Lyndero, castizo, de lindo, que vale lo mismo (Cejador, Tesoro, L. 53): alude á lo fiel y provechoso que siempre fué el buey al hombre. Su paso á paso, despacio G. Alf., 2, 2, 6: Me fui á la tienda del mercader muy disimulado, mi criado detrás, nuestro paso á paso. Herren, campo sembrado de alcacel para el ganado. Herr., Agr., 5, 43: Cuando hay alcacer ó herrenes, segarlo. El yugero, el yuguero, el gañán que lleva la yunta y labra. Guev, Menospr., 5: A reconocer el ganado y á requerir al yuguero. Non só..., ya soy viejo para llevar cargas por los caminos (carrera) y para labrar en el campo (ero) pero valgo para la carnicería, y aquí me tienes. Cort. Jerez, 1268: Et fiso las carreras en el mar porque pasasen en seco.
Cedieruedas en G, cidierbedas en S, y en el Arte cisoria de Villena, çideruedas, çideruelas, çidieruelas, lonjas largas, y también residuos de partes gruesas que quedan, depués de haber descarnado las piezas, en las reses. Acaso por ciber-uela, diminutivo de cib-era, cebo ó alimento. Fynchida, henchidura, llena. Lyd marina, para la lid contra los pescados de Cuaresma que vendrían del mar. La dueña ó doña Cuaresma fué maestra muy ducha y no quiso llegar tan presto, hasta que menguasen las carnes, comidas para cuando llegase ella.
Abastado, provisto. Cabr., p. 576: Aquella mesa en ese suelo de tales manjares abastada. Estrado es aquí la sala de la yantar ó palacio (recuérdese el Del palacio á la cocina, y Villena, Cisor., p. 33). aparejado por los reposteros de estrado y mesa: el artesonado de entalle e incrustaciones de marfil ó esmaltes de brillantes colores y dorados; la piedra labrada en orlas, frisos, molduras, entrepaños, arcos y alfeizares; los paños de velludo, lisos ú obrados, de oro y sedas, entoldan y guarnecen las paredes; las alhombras ó alcatifas morunas, cubren el pavimento; el señor como debajo de dosel; perfúmase la sala. Los juglares eran en la yantar del rey de Aragón cuatro (jutglars), dos trompadores, un tabaler y un trompeta, que tocaban todo el año menos los viernes y Cuaresma ó tiempo de guerra. Véase la descripción del banquete en la coronación de Alfonso IV en Zaragoza, el 1328, en la Crónica de Muntaner, y de otro en la Crónica de D. Juan II, c. 14, de Fernán Pérez de Guzmán. Sobre todo, las Leyes Palatinas de D. Jaime II de Aragón, publicadas en 1337 (el manuscrito en Bruselas, publicado por el P. Bollando, Thesaurus Ecclesiasticae Antiquitatis, p. 411): «In domibus Principum, ut tradit antiquitas, mimi seu joculatores licite possunt esse: nam illorum officium tribuit laetitiam, quam Principes debent summe appetere, et cum honestate servare, ut per eam tristitiam et iram adjiciant et omnibus se exhibeant gratiores. Quapropter volumus et ordinamus, quod in nostra curia mimi debeant esse quinque: quorum duo sint tibicinatores et tercius sit tabelarius ad quorum spectet officium, quod semper Nobis, publice consedentibus, in principio tubicinent; et tabelarius suum officium simul cum eis exerceat, ac etiam idem faciant in fine comestione nostrae; nisi mimi extranei vel nostri qui tantum instrumenta sonant in fine mensae vellent Nobis volentibus instrumenta sua sonare...»
