Tha.—O qué lindo! de manera que vos soys las Gracias y nos vuestras sombras.

Cal.—Pues qué pensays? Sombra de Aglaia, llegate acá.

Agl.—Ah, ah, ah, o tú acá presto.

Tha.—Y tú acá.

Melp.—Graciosas estan las sombras.

Agl.—Y desgraciadas las Gracias, aunque no sean feas.

Cal.—No más donayres; juntaos al cuerpo.

Agl.—Que soy contenta; con esta saeta.

Melp.—Tirá y uereys si rescibis otra mayor.

Tha.—Qué mysterio es este, sombras de Gracias?

Cal.—Sí, aunque os pese.

Agl.—Tienes razon, si quieres assi interpretar a este mundo, que de lo bueno no ay en él que la sombra, y de lo malo todos son cuerpos.

Melp.—No miras, Aglaia, qué gran doctor se ha tornado tu sombra?

Cal.—Algo deuia deprender de su cuerpo.

Agl.—Y vos no quereys? tomá, pues.

Cal.—Assi y tirays?

Melp.—A las saetas, Caliope, que dexamos junto a la fuente, porque estas no bastan.

Tha.—No yreys solas.

NOTAS:

[741] Debe añadirse á esta lista de personajes el de Idona, que en el discurso de la escena aparece varias veces.

[742] Por errata Aglaia en las dos ediciones. Continúa en todo lo restante del diálogo la misma equivocación.


SCENA 9. DEL QUINTO ACTO

Astasia y su compañia confusos y marauillados de lo que veian, vienen Heraclio y Logistico dar con ellos.

Astasia, Apio, Idona, Metio, Heraclio, Logistico.

[Ast.].—Vistes vosotros?

Apio.—Toma si vymos; yo no puedo creer que sea éste el mundo de ayer.

Ido.—Deue ser otro.

Apio.—Pero yo comeria.

Met.—Calla, diablo; sombras no comen.

Apio.—Quiça que almuerzan nuestros cuerpos aora, que tardan.

Ast.—Nadie se mueua ni porfie, pues aueys visto lo que ha pasado entre las Nimphas, y la furia lleuauan[743] tras sus cuerpos las sombras.

Ido.—Qué les harán por la desobediencia los cuerpos?

Ast.—No escapan de estrecha prision.

Ido.—Sombras prision?

Ast.—Ya ves la qualidad del bosque, que es boluerse cuerpos.

Ido.—De manera que no falta aqui compañia a los solos.

Ast.—No ay aqui solos.

Apio.—No lo viste? dos yos y dos tus, y dos vos y dos mundos auria si entrasse aqui el mundo.

Met.—Pues qué haremos?

Ast.—Esperar los cuerpos con paciencia y rogalles nos saquen de aqui.

Ido.—Y nos no yremos?

Ast.—No lo entiendes; en saliendo del bosque no ay más sombras; qué seria de nos?

Ido.—Estar en los cuerpos.

Ast.—Y si ellos encuentran ladrones que los maten?

Apio.—Oxe, mejor será sperallos; más quiero ser sombra biua que cuerpo muerto.

Met.—Como sesudo.

Ast.—Milagros son que no sabiamos.

Ido.—Nunca tal oy.

Her.—En mi vida he visto burla más graciosa.

Log.—Yo rebentaua por no poder reyr.

Her.—Qué soptil y prompta es nuestra Vrganda!

Ast.—Yo oygo hablar.

Ido.—Si son nuestros cuerpos?

Apio.—Bien vengan si nos traen que mascar, que tan bien lo aria yo aora como dos cuerpos.

Met.--Calla, hermano, que otros son sombras o cuerpos.

Her.—Habla passo, que ya los veo; veamos si parescen nuestras sombras.

Log.—No será malo.

Ast.—Triste de mí, este es Eraclio! qué qué sera de nos con tal verguença?

Ido.—Más valiera ser sombras muertas.

Met.—Guay de nos, Apio; estos son los... ya me entiendes: harán nos algo?

Apio.—No sé a la fe; diremos vayan buscar los cuerpos, que somos sombras nos.

Her.—Quién anda aqui? que veo yo, Logistico?

