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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 85: ARGUMENTO DE LA SCENA X
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

NOTAS:

[663] Alusión al romance del Conde Claros.

[664] En el original, probreza.


ARGUMENTO DE LA SCENA VIII

Esperando Floriano a Polytes con la respuesta de Belisea glosa el Romance que atras por él cantado auia. Dale la carta Polytes de su señora y con ella él se desmaya. Va Polytes por mandado de Lydorio en busca de Fulminato, que busque alguna alcahueta o hechizera.

Floriano. Polytes. Lydorio.

[Flor.]—O el más triste de los tristes, y el más sin ventura de los caualleros! dime, muy confiado Floriano, qué esperança te promete tu atreuida confiança? O mi fiel mensajero, cómo te veo en gran afan para complir tu palabra! O, cómo tu buen desseo te hizo no mirar primero el ningún fauor que para tu mensajeria te daua[665] mi poco merescimiento! Bien veo que vas más acompañado de lealtad para seruirme que de justicia para librarme con buena nueua. Mira, mira que desconfio de la vida por pensar que no aurás reuocacion de quien me condena a la muerte. O, cómo pienso y temo que negociarás solicitamente! pero alcançarás lo que vn desfauorido puede en arduos e importantes negocios. O, mi señora, o mi vida, o más que humana Belisea! a qué has de mirar para el librar mis negocios cometidos a solo vn fiel paje? qué te ha de obligar, al responder a mi peticion, algo de lo que pide tan atreuidamente? Porque si miras a mí, falta me merescer; si a tu alteza, no podras humillarla tanto; si a mi justicia, tengo mala probança; pues mire tu poder a tu sola misericordia, y a la innocencia del medianero y abogado. Porque aun asi hallará entrada tu piedad delante el acatamiento de tu majestad, para dar la vida a este muerto.

Pol.—Agora que he cenado y compli con migo, voy a cumplir con Floriano. E si duerme, ay está el dia de mañana; porque en males agenos, poco ay del lunes al martes.

Lyd.—Qué haze?

Pol.—Aun agora llego a esta puerta de la camara, y segun me paresce está tañendo.

Lyd.—Pues oye si cantasse algo de bueno.

GLOSA AL ROMANCE DE LA SCENA QUINTA:
«QUANDO CON MENOS CUIDADO», ETC.

Flor.

La gloria que me esperaua
del morir por quien ya muero,
quando en mí solo miraua,
porque bien no me empleaua,
me mudó mi ser primero:
y ansi me vi ser robado
del poder que en mí tenia
y fuy de muerte llagado
Quando con menos cuidado
mis cuidados yo sentia

Lyd.—Oye, oye, que me paresce que glosa el Romance que compuso este dia.

Pol.—E aun me paresce que va para merescer atencion.

Flor.

Llagado, pues, de tal suerte,
alegre con ser herido,
con ser el golpe muy fuerte,
holgaua llamar la muerte,
del viuir ya despedido;
y ansi puesto en tal estado
que nada de mí sabia,
Me conosci ser lleuado
por nueua guia guiado
do mi desseo queria.
Sin punto saber do fuesse,
jamas vn passo torci,
y aunque mi dolor cresciesse
y mi fuerça fallesciesse,
de mi fe no fallesci,
pero sin perder la guia:
con verme más fallescer,
proseguí con mi porfia
Ageno de compañia,
sino sólo mi querer.
Y aunque senti inconueniente
caminar sin ver do fuesse,
con desseo muy feruiente,
a todo mal consenciente,
quise ver lo que viniesse,
por do con tal parescer,
pues de mí ya me oluidaua,
puesto a todo padescer,
Sin atras passo torcer,
sali tras quien me guiaua.
De las penas que sentía,
lo que más pena me diera
era ver que, aunque moria,
ni la causa bien sabia
ni el origen do saliera:
yo, que en tal pena penaua
menos que mi mal meresce,
para ver de do manaua
Vime puesto donde estaua
vn sol que el sol obscuresce
.
Cuyo nueuo resplandor
alumbró mi entendimiento
para ver claro y mejor
que fue poco mi dolor
para tal restauramiento:
pues si el coraçon padesce
pena tan cruda y sabida,
con la gracia se engrandesce
De vna dama que meresce
ser de nadie merescida
.
Y aunque vi la que buscaua,
con verla me vi perder,
porque vi quán alta estaua
la gloria que desseaua
por dar fin a mi arder:
de nueuo perdi la vida,
mi muerte ya desterrada,
pues subiendo di caida
Do, mi libertad perdida,
hize punto a mi jornada
.
Hize punto al caminar,
faltoso de atreuimiento
de poder imaginar
ni me osar determinar
ver su gran merescimiento;
la fuerça de amor sobrada
muriendo me dio atreuer,
aunque con vista turbada
De mí más siendo mirada
siempre via más que ver
.
De mí con vn nueuo oluido,
oluidado mi tormento,
me mostré ser atreuido,
subir do nadie ha subido
los ojos solo vn momento:
hufano de tal me ver
en tanta gloria y altura,
yo que lo arrisqué a perder
Propuse, pues, de saber
nombre de tal hermosura
.
Mas por que más[666] mi castigo
dilatado me perdiesse,
aquesta dama que digo
no luego se vuo conmigo
segun que yo meresciesse:
su silencio con mesura
pagó mi mal miramiento,
porque calló con cordura,
En pago de mi locura
y sobrado atreuimiento
.
Mas porque yo no llamasse
su tal callar consentir,
sin que punto más tardasse,
me vi, sin que tal pensasse,
condenado a no viuir;
y por más saneamiento
de mi muerte tan rabiosa,
dando yo consentimiento,
Fuy lançado en vn momento
en carcel tenebregosa
.
Vime puesto en compañia
de otros que se atreuieron
a seguir do yo seguia,
sin más fuerça ni valia,
y ansi tambien perescieron:
alli mi alma gozosa,
que el penar siempre ha querido,
huelga en muerte tan rabiosa,
Do con gran morir reposa
mi coraçon affligido
.
Pues nasci para penar,
siento gozo en tal muerte
y esso llamo descansar,
con que siento más pesar
de pena rabiosa y fuerte:
pues viue tan sin sentido
el coraçon a mi ver
de muy penado affligido,
Que aunque se siente perdido,
se dessea más perder
.