El cargo de Alférez del Rey estuvo siempre en personas reales y ricos hombres de los más poderosos, como lo fué el Cid de don Sancho II, y de don Alfonso X, su hermano el infante don Juan Manuel; de don Pedro el Cruel lo fueron su hermano don Sancho, Conde de Alburquerque, su primo el infante don Juan y su hermano don Tello, Conde y Señor de Vizcaya; de don Enrique el II, su hijo don Juan, infante heredero. Hablan de este cargo las Leyes de Partida, señalando sus atribuciones, deberes y preeminencias, que Fernán Messía, en su Nobiliario, enumera, refiriéndolas ya á la Condestablía, cargo que instituyó más tarde don Juan I, el año 1382. En uno de los fueros más antiguos de España se dice: «fué estabilido que todo rrey despanna uviese alferes que tenga la ssu senna et aia çient cavaleiros et en casa del rrey mesa de ssu cabo et en la pascua fflorida la copa de oro et de plata del rrey por ssuya et los vestidos et lechos et un cabaylo.» El alférez de don Carnal, que es Jueves Lardero (1078), no contento con la copa, tenía la mano en el barril, vasija de barro de oronda panza y de angosto y corto cuello, y también un cubeto de madera, que es lo que aquí parece significar en este alférez, ó mejor digamos, dios Baco que asiste de don Carnal. J. Pin., Agr., 16, 35: Harto mal es quien se jacta de no beber vino, sepa tanto de barriles como el que bebe. Don Carnal se trata á lo rey, y así su copero hinca la rodilla derecha, como era costumbre después de dar la taza de la salva al caballero que llevaba la copa y de quitar la sobrecopa: en esta postura tenía alzado el brazo con la sobrecopa en la mano, mientras el caballero hacía la salva. Pero este copero no viene desde el aparador, con el ballestero de maza delante y el caballero que le ha de servir con la copa llena detrás, sino que se estaba barril en mano, y cuando no servía á su señor, tañía éste su añafil, que es trompeta larga de metal. Tañer con el barril es empinar. El que allí los tenía á todos cogidos como alguacil con su vara alta, era el vino que parlaba por boca de todos.
Para entrar en la faena ó lid (façienda) con la dueña ó doña Cuaresma, que por no haber empinado, sin duda, como ellos, la llama serena. ¡Buena facienda, iban á hacer borrachos y llena la talega! Adormirse. Caba., p. 183: Cantándole para que se aduerma.
Habiendo perdido á sus mujeres, que son las gallinas, cenadas poco antes, los gallos andaban alborotados, que esto significa también alborozarse. Hist. ultram., 1, 75: Si acaeciere que se quisieren alborozar a facer alguna cosa por lo acorrer e por lo vengar. Gallo, Job, 38, 35: Conturbata sunt viscera ó diffusa: En señal de que en temores ó recelos grandes, ellas son las que alborozan al hombre.
A media noche comienza la cuaresma. Batir de alas es frase común.
Sobra, adverbio. Apesgado, pesado. A. Alv. Silv. Mand., 5 c.: Que se halla el día de hoy apesgado con la gravedad de sus culpas. El apellido, al arma. Part., 2, 24, 26: Apellido tanto quiere decir como voz de llamamiento que facen los omes para ayuntarse e defender lo suyo.
Amodorridos, con la modorra del sueño por el vino. Torr., Fil. mor., 14, 5: Amodorridos con el vino del amor carnal. Poner las sus façes, sus haces ó tropas en batalla. Pletea, pleitea, pelea. La conpaña ó ejército de pescados, por el contrario. Açes en G., façes en S., haces, tropas
La porrusalda ó caldo de puerro, que dicen los Vascongados, parece empezar la comida de vigilia. De los puerros cocidos dice Monardes que (Sevill. medicina, c. 14): «han propriedad de fazer pro á la dolencia de los flemáticos... taja la flema y tira la viscosidad del pescado.» Real es el campamento; tovo, creyó.
Falsar, hacer falso, derribar, hacer caer. Cid., 713: Dan le grandes colpes, mas nol pueden falssar, Capellina, yelmo.
Mielga, pescado grande de una vara (Dicc. autor.) Verdel se dijo del color verde. La costanera, el costado del ejército. J. Manuel, Estad., 78: Muy buen recabdo en la delantera et en la zaga et en las costaneras. Mollera, cabeza, propiamente la sesera muelle.
Salpreso, aderezado con sal, apretándolo porque se conserve. Guev., Menospr., 5: Vaca salada, búfalo salpreso y tocino rancio. Bibl. Gallardo, 1, 1230: Con anchova salpresa. Trechar, de tractare, es abrir y salar, sardinas sobre todo, curándolas luego al aire. F. Silva, Celest., 29: No estaria á pan y agua ni sardinas trechadas. Alberche, hoy venta del ayuntamiento y juzgado de Talavera de la Reina, provincia de Toledo, orillas del Tajo, y afluente de este río.
De la fiereza del atún saben los que lo han visto en las almadrabas y es cosa de ver.
