.—Valas me Dios, este es Asosio.
Ido.—Qué dizes, loca, perdiste el seso? El mesmo es, qué será esto? aqui pasaron los amores?
Ast.—Bien, señor Asosio, dónde dexaste tu vestido? no trocaste, segun yo tenia la opinion?
Ido.—Es d'espantar adonde tanta cortesia y virtud ay caber engaño: que Melania no lo haria sin causa.
Ast.—Assi se tratan las cosas de los amigos? fiara la vida y la honrra del señor Asosio.
Aso.—Pues no ay otro remedio que accusarme del peccado y confessar el hurto, yo me rindo al castigo que ordenares: dispensando todauia con el amor y juuentud que dieron occasion al desuario. Y sobre todo el fiarme demasiado, que si no es prudencia, es vicio natural de nobles coraçones y no viles, como el que aqui me traxo. No quiero alegarte cosas passadas y a quántos esta passión en estremos muy mayores hizo caer: porque tu virtud y discretion consiente que dé la lengua lugar a su dolor extraño y enmudesca aora y despues. Mas spero dexar muy presto con el hábito la liuiandad de mi juyzio, que tan mal supo atinar, y darte de mí satisfacion.
Ido.—No aprueuo esta hazaña; para qué es tentar a nadie?
Ast.—Es assi, en esto mayormente. Señor Asosio, aunque la culpa sea digna de castigo, yo lo quiero por aora suspender hasta tomar informacion y auer oydo la otra parte, que te prometo sea sin passion. Y vete norabuena al viejo hombre, porque el moço no te quadra. Lleuando por penitencia el peso del desengaño de las mugeres, para que sepas mejor guardarte dellas de aqui en adelante.
Aso.—Será lo que Dios quissiere, que yo no prometo aora milagros; él quede contigo y con estas señoras.
Ast.—Y vaya contigo.
Aplo.—Señor Asosio, busca otra que mejor te compre la mercaderia.
Aso.—Paciencia.
Ido.—Risa me toma de ver el diffrace y inuencion, y por otra parte no estoy en mí de tanto atreuimiento, assi d'ella como d'él.
Aplo.—Allá do viene, qué heziste, satanas?
Ido.—El diablo lleue tanta desuerguença.
Mel.—Calla, que assi es menester para escarmiento de otros.
Ast.—Di cómo fue.
Mel.—Procuraua su merced de me engañar, diziendo que no auia querido más Paris a su Helena y que todo era honestidad y buen proposito. Estando, pues, quasi en la red, alcancé dél tanta verdad, que esto es lo menos con que pagalle. Lo que a mí vendia hazia a otras onze que se alabaua traer en su rueda el diamante fino. Testigo Dios y yo que lo oymos.
Ido.—Mirá por vida vuestra.
Ast.—No ay que fiar.
Aplo.—Dios te dé salud.
Ast.—Qué cosa son hombres! d'el mejor nos guarde Dios.
Mel.—Entrese tu merced y oyra el resto alla.
Ast.—Sea assi, llegaos vosotras al sermon y sabreys los articulos desta fe.
NOTAS:
[721] De perdonarte dicen las dos ediciones antiguas. Son versos bien conocidos del romance del Conde Claros, donde se lee perdonare.
Logistico, disfrazado en los habitos do Asosio, engaña a Amertia y ella lo disimula.
Logistico, Amertia.
[Log.].—Yo dare cima a esta auentura si no me engaña el coraçon. A despecho del cauallero de las onze (donzellas no) hecho Nereyda, por amores de la Reyna Buruca. No veys el disfrace que le dio? y qué tal queda si ay desastre en el camino. Qué lindeza y gesto para extremos: el Caron os matará de amores; pues la risa, otro que tal, con aquella boca de crocodilo. Aqui es buen paraje, medio reboçado, que es el ayre del amigo, y pisar con buena gracia, al cabo estoy. Ya queria entre manos la comedia.
Amer.—Mucho me he detenido por la calle, mas qué a hombre de hazer a los amigos con que topa? vno: do va, señora? otro: por qué se alexa de los suyos? y otro: beso las manos. Cumple conseruar la cortesia la qual adorna más la gracia y la hermosura. Y hazer prouision de amigos, ya que la renta no es mucha. Con todo, yo cumplo mi palabra; si me ama como dize, no le causará menos desseo la tardança. Las dos más preciadas joyas que amor tiene son la paciencia y solicitud: si no es otra más principal, por nombre pecunias, porque ésta haze baxar los montes y subir los valles. Asosio es buen mancebo, harto vistoso, y no es escaso si le hazen plazer, aunque sea vn poco acelerado, pero no ay cauallo sin alguna tacha.