CONCLUYE

Que mirando la alteza
de aquella por quien padesce
y la su propria baxeza,
se propone con presteza
a qualquier mal que se offresce:
ansi que el más padescer
mi coraçon tan herido
llama gloria al parescer,
Pues siente no merescer
más premio del conseguido
.

DESHECHA

Que yo bien me lo sé
que a tus manos moriré.
Soy ambicioso de gloria,
y ansi busco el tal tormento
que me da merescimiento
de ser puesto en tu memoria;
esta es mi mayor victoria,
por cuya ganancia sé
que a tus manos morire.

Lyd.—Por Dios, que si los amores no diessen tal inquietud en este hombre, que por oyrle tales cosas auriamos de dessear que siempre ansi penasse. Pero pues ya calla, quiero entrar a despertarle de su desacuerdo, que passa de las dos. Veamos si quiere oy dormir, porque si con tanto desconcierto, y cabiendonos tanta parte, su mal turasse, antes que él sane enfermaremos todos.

Pol.—Entra, entra, señor, que ya todos duermen, e yo que no me quedo en la posada pero guardo la puerta.

Flor.—Quién me despertó del sueño del oluido de todo el mundo, y de la vela del acuerdo de mi señora?

Lyd.—Dexate ya, señor, de esso y duerme antes que el sol amanezca a otro dia.

Flor.—No busques en mí otro sueño sino el de la muerte. Porque como mi viuir sea vn sueño de muerte, viuiendo en mí su contrario, que es la vida, auria de deshazerse la vnion deste compuesto para ser de nueuo gouernado con gouiernos de vida. E ansi te digo que, si quieres que no muera, no me apartes del gouierno de muerte con que agora mi viuir se sustenta. E si quieres mi descanso, incita y despierta y auiua mis passiones ya cansadas de affligirme. Porque mientras más cedo éstos me acabaren, más ayna hará punto en mí mi presente morir, y començará la vida de mi gloria en morir por Belisea.

Lyd.—Mira, señor, lo que hablas.

Flor.—Esto que oyes.

Lyd.—Pues mira que esso es contra la razon, porque matarte poco a poco, o matarte en vn punto, causandote tú la muerte, todo es homicidio que llaman voluntario.

Flor.—Pues dime, ya que esso, segun sentencia de la razon, sea matar me, cómo podria yo executarla sin sentencia o licencia de mi señora? Sí, que Belisea me sostiene, Belisea me da el ser de glorioso penado de amor que tengo; por Belisea viuo; por Belisea tengo de morir.

Pol.—Adoba me essa christiandad.

Lyd.—A, señor, mira que lo que hablas deroga a tu catholica nobleza.

Flor.—Pero no contradize a la voluntad de Belisea. Porque yo, que tengo el viuir de su mano, no puedo sin su expresso consentimiento poner mi vida en las manos de la actual muerte; porque esto seria hurtando quitar a nadie lo que es suyo. Lo qual es (como sabes) contra todo derecho, ciuil y canonico, diuino y humano.

Lyd.—Scrupuloso se me tornara entre manos. Este es el pecado de la lentejuela. No haze caudal de la charidad para con Dios y consigo, en hazer o no hazer lo que Dios manda o vieda, y haze hincapie en la charidad, o (por mejor dezir) locura para con el primo, en lo que no le toca sino por sus imaginaciones.

Flor.—Estás ay, Lydorio?

Lyd.—Esso sí, esso sí, para que la locura te salue en las heregias. E cómo? estoy, señor, persuadiendo te al sueño, de que tienes y tenemos necessidad, y dizes me si estoy aquí?

Flor.—O, cómo no miras más de lo presente! Cómo podré para dormir despedir los ansiosos y temerosos cuidados que de auer acontescido a Polytes estoy lleno? porque yendo él a lo que me cumplia, si le auino algun desastre por donde, peligrando su vida, mi honra ande a la verguença por las plaças, y a donde de mi señora se pudiesse dezir alguna quiebra. Esto pensado, quieres que duerma?

Pol.—En tal coyuntura entro, porque seremos más en ayudalle a la pena: y tomará aliuio, porque el dolor quanto en más partes es repartido, es menos en cada parte, y el gozo comunicandole cresce. Cómo está tan callado?

Lyd.—Está tal que le temo y he compasion.

Pol.—A, señor, toma esta carta escrita de mano de Belisea.

Flor.—Quién me nombró a Belisea? o mi mensajero, y tú eres? qué carta es ésta? es la mia, que no la pudiste dar? desengáñame luego. Mira que no te creo sino que es la mia. Cata, amigo, que no estoy para suffrir burlas.

Lyd.—O perdido de hombre! Di me, señor, no conosces tú la tu letra? cata que esta letra es de muger.

Pol.—Es de Belisea.

Flor.—De Belisea?

Pol.—Sin falta.

Flor.—Mucho dizes.

Lyd.—Abrela y veraslo.

Flor.—Bien hablaste. Pero ya, ya en el temblor de mis carnes, que del temor reuerencial del papel que deue auer estado en manos de mi señora es. Dime, dime, dichoso papel, quién te hizo de tanto merito?