Cazon, pescado conocido. Camarones, de agua dulce (véase Monard. Sev. medic., c. 23). Tendejon, tienda de campaña. Amadís, 1, 42: Donde la doncella mandó armar dos tendejones y allí cenaron y holgaron hasta la mañana.
Pixota, merluza, Cortes de Jerez de 1268, de peje, pez, como la llaman otros pescada y pescadilla. La cual merluza le dice socarronamente al puerco que no venga entre cristianos en tiempo de preces ó cuaresma; que se vaya á la mezquita con los moros, porque ellos no prueban el cerdo y la merluza es el pescado mejor y más común, como la del cerdo entre las carnes.
Desbarato, derrota. Poem. Alf. XI, 738: E fiso gran desbarato | en los moros que la trayan. Cort. Alcalá, 1348: Aquellos que avian avido alguna cosa del desbarato de la batalla, que ovimos con los Reys de Benamaryn e de Granada en que los vencimos.
Recudir, acudir más y más ó de una y otra parte. J. Man., Estad., 78: El cabdiello de la cabalgada debelos esperar en lugar cierto, do recudan á él. Marco, medida, dimensión. Más negra derrota que la de Alarcos, donde el año de 1195 los moros desbarataron á los españoles.
Alude acaso al jubileo y cruzada que el Papa publicó en 1339 con ocasión de la batalla del Salado. «Juan Martínez de Leyva fué por embajador al Sumo Pontífice para alcanzar indulgencia á los que se hallasen en esta santa guerra. El Papa vino en ello y á todos los que tres meses sirviesen en ella á su costa les concedió la Cruzada y jubileo plenísimo y remisión de todos sus pecados y cometió la publicación de estas indulgencias á Don Gil de Albornoz, Arzobispo de Toledo» (Mariana, H.E., 16, 7).
La utra en S, en G hurta, en Monardes (c. 23) urta, «fria en fin del primer grado y humida en el comienzo»: bien podía pelear con los ejércitos de carnes. Golhín en G, dolfyn en S y es todo uno, de golfo, el mar. Se rebulle como un jovenzuelo y así su embestir al viejo buey y desdentarlo es cosa de risa.
Noble llama á la lamprea por su fama entre los gastrónomos romanos, y es menos viscosa, de mejor sabor y más preciada que la anguila, según Monardes. Levar prea, llevar presa. Llevar salió de levar, prea de praeda(m). Cast. Canc., 1. p. 28: Como quien mucho desea | una aventajada prea | No le valía la correa al fraile, que á éstos alude, pues con ella no pueden los mismos ahuyentar la vigilia y pescados. Tienen que apechugar con ellos: «Tu lo quisiste, fraile mosten, tu lo quisiste, tu te lo ten».
Vyllanchon, villano, como corpanchón, camaranchón, y le llama así al sollo por lo gordo, tanto que se dijo de suillu(m), de sus cerdo. Trecho es instrumento de labranza y de ahí probablemente trechon. Vyllenchon, hoy Velinchon, cerca de Tarancón en la provincia de Cuenca, donde hay salinas.
Ostias, ostras. Villena, Arte cisor., c. 9, en el cual capítulo habla, como de los pescados más presentados en las yantares, del pes mular e sobrrayo, delfin que llaman en estas partes tohinoto, sollo, salmon, savalo, congrio, morena, carquilla, aguja paladar, mera, trucha, pagel, besugo, panpano, lenguado, dorada, asedia, langosta, langostinos, arenque, ostias, almejas. Justar, lidiar en justa. Bosc., Cortes, 66: Y como el que justa con el rey, que al tiempo del encontrar alza la lanza. De la é de la parte, de una y otra parte.
Al grave congrio llama conde de Laredo, de donde se traía. Çeçial, como cecina, hablando de pescados. J. Pin., Agr., 23, 23; Con pescado cecial ó con abadejo.
Ya quanto esfuerço, algún esfuerzo (c. 918), Fidalgo llama al Salmón, por ser pescado de gente rica y el más rico de todos.
Mal estrena, mal comienzo. P. Vega 7, 9, 1: Algun suceso favorable, que sea buen principio, buena estrena de los otros.
