Dulçema en S, por la gayta de G y T. Debe de ser la dulzaina, flauta dulce, como se usa en casi toda España y la usaron mucho los moros, de quienes dice Cervantes (Quij., 2, 26) que usan «un género de dulzainas que parecen nuestras chirimías». Figura, según esto, en las miniaturas de las Cántigas (Riaño, f. 50, n. 4). Es casi igual á la gaita ó rhaita que traen G y T por dulçema, y que hoy usan los moros, diferenciándose sólo en la forma del pabellón (esférico en las Cántigas, en pabellón en la gaita moderna). Nótese que, tanto en la dulçema del Códice Alfonsino como en la gaita mora actual, hay luego de la caña de la embocadura una rodaja de cuerno, para apoyar los labios cuando se toca muy fuerte. La caña de la embocadura de la gaita mora es un tubo de metal, donde se ata con hilo fuerte un trozo de un junquillo que crece en los ríos africanos, y que es el que propiamente engendra el sonido. Acompáñanla siempre del atabal ó de la derbuqa: con el atabal, en los cortejos de boda y en las fiestas de los santos; con la derbuqa, en las cofradías religiosas de los jhamadjas y aisaguas. La gaita gallega, de todos conocida, es un instrumento compuesto de un pellejo de cabra ó carnero, llamado fol, con cuatro aberturas para otras tantas boquillas donde encajan los tubos del aire: el primero es por donde se sopla para henchir el cuero, y es el soprete; el mayor ó ronco, ó roncón, sirve de bajo, y está junto al soprete, descansando sobre el hombro izquierdo, y consta de tres piezas: prima, segundo tercio y copa; el todo á vara do ronco, con su borla y farrapo; el tercer tubo cae debajo del lado izquierdo, y se llama ronquillo, voz entre el bajo y el tiple ó puntero, ó punteiro, con ellos armonizado; el cuarto y principal es una chirimía debajo del soprete, y la maneja el gaitero con ambas manos y encaja en el cuero mediante una boquilla ó palleta, como la de la chirimía ó del fagot. Hállase la gaita el las Cántigas, en la iglesia conventual de San Francisco de Orense, en la de Santo Domingo de Ribadavia, tocándola un ángel; en la sillería del coro del Monasterio de Celanova, tocadada por un bufón; en el coro alto de la Catedral de Astorga, en el capitel de Mellid, del siglo XI, etc. (Véase Bolet. Acad. Gallega, números, 43, 44, 45, 53). Axabeba, ajabeba, jabeba sin artículo arábigo, especie de flauta de caña, del arábigo الشبابة ashshabbēba, fístula (R. Mort.), flauta, fístola, cítola, instrumento de música (P. Alc. Morg., H. Sev., 4, 5): Un flautado principal de 18 palmos y unas flautas tapadas, unísonas del proprio flautado, unas octavas... unas trompetas y unas xabebas. Albogon. «¿Será el abuaq (jouaq ó djouak escriben los franceses), ó la flauta doble que parece denunciar la leyenda recogida por Casimir Blanc?» Roda, de quien tomo estas palabras, no se atreve á decidir ni á señalar instrumento correspondiente de las Cántigas. Puesto que es aumentativo de albogue, yo me barrunto si será el que traen las Cántigas, y puede verse en Riaño (figura 41, n. 2), ya que, como se ve, es un albogue mayor y es finchado. Que es instrumento de viento y como flauta, con agujeritos para los tonos, está fuera de duda por el ejemplo 41 del Conde Lucanor; por consiguiente, es un albogue mayor. «Et tomó el albogon et añadió en él un forado á la parte deyuso, en derecho de los otros forados, et dende en adelante facia el albogon muy mejor son que fasta entonces facia» Çinfonia, es la que traen las Cántigas (Riaño, f. 46, ns. 4 y 5), y consiste en una caja cuadrangular que se pone sobre las rodillas, y dentro de la cual van las cuerdas sonadoras: la mano derecha da á un manubrio que sale de una de las caras menores, y la izquierda baja unos botones ó teclas, puestas en la cara que toca á las rodillas, por toda su largura. Hoy la conservan los mendigos, lyra mendicorum, y se llama viola de ruedas, samphonia, cinfonia, chinfonia, sinfonia, zampoña, zarrabete, gaita zamorana. (Véase León Gautier, Les épopées françaises, II, p. 70; Braga, Historia das Novellas portuguezas de Cavalleria). Q. Benav., Condes fingidos: Soy Condesa, señor de Chinfonio. | —Esta Condesa creo que la engaita. | —¿Dónde cae Chinfonia?