Pol.—Por mi fe, que pienso que aunque a solas se viesse con ella que no hiziesse sino adoralla.

Flor.—Qué dizes, mi Polytes? mucho te deuo cierto; pero dezid, por qué no os gozays con mi tal huesped?

Lyd.—No sin causa dizen ser de temer la próspera y no pensada fortuna tanto y más que la aduersa. A, señor, mira, por Dios, que con tanto llorar, a ti consumes y la carta deshazes.

Flor.—Calla, que el gozo obra en mí más de lo que yo siento. Y tambien temo que sea sueño esto o illusion del demonio, que muestra vna cosa por otra, por engañarnos.

Lyd.—Amuestra; leer te la he, y verás y creeras.

Flor.—Ay, que el nombre de mi señora no ha de andar en todas manos. E aunque yo no lo meresca, la leo; alumbrame essa vela.

CARTA DE BELISEA A FLORIANO

Es ya tanta tu demasia en ser atreuido perseguidor importuno de mi honra, que me ha confirmado del todo en tu aborrescimiento. E ansi con tal intencion forcé a mí mesma a te escriuir ésta de mi mano. Y no la tomes como fauorescido, en respuesta de tus vanas palabras y locas peticiones, pero como aborrescido la toma por despedida a tus deuaneos. Y el sí que me pides, sea: que si más cosa tuya viene delante mí, que con darme a mí pena, tú no ganarás honra, porque te tengo por manifiesto enemigo de mi descanso y destruydor de mi honra, y en esto podras saber con quánto tu desamor quedo por tu mortal enemiga.

Pol.—O, valas me Dios, señor! señor! A essotra puerta: tan muerto es como mi abuelo.

Lyd.—O, gran desastre y brauo mal; no sin causa temia leerla; bien dizen que pocas vezes el coraçon se engaña: echale dessa agua de azar, que desmayo es. O, qué sospiro tan de las entrañas!

Flor.—A, mi señora Belisea, o angel mio, quién te indignó contra mí? mucho te engañó quien te me vendio por destruydor de tu honra. Pero pues no puedo no te amar, ni tú quieres sino aborrescerme, a lo menos podré seruirte vltimamente con matarme.

Lyd.—A, señor, despide essas congoxas.

Flor.—No puedo, porque alegria no aurá lugar en mí. E tú, Polytes, acabadas son tus leales pisadas en molestas mensajerias. Salios fuera, y cerrad puertas y ventanas, y no me entre luz hasta que la muerte acabe lo començado.

Lyd.—Anda acá, Polytes, cierra essa puerta: qué gran mal es este? Llama, llama [á] Fulminato y a essos continos y gente, y armados acometasse la casa de Belisea, y traygase a Floriano, que mejor se deliberará despues con la justicia que agora con la tan determinada muerte.

Pol.—Mas yo voy en busca de Fulminato, que es registro viejo de males, y sabra de alguna alcahueta hechizera que esto negocie con el demonio, pues que Dios no quiere en ello parte.

Lyd.—Pues a tuerto o derecho haz como ya se remedie, y no me digas más en ello hasta ver lo que allá acordaredes, pues esta cosa es peor encaminalla por via de buen juyzio. Y entiende en esso, que yo me voy a descabeçar el sueño, que ya amanesce; y quando fuere menester, me llamarás.

NOTAS:

[665] En el original, por errata, deua.

[666] En el original, Mas que por mas, que no hace buen sentido. Tenémoslo por errata.


ARGUMENTO DE LA SCENA IX

Despertando todos en casa de Marcelia, yendose Marcelia a la missa del alua que solia, encuentranse ella y Polytes a la puerta de su casa yendo en busca de Fulminato. Passando sus razones, ella se va, y él subiendo llama a Fulminato con los demas, que se van a Palacio.

Fulminato, Marcelia, Felisino, Liberia, Pinel, Gracilia, Polytes.

[Ful.]—O, quán intolerable es el calor destas noches, y en ser largas, no creo lo fue más la en que Hercules fue engendrado.

Mar.—Dime essa historia por mi vida, que hasta hoy no la sé cómo fue.

Ful.—Tan poco soy poeta; pero dizen que Jupiter, enamorado de Alcmena, muger de Amphytrion, estando con ella, por parescelle pequeña la noche, la hizo de espacio de veynte y quatro horas. Y de aquel juego salio concebido el Hercules.

Mar.—Alomenos, si esso fue ansi o no, poco te aprouechas dello, porque a media noche andada nos acostamos, y agora toda la noche es de siete horas, y aun con apenas alborescer ya te querrias ver mil leguas de mí.

Ful.—No te marauilles, que el fuego mucho gasta.

Mar.—Pues qué fuego hallas so las sauanas?

Ful.—Que qué? hazeys de la boua? pues oy cerradas son velaciones.

Mar.—Que aun responder no me quieres? pues espera, que yo te quedare a solas.

Ful.—Alla yrás diablo, qué caro me cuesta la cena de anoche, y ella mal pagada; quiero agora dormir vn poco.

Fel.—O, cómo es ya gran mañana.

Lib.—Por mi vida, señor, que te he manzilla, que no has pegado ojo. Voyme arriba de presto, que ya siento pisadas de algun leuantado: no nos halle aqui mi madre.

Fel.—Pues, mi coraçon, aprieta la puerta, y no me oluides.

Lib.—Ya por demas es, pues me tienes por tuya; pero o, cómo me hallo muy fuera de mí por Felisino! o, qué robado ha mi coraçon! o, cómo me hallo agena de mí! y como tal no puse más guarda en mi honra! o, cómo he mirado mal lo que he hecho! pero pues yo lo desseaua, y he ganado vn tal amigo, perdiendo mis quexas por demas, voy a ver a Gracilia.