Log.—Caydo ha.
Amer.—Allá lo veo; señas me haze que le siga, bueno será por causa de la gente, que nunca falta quien os conosca.
Log.—Ah, ah, ah, y qué de priessa viene y encandilada. Todo está proueydo, no estoy a lumbre de pajas.
Amer.—A dó me lleua? otro barrio es este de lo que yo pensaua.
Log.—Aqui la aguardaré, que no podra ya arrepentirse.
Amer.—Qué es esto? o yo estoy ciega o este no es Asosio; Logistico es; trato a sido. Pero haré, conforme al tiempo, de necessidad virtud, y que no sienta otra de mí sino que le sigo por quien es. No ay, señor Logistico, quien te alcance.
Log.—Assi medres como tal pensaste. Por alexarse de poblado y poder gozarte sin recelo de encuentros y otros desastres.
Amer.—Bien ves cómo te fuy obediente.
Log.—Qué menos puedes hacer que siguir a quien te sigue y todo es tuyo? Razon y amor te an inclinado a lo que de tantos dias te meresco. Sabete que esta noche lo soñé, y como sea gran interprete de sueños, lo tuue luego por reuelacion.
Amer.—Siempre su merced se burla de los mal vestidos.
Log.—Mal vestido llamas a essos ojos, a essa boca y a essa nariz tan afilada? no quiero en mi vida hazello de otro paño.
Amer.—No lo digo yo? cómo es cierto que a dos dias te enfadasse!
Log.—No es más menester, señora; en tiempo estamos de experiencias, y bien sé yo vn ánima que vio otra'nima a pocos dias hablar con vn cuerpo sin ser vista.
Amer.—Podria ser, con quién o adónde?
Log.—Entremonos, que yo te lo dire.
Amer.—Como mandares.
Asosio va al concierto, y halla de buelta a Amertia, que se burla dél.
Asosio, Amertia.
[Aso.].—O Dios, o hombre desgraciado! por qué no te hechas en vn pozo? O gran traycion, engaño no pensado, o hombre perdido! mira por quién, o perra ladrona! no creo en la leche que mamé, si no se la embido de todo el resto y quedeme en camisa. Gallinero yo? No, no; erré el menester; recuero, recuero, pese a tal, con seys dozenas de asnos, y aun seria poco. Ora está bien, vamonos a comer, pues no auemos almorzado; qué mas querias necio? que la caça de Amertia mohosa es, vale más de noche que ésta de dia. O quién pudiesse rematar con ella el fin desta jornada y que no fuesse tragica la historia! Pero seria en mí bien empleado auer venido y ser ya buelta. Qué es esto? Qué fue de ti, Asosio? no se me quita esta phantasia, ni lo puedo creer, pues a osadas que no fue sueño. En qué cuenta me ternan, que a dos dias se sabe por la tierra? Qué lindo crédito terné en amores? de onze se quedarán en media, y oxala, pues la burla es lo mejor, y más si entienden que me duele. Cumple tener la barba tiesta y hechar el negocio a zomberia o dezir que fue apuesta o por darles regozijo.
Amer.—Quán desuiados son algunas vezes los casos o caminos del pensamiento. Todo por mejor, qué le falta para no ser en el bien empleado?
Aso.—Quién será esta? la mesma es; aina perdiera el rastro si más durara la de marras.
Amer.—Harto mejor por cierto que en aquel vellaco de Asosio.
Aso.—Conmigo lo ha.
Amer.—Quién pensara tal! gallinero por Melania? mira qué lindeza de donzella.
Aso.—Qué cosa es esta? o yo duermo, o ésta sueña, o algun paxaro se lo dixo. Quiero todauia certificarme. A, señora.
Amer.—O qué bueno, aquí do viene! el diablo le lleue si le hablo.
Aso.—Eres sorda? a, señora! qué a de ser esto? a se mudado el tiempo?
Amer.—Sí, pues los galanes se hazen truanes; atras la dexais, hermano, no os embian aqui.
Aso.—Cómo no, y la promessa?
Amer.—Digo que no es esta la puerta; no compran aqui pollos.
Aso.—Guay de tal! qué pollos, vida?
Amer.—Podeys tratar en otra mercaderia de oy en adelante, que no demandan en ésta.
Aso.—Qué mercaderia? detiente, amores.
Amer.—A otra perra que te muerda. O hydeputa, qué cortesano! ah, ah, ah.