—Junto á Gaita. | —Buena provincia—Rica, alegre y llana. | —¿Qué nombre la provincia?—Zamorana. | Tierra de muchos músicos, que es cosa | que á mi me da gran gusto. Baldosa, instrumento de cuerdas punteadas. En 25 de Agosto de 1587, el Receptor general de la iglesia de Toledo mandó pagar «á Luis Ribera mill ciento veynte y dos maravedis que ha de haber, porque fué tañendo la valdosa el dia y octava de Nuestra Señora.» En 1.º de junio de 1591, «á Juan Ribera dos ducados, porque tañó la valdosa en la procesion del Corpus Christi y su octava.» (Pedrell, Organogrofía musical antigua española, p. 61). Dijose de bandosa, que también se llamó, y de la que habla Aimery de Peyrac, abate de Moissac, en su manuscrito de la Vida de Carlo Magno. Baini (Memoríe di G.P. da Palestrina, vol. 1. p. 110) dice que la bandosa es instrumento di molte corde, Cast., Canc., 2, p. 465: Si saltan de la baldosa | las cuerdas de perficion | ¿sonará alegre ó triste? | No, porque no es cierta cosa | c'a de fallecer el son | porque en las cuerdas consiste | verdad es que la hechura | ó quedar caxa ó pintura | bien al caso pertenece; | mas si las cuerdas fallecen, | fallecerá la dulçura. Odreçillo ya vimos lo que era (c. 1000); corresponde á la tibia utricularis romana, á la que llaman en Europa cornamusa, bagpipe en inglés, dudelsack en alemán, piva ó zanpogna en italiano, musette en francés, cheng en chino. En las Cántigas está representada claramente (Riaño, f. 51, números 1 y 2). Manduria (S), ó bandurria, que traen G y T. Bermudo (Instr., mus., l. 2, c. 68): «Comunmente tiene la bandurria tres cuerdas en la forma del rabel... Está una cuerda de otra por distancia de una quinta perfecta... Quisieron los tañedores que de este temple usan abreviar la guitarra en el tamaño y cuerdas y hicieron la bandurria. Algunas veces tienen este instrumento sin trastes... otras le ponen seis ó siete trastes y aun no bien puestos.»
Tronpas. Van casi siempre junto con los atabales y el añafil en los escritores castellanos de los siglos XV y XVI. Están representadas en el Códice de las Cántigas en una miniatura (Riaño, f. 49, números 3 y 4). No parece se usen hoy en Marruecos. Es instrumento marcial de bronce como un clarín, pero retorcido y de más buque y en disminución desde el un extremo al otro. Crón. grat., 3, 19: E venían tañendo trompas e añafiles. Añafil. Usanlo los marroquíes en el mes de Ramadán y en los cortejos de boda. En estos últimos, la música se compone de una ó dos gaitas, uno ó dos atabales y el añafil, que sólo repite una nota de vez en cuando, en el ritmo
Es el mismo representado en el Códice Alfonsino (Riaño, f. 42, n. 4), esto es, un tubo muy largo, y se diferencia de la trompeta bastarda y de la italiana en que éstas tenían el tubo con vueltas ó redoblado, mientras que era derecho el del añafil ó trompeta morisca. Usáronlo pregoneros y heraldos en España, y vino de Roma, donde la llamaban tuba recta. Atanbales (S), ó atabales, que traen G y T. No se hallan en el Códice de las Cántigas, pero sí en otro del siglo XIV (Leges palatinas, Riaño, p. 132). En la literatura castellana figuran siempre como sinónimo de los timbales, que se tocaban á caballo; pero en Marruecos llaman hoy tbal á nuestros tambores grandes. La manera de tocarlos los moros es con un palo grueso que llevan en la mano derecha, y está tallado con adornos en colores, dando los golpes fuertes en el parche que mira hacia arriba, y en el de abajo con una varilla ligera que llevan en la mano izquierda los golpes débiles. Es el atabal una media esfera, cubierta por cima de la circunferencia con pergamino, y se toca con dos palillos rematados en bolas. Estas plaçenterias ó regocijos comienzan con los atabores (c. 1227) de estruendo vago y acaban con trompas, añafiles y atabales, que dejan tras sí el mismo estruendo y el agudo trompeteo, que se oye largo tiempo después de pasar tan magnífica procesión.