Grac.—Ay, señor, y desame ya, que entraua mi prima, y creo que de empacho se tornó.

Pin.—Más deue de andar al regosto por acá.

Lib.—Duermes, prima? que aun andays en esso? donosa boua he sido yo con mi madrugada!

Grac.—Ay, espera, que me despertaste.

Lib.—Mejor te ahorquen que tú dormias. Pero de presto remediese cómo mi madre, que ya se viste rato ha, los halle a los dos juntos.

Pin.—Pues espera, que como vn trueno me voy con el hato a cuestas con Felisino, porque ayamos el dia en paz.

Lib.—Mas no viste quán liberalmente nos desembaraçó con todo su hato?

Grac.—Ansi han de ser los hombres.

Fel.—Cata, cata, cómo vienes huyendo?

Pin.—Porque no nos halle juntos Marcelia, que ya es en pie.

Fel.—Bien acordado fue, echate presto y durmamos si nos dexaren, que creo que lo auremos menester.

Mar.—Buenos dias, qué hazeys, hijas? bien me paresce veros desembaraçar la casa; y aquellos galanes?

Lib.—E tal qué sabemos, más de que deuen dormir? que abaxo algo está aparejado al no madrugar, y ellos que no lo han de costumbre.

Mar.—A la fe, hija, yerua pasce quien lo paga, dizen. Ellos siruen buen amo, son muchachos, al mundo tienen en nada. Quien les quitará el sueño vna noche que acá se quedan, sino que duerman y se harten? y vosotras durmistes bien juntas?

Grac.—Antes muy mal.

Mar.—De miedo.

Grac.—Parte de esso, pero yo de dolor de estomago, que me ahogaua.

Mar.—Hi, hi, hi.

Lib.—Cómo se rie mi madre del mal ageno!

Mar.—Anda, boua, que fue la madre que se te alteró con el cenar tarde, y acostaros luego, y salir de ordinario en el estomago, que andando se te quitará, y no te desarropes.

Grac.—Pues dónde con manto y sombrero tan de mañana?

Mar.—A nuestra señora de los Remedios; luego en oyendo la missa primera soy de buelta. No te vayas oy, quedate con tu labor hasta la noche, pues sobró vianda en abundo, y aun para parte de la semana.

Grac.—Sea como mandares; ruega allá por todos.

Lib.—Gran cosa es ésta, que no ha de faltar mi madre esta missa. Pero haze bien, que siempre trae su par de panezillos, y algo para ayuda de costa.

Grac.—Ya ves, prima, por tal señora lo haze. Pero no en balde dize ella tanto bien del sacristan, y agora veo que tiene razon. Ay, prima, prima, qué boçal eres; pero verás, y sabrás, y harás; que las que no tenemos otra renta si[no] la labor, es menester que lo çanqueemos para sustentarnos. Pero dexando esto, entendamos en algo.

Pol.—Aun quál será, si pierdo el tino a la casa? Pero aquella que se abre es, que quiça madrugan para salir sin testigos. Cata, cata por Dios, que la ensombrerada es la amiga de Fulminato, y aun que no le hiede el huelgo. Pues que ya ella me conoscera, allego. Buenos dias dé Dios a tu loçania, señora Marcelia.

Mar.—O, qué buena venida la tuya! pues agora no dudaré salir de casa, pero hazer quiero vna señal de tu venida.

Pol.—Voluntad no falta para seruirte, pero quien sirue a otro no es libre; ni aun agora, si no viniera en busca de Fulminato, no tuuiera esta libertad.

Mar.—Pues qué ha de hazer acá y a tal hora?

Pol.—El qué essotro lo sabe.

Mar.—Gracioso eres.

Pol.-Hi, hi, hi.

Mar.—Y qué es lo que te dio occasion de reyr? por mi vida que me lo digas, si es de ver me yr ansi. Voy de mañana a vn poco, por no ser de todos conoscida, y por ser de ninguno juzgada; y aun tambien porque voy más a mi contentamiento tan endelgada.

Pol.—Y aun al mio, que aun te querria más desnuda.

Mar.—Y tú eras? pense que eras vn sanctillo.

Pol.—De Pajares, que ardia él y no la paja. Pero aun creo que lo lleua a las veras; pues cómo dexas la gran prisa y te entras a dentro?

Mar.—Y ven acá, que no te comeré, que aun es gran mañana, y para todo tengo tiempo.

Pol.—Yo que te las entiendo, pues espera.

Mar.—Ay mezquina de mí, que estan durmiendo en este entresuelejo. Y dexa me agora, que asuadas que yo mire otro dia de quien me fio: pues yo tengo el mal que merezco, en sentarme contigo en este escaño por buena criança.

Pol.—Todas teneys esse gruñir y desagradescimiento.

Mar.—Ay, qué dizes? que con espanto de tu atreuimiento y mi daño no te entendi.

Pol.—Si no me entendiste al dezir, baste que me esperaste al hazer. Pero dixe que me perdones y vayas con Dios. Pero no sé dónde vas tú y otras muchas que he topado, vna vez que he madrugado, que van de la suerte que tú.

Mar.—Esso ellas lo saben, yran a lo que yo.

Pol.—Tan poco sé esso, y tú dónde vas?

Mar.—A la missa de nuestra señora de los Remedios.

Pol.—Ni aun soy tan bouo como esso, que agora passé por junto a la Trinidad y no ay sueño de abrir puerta.

Mar.—Y aun esso quiero.