Aso.—Ido se me ha. Quál diablo se lo dixo? Yo estoy encantado, o perdi el seso o duermo. Pero aqui los ojos abiertos, las manos, los pies, ando, hablo, tengo orejas y el bonete en la cabeça. Este es el vestido de ayer. Pues qué sera? Voyme a alguna hechizera o nigromante; veremos si me hallo o qué es de mí.
Logistico tornando de su auentura halla Melania y altercan sobre Asosio.
Logistico, Melania.
[Log.]—Más que cierto salió el sueño o consejo de nuestro amigo Heraclio. La quenta es que solamente lo que dexa de cometerse no se alcança. Quién viera sus melindres y grauedad! Guardar a éstas otro decoro es necedad, porque se os lleuantan a mayores, demas de no entendello, atribu[y]endolo más a su gentileza todo que a vuestra buena criança. No va triste la señora, ni creo trueque lo de oy por lo de ayer. En lo futuro ternemos vigilancia, y Asosio ladrará de fuera. No saca este año palabra d'ella segun yua estomagada. Pues si le encuentra en el camino, basta para boluelle loco. Holgaria topar con él para discantar vn rato sus romances. Porque su gloria del bellaco es hazer assi vna d'éstas; mas si él fue a saluamiento con sus mercaderias y halló el recaudo que queria, alli se aurá de quedar esbauacado sin querer otras ganancias. Que las señoras conuertiran en bestias todos sus huespedes como Circe, y Heraclio no lo cree hasta dar de pies en el lodo. Atrauesando por esta calle podria ser le hallasse en su insula poco firme. Vna cabeça veo allá en palacio. No será la de Helena? Toma si me engañé; no es ella otra.
Mel.—Logistico es éste que acá viene, marauíllome velle solo, si sabe por dicha del infortunio de su amigo; que es de creer fuesse a buscar con quien llorarlo. Porque éste, Heraclio y él son de vna camarada. Pero no trae semblante d'ello.
Log.—Media ora a que me da el ayre dessa gracia.
Mel.—Spera, que yo te pagaré con otra tal. Y yo, señor Logistico, me espantaua de la nouedad de mi alegria sin saber de qué.
Log.—No quieres, segun veo, quedar deuiendo nada.
Mel.—Ni el interes; pero dónde dexaste el ánima?
Log.—Qué pregunta a un hombre de amor tan libre! conmigo biene, que será parte para mejor seruirte si algo mandas.
Mel.—Arguyes tan sotilmente que no hallo ya con qué pagarte.
Log.—Tambien esso es arguir, mas no me marauillo, pues que en amores eres tan dichosa.
Mel.—Cómo assi?
Log.—Quien tiene por seruidor a Asosio, que es el primor de media villa, qué le falta?
Mel.—Bien lo ha mostrado dende ayer acá.
Log.—En qué?
Mel.—En vna gran canalleria.
Log.—Mordiote? mas de verdad, si te hizo algun agrauio, deues perdonalle, que de amor seria.
Mel.—Buena era su voluntad, pero él queda el agrauiado: entre damas gallinero hecho, lleno de motes y villancicos.
Log.—Pues quién lo traxo assi entrellas?
Mel.—Tú lo sabes ya, sino ve a dalle el parabien. Y assi os abezarán burlar de quien no mereceys seruir.
Log.—Señora, no se encienda, que si él pecó no es razon que sean tantos los castigados.
Mel.—Todos soys vnos, y a la fe que no tenia Heraclio por acá en mí mal auogado. Mas ya estoy deliberada no creer a nadie, y ay otras deste parescer.
Log.—Qué peligrosa es la ira en las mugeres!
Mel.—Más a los homhres su poca fe. Y esto, señor, le diga si le viere: que yo me recojo al monesterio.
Log.—No tengas más salud de lo que se me da de tus querellas; al monesterio, su ordinario hablar y engaño, siendo tantos los que entran y salen que podemos llamarle bodegon. Asosio todauia a caydo. Quien biue de engañar no es mucho ser engañado. Empero, si yo le conosco, a osadas que no vays a Roma buscar la penitencia. Quién son éstos que acá vienen? Ya, ya, Apio el tocho y Mecion el blanco; tambien han sido de los nuestros, no sé aora de qué tierra son; allá se van con todo, y la abeja maestra sale a ellos. Hecho estaua, algo aure de coger que lleue, que mi gloria es andar por el mundo a descobrir hurtos assi.