Clerizón ó clerizonte es monaguillo que sirve en el altar ó en el coro á los clérigos con sotanilla y sobrepelliz y además se llama así el que trae hábitos eclesiásticos, sin tener órdenes mayores. Alcaz., Crón., 1, p. 186: Monjes á Alcalá á probar ciertos embelecos de un clerizon advenedizo. Berdones en T, bordones en G, borbones en S. Probablemente de Verdones, que es del Cister en Gascuña. Hay en Galicia dos pueblos, uno Bordones y otro San Pedro de Bordones. Pone este abad por ser del Cister, Orden que pone á continuación la primera como más famosa entonces, desde la reforma de San Bernardo (1112), en la procesión de frailes, clérigos, monjas y todo linaje de gentes, que vienen tras la música honrando á don Carnal. Porque así, es en realidad, que la mayor parte le sirven, y la verdad no debe espantar á nadie. Es una crítica de la relajación de las costumbres eclesiásticas, que nunca llegaron al abismo de aquel siglo. San Bernardo criticó las del siglo XII; el Arcipreste de Talavera, las del siglo XV; en el siglo XVI, Juan de Pineda les da buenos pases en su Agricultura cristiana. Por lo visto, en dos siglos las Cistercienses habían ya bastardeado. Otro buen rapapolvo á las Ordenes religiosas puede leerse en el Libro de los gatos, 53.
Çestil en G, çisten en S, Çistel en T, del Cister. Cruzniego, de Cluni, en Borgoña, abadía de benitos, que por eso llama bendito á su abad, y fué la reforma benedictina introducida en aquel Monasterio, y luego en otros muchos, por San Odón (926-943), continuada por San Aymardo, San Mayolo, San Odilón, San Hugo el Magno, en cuyo tiempo (1048-1109), se extendió por toda Europa. Gracias á los documentos sobre las visitas á los conventos de España, publicados por Ulysse Robert en el tomo XX, p. 330 del Boletín de la Academia de la Historia, podemos hoy conocer lo que el mismo Yepes embrolló sin querer. El Monasterio más cercano adonde estaba el Arcipreste era el de San Baudilio del Pinar, ó San Boali, San Boval d'Alpinat, Delphina, que con todos estos nombres se halla escrito el de San Boal de Pinal, en la provincia de Segovia. Reglamentaríamente debía de tener dos religiosos: en 1336 no tenía ninguno más que el prior y un clérigo; en 1392, tenía uno, además del prior. Son conocidos los nombres de los priores Jordanus, antes de 1310, Petrus Sobrini antes de 1336 y Hugo hacia el 1336. En San Salvador de Budiño, cerca de Túy, de los ocho frailes reglamentarios, había dos en 1314, además del prior; tres en 1336, con dos clérigos; no había ninguno de 1337 á 1377, y sólo el prior en 1392. «L'église—dice Robert—n'est pas couverte; il n'y á que des maisons en paille; il ne reste plus de cloître» (en 1392). ¿Será este Budiño, también escrito Bodino, Badino, Bondino, Bordino, el Bordones del Arcipreste? Para muestra de cómo andaban estos benditos frailes y cuán necesitados estaban del solfeo que les da el Arcipreste, óigase al autor citado hablando de todos los cruzniegos de España, verdaderos negadores de la cruz: «L'incontinence des religieux et le concubinage de certains prieurs fut, aussi bien au point de vue matériel qu'au point de vue moral, une des causes de la décadence des couvents clunisiens, une des principales raisons pour lequelles l'ordre de Cluny fut tellement déconsideré en Espagne que, à plusieurs reprises, les chapitres généraux s'en émurent, qu'ils firent venir de cette province des religieux à Cluny pour chercher à les former aux moeurs de la discipline monastique (año 1288, etc.). Les constatations faites par les visiteurs ne prouvent que trop combien peu ils y réussirent.» Añade, que en doscientos años, entre 150 religiosos, halló 30 acusaciones de incontinencia, sin más pormenores, «tous les couvents ont eu leur brebis gâleuses; douze prieurs sont dénoncés comme concubinaires; l'un d'eux, celui de Villafranca, lui-même fils de moine, vit au prieuré avec sa maitresse et ses deux fils, comme s'ils étaient légitimes (1314), celui de Pombeiro (Lugo) no se content pas d'une seule femme, mais pour me servir des termes des actes du chapitre de 1392 il en a plusieurs: á Saint Isidore (Palencia) en 1349 (el Arcipreste escribió su obra el 1343) le sous-prieur et les religieux vivaient tous publiquement en concubinage et leurs enfante étaient élevés au monastère.» Y aquellos señores habían entrado en España con tanto ruido, logrando se aboliese nuestro rito mozárabe y metiéndonos el romano, de donde se dijo: Allá van leyes do quieren reyes. ¡Todo por devoción de la reina al arzobispo que los patrocinaba, D. Diego Gelmírez! Creo que con esto se comprenderá la obra del Arcipreste y no habrá estado fuera de su lugar nota tan larga. Venite exultemus Domino, comienzo del Invitatorio de Maitines, del salmo 94.