Pol.—Peor es de entender vna muger que vn concejo. Pero atento que vas a missa donde no ay puerta abierta, las que como tú he topado disfraçadas, cruzando callejuelas, dime, van contigo a representar autos de comedias en cas de los abbades o van por las llaues para abrirte la puerta donde tú vas?

Mar.—Asuadas que no eres tú todo bueno, maguera muy mansito. Ay, ay, ouejita de Dios, el diablo te tresquile.

Pol.—No te rias tú de mi malicia, y no me confirmarás en el desseo de lo que te pregunto.

Mar.—Algunas yran a lo que yo, y otras en estaciones.

Pol.—Y van a rezar las con los abbades a las camas?

Mar.—Y calla ya, no apures tanto las cosas, que con algo se han de mantener en honra las que se defienden de la pobreza, de lo que a mí cabe gran parte por mis peccados.

Pol.—Y aun creo yo que tú y las otras andays estos passos en busca de los tales peccados.

Mar.—Ay, qué dizes? alguna malicia asuadas.

Pol.—La mesma. Pero digo que me agradas en darme a entender que andays estas andolencias a partir con los encerrados las quentas del rezar, y las obladas con los sacristanes, y las raciones y capellanias con los clerigos, y los beneficios con los clerigos.

Mar.—Reyr me hazes con tus malicias. Pero y dónde dexas los canonigos y dignidades?

Pol.—No, que essos son bienes de por vida. Porque aunque las de essos, aunque gastan más ropas en casa, no riesgan tantos chapines en yr y venir, pero estan a pan y mantel, y en éstos se sufre mejor que en los otros, ansi porque la furia del prouisor y justicia no alcança a los tales, como tambien porque la renta suple para todo el vicio toda la costa; que en los desseos pienso que todos corren las parejas, quál menos quál más a ello inclinado.

Mar.—Malicioso eres.

Pol.—Tu madrugada de herrero me da por qué: como si tuuiesses grandes tractos que proueer, ni las otras grandes males que remediar, para anteuenir el dia.

Mar.—Y di agora, sabes que el madrugar que no es para los ricos ni los viejos? porque los vnos con el no tener necessidad y los otros con no poder más, guardan las camas hasta medio dia.

Pol.—Antes[667] hallo yo por mi cuenta que el madrugar es para los viejos, porque con la falta de virtud, no durmiendo quando quieren, toman el sueño quando pueden. E ansi leuantanse de mañana para occasion de cansarse para despues poder dormir, y tambien por temor de no tomar sepultura en la cama. E aun porque, como crezca en ellos la cobdicia, y falta la virtud natural para ganar la hazienda, leuantanse de mañana para no perder la acaudalada. Y en esto son como el sapo, que piensan que les faltará la tierra. E aun creo que lo hazen porque, como ya viejos, han conoscido el mundo y sus engaños, y ansi temen que quando ellos le han más menester que no él a ellos, los dexará en vazio la hoja de todo lo en él adquirido. Pues los ricos, el temor de ser robados les quita el sossiego, y el poco sossiego no les da holgura en la cama, y el no reposar en la cama los desuela, y la mucha vigilia les quita el sueño, y la falta de sueño les añade congoxa y solicitud, y ansi anteuienen el dia por hazer perder el sueño sabroso y desseado, y aun necessario a los de su familia y trabajadores, para que su trabajo más largo de ellos y sudor les dé a los ricos más con que poder regalar los cuerpos que despues seran saco de gusanos. Pues los malhechores tambien anteuienen el día por perpetrar los males e insultos que las rondas de las justicias les estoruan de noche, como tambien sabiendo que el alguazil se pagará del sueño a la mañana por lo que quitó el rondar de ante noche, y ansi los malhechores hurtan les el cuerpo con madrugar. Y por tanto creo que madrugan las arreboçadas, y no lo digo por ti.

Mar.—No quiero más altercar contigo; mira si acá buscas algo, que me voy.

Pol.—Que me saques a Fulminato de rastro de so el cielo.

Mar.—No sé qué te dizes.

Pol.—Digo, porque me entiendas, que me saques de so el cielo de tu cama a Fulminato.

Mar.—Muy suelto eres en todo.

Pol.—Mal me quieren mis comadres porque les digo las verdades.

Mar.—Que ya por demas es andar contigo sino a las claras, pues todo lo entiendes, y en todo soy tuya: sube y llama primero, y hallar le has. Y quedate a Dios hasta que nos veamos más de assiento, que me tardo.

Pol.—Bien hazes en ser apresurada en el seruir a Dios, pero al diablo la doy, qué pegadiza es. Ya, ya acá está la vezina? asuadas que ouo capirotada, y guay de la despensa de Floriano que lo suda todo. Buenos dias, hermosa.

Grac.—Vengas en buena alborada.

Pol.—Dónde está Fulminato y los demás?

Lib.—Asuadas que aun duermen, que no se les pega más cuidado a estos de palacio sino holgar en la mocedad y poblar los hospitales en la vejez.

Pol.—Por muchos acontece esso, pero helo sale quien tiene las culpas.

Ful.—Buenos dias. E tú, Polytes, a qué tan de mañana por acá?

Pol.—A ver estas hermosas, y en busca tuya, que eres bien menester.

Ful.—O, descreo del inuentor de la idolatria: y qué me dizes? son muchos? o estan muy armados? o está puesto a saco el palacio?

Pol.—Será de ti y essotros, segun yo barrunto.

Ful.—Gran mal deue de hauer, pues no me lo osas dezir, y bien paresce que falto yo de casa. Dimelo ya, porque llame la ira, para dar a conoscer mi espada a los que no la conoscen.

Pol.—Panforrear.

Ful.—Qué dizes? habla claro, que me pones perplexo. Guia y dime por qué calle comience a descabeçar.