Apio y Metio, seruidores de Astasia en otro tiempo, bueluen al juego y son d'ella muy regalados: Logistico lleua las nueuas de lo que vee.
Apio, Metio, Logistico, Astasia, Idona.
[Apio.]—Qué dizes, Metio? no es razon frequentar tan buena calle? y la compañia destas damas?
Metio.—Sí, por mi vida, porque nos quieren grande bien.
Log.—Ya embidais? mejor juego teneys que Asosio.
Apio.—Algo digo yo, que allá veo vna sombra de cabeça.
Log.—Harto os sobra desso.
Apio.--La matrona es; vamonos a ella, y ternemos vn rato de passa tiempo.
Log.—Y lo dareys, si la boz os ayudasse, pero soys todos baxos.
Ast.—Idona, nuestros buenos amigos Apio y Metio vienen acá: hagaseles fiestas, que lo merescen.
Ido.—Tienes razon, señora.
Ast.—Bien, caualleros, qué fruta nueua es esta? de do o para do?
Apio.—De la tierra para el cielo.
Log.—Oxe, tambien metrificays, caballo de Thesalia? cómo agradará a la Sybilla.
Ast.—Qué breue y avisadamente lo dize el señor Apio.
Log.—Tal sea tu salud.
Ast.—Pues, señor Metio, por qué no hablas?
Met.—Spero a mi lengua.
Ast.—En casa la dexaste?
Met.—No lo digo sino por la señora Idona, que no la veo.
Ido.—Los ojos, pues, dexaste y no la lengua.
Met.—O angel mio, y ay estauas y no te veya?
Log.—O pallo mio, ay llegays? nunca lo pensara.
Ido.—Otro deues de tener, pues admites tanto oluido en tu memoria.
Log.—Dessas soys tambien? guay d'el amigo.
Met.—Oluido, señora Idona? primero bolará vn buey.
Log.—Ah, ah, ah, y más si fuese de su cuerpo.
Ast.—Buenas estan las culpas y desculpas.
Apio.—Por esso hago yo bien, señora, que estoy metido en tu poder y cada dia soy más tuyo.
Log.—Gentil auiso es un gauilan.
Ast.—Ya lo sé, hermano, y me doy por satisfecha.
Log.—Aquí, aquí, noramala se entienden las personas, que no en la Academia de Heraclio, que es todo alegorias.
Met.—Bueno fuera, señora Astasia, que mi proceso fuera ansina. Pero la parte es muy contraria.
Ido.—En qué lo ves, Metio?
Met.—En que me miras de traues.
Ido.—Tú eres esse.
Ast.—No aya más, hagamos pazes.
Met.—Soy contento, si toca la mano.
Log.—Mas el pie, que bien lo assienta.
Apio.—Sí haré.
Ido.—Si tú lo mandas, señor Apio, que eres el viejo amigo.
Apio.—Que sí.
Met.—Y si yo tocasse más, señora?
Ido.—Perderias vno y otro.
Ast.—Tienes razon, qué moça está!
Log.—Más que vieja tú.
Met.—Ora yo me contento con lo que mandas y quiero obedecerte hasta la muerte.
Ido.—Assi ganarás todo.
Log.—De acuerdo estan, voto a tal, y no ay memoria de otro parayso, ni Vergilio se lo pudiera pintar mejor.
Ast.—Qué hazemos a la puerta? entremonos y holgarnos emos en el vergel.
Log.—Qué buen pescador; ella es la que guya la dança sin perder punto.
Apio.—Es tarde ya, señora, y ora de cena; quedese para otro dia.
Log.—Esso es lo que haze al caso, si tú lo entiendes.
Ast.—Siempre te hazes de rogar; quedaos a cena acá.
Apio.—No es tiempo.
Ast.—Pues quándo? no me agradan amistades tan de passada; mal hombre, por qué no vienes cada dia a vernos?
Apio.—Tienes aora otras, la nuestra no es tan buena.
Log.—Ay te speraua, veamos qué dize Faustina.
Ast.—Ah, ah, ah. Por tu vida, hermano, que es todo burleria; haze d'el philosopho y huelgome de oylle sus locuras.
Log.—Firmada está la carta, y no era sueño lo que yo dezia, que soy perro viejo.
Met.—Assi es gran passatiempo oyr vn loco de quando en quando. Y tú tomaslo assi, señora Idona?
Ido.—Antes muy de veras.
Met.—Todavia me an dicho que es tu seruidor.
Ido.—No te paresce que meresco me siruan muchos?
Met.—A la fe sí, pero nadie seruirte puede como yo.