Las Ordenes militares, que siguen en antigüedad á las ramas de los benedictinos, puestas en la copla anterior. Buenaval, Bonaval, monasterio de bernardos en el Arzobispado de Toledo, fundado en el siglo XII, en tiempos de D. Alfonso el Noble; suprimida su abadía en los de D. Juan el II, se unió al de Montesión, que está á media legua de Toledo. Te amorem, laudamus!, á ti, Amor, te alabamos; por el Te Deum, laudamus del himno conocido. E non ál, y no otra cosa, que al Amor.
Síguese la Orden de predicadores ó dominicos, que llama de San Pablo, á quien pretendían imitar, y que dejaban algo que desear, según el Arcipreste. No así San Francisco, que allí no iba, por ser verdadero Santo, aunque si iban franciscanos ó frailes menores y agustinos. ¡Exultemus et laetemur!, del salmo 117, 24: «Haec est dies quam fecit Dominus: exultemus et laetemur in ea». «Este es el día (de Pascua) que hizo el Señor: regocijémenos y alegrémonos en él.»
Trinitarios y Carmelitas, los de Santa Eulalia, que así se llamaban los Mercenarios, y puede verse en la Hist. general de la Orden, por F. Alonso Remón, t. IV, l. II, f. 47. Véanse ambas Ordenes citadas en las Cortes de Alcalá de 1348; acaso, y sin acaso, se traían sus contiendas, como suelen, y más tratando de testamentos ó mandas. «Benedictus qui venit in nomine Domini», «bendito el que viene en nombre del Señor» (Mat., 21, 9: Marc., 11, 9; Luc., 13, 35; Juan, 12, 13), que cantaron á Jesús al entrar en Jerusalén con ramos y palmas.
Frayres de Santo Anton, de la Cofradía hospitalaria de San Antón, Orden dedicada á los enfermos, instituída en Viena del Delfinado en 1095 por Gastón, por promesa hecha al Santo si curaba á su hija Guérin del fuego sagrado ó de San Antón, ó erisipela, que hacía estragos entonces en Francia. En España entraron el siglo XII, y de ellos fué la casa de Madrid, al final de la calle de Hortaleza, que después se cedió á los de las Escuelas Pías. A caballeros y escuderos los despabila en dos magníficas pinceladas, porque la sátira va, sobre todo contra el estado clerical.
Siguen las monjas ó dueñas de orden, de traje blanco y negro. Pedricaderas, dominicas; menoretas, franciscanas. «Mane nobiscum, Domine, quoniam advesperascit», «Quédate, Señor, con nosotras, que ya cae la tarde», palabras de los discípulos en Emaus á Jesús (Luc., 24, 29). Por eso dice que tañen á completas, que es al atardecer.
Es la seña ó perdón de don Amor. Se adona, se adorna y engalana. Pero Niño, 1, 12: Muy apostado e devisado en sus traeres e adonábalos.
De aquí se saca la riqueza de París y Barcelona en aquel tiempo, y que las mejores telas eran francesas y los mejores caballos, españoles.
Val, contracción de valle. Verso sonoro por armonía imitativa.