Pin.—No oyes, Felisino, qué obra passa Fulminato con Polytes?

Fel.—Vamonos, que no tienen cabo las cosas de Fulminato, y despidamonos de las muchachas, y dexemos a este hombre.

Ful.—Pues no dizes qué calle començaré?

Pol.—Dexate de tanto orgullo delante de mugeres, y vamonos, que ya van abaxo los compañeros.

Ful.—Pues sepamos si lleuas las armas competentes al caso, para que no nos escape nadie.

Pol.—Anda ya que basta solicitud y cordura para que viua Floriano, y tú medres.

Ful.—Esso me aclara agora que las moças se baxaron.

Pol.—Que es menester que busques de tu mano alguna muger hechizera o alcahueta que acorra a Floriano, que ya sabes quál está, y siempre empeora.

Ful.—Ya, ya, esso es? pues dalo por hecho. Pero mira que el prouisor anda riguroso, y la usticia es mucha, y cumple que esto se sienta, no se diga, porque en Dios val afrentan vna muger de bien.

Pol.—Al cabo estoy. Vamos, y verte has con Floriano, que te embia a buscar.

Ful.—Alto, hermanos, marchar para casa, que ay bien que hazer. Y las hermosas perdonen por agora.

Pol.—Señora Liberia, perdoname, y tú, señora Gracilia, que Pinel e yo daremos buelta en concluyendo estas prisas.

Grac.—Señor Felisino, y todos, vays con Dios.

Ful.—Alto, vamos con reposo, porque si hay alguien recatado, no le auisemos.

Grac.—Prima, ellos son ydos, y bien sé que te pesa y me pesa; pero vn dia viene tras otro. Vamos arriba y cierra essa escalera, y aderecemos estas camas y casa, que paresce meson. Pero dime, cómo te fue con la compañia?

Lib.—Y quál? luego no me sentiste tornar anoche luego a la alcobita de la chimenea?

Grac.—Yo otra cosa pensaua. Pero si ansi es como dizes, restituyote la honra, aunque bien dizen que se toma antes el mentiroso que el coxo. Y estas sauanas qué dizen, prima? agora te digo que te auias guardado mucho, pues hasta esta noche no estropeçaste donde hiziesses sangre. Y dichoso Felisino que tal joya se lleua.

Lib.—Ay, que me afrentas, que no es sino lo que suele auenir a las mugeres.

Grac.—Mas mira qué duda, y no mires en esso ni te corras de mí, que tambien como muger passé por lo que tú esta noche. Mas ni aun por tanto al nombre de las gentes donzella me llama, y ansi me diran mientras la persona hiziere, pero guardare la honra. E mira, prima, que oy en dia muchas son donzellas, y aun de alta guisa, y pocas lo son. o muchas no son virgines, aunque se casan por ello. Y ansi lo seras tú, y por tan donzella te tendrá tu madre como ayer. Y cata que mejor es esto que no andarte deshaziendo de dentera de lo que hazen tus vezinas, y no te me vayas, que quisiera aqui a Felisino, para que me vengara de esse tu empacho. Guarda bien essas sauanas, que dixeron la verdad que tú me encubrias, no las vea tu madre, que a mí el cargo que presto la sigas sus passos, porque bien aya el que a los suyos paresce.

Lib.—Calla ya, que me hallo confusa.

Grac.—Agora te digo que eres boua: sobre hecho es tomar plazer mientras turare esta triste vida.

NOTAS:

[667] En el original, Ante.


ARGUMENTO DE LA SCENA X

Lydorio halla a Floriano hablando a solas, y queriendo entrar le a ver, sobreuiene Fulminato, y tractan los dos del remedio de Floriano. Entran a él y hacen le leuantar.

Lydorio, Floriano, Fulminato, Polytes.

[Lyd.]—Quiero yr a ver a Floriano, porque no seria justo desmamparalle en tal coyuntura. El es mancebo, dotado de bienes de fortuna y de natura, y está tocado de gran rabia. E pues en las afrentas se ha de ver la buena voluntad, vestida de buenas obras, porque obras son amores, que no buenas razones; aunque, por Dios que quisiera no ser le tan obligado por gozar de sus desatinos que haze, y de los dichos delicados que dize. Cata, cata, razonando está: oyr quiero el con quién antes que entre no llamado.

Flor.—Cómo es possible, mi señora, que con vuestras tantas y tan altas virtudes quepa vna tanta indignación? Mira que en lastimar me a mí eres a ti enemiga. Mira que pensar tú matarme pierdes tiempo, porque a no me conoscer por muerto por ti desde que a ti conozco para te amar, en vengança tuya seria verdugo mio yo mesmo.

Lyd.—O, qué lástima es verle tan ciego, que piensa él agora que está delante de la señora.

Flor.—Y aunque a mi baxeza deua tu merescimiento silencio en respuesta, a ti mesma deues de satisfazerte, respondiendo a esto que digo. Pero yo quiero responder sin tu licencia por ti, a mi poca justicia, como no merescedor de oyrte. E digo y confiesso que justamente es castigado mi atreuimiento. Pero sea ansi que me libertes para vengarte de mí en mi mesmo, porque no seas tenida por cruel en poner fuerças contra tu captiuo y en matar al muerto ya de tu hermosura. Y ansi yo ganaré honra y loor de los que supieren que yo fuy merescedor de vengar tus injurias. Pero pidote vna sola condicion y merced, y es que sepa yo que tú sabes mi muerte ser por ti, para que yo me apressure al morir por ganar antes la gloria para que el amor me tiene. E tú firmarás la sentencia que yo execute para más certinidad mia de que tú sabes el por qué de mi morir, porque ansi el clamor del verdugo publicará delante tu magestad el por qué de tu justicia y mi pena, y ansi sabras ser tú el tal por qué, y ansi sabre yo que muero para descansar.