Log.—Lo que yo, a Astasia y a Idona con sus amores; y todo el pueblo habla dellas en la ciudad.

Her.—O ladrones engañadores, qué aueys robado las damas y los dineros; aqui morireys a nuestras manos.

Ast.—O desdichada!

Apio.—Escuche tu merced, señor Heraclio, que ya te conosco. Verdad es que aqui llegaron esos cuerpos y se boluieron; nos somos sombras, y no es razon que las sombras paguen los pecados de los cuerpos.

Log.—Cómo sabremos nos que soys vos sombras? que bien sabemos ya la propiedad del bosque.

Her.—Con buenos pallos, que siendo sombras no los sentiran.

Apio.—Ay, ay, ay, que me matan.

Met.—Ay, ay, huyamos.

Apio.—Que no soy cuerpo yo, pese al año malo.

Ast.—O cuitada.

Ido.—Bien empleado es, que teniendo espadas se dexan apallear.

Ast.—Qué haran, peccadora, siendo sombras?

Ido.—Que no lo sientan, si lo son, ni nos por ellos.

Log.—O traydores vellacos!

Apio.—No spero más.

Met.—A los cuerpos, Apio.

Her.—Qué correr hazen los villanos; bien paresce que son sombras segun la ligereza. Pues, señora, qué ha sido esto; sin despidir? y el amor, señora Astasia, la paz y las verdades, donde están? cómo lo entendiste? Claro se muestra lo que publican tus seruidores, que aueys dexado los cuerpos y las animas por siguir las sombras. La honrra, grauedad y honestidad, la sanctidad del monasterio y de las monjas dónde quedó? al bosque de las sombras vino a parar todo? y tú señora Idona, que representauas a Minerua, do estás, qué fue de ti? aquel mirar honesto, aquel hablar pausado y otras muchas gracias que tenias, sombras eran y sombra fue todo?

Log.—Y tú más sombra, que se lo creyas. No te lo dezia? no te lo mostraua como en espejo? Qué lindas damas! no se contentaron de robar la honrra, sino tambien la casa.

Her.—No respondeys?

Log.—Estan corridas las peccadoras niñas.

Ast.—Ay triste!

Ido.—Ay cuytada!

Her.—Tarde llegaron essas cuytas y tristezas.

Log.—Cayeronse las raposas, será para ordir otro engaño; dexemoslas y vamonos.

Her.—Esso no, la principal virtud es la clemencia, y con que más los hombres a los angeles se semejan.

Log.—Qué quieres, pues?

Her.—Que vamos por agua a essa fuente atras.

Log.—Y Dios permita que las torne en perras, pues han offendido assi a Diana.

NOTAS:

[743] Lleuan, en la segunda edición.


SCENA 10. DEL QUINTO ACTO

Caliope y Melpomene bueluen a buscar a Heraclio y a Logistico y los toman por sus sposos.

Caliope, Melpomene, Heraclio, Logistico.

[Cal.].—Avn me rio de la yra de las Gracias nuestras hermanas.

Mel.—Harta razon tenian, sombras de Gracias. Dios nos guarde, qué harias si alguno te llamasse sombra de Musa?

Cal.—Lo mesmo que ellas, y todauia de vno y otro ay sombras ya.

Melp.—Y aun por esso quieren boluerse al cielo, y nosotras andamos por los desiertos, porque las sombras tienen lo habitado y vsurpan nuestros bienes. La mentira occupa el lugar de la verdad, la lisonja el de amor, y de toda otra virtud el vicio. No miras que llaman al fuerte temerario, al cobarde prudente y sagaz al malicioso? a tus Poetas locos y chocarreros a mis Tragicos? sin tratar mejor nuestras hermanas.

Cal.—Quántas vezes me rio dello y de la desgracia desta edad postrera, que de hierro se aurá de quedar escoria, que no aprouecha para nada.

Melp.—No le falta mucho; pero dada su buelta, hermana mia, menester es que torne al oro.

Cal.—Esso solamente consuela los afflictos aunque tarda.

Melp.—Natural es de lo bueno y precioso costar más.

Cal.—No ay duda en esso, mas que sean llenas las medidas, no aurá sombras ni bosques, sino todo claridad, y los dientes de cada vno sentiran lo agrio, el paladar lo amargo o dulce, y terná su lugar proprio la justicia, donde la hechó por vna parte la crueldad, la floxedad por otra.