Inojos fyncados, puestos los hinojos, de rodillas. En aquel tiempo tenían por menguado al que no se enamoraba y andaba por ahí lozaneando y loqueando, hasta los arciprestes y las grandes señoras (dueñas). Todos porfiaron por llevarse á don Amor á su casa, todos se bebían los vientos por tener amores y andaban en ello á porfía, á ver quien más amaba, frailes y monjas. Véase cómo pinta esta podredumbre el Arcipreste con tan hermosa alegoría. Con los frailes (frayría) porfiaban los clérigos, y con unos y otros no menos ellas, las monjas. Cácer., f. 228: Los que profesamos la frailía.
Los Monasterios eran los edificios más honrados de todo el mundo, más famosos y célebres. Refitorios ó refectorios, comedores con bonitas pinturas, de los Monasterios, con sus mesas de bien aparejados manteles. El mantel nunca faltó en la mesa española: Comer pan á manteles. ¡Y vaya si estaban bien probados (T) y requeteprobados los lechos aquellos, según apunta delicadamente aquí el Arcipreste con este epíteto ultrahoraciano! En S y G, poblados, que todo es lo mismo.
Entonces, como ahora, el clero seglar era pobre y más dispuesto y necesitado de recibir que de dar. Como que todo se daba á los frailes, que dar jamás supieron: Fraile que su regla guarda, toma de todos y no da nada (Corr., 297). Ellos siempre dicen: ¿Qué trae, hermano? Los demás á ellos: ¿Qué se le ofrece? Por huéspedes de aquesta (hecha).
Esquilman..., ¡qué verdad es que cada cual achaca al prójimo aquello en que más él flaquea! Fraile franciscano, el papo abierto y el saco cerrado (Corr., 297). Fraile ni judío, nunca buen amigo (Corr., 297). Frailes, vivir con ellos y comer con ellos y andar con ellos, y luego vendellos, que así hacen ellos (Sbarbi, Refr., 8, 146). Ni á fraile descalzo ni á hombre callado ni á mujer barbada, no les des posada (Corr., 208). En fin, á éstos que así hablaban había que decirles: El fraile predicaba que no se debía hurtar, y él tenía en el capillo el ansar (Corr., 87). Todo ello lo dijo el pueblo español, y el pueblo, a la larga, en los refranes no marra. Lo de la bodega viene al cuento de que es la pieza que mejor tenían los frailes.
Casa vasia, por lo grande. Grande la galleta, comen bien y beben mejor, e chica la canpana, poco trabajar en la iglesia. Al revés de las campanas de las iglesias, que son grandes para llamar á todos, y los curas comen y beben lo que ellos desechan. Galleta, cántaro de cobre manual, con un caño torcido para echar el licor que contiene, de que suelen usar algunas religiones en el refectorio para echar el vino. (Dicc. autor.). El fraile cucarro, deja la misa y vase al jarro (Corr., 87). Por eso dice que tienen chica la canpana. Como se ve, el Arcipreste aprovecha la ocasión para zamarrearlos á unos y á otros, á clérigos y frailes, zamarreos llevados al cabo por ellos mismos entre sí lo cual tiene mucha más gracia, y así, nadie se amohine contra el Arcipreste, que aquí está callado, dejándoles a ellos que se repelen a su sabor.
Dados plomados, con plomo metido en un lado del dado para hacer fullerías. Los caballeros con su gana de ostentar grandeza, andaban á la cuarta pregunta. Baena, p. 483. Por quanto te lanço los dados plomudos.
Alfamares, tapetes, reposteros, del arábigo: habla de los de las mesas de juegos ó tableros. De jaldetas, de oro, como los jugadores: de jalde, color amarillo. Quij., 1, 18: Aquel caballero que allí ves de las armas jaldes. Son grandes jugadores. Para recibir del rey la soldada por los servicios son prestos; tardos para irle á servir á la guerra, por las continuas escaramuzas que tenían con los moros los que guardaban los castillos fronterizos, de las fronteras del reino. Costumeros, tardos, remolones.
Dijeronle las monjas: Déjate de todos esos, sírvete venir con nosotras, que con ellos no tendrías regalo (viçio), que son unos pobretes fanfarrones, que no tienen mas que presuncion. Bahareros, como en Aragon bafaneros, el que bafanea, fanfarron, ó en Murcia vahanero y como bahurrero: sufijos -arero y -areno, de bafar ó befar, propiamente echar el aliento ¡baf!, de donde burlar. Alex., 395: Que cuemo diz Omero, non quiero yo bafar. Lo del celicio es ironía muy salada.