Fueronle muy estrañas, se extrañaron de él, esto es, se alejaron, le dejaron y le desconocieron. Moncada Exped., 35: Porque con este nombre no se estrañasen los españoles de otras provincias (no se tuviesen por estraños). Guev., Ep., 2, 16: Como aquel día de Jueves Santo yo me engolfase en predicar misteríos tan altos y me estrañase á declarar secretos tan profundos. Estrañar por desterrar, alejar. L. Grac., Crit., 1, 9: Estrañando toda obscuridad en el concepto y toda mancha en el afecto. A. Alv., Silv., Dom, 1 cuar. Ic., § 3: Asi quedan los tales estraños y desconocidos al mismo Dios.
Sy non fué, si no es por..., quedó solo D. Carnal, sin otras carnes que cecina y tocino. Muy señero, muy abandonado de todos. Autos s. XVI, 4, 78: Los lienzos están cogidos | y el sepulcro está señero. Berc., Loor, 93: Alli murió sennero como mal traydor.
Se aforrasen, se librasen, horro libre. En G se afugasen. En cuaresma se dejan colgados cerdo y cecina de las estacas, sin tocarlos: no hay en casa más carnes muertas.
Que le guardase el ayuno, á doña Cuaresma. Que ella lo guardaria, esto es, haria que nadie comiese de carne, á no ser algún enfermo (doliente). El confesor podía irle á ver. E á comer..., el día de ayuno se hacía una sola comida, manjar uno.
Símbolo del mundano en cuaresma, que debe arrepentirse y confesarse. El Arcipreste, con la sana intención con que escribió el libro, trata muy puntualmente la materia, criticando á los clérigos que obraban con harta ligereza. El que crea ser demasiado largo y fuera de propósito todo este trozo, no ha entendido el intento del libro y lo saca de su tiempo para quererlo poner en el nuestro.
Navarro, Manual, 1, 28: «Lo X ser verdad lo que oy comunmente todos dizen, conviene á saber, que por la contricion sola se perdonan qualesquier pecados mortales, aun antes de confessarlos. Aunque Graciano con otros antiguos dubdan en ello.» Á Graciano alude el Arcipreste en el Decreto. Ibid., 1, 33: «Por ende avisarse deben muchos simples, que piensan que despues de cometer algun mortal, siempre estan en él hasta que lo confiessen, porque para salir del, basta el arrepentimiento, como arriba se dize, calificado, no obstante que queda obligado á los confessar.» Ibid., 1, 1: «Contricion... es arrepentimiento voluntario, doloroso y grandissimo actual ó virtual de aver peccado, por ser ello offensa de Dios sobre todo lo al amado, con proposito a lo menos virtual de no peccar mortalmente y de confessar y satisfazer.» Ibid., 1, 14: «Diximos con proposito de confessar, porque puesto que la contricion perdone los pecados quanto á la culpa, pero no desobliga de la necessidad de confessarlos, segun aquello de nuestro salvador: Cuyos pecados no soltardes no quedan sueltos, quanto á la obligacion de los confessar, segun Andria.»
De San Pedro: «Egressus foras flevit amare» (Mateo, 26, 75), «flevit amare» (Lucas, 22, 6).
«En aquellos dias cayó Ezequias enfermo de muerte y vino á él Isaias profeta, hijo de Amos, y díjole: Jehova dice así: Dispon de tu casa, porque has de morir y no vivirás. Entonces volvió él su rostro á la pared y oró á Jehova y dijo: Ruegote, oh Jehova, ruegote hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y entero corazón y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequias con gran lloro. No había pasado Isaias de la mitad del patio, cuando fué palabra de Jehova á Isaias, diciendo: Vuelve y dí á Ezequias, príncipe de mi pueblo: Asi dice Jehova el Dios de David tu padre: Yo he oido tu oracion y he visto tus lágrimas; he aqui yo te sano; al tercer día subirás á la casa de Jehova. Y añadiré á tus dias quince años y te libraré á ti y á esta ciudad de mano del rey de Asiria, y ampararé esta ciudad por amor de mí y por amor de David mi siervo» (2 Regum 20). Eñadió, añadió. Díjose annader, anader, anedir, añedir, ennader, annadir, enadir de in-|-addere.