Lyd.—O, qué bien trauado razonamiento! pero ya toca la vihuela: oyo.

Flor.

Belisea, di me, di
si en saber que por ti muero
si te acordarás de mí.

LETRA

Con aquesto soy contento
del dolor que por ti passo:
con que sepas mi tormento
y el gran fuego en que me abraso;
pero dime si en tal caso
que aquesto pido de ti,
si en saber que por ti muero
si te acordarás de mi?
Otro gualardon no quiero
en pago de lo seruido
sino que sepas que muero
y el dolor con que he viuido;
mas dime lo que te pido,
que es vida saber de ti
si viendo que por ti muero,
si te acordarás de mi?
Aunque sé que mucho pido,
pues que pido tu memoria,
dame lo, pues me despido
con este bien de más gloria;
pues muriendo más victoria
no espero sacar de ti,
lleue cierto, pues que muero,
el quedar viuiendo en ti.
No pido que no me mates,
pues no puedes no lo hazer,
mas pido que me rescates
de tan largo padescer:
questo puedes lo creer,
que muero solo por ti,
y ansi pido, Belisea,
viua Floriano en ti.

Lyd.—O, qué lastima es ver perder vn tal entendimiento! Fulminato viene, quiero dar le espuelas en buscar algo. Porque aunque sea por malos medios, si Dios de ello se ha de seruir, lo endereçará en bien.

Ful.—He tardado con mi acorro?

Lyd.—Anda allá por essa sala vn poco, y luego sabras esso.

Ful.—Pues de presto, y concluye con que sea por via de espada.

Lyd.—Pues aun no estoy muy lexos de ello.

Ful.—Pues estarlo he yo si puedo.

Lyd.—Qué dizes?

Ful.—Digo que no acabaremos de otra guisa, porque la fortuna es de los osados.

Lyd.—Y aun a vezes contra ellos. Pero dexando esto: ya sabes la falta de sosiego que ay en casa, porque faltando la salud en la cabeça no pueden estar los miembros buenos.

Ful.—Todo lo alcanço, y en todo te entiendo: que hartos ratos hurto a mis occupaciones para pensar qué fin ha de auer esto y qué remedio se podría dar, y no siento sino vno de dos.

Lyd.—Essos me dí.

Ful.—Lo primero, entrar en casa de Lucendo, porque aurá para Floriano qué goze y para nosotros qué robemos. Y para esto, si a mí me encargan el facto y me conceden el saco, ni la dama me quedará por traer, ni arca por mirar. Y aun si fuessen menester dos dozenas de espadas como éstas, presto las hallará para tales hechos Fulminato. Ansi que boqueame esto tenerlo por bueno, y presto verás hazañas, pues éstas son mis missas.

Lyd.—Desuario seria pensar tal cosa, pues en esso se han de poner los hombres, con que piensen poder salir.

Ful.—Mas no, sino ponte á ello, y piensa que me tendras! que en balde te confiarás en mí.

Lyd.—Dizes algo?

Ful.—Digo que para qué pides mi parescer, pues me conosces, si no me has de tomar el consejo? mas no, sino esperate a ydas y venidas de vn muchacho para que la tempestad veniendo de golpe, nos atrampe a todos.

Lyd.—Pues qué quieres? va se Floriano tras esto sin freno, y al cabo del tiempo y aun la hazienda no sé qué cogeremos de la sementera.

Ful.—Pues a peor librar, si mi primer consejo de ser por armas no se toma, algo más haria yo, pues con el argen en la mano hallaré alcahueta o hechizera que se la ponga en las vñas.

Lyd.—Si esse era el segundo camino, no sé de qué me asga. Floriano se va a la muerte, su casa se desasosiega, su hazienda se dissipa; mal aquí, peor allí; sospecha me pone todo. Pero al fin dé do diere, y guialo por do quisieres tú, Floriano[668], que si de Dios es, él sacará de malos principios buenos fines.

Ful.—No sé lo que Dios querra. Pero yo digo que vale más buena espada y mala possession que sólo buen derecho.

Pol.—Mucho me he detenido en no entrar a Floriano. Porque si ay más mensajes con tal porte como los passados, presto caera el pelo malo.

Ful.—Pues, señor Lydorio, si no te determinas en lo que yo desseo, entremos a esperar el parescer de Floriano.

Lyd.—Mal differencia el ciego los colores. Pero ay viene Polytes; entre a ver qué haze, o si acuerda de comer oy.

Flor.—Pajes?

Pol.—Señor?

Flor.—Di, Polytes, qué buscas? que ya concluyeronse tus mensajerias?

Pol.—Señor, entro a ver a quién llamas.

Flor.—Yo? a Belisea llamo, a Belisea inuoco, a Belisea apellido, por Belisea sospiro, por Belisea viuo, por Belisea muero, por Belisea doy vozes, aunque no espero ser oydo. Pero dime, qué hora es?

Pol.—Las doze.

Flor.—Del dia o de la noche?

Pol.—Señor, medio dia es.

Flor.—Ay! que aun a mí no me ha amanescido por la claridad de mi señora. Pero pues ansi es, di al cauallerizo que me apareje vn cauallo, que quiero yr a Sant Pablo a missa, y encomendaré el alma tan perdida a Dios, pues el coraçon tan ganado tiene mi señora. Y ve, di al camarero que me trayga vna ropa que vista.