Melp.—No es poco indicio dello que nos embian a estos hombres por sposas, en cuya compañia podria ser resuscitassen nuestras virtudes muertas por manos de los Gigantes.

Cal.—Ah, ah, ah, donosa está Melpomene; Enanos dize, porque essos Gigantes algo hallaron, pues trabajauan de subir al cielo, pero estos estando pegados con el suelo, trabajan y fatiganse por descender al centro del infierno.

Melp.—Pequé, mejor sentencia diste. Caydo se an las sombras.

Cal.—Ni con esso les pueden ya engañar.

Melp.—Agua lleuan para boluellas en su acuerdo.

Cal.—Officio de generosos coraçones; enemigo rendido ni perro muerto muerden.

Melp.—Bien veo que estaremos bien casadas; llega primero tú.

Cal.—Mas tú.

Melp.—Mas sea entrambas juntamente.

Cal.—El regidor del cielo os salue, hermanos, acá en la tierra.

Log.—Heraclio? qué paz es esta o qué vision? qué vista, qué hermosura tan estraña?

Her.—Estoy arrebatado de tal gloria. Nimphas deste bosque deuen ser.

Melp.—No respondeys? estays suspensos de tan no pensada compañia?

Her.—Hermosas Nimphas (que Nimphas deueys ser, segun los gestos Angelicos serenos) nuestro silencio dize lo que callamos.

Log.—Los ojos, almas y las potencias dellas estan en vos, el discurso solamente anda.

Cal.—Soys de nos contentos?

Her.—Cómo podra la lengua pronunciallo?

Melp.—Quereys trocar las muertas por las biuas? la fe por la maldad? engaño por amor? mentira por verdad? las sombras por los cuerpos? por desgracias gracias? por ignorancia sciencia? mortal por inmortal?

Her.—O gran Dios!

Melp.—Pues él lo manda.

Log.—O summa prouidencia!

Cal.—Ella lo ordena, y quiere reducir el mundo a su edad primera. Yo te rescibo, Heraclio, por fiel amante.

Melp.—Yo a Logistico por leal amigo. En esto veys, hermanos, quál sea el premio de la fe y quál el castigo de infidelidad y inconstancia. Mirad con quién tuuistes fe? o furias infernales.

Cal.—No paremos aqui más, hermana; seguidnos vos, amigos, pues quiso vuestra buena suerte.

Melp.—La suya cada vno, y en lo más espeso deste bosque, y entre sus más claras aguas, nos gozaremos del diuino Ambrosia y Nectar; aqui vernan, mugeres, las sombras que siguistes en cuerpos de saluajes hazeros compañia, y terneys tambien otros frescores, conformes a sus nombres; nos iremos luego dar las gracias a la Gracia, a su templo cerca de aqui, cantando todos. Empieça tú, Caliope.

Cal.—Pues qué cantaremos?

Melp.—Algo de amor; digalo Heraclio.

Her.—Pues lo mandays:

El amor que no es amor,
Iusto es que se desame
Y que desamor se llame
Con otra razon mayor.
Porque el que de veras ama
No dexa nunca de amar,
Antes quiere desamar
Al que esta virtud desama.
Y con más razon se llama
Aborrido desamor,
Si no le quema su llama,
O siendo amor, no es amor.


SCENA 11. DEL QUINTO ACTO

Astasia y Idona quedan lamentándose, y vienen los saluajes, a saber, Apio y Metio tornados saluajes.

Astasia, Idona, Apio Saluaje, Metio Saluaje.

[Ast.].—Amarga de mí y desdichada, quál spirito me engañó, qué furor fue este mio? mal afortunado dia, menguada ora en que lo pensé, por qué interes, triste de mí? de un deleyte breue, falsa alegria? es este el remate de mis obras? el fructo de mis votos? a qué mundo yre que no me afrenten Dios y los hombres? para con hombres, hombres bastan alguna vez; mas para con Dios, quién basta o quándo? O soberana Magestad, qué sera de mí en el bosque de las sombras? bien tengo la sombra que busqué.

Ido.—Ay, no más, señora, por tu fe.