En el Manual de Navarro (1554, c. 27) puede verse todo lo de las censuras: Una glossa magistral colegió 50 descomuniones, puestas ipso facto, por solas las Clementinas, y otra antes 32, puestas por solos los textos del Sexto. Y antes ayuntó Host. 33 solas, que induzieron todos los textos de hasta su tiempo en el Decreto y Decretales con alguna del Sexto. De donde se sigue, quan escassos fueron los antiguos concilios y padres sanctos en descomulgar y quan francos los nuevos. Pues hasta el año de 1398 en que el Sexto se publicó, no se hallavan aun 33 casos, que en verdad se pueden resolver en menos de 126. Y por solo el Sexto se induzieron 32 y por solas las Clem. 50. Y después acá por las bullas de la Cena, por Extrava, sabidas y no sabidas y por constituciones provinciales, synodales, por visitaciones y reformaciones de seglares y religiosos, tantas que no ay cuento. La qual franqueza dió alguna ocasión, aunque no justa, á la escasseza de obedecer de los Lutheranos. Ya nuestra opinión seria bien que este sancto Concilio Tridentino apocasse, a lo menos quanto al foro de la conciencia, las que están dadas contra los subditos...» (c. 27, 49). «De las descomuniones reservadas al Papa, que no se contienen en la bulla de la Cena y primero de las que están en el Decreto y Decretales» (c. 27, 75). A éstas alude el Arcipreste, pues las otras son muy posteriores, como que son del Papa Julio III. Luego trata de los reservados á los obispos, etc. Manuales, tratados de confesores, como el del famoso doctor Martín de Azpilcueta Navarro: Manual de Confesores y penitentes, Medina del Campo, 1554, al cual he citado.
Blago, de baculu(m), mediante baglo. Berc., S.M., 148: Enbiame el blago que tu sueles traer. El palio es insignia pontifical que da el Papa á los arzobispos y á algunos obispos, y es una faja blanca con seis cruces negras que pende de los hombros sobre el pecho. Pontifical, los ornamentos del obispo y el libro de las ceremonias en las funciones del mismo.
Reportorio se decía, así el famoso Reportorio de los tiempos y en el título del Manual de Navarro: «Con reportorio copioso de todas las materias al cabo y con el de los capítulos al comienzo.» Díez Lusit., Marial, p. 558: Sin andar hechos estrelleros revolviendo reportorios buscando pronósticos. Guillermo Durante, célebre jurisconsulto que murió en 1296, escribió Speculum iuris y por ello fué llamado el Especulador; además Repertorium iuris (Tiraboschi, Stor. d. Letter. Ital., t. 4, {249} y 250). El Ostiense, por haber sido obispo y cardenal de Ostia, se llamaba Arrigo, esto es, Enrique: fué gran jurisconsulto en ambos Derechos y murió en 1271 (Tirab., ibid., t. 4, p. 247). Inocencio IV, llamado antes Sinibaldo de Fieschi, fué tan gran jurisconsulto que le dieron el renombre de Monarca del derecho (Ibid., t. 4, p. 216). El Rosario es una obra sobre el Decreto de Graciano, que escribió Guido de Baiso, Arcediano de Regio, jurisconsulto que murió en Aviñón el año de 1313 (Ibid., t. 5, P. 276).
Non me rebtedes, no me acuséis, riñáis, reprendáis, valor propio, de rep(u)tare, que todavía tiene retar en Cuenca. Cal. Dimna, 4: Cuando llegó á la puerta oyó como Calila rebtaba é maltraia á Dymna por su traicion et por su mezcla, denostandol' su mal consejo.
Perrochiano en G., parrochiano en S., parroquiano, de donde aparrochar en Lisandro y Rosel., 1, 3. Alude al cánon 21 del concil. gener. IV Lateranense celebrado el 1215, en que se manda que el penitente se confiese proprio sacerdoti, á su propio párroco.
Arrapa. Regim. princ., 1, 3, 2: Todos los galardones de virtudes arrapa e roba la codicia e la ambición. Papa en G., todos los casos atapa en S.; la necesidad todo se lo traga. S. Badaj., 2, p. 197: Si es quizás este el infierno, | que a los pecadores papa. L. Grac., Crit., 2, 9: Estaba otro papando lisonjas de sus convidados.
Doliente, enfermo; valiente, sano, como en latín valens. Ungente, unguento por perdón.
Del papo papa, así en G; en S: Era del papa; pero el verso queda faltoso. ¿Estará bien en G con socarronería? Porque le impone penitencia ordenándole el papo y lo que ha de comer.