Ido.—Y todauia no lo hazes.
Met.—Ya la paz es hecha, yo lo emendaré.
Log.—Buen remendon, y pongase de lodo nuestro sastre.
Apio.—Vamonos, Metio.
Ast.—Vamonos, vamonos; qué priessa tienes? No te dexo ir si no prometes de mudar el pelo.
Apio.—Sí haré.
Ast.—Pues venios mañana a cenar acá, y no faltará fiesta de cantar y bailar.
Apio.—Norabuena, nos lo haremos; beso las manos de tu merced.
Ast.—Buenas noches.
Met.—Y largas, Idona, para quando seas nouia.
Ido.—No me hables en esso.
Log.—Buena va la dança, aunque ay lodo en el camino; fiaos y vereys. Voy con esta fruta a nuestro amigo, veremos a qué le sabe.
Asosio, buscando vn Nigromante, halla la grande magica Doleria, que le promete vengalle de Melania y sobreuiene Heraclio.
Asosio, Doleria Magica, Heraclio.
[Aso.].—De manera, señora, que te affirmas que me harás tomar la figura de vn su requebrado?
Her.—Trama es esto.
Aso.—Y de leualla facilmente do quisieres, que quando bien assi fuesse, esta es el biuo diablo.
Her.—Qué cauallero!
Aso.—Y más ayna se dexará morir que engañar, y podria assi nuestro trabajo ser en vano y muy peor, si por mal de peccados se supiesse.
Dol.—Demasiadamente te recelas; dexa hazer a mí y calla. No sabes que ay artificios de tomar paxaros sin redes?
Her.—Y cómo ay!
Dol.—Qué diras si te la doy en la mano borracha d'el amor de aquella mascara o figura que as de representar, y assi lo hiziera de la tuya propria; pero quiero que tu competidor y ella se tornen locos y que no le quede action alguna contra ti.
Her.—Guay de aquel que os caie entre las manos.
Dol.—Mas apareja vna saya de paño fino.
Her.—Esse es el punto.
Aso.—De brocado te la dare, y lo que más quisieres; pero buz.
Dol.—A mí importa más.
Aso.—Cómo a de ser? por tu vida que me lo pintes.
Dol.—Que me plaze. Ya sabes que todo el mundo me conosce y tiene respeto; frequentaré la casa algunos dias, pues ay principio, y harela creer que el asno muere por ella, y a él que la mula le tiene buena voluntad. Porque no dexe nunca la calle, y alabandole de rico, auissado y otras pieças assi, trataré de casamiento, y de que se vean para el effecto, y no te digo más.
Her.—Buena orden lleuas.
Aso.—Maldita seas, que tanto sabes.
Dol.—Pero tú as de fingir amores en otra parte, como si nunca la ouieras visto, porque no piense que te duele aun la llaga.
Her.—Bien lo asienta todo.
Aso.—No dizes mal, pero no as de dormir hasta la obra ser concluyda.
Her.—De charidad.
Dol.—Assi no duermas tú al tiempo de la paga.
Her.—Ay daras.
Aso.—Vete de ay, que eres vna Pharisea; toma de caparra esse doblon para capones.
Dol.—Bendito seas con tal respuesta. Voy y buelo.
Aso.—Veamos, pues.
Her.—Aqui se pagan ellas.
Aso.—Dónde diablos resurgiste? Andas en pena por estas calles?
Her.—Todos somos d'el Merino; si no pregunten lo a Logistico y a mí, o a la señora Falerina.
Aso.—Noramala para vos, que tanto madrugastes, y para ella, que en tal bestia me mudó.
Her.—Búrlaste.
Aso.—O hydeputa, veys vos, gentil hombre? pues por vida d'este cuerpo que yo le haga hablar otro lenguaje. Que no soy tan Narciso como vos.
Her.—Bien me pesa dello, mas puede ser que tambien mi tiempo llegue[722].
Aso.—Estoylo viendo ya, porque conosco coles de mi huerto.
Her.—Pues Doleria, hará algo de bueno?
Aso.—Algo? verlo has; es bastante a reboluer todo el infierno. Bien sabes ya que auiendo denare me, ay laudare te. Y que en prima pagina está scripto Pecuniæ obediunt omnia.
Her.—Y aun en la postrera; yo he oydo el flete, no preciaria más ganar vn buen cauallo. Por que en forma estoy sentido d'el escarnio, que se deue contar por general.
Aso.—Pues calla y busquemos a Logistico para reyllo a tres partidas.
Her.—Bien dizes, hágase.