Pol.—Donosa será la madrugada; a la muger del pastor, que a la noche se compone, me paresce Floriano. Y mira pues a qué hora y dónde busca missa! que no salen más de círculo por sus compasses los frayles que relox bien regido, y viuen más a punto en su recogimiento y cerimonias que gente de vela. A, señor Lydorio, Floriano pide vestido a gran priesa, y manda ensillar vn cauallo para yr a Sant Pablo a missa.

Ful.—Quiça yrá a tener nouenas o meterse frayle, porque a missa, si no es para con visperas, no sé a qué vaya oy a Sant Pablo.

Lyd.—A, señor, aquí traygo el vestido, mira si mandas abrir las ventanas de la quadra?

Flor.—Abre las, porque más claro veas mis tinieblas, pues no es essa la luz que a mí me alumbra.

Lyd.—Mucho te eres, señor, enemigo.

Flor.—Antes lo sería si no conosciesse esto, y me tractasse mal, pues mi señora se sirue de mi pena.

Lyd.—Mi fe, si ella se quiere vengar de ti: si tú te matas, mal podra executar en ti su furia. Y ansi te digo que te deues buscar la vida, si quieres bien a tu señora, y a ti por ella, para que le des lugar con que en tu paciencia con su persecucion se sirua de ti, executando en ti su rigurosa justicia.

Flor.—Bien dizes. Pero cómo sabre yo que ella, como cruel, aun se acordará de mí para matarme? pero ay, que me hezistes llamar cruel á la misericordia! Perdona, perdona, señora, el solo yerro de lengua, pues tan proprio tuyo es el perdonar como mio el offender tu merescimiento, pues que sola tú te meresces, y sola tú te conosces, y sola tú puedes hablar de ti mesma sin que se te haga injuria y te sea gran baxa andar tu nombre en lengua agena, si no fuere tú lo queriendo, que daras, en tal caso, con la occasion, meritos, y tú perdonarás los defectos, pues obligas a ellos, porque no ay entendimiento humano que te entendiendo no sea rudo, ni memoria que no sea faltosa, ni voluntad que baste, ni lengua que no enmudezca, ni manos que no tiemblen, ni seruicio que no te sea poco.

Lyd.—O, qué encarescimiento tan bien trauado, aunque sin razon, porque por perfecta que ella sea, al fin es muger!

Flor.—Qué dizes? no te parece, Lydorio, que occasionalmente y con razon me culpo? Di lo, di lo, que pues yo cayo en mi yerro, holgaré oyrte la verdad.

Lyd.—Quiero otorgar con él; quiça por aqui le guiaré mejor. Bien veo, señor, que tienes razon. Pero tambien querria que mirasses que, pues eres de Belisea, aunque por ser tuyo te obligauas a te tractar mal, siendo, como te publicas, suyo, deues te tractar bien por ella cuyo te conosces. Pues aun dize el vulgar: que quien bien quiere a Beltran, bien quiere a su can.

Flor.—Bien veo que aciertas en esso. Porque como todo yo sea suyo, yo me deuo auer bien comigo, porque ella no reciba agrauio en mí. Y por tanto me leuanto y quiero yr a Sant Pablo.

Lyd.—Señor, dexa los frayles agora en su acostumbrado y loable recogimiento, y concierta tu casa y sustenta la vida (que dizes tener por tu señora) y come, que es aun tarde para ello, quanto más para yr a missa a donde tractan ya de yr a visperas.

Flor.—Pues anda allá fuera, y lleuenme al cenadero de comer, para gozar de la musica de las auezitas, que cantan con el mal que yo lloro.

Ful.—En el nombre de señor san Julian, y qué risueño sale Floriano; quiero yr por parte de su risa, porque con el plazer quiça se emburujará algún pedaço de medra. O, señor, y cómo el coraçon no me cabe de plazer de verle ya en ti!

Flor.—Yo te lo agradezco. Pero por qué no me vees?

Ful.—Como por acá ande en tu seruicio, la falta de merescimiento me quita la osadia al entrar, esperando ser llamado: lo que no haria en el acometer diez offensores tuyos.

Lyd.—Señor, siempre tiene más negocios que buen solicitador de causas.

Ful.—A la fe, siempre me precié ser vno entre los buenos, y hazer por todos.

Flor.—E dime, tienes ya algun conoscimiento en el pueblo?

Lyd.—Y cómo ansi, que en faltando un rato de casa, le buscan más gentes de espada y broquel, que me espanto.

Flor.—Y qué gente es essa?

Lyd.—Los que acompañan los alguaziles, que llaman acá porquerones.

Ful.—Alguno que tiene embidia a su officio les llama tal nombre. Porque por él les hazen el buz más de diez peynadetes. Y por su temor no osan andar de noche hartos valientes de nombre. Pero Fulminato y aun los de su librea por su causa no les molestarán passo.

Lyd.—Y aun ansi les desbarretas tú por ti y por todos.

Ful.—E tacha hallas la buena criança, que a tantos haze bien?

Flor.—En cargo te son mis criados, y ternan por qué te acatar.

Lyd.—Y aun cómo, y con razon, como a padre de desconsolados, y a remediador de huérfanas, le vienen a buscar más hijas de maldicion, que es vna admiracion. Y ansi como a las tales hijas les halla tales hiernos; todos le honran como tal padre de su consolacion, y aun perdicion.

Ful.—A la fe, por más que digas malicias, si hijas tengo, no con lo que tú les dotas.

Flor.—Pues que aueys bastado a me hazer reyr, quedese para otro dia la plática ansi apuntada y den me de comer. Y tú, Fulminato, ve que me adereçen de gineta vn cauallo.

Ful.—Señor, yo voy á cumplir tu mandado, y con desseo que nos mandes presto tornar a la plática trauada.

Lyd.—Ve, que en casa me hallarás para cada y quando.