Esto de comer un solo manjar en cada comida, aderezándolo de mil maneras para que no hubiese un solo plato, parece era principio y precepto de los Tirteafueras de entonces, ordenados para la yantar del rey por Pedro IV de Aragón el Ceremonioso en su famoso código de etiqueta palaciega, tan renombrado que Ladislao, rey de Romanos y de Bohemia envió á su camarero Roberto de Praga en 1378 á Aragón para que se informase «de la orden de la corte y casa del Rey», y que hubo de adoptar Castilla, algo atrasada siempre en todo respecto del reino aragonés. Las Ordinations fetes per lo Molt Alt Señor en Pere terç Rey d'Aragó sobre lo Regiment de tots los officials de la sua Cort, se pusieron en práctica desde el año 1344, época en que el Arcipreste estaba escribiendo acaso su libro. Los meges ó médicos opinaban que el comer de muchas viandas diversas en un yantar es dañoso, sobre todo si se mezclan cosas tan contrarias en sus cualidades como son carnes y pescados ó pescado y cosas de leche ó de queso. A don Carnal le impuso doña Cuaresma que no comiese mas que una vez al día, y aqui el santo flayre diole por penitencia este precepto de aquellos físicos, que comiese cada día un manjar señalado, e non comiese mas, e seria perdonado. A ti te lo digo, Juan el Carnal, para que lo entiendas Pedro el Ceremonioso.
Los garbanzos y el potaje de arroz eran las legumbres prescritas por los físicos para la yantar real. Garvanzos cochos, cocidos en S; cal, calle.
La lucha (c. 969). La as ducha, la tienes por costumbre, ducho en algo el hecho á ello; ductus, ducere; concertado el participio.
Por los esparragos de G hay en S formigos ú hormiguillos, que dice la Academia y es guisado de avellanas machacadas, pan rallado y miel. Lag., Diosc., 1, 142: Las buenas viejas suelen hacer ciertos hormiguillos de avellanas tostadas para asentar el estómago. Pero debía haber hormigos menos golosos, de sola harina, que son los aquí preceptuados: Dueñas, Espejo, 1, 6: Que en mi presencia haga unas harinas ó hormigos. F. Flores, Regim., 1: Hacen también de la harina fideos, lazañas, macarrones y hormigos. Comer espárragos, pero sin hartarse, tiene su donaire, pues dicen que el que espárragos chupa no come. Las dos (terceras) partes.
Espeso, abundante, frecuente. Celest., 9, 117: Espessos como piedras á tablado entravan mochachos cargados de provisiones por mi puerta. Non guardeste á mongas, no miraste para tenerles respeto. Furnicio, fornicación.
El Ceremonioso prohibía las lantejas ó lentejas, no menos que las berzas, berenjenas y aceitunas, por ser malenconicas ó melancólicas; aquí por la yra le ordena comer lentejas, porque, segun Monardes (Sev. med., c. 12) son frias y secas y esfriantes, malas y melancólicas.
Lazrar en S, lastar en G, padecer, como lacear. J. Man. Caza, 11: A los falconeros, porque ellos hayan talante de lazrar con los falcones Berc., S.D., 412: Mas maguer nos lazremos, commo en ti fiamos. G. Alf., 1, 2, 10: Haciendole lastar y padecer.
Costribado, trabajado; de costribar, trabajar con ahinco, hacer fuerza ó estribar con. Vald. Dial. leng.: Quién no come no costriba.
Miercoles corvillo es el Miércoles de ceniza, primer día de ayuno de cuaresma, y llamóse así por la humillación y encorvamiento de la ceremonia de la ceniza, como se hace en el Humiliate capita vestra Deo, porque corvilla era inclinación y humillación, del corvarse. Así dice el refrán: «En la corvilla de Enero S. Antón es el primero», esto es, en la inclinación de Enero ó pasada su mitad.
En cuaresma no había guerras, con la llamada tregua de Dios, y esto da á entender con lo de non se pagan de contienda. Real es el campamento.
Lavabanse todos los cacharros, para que ni rastro tuviesen de grasa ó cosa que oliense contra la abstinencia. Canistillo, canastillo, dimin. de canistrum. Librillo es el lebrillo ó barreño vidriado, donde se lavan los tajadores ó fuentes de servir las viandas, los bacines, escudillas, etc.