Ast.—Por mi fe? yo no la tengo, pues no la guardé.

Ido.—Dios recibira la penitencia.

Ast.—No sé lo que aprouecha quando es forçada. La justicia no dejará nunca su officio.

Ido.—Ni tampoco la clemencia.

Ast.—Qué será de nos? que ya se sabe de nuestro desarranjo. No viste Heraclio do nos halló? No sabes su verdad y mis engaños? pues la causa dellos me desculpa: qué prudencia, qué juyzio, por qué gracias le dexamos? tarde abre los ojos la neccesidad, quando al consejo o remedio ya no ay lugar. Qué esfuerço, qué valentia de hombres, dexar las armas? dónde estauan los dos muertos y tantos heridos desta noche?

Ido.—Estoy atónita.

Ast.—Quán differente premio tiene la fe, en qué pára la virtud y amor sincero, sino en perpetuo galardon? no has mirado la hermosura, gracia, lindeza de sus Nimphas? el amoroso recogimiento que hizieron a sus nueuos amadores? el resplandor de aquellas diuinas caras? los habitos, la magestad de las palabras? su contentamiento y gloria dellos? que de tan breue comunicacion lleuauan ya otros semblantes. O cielos que moueys esto de abaxo, por qué quesiste que nasciesse?

Ido.—Iusto es pagar por do peccamos y que seamos pasto de villanos, y que para nos esten guardados Satyros, como Nimphas para ellos.

Ast.—Yo tomaré por paga sufficiente esta espada, dexando aqui mi sangre en testimonio de la culpa.

Ido.—O señora!

Ast.—Nadie lo estoruará; morire por ambas, pues offendi a ambas. Biue tú para publicalle, y sperar mejor fortuna.

Ido.—Dessa manera, estotra hará semejante prueua en tu Idona. Porque no se diga que si en la vida y mal consejo te siguy, en la muerte no lo hago.

Apio saluage.—Corre, compañero, corre.

Metio saluage.—Corre tú, que yo vuelo.

Ast.—Desuenturada, que aun para morir me falta tiempo.

Ido.—Qué cosa es esta, madre mia? de do vienen tan fieros saluages? yo me muero.

Ast.—Soy les en cargo si vienen hazer por mí la execucion. Ay, mesquina, qué feas y dessemejadas cataduras.

Apio saluage.—Mas lo an sido tus obras de tus palabras.

Metio saluage.—Pagarán las sombras los desuarios de los cuerpos. Aparejaos, que Minos lo manda. Nos somos los cuerpos de las sombras que amastes; venimos a lleuaros do estan los vuestros, terneys paciencia: toma tu sombra, Apio, pues eres Penitencia.

Apio saluage.—Toma tú, Pena, la tuya.

Ast.—O cuytada, no eres Apio tú?

Apio saluage.—Apio saluaje soy, cuerpo de Apio; vuestros cuerpos nos lleuaron do estan aora nuestras sombras; cumple que las sombras allá vayan con nuestros cuerpos.

Met.—Alto, pues, que no ay spacio para arguyr.

Apio.—Assi es, porque Charon spera.

Ast.—Ay triste!

Ido.—Ay amarga!

Met.—A esse tono cantaremos o lloraremos yendo.

Damas, si soys tristes,
Vos lo merescistes.
De ser muy risueños
Lloran vuestros ojos,
Tengan sus enojos,
Como vos los sueños.
Damas, mal dormistes,
Pues tan mal soñastes,
Si assi recordastes,
Bien lo merecistes.


SCENA 12. DEL QUINTO ACTO

Doleria declara a Asosio ser Nemesis, en otra figura embiada a hazer justicia, y le promete la Nimpha Erato.

Doleria, Asosio, Nemesio.

[Dol.].—Pues, Asosio, qué te paresce de mi obra?

Aso.—Qué me ha de parescer? si fuera Rey, no hiziera otro gouernador en mi absencia. Por dicha, hermana, estuuiste en Salamanca o seruiste algun doctor?

Dol.—No serui a nadie, mas enseñé a muchos.

Aso.—Esso es más. Quiça que andaste por el mundo y as aprendido en muchas partes.

Dol.—O enseñado; más vieja soy de lo que piensas.

Aso.—Mas por tu fe, quán vieja?