Afiusiavan en S y T, afusiavan en G, prometían, daban confianza ó fe de, de a-fiuci-ar ó a-fuciar, de fiucia, fucia, ó hucia que sonaba lo mismo, de fi(d)ucia(m), confianza. J. Enc., Bibl. Gallard., 2, 896: A la mi fé no te ahucio (=afucio) | ni quiero tu placenterio. Id., 67: Hucia en Dios que no se irá.
Sonetes, aquí meter ruido, como mal bollyçio en la copla 1255, y pocas nueces. Rrisetes, sonrrisas, de riso, risa. ¡Todo esto es maravilloso! Pues lo del dormitorio!
Vandero, parcial, como banderamente, parcialmente (Nebrija: Factiose); de banda, lado, partido. Rrehertero, que causa reyertas.
¡Me crié en amores desde niño, dice el clérigo de aquellos tiempos!
Fué por fuí. Andude, pretérito del tema participial andud-o, andar, como estudo de estar, y -udo, á gusto en otros participios.
Peroque, pero, aunque. ¡Los medios del amor quedan en casa del clérigo!; pero el Amor mira por todos.
Es parafrasis del Alexandre (2376), del cual se acordó el Arcipreste también en la copla 1081.
Un marfyl, cuerno de elefante, hueso de alfil ó elefante en árabe. Maste en G, mastel en S, mástil.
Otra prueba de que escribía en Toledo. Bever, un vaso de bon vin, que dice Berceo: es la propina del juglar.
Las cuatro estaciones del año. Los tres caballeros son Noviembre, Diciembre y Enero. En el margen de G invierno. Caballeros son los del invierno, que es tiempo pobre y en que nada se coge y sólo se gasta lo allegado, como saben hacerlo los caballeros. Están juntos los meses, que no cabe el canto de un dinero entre ellos y sin embargo se hacen muy largos. Al margen en G: N.e, esto es, Noviembre.
Establyas, en S estabrías, establos.
Al margen de G: Desienbre, Salpresa, aderezada con sal y apretada, que se conserve, de preso. Bibl. Gallara., 1, 1230: Con anchova salpresa. Se sopla las manos de frío.
Cocina, el potaje ó menestra de legumbres y garbanzos, etc., esto es, la olla vulgar. Barahona, p. 733: Cuajada (la panza) de cocina y de pan bazo. Enclaresçía, enclarecer, aclarar. Almueças, echándole á pares almuezas ó almuerzas de yeso u otra cosa. Almueza en Palencia, lo que cabe en las dos manos juntas ahuecadas. Suárez, Doctr. Caball., 1, f. 23: De la cual darase cada mañana á la bestia una almueza... Dénsele á vuelta de la cebada una almueza llena de trigo. Queça, quiza, como en gallego, túnica, como al-quicel ó al-quice, del arábigo الکسا al-quise, lodex (R. Mart.), alquicel (P. Alc.), Bibl. Gallard., 1, 578: Desnuda en una queça | lavando á la fontana | estaba la ninna loçana. El de las dos cabezas es Jano, como lo pintaban, que mira atrás y adelante, y de él Januarius, Enero ó tercer caballero.
Capada en G, en S y T capirotada, aunque no consta el verso: especie de olla podrida, mas selecta y aparatosa, de carne de cerdo, perdices y salchichas ú otras viandas, todas asadas y partidas en pedacitos, con torrijas de pan, en lechos alternados o tongadas, y espolvoreado todo con queso rallado, y se sazonaba con pimienta, nuez moscada y gengibre. Hecha sobre el platel una buena pirámide ó capirote de esto, recubríase con huevos estrellados y encima una salsa trabada de varia composición en general de huevos batidos, queso rallado, ajo, caldo y azafrán. En fin se doraba el todo en el horno. La fricassée es una capirotada. Acosta, H. Ind., 4, 17: Hacen capirotadas de ello. Capada acaso por las tongadas. Yergos, yezgos, especie de saúco. Véase en Monardes (c. 25) la receta del vino florido con «flor de sahuco...» Agudo, vivo, con viveza, presto, úsase en Palencia. S. Badaj., 1, p. 343: Cuando la ví muy aguda | tirar ropas de viuda.