Escudiellas eran como nuestras tazas, necesarias para tomar los alimentos líquidos sorbiendo, ya que no se usaban cucharas, escudillando o repartiendo en ellas al comer. Cort. Alcalá, 1348: «Otrosí el dia de la boda que non coman en la boda de parte del novio ó de la novia mas de quinze escudiellas de omes e otras quinze de mugeres sin las dos del novio e de la novia». Cañada era vasija para vino, como el barril, y todavía en Asturias es medida de más de una arroba del mismo. Espetos, asadores (Ondin), en Asturias palo con punta; de aquí espetar. Greals en G, griales en S eran escudillas ó platos, como el famoso Santo Grial de los libros caballerescos, el único que conoce la Academia, pues dice que grial es «plato místico» ¡Con misticismo de cocineros, sin duda, pues en las cocinas andaban revueltos con asadores, ollas y coberteras!
Repegar, volver á pegar y juntar bien, como repellar. Enjalbegar, encalar, de exalbicar(e). Plega, agrade, de placer.
Cruzarle con rramos en la frente con ceniza, es hacerle con ella, como suele hacerse, una cruz de dos ramos, como cruzarle á uno la cara golpeándole ó hiriéndole en ella. Fons., Vid. Cr., 1, 3, 12: Hasta el herir la piedra fué en forma de cruz, cruzando el segundo golpe para que quedase más clara figura de la cruz. Pantal. Vejam., 1: Vive Dios que he de cruzarle toda esa cara. Tornar, intransitivo.
Con el su blando lino, con las lágrimas, que se enjuga con el pañuelo el pecador, y así es el lino de Doña Cuaresma.
Pensó cómo hacer para comenzar ya á reir y á alegrarse. Ersiendo G, yrguiendo S y T.
Baldio, ocioso. Fons., Vid. Cr., 3, 2, 17: Luego llamaron á los que andaban baldios por las calles y plazas de la ciudad. Notarase que l no impide el consonante aquí y en otros lugares.
Ya ha cobrado fuerzas y está recio; pero simula estar flaco para desmentir á los demas. Se desdezia, hizo allí lo contrario de lo que dijo, pues se escapó de la iglesia, que esos eran sus salmos y dél podía decirse lo de todo astuto: El se sabe su salmo (Corr., 82, 518, 519, 565) Comed. Eufros., 3: Que si sabeis mucho, tambien yo sé mi salmo.
Fúxo, pretérito irregular de fuir, huir. Carneceria en S. La Juderia era el barrio de los judíos, donde estaban abiertas las carnecerías en Toledo, sobre todo en la cuaresma, pues ellos seguian comiendo carne y los cristianos no, que de Toledo habla el Arcipreste. Era tiempo de la Pascua de ellos, celebrada con panes ácimos ó cenceños esto es, sin levadura, no levados á leudados, no levantados ó fermentados, sino aplastados y delgados, que es el propio valor de cenceño, además del de sencillo. León Casad., 12: Crece en barriga, estréchase con faja, como si tranzase el cabello, con que va derecha y cenceña. Mariana, H.E., 4, 2: Los judíos celebraron su pascua sábado á 24 de Marzo y comenzaron los días de los ácimos ó pan cenceño. Plúgo, agradáronse con él, de placer. Siendo los carniceros de la ciudad, por fuerza habían de holgarse con don Carnal, que es el que les llevaba los parroquianos.