Dol.—Tanto que me recuerdo de los sabios de Chaldea, de los Sacerdotes de Egypto, Magos de Persia, de los Gymnosophistas o Brachmanes Indianos, de los Druydas franceses, de los Sophistas Griegos y de todas las Sybillas.

Aso.—Ah, ah, ah, donosa está mi ama.

Dol.—Y harto necio mi moço; engáñaste, amigo, si piensas conoscerme; mirame bien aora si pudieres.

Aso.—Qué cosa es esta? dónde estoy yo? qué resplandor de cara y qué hermosura? qué estraño habito?

Dol.—Esta te quedó; yo soy la Nemesis de que oyste hablar a los Poetas viejos, que, embiada para executar estas venganças y galardones, tomé otra figura. Ya ves, hermano, cómo estan los engañados y engañadores, la verdad y la mentira, prudencia y ignorancia; por mí se dize que, aunque vaya coxa de un pie, siempre alcançaré los malhechores y a los buenos para dalles esta corona. Mira qué hermosa es.

Aso.—Estoy ciego de la mucha claridad; pero dime, cómo no tomaste otra figura?

Nem.—No sabes que la justicia es reputada por cosa vil entre los hombres y de todos desestimada? y que debaxo de diferente nombre a sus altissimos effectos obra las más ueces?

Aso.—Yo me callo.

Nem.—Ora, como yo sea Reyna de las Nimphas y tú ayas sido comigo ministro en esto, ternás por premio tambien de tu trabajo a la Musa Erato, tu amiga, y a los compañeros compañia, gozando todos del fruto que sembrastes. Vete, pues, luego para ella, que allá en el bosque la hallarás; quedete Doleria acá en la tierra, que yo me bueluo para el cielo. Y despierte el Mundo, si quisiere, que harto a dormido.


SCENA 13. DEL QUINTO ACTO[744]

Buelue al principio y viene Charon a despertar el Mundo, al qual auia hecho dormir Morpheo despues de sus disputas.

Charon, Morpheo, Mundo.

[Char.].—Ha, ha, ha, qué descansado duerme su merced d'el Mundo, y qué descuydado de su amo el Tiempo, mas qué asido le tiene este traydor d'el Sueño: estoy en punto de burlarme dellos y tomarme un rato de plazer. No acude el uno al freno ni el otro a la espuela. Quiero hazer vn cauallo de los dos, que seria para mí lo natural, por ser ya viejo. Qué tal aprouecha, algo auré de metelle en las narizes, estornudays Mundo? Si supiessedes con qué? Ven acá, ojos de topo, maldito sea él si está en ello. Bueluo al otro; a vos del Sueño, hombre de bien, hao; a essa puerta ni a pie ni a mano, todo está conforme, guay de tal sueño. Si alcançasses, pobre de ti, en qué tierra duermes y quán ayna no ternás ojos! Qué empanturrado está este villano de Morpheo. Ola, quién duerme aquí? a del yubon, ao de las piernas, algo siente ya, por aqui le hallaremos. Aao, ao.

Mor.—Quién llama? quién es? a, a, a.

Char.—B, b, b, ea pues.

Mor.—Qué bueno, qué bueno, y qué bien sabe.

Char.—Aun no lo aueys prouado bien; dormir se buelue, voto a mí. No, no, gentil hombre de Roncesualles o de la ronceria, que ya os tengo la brida en la mano.

Mor.—Dexame, compañero, que estoy cansado.

Char.—De la otra parte del rio descansareys.

Mor.—Qué rio o qué diablo?

Mun.—De todo hallareys.

Mor.—Quién será este? yo me quiero fregar los ojos, y de más si es aquel loco del Mundo que aquí jazia.

Char.—Otro es, si os plaze; abra su merced essas ventanas o puertas de cuerno por donde entran las verdades.

Mor.—Qué veo yo? este es Charon. O hermano, bien venido.

Char.—Bien hallado, primo Morpheo; bien has dormido, ayna te lleuará sin lo sentir.

Mor.—Quiero que sepas; estás ay, perdido?

Char.—A quién dizes?

Mor.—No ves al Mundo?

Char.—Y aun me hize una farsa de vosotros.