Collaços, criados, y se usa en Extremadura, vasallos. Fuero Brihuega. H. Nuñ.: Manda y haz y no daras pan á collaz. Otalora, De Nobilitate cap. ult.: Mas debe dar por juradores, que sean caballeros ó infanzones, señores de collazos... ó pechar los collazos ó collazo tal como aquel ó aquellos por quien había jurado. Mas querria traer vestido de pieles en casa, que loriga en la guerra.
Fijosdalgo son los tres meses de primavera, que tienen ya algo y no como los caballeros del invierno, porque la tierra empieza á dar de sí: Febrero, Marzo y Abril. Vigas de Gaula, de Gales. Los meses de invierno son largos como madero y no están separados por el canto de un dinero: el madero de quemar para calentarse y el dinero que entonces escasea. Los meses de primavera no se alcanzan con las vigas de Gales, ni cabria entre ellos un cabello de mujer (Paula, chica dueña, cual las prefiere él), porque la primavera á omes... mételos en amores (c. 1281), como los del Amadís de Gaula, al cual alude y se conocía ya antes de 1325 (Leng. Cerv., II, Amadís), y ellos e ellas andan en modorria, que no los separa un cabello de la dueña chica (c. 1284). A esto viene lo de Gaula. Al margen de G: Verano.
Al margen de G: Febrero. Febrero el curto, que mató á su hermano á hurto (Corr., 495). Es frecuente hacer sol y buen tiempo en los primeros del mes, que es sacar Febrero al sol á su padre ó á su hermano Enero, como dice el otro: Febrero el loco sacó a su hermano al sol y apedreolo, y venir después lluvias y granizo, que es lo que dice: Oras triste... Anciano, viejo no sólo de personas, Berc., Sacr., 97: Anciano tiempo. Verano, la primavera, ó mejor la segunda parte de la prima vera. P. Esp. (Rodr. Marín, p. 38 y 366). Pero Correas (p. 368), dice: El vulgo divide el año en invierno y verano; los astrólogos y escritores, en cuatro partes: en verano, que comienza en Hebrero y acaba en Abril; en estío, otoño invierno.
Alhiara ó aliara, como dicen en Extremadura, vaso hecho del cuerno vacuno por los pastores y que en Castilla dicen cuerna.
Al margen de G.: Março. Mes en que renace la naturaleza y los amores, de suerte que los diablos entran en función.
Remecer, menear. J. Pin., Agr., 23, 20: Se comenzó á remecer para la salir á recebir. Abades, curas, todavía en Galicia. Obladas, ofrendas que llevan á la iglesia por sus difuntos, como bodigos; de ob-lata of-ferre.. En Salamanca dicen ofrecer al llevar la mujer durante la misa y antes de la consagracion un bollo, una jarra de vino y una vela. Lazar., 2: Vino el mísero de mi amo y quiso Dios que no vió las obladas que el angel había llevado. Con ocasion de las obladas el diablo enzarza con las dueñas á los abades!
Antes vereis cuervo blanco (de lo imposible) que dejaran de asnear. Hay quien dice haber visto cuervos blancos (Martín del Río, Disquis, magic., p. 205). Corr., 376: Cras crastinando, dijo el cuervo y no sé cuando se tornará blanco. Modorria es el ponerse modorras las ovejas por el calor, que por evitárselo en la cabeza, la meten cada una entre la panza de las demás, apelotonadas todas. Así dice que andan ellos y ellas, Arciprestes y dueñas. Terrible crítica de costumbres, que no acabaron, ¡mal pecado! con aquel siglo: ¡aún colea! ¡Y quisiera Dios que con muchas de las que se comen los confesonarios no hubiese semejantes modorrias!
Estos asnos son tan bípedos como los de las asnerías de la anterior copla. ¿Quién no sabe por qué rebuznan en viendo faldas? Esto lo puedes provar, al volver de la esquina ó al salir del umbral. Hasta que pasa Agosto con su calor; aunque los hay que lo conservan todo el año y no acaban de ser asnos.
Al margen de G: Abril. Estacas, palos ó ramas que se plantan, sobre todo de olivo: Plantar á estaca. Comienza á tronar.
Los meses del estío, Mayo, Junio y Julio los llama ricos omes, porque el campo da la cosecha. No cabe una punta de lança, por ser la época en que se hacían las expediciones guerreras. De Mayo á Junio grana lo labrado, de Junio á Julio acaban casi de un golpe de hacerse los panes.