Lunes mañana, sin de, por ser como adverbio, de mane. Rraby Acebyn en G ó Açelyn en S, sería algún rabí muy conocido entonces; no he podido averiguar nada de él; quédese averiguarlo para el asiduo P. Fita. Mientras él no nos comunique que ha dado con el nombre de ese rabí toledano, capataz de los carniceros, me contentaré con suponerle nombre simbólico, como tantos otros de este libro. Acebin me suena á cosa de cebar y de cebón con el ha arábigo, el del cebo. Acelyn pudiera ser algún Selim que bajó por allí; pero esto sería dar crédito á la chacota que dan á los anticuarios y epigrafistas con el cuento aquel de que uno de ellos interpretó una piedra donde se leía: Por aqui baxo selim, diciendo que por allí pasó Selim; sino que luego hallóse en otra el final: pia, y efectivamente era aquello un albañal. Privado, presto en S, ayna en G En estremo de Medelin G. Medellyn S. Estremos llamaron á las partes últimas del reino de Castilla, de donde Estremadura, por caer de la parte de allá del Duero. Hubo dos Extremaduras, la debajo del Duero, capital Segovia (Colmen., H. Segov., c. 12, § 9, año 1029), y más tarde la leonesa ó moderna, que se la llamó por el uso que los ganaderos hacían del vocablo Estremos, significando por ellos los fines ó confines recorridos por los ganados trashumantes. Todavía usan el vocablo, y puesto primero a las sierras de acá del Duero adonde los llevaban, dióse igualmente á las de Leon, adonde luego llevaban los ganados. «Anda, anda, de Burgos á Aranda, que de Aranda á Extremadura yo te pasaré en mi mula». Porque comenzaba al otro lado del puente de Aranda sobre el Duero. Las escrituras de Valbuena llaman así á la banda meridional del Duero, y así la llamaban los Benedictinos (Sáez, Moned. Enrique III, nota 11): «In Extremis Dorii.» Sácase también de las leyes municipales dadas á Sepúlveda por los Condes de Castilla y Alfonso VI y de las del Conde D. Sancho a Peñafiel. Medellín está, como es sabido, en esos estremos, en Extremadura. Mingo Rev.: Para todo lo estremeño... que sigue los estremos. Ordenam. Burgos, 1315: «Otrossi porque decides que recevides grandes dapnos de los ganados que van é vienen de los estremos, que salen de las cannadas antiguas, é entran por los panes é por los vinos, las quales cannadas son la una que dicen de Leon, et la otra Segoviana (por esta venía D. Carnal), et la otra que dicen de la Mancha de monte Aragon...» Los corderos de Extremadura, adonde era natural fuese don Carnal, como á la parte donde están los ganados, sus súbditos, alborotáronse al verle: ¡de esta hecha, ya estamos en la carnicería! ¡Be!, he aquí nuestra muerte.
Por autoridad de Marco Varrón, trae Aulo Gelio (l. 7, c. 16) los manjares que más rebuscaban los tragones de su tiempo: «el pavo de Samos y el francolin de Frigia (aunque nuestro Marcial antepone los de Jonia, I, 13), la grua de Melo, el cabrito de Ambracia, el atun de Calcedonia, la lamprea de Tarifa, la raya de Pesinunte, las ostias de Tarento, el acipenser de Rodas, el escaro de Cilicia, las nueces de Taso, los dátiles de Egipto y las bellotas de España» Todos sabíamos que en esta noble tierra de España, y mayormente de Extremadura, se daban valentísimos alcornoques; pero los que pinta el Arcipreste no gustaban de sus afamadas bellotas, pues no parecen por la mesa del don Carnal español, el cual buscaba por Extremadura sólo «Cabrones e cabritos, carneros e ovejas».
Alboroçó por alborotó. Hacer portillo díjose del entrar á saco una ciudad, aportillando los muros, y del abrir entrada en una cerca, como la de los ganados, en una casa, etc. Valderr., Ej. Viern. dom. 3 cuart.: Haciendo lastimeras roturas y portillos en aquella divina y soberana maravilla.
En Alcudia, Calatrava, etc., siempre fueron famosos los ganados, y todavía lo son los pocos trashumantes que nos quedan. En S, Vasayn; en G, Val-savyn; en T, Val-sanin, por Val-savin, y así también la Montería de Alfonso XI, de vallis sapinorum, por los árboles famosos de aquel real sitio de Balsain, que hoy dicen, en San Ildefonso, provincia de Segovia (véase Biblioth. arab Scurial.; t. II, p. 63). Como se ve, don Carnal y el Rabí seguían la cañada que todavía siguen los ganados que de Alcudia vienen á la sierra segoviana, y la he recorrido yo hace poco en varios trechos.
Los toros erizaron... sus cerros. Valderr., Ej. Fer. 6 Ceniz.: Sale el perro... erizado el cerro, amagando con los dientes. Enerisan en G, yrisaron en S. Buxyes en G. bueyes, passim. ¡Aba, aba!, interjección que se dice en los peligros, como en el que se veía esta pobre gente cornuda a vista del carnicero y del tragón. Bart. Aparicio (Bibl. Gallard.): Aba, que yo lo diré, | que tú no tienes primores... Aba, quítate de ahí. Autos s. XVI, 3, 387: Aba, que me deslizo. Y aba-te, con el -te, -se, reflexivo. Autos s. XVI, 599: Abate, Mariquita, guarda el coco. L. Rued., Reg. pas., 6: Déjeme por su vida, ábese de ahí. Usase todavía en León, Extremadura y Salamanca.