Mor.—No lo dudo, pues creeme que sabiendo que vernias le hize dormir, auiendo oydo tantos disbarates, que estoy dellos medio borracho; no viste cosa mas perdida.

Char.—Aora se cobrará en mi barquilla.

Mor.—Mas de veras! lleuarle quieres?

Char.—No es tiempo ya? suelta la cadena, veremos qué ha soñado.

Mor.—No lo viste? en los amores, sombras, Nimphas, en el bosque, y en los encantamientos, y en la Nemesis a la postre.

Char.—Todo esso vi, pero querria preguntalle si se acuerda dello.

Mor.—Mi padre, como yo del primer sueño. Ao, ao, gentil hombre, despierte su merced, que ya es de dia.

Mun.—No es possible; aora empieço yo.

Char.—Qué lindo, y a soñado al pie de seys mil años pocos menos; cuentenos algo por su fe.

Mun.—Quién es el de los cuentos, el torpe de Morpheo?

Mor.—Abre los ojos, loco, y verás tu desuentura.

Mun.—Qué desuentura? maldito seas, villano suzio, con tan buena prophecia.

Mor.—Cómo le saben las verdades! mira, mira esse viejo honrrado.

Mun.—Quién es? otro como tú? qué rebuelta trae la barba y la meleña y qué ahumado viene! Qué buscas, padre, eres quiça leñero deste bosque?

Char.—No, mas soy el piloto de vna barca en vn rio cerca de aqui.

Mun.—Y en ello ganas tu vida?

Char.—A su seruicio, en passar ánimas de la otra parte.

Mun.—Animas sin cuerpos?

Char.—Essos quedan acá, y los vestidos y otras alhajas; por esso puedes començar a desnudarte.

Mun.—Qué necio viejo y mal criado!

Mor.—Al freyr lo vereys.

Char.—Mal me trata su merced; pues, señor, y la Politica, la cortesia antigua, a do le quedan?

Mun.—No se hizo ella para ti, ni para estotro tal como tú.

Char.—Si no me conosce su merced, por qué causa me injuria?

Mun.—Qué ay que conoscer? no dixiste ya que eres barquero y en lo demas desatinaste?

Char.—No preguntarás como me llaman?

Mun.—Para qué? el Mundo no conosce tales hombres. Pero dilo si te plaze.

Char.—Yo soy Charon.

Mun.—Charon? noramala sea, sin otros habitos?

Char.—Pues abre más los ojos. No ves el rio y el nauio?

Mun.—Demasiado veo; pues, hermano, qué hazes por acá?

Mor.—Ya le duele el baço; no lo dixe yo?

Char.—Vengo a buscarte, que demasiado dormiste ya.

Mun.—A mí?

Mor.—Escoziole? a ti, señor de las bigarras.

Char.—Leuantate, pues, y vamos, que no puedo detenerme ni ay licencia.

Mun.—Cuytado de mí; y es possible?

Char.—Desnudate.

Mun.—Si lo as por el vestido, toma y dexame.

Mor.—Ya hazeys partidos?

Char.—Vos aueys de yr, señor; el vestido queda, que ya os dixe que mi barca passa desnudos.

Mun.—Y en esto auia de parar todo lo passado y lo presente?

Mor.—No te lo dizia y reyaste de mí?

Mun.—Ay qué sueño!

Mor.—Al pie de la horca lo conffiesa; ora camine su merced y prouará el resto.

Char.—Ase d'el Morpheo desotra parte y lleuemosle aunque le pese.

Mor.—Eya, pues.

Mun.—Pues y es forcado?

Char.—Ya lo veys.

Mor.—Aun le queda el capirote.

Char.—Dexelo.

Mun.—No, hermano, por tu fe, que soy enfermo de la cabeça.

Char.—Luego sanareys, que no ay cabeças por acá.

Mun.—Sea, pues, assi.

Char.—Entre, señor.

Mor.—Y antes digo que deuia remar.

Char.—Dexalo por aora.

Mun.—Maldito sea el mal sueño!

Mor.—No pequeys, Mundo.

Char.—Señor Mundo, ya veys en qué parays.

FINIS

En casa de Daniel Veruliet,
Año 1572.

NOTAS:

[744] Falta esta indicación en las dos ediciones antiguas.