Al margen de G: Mayo. Como nada queda ya de la cosecha pasada y comida, se entra por el corral y se come cabras y gallos y se va á pescar. El rruybarvo se usaba en salsas y guisados, como hoy en la repostería inglesa.
De la siesta, del calor. Tyesta, cabeza. Enfiesta, erguida, alta, ó enhiesta, que era como sonaba. Floresta es el bosque, forêt, forest-al.
Al margen de G: Junio, tiempo de la siega. Alhoz ó alfoz, cañada, valle. Bebras, de bif(e)ra(m), de donde por metátesis breva. Agras nuevo, la uva todavía en agraz.
Al margen de G: Julio, mes de la trilla. Panes ó mieses en S. El tavano molesta al asno.
Helyçes, de hiel-o (?), como quien dice hel-izo. El tábano se les entra en la nariz, por lo que la bajan por restregársela en el suelo, les sale sangre y es horrible molestia para el caminante, como yo lo he experimentado. Cuélguesele un cardo delante de la nariz y por miedo de espinarse no la bajarán. Así lo hacen los tíos.
Los meses de otoño, Agosto, Setiembre y Octubre son para los labradores, que alzan la cosecha (todos una carrera): uno tras otro ansiosamente se esperan por el ansia de recogerlo todo. En frontera, por ser el último del año agrícola, que que es el que, como se ve, describe el Arcipreste.
Al margen de G: Agosto Beldar, ablentar con bieldo, usado en varias regiones. Gallo, Job., 24, 6: Al beldar del trigo propio echan ojo al que es ajeno. Otoño trae dolencias a los viejos, curas ó cuidados de menguas á los labradores.
Al margen de G: Setienbre. Carrales, como garrales, para vino; aprietales los aros. Esconbrar, quitar de enmedio limpiando. Fons., Am, Dios, 25: Con un cierzo que limpia el cielo y le escombra. Cercar, poner cercas.
Al margen de G: Otubre. Ero, tierra de labor.
Todos los que se dan á amores son carnales.
El invierno el Amor se lo pasa en tierras templadas de Andalucía y por allí campa y se lozanea: por eso quedó sin verle el Arcipreste. Andut' por andude, del tema andudo, por anduve.
Alaba las buenas costumbres de Toledo respecto de Andalucía y otras tierras. Hacerle del dedo, llamarle por señas del dedo ó mano.
Almagra, almazarrón, y aludirá á algún edificio donde habría amores, y que hoy no es fácil deslindar; pero almagrar díjose por señalar y por arrebolarse las mujeres. Mingo Rev.: Non lo cura de almagrar. Señalar, ca el buen pastor ó el dueño del ganado tenido es de lo almagrar y poner en cada res su señal... Almagrar es señalar. Barbad., Corr. vic., 252: No solamente se arrebolan y almagran (las mujeres).
Lobuno, partidario del lobo, de quien se arredraban aquellas ovejas de Cristo.
Mucha observancia en los Monasterios, pero poca caridad, á no ser de pico; en fin, como en mucha gente beata, que olvida lo de Cristo y San Pablo, que sin caridad, por muchas virtudes que se crea tener, no es uno más que un badajo de campana, la cual se queda en la torres sin entrar en el templo con los demás á quienes llama. Rrahez, ruin, villano, es acogerse uno donde no se halla bien.
Perd-udo, perd-ido.
Lastro y lasto, posverbal de lastrar ó lastar, penar, padecer, pagar lo debido. Cácer., ps. 68: Parece que dieron carta de lasto contra mi persona y bienes, sin deber yo á nadie nada, pago por todos á todos. Valderr., Ej. Fer. 4 dom. 4 cuart.: Las lanzas que bajan en esta nube allá las lastrastes en el mundo, que acá no hay lanceros que las hagan ni madera de que se corten los grillos y cadenas que os han de aprisionar en el cautiverio. L. Fern., 129: Harto lo tengo llastrado | y trabajado | en pasar vida tan triste. Castro Urdiales, donde no se pasa mal la Cuaresma con tan rico pescado. Recibiéronle bien por dejarse de carnes; pero no comiéndola allí nadie, por ser barato el pescado, tenían por padrastro á don Amor, que á una va con don Carnal, á quien no pueden ver los pescadores. Rrastro, las gentes que siguen á don Amor y á don Carnal, y alude al significado de lugar donde se matan las reses. Quij., 2, 20: Que cada una cabia un rastro de carne.