Chapter Footnotes:

[1] lacho guapetón, a sort of cowboy who goes about with “a chip on his shoulder.” This type is common throughout the entire Spanish speaking world. Lacho, a spirited young man; guapetón, from guapo, ‘brave.’

[2] la viva encarnación, the exact image.

[3] botas arrieras, high cowhide boots worn by cattle-drivers going through the mountain passes.

[4] primero faltaría el sol que ..., the sun would fail (in his orbit) before ....

[5] muchachas que enamorar, girls to make love to. Note use of relative que.

[6] aunque no fuese por otro motivo que por haber, were there no other reason than that of having. Note the use of por before an infinitive.

III.—ALGUNOS PROHOMBRES DE HISPANO-AMÉRICA
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1.—BOLÍVAR[A]
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Era un ser excepcional. Tenía de Cayo Graco la sabiduría y la virtud; la audacia de Agamenón y el perfil heroico de los hombres de la Gironda.[1] Todo era puro y excelso en aquel vástago extraordinario perteneciente a la raza tan reducida de los predestinados, en aquel arcángel majestuoso que parecía iluminado por la Victoria y bendecido por el Destino.

Sus cartas, sus discursos, sus proclamas, ponen de relieve[2] al hombre de cerebro fecundo y centelleante que hizo, de la palabra, antorcha, y del pensamiento, luminoso penacho. Acaso nadie, teniendo como tenía Bolívar tan múltiples ocupaciones que apenas si[3] le daban tiempo para tomar la pluma o amalgamar ideas, pudiera producir tanta hermosura, tanto párrafo sorprendente por la forma y por el fondo, tantas metáforas e imágenes preciosas. Acompañaba al hecho, la expresión. Ponía la bomba y prendía la mecha; unía el material y le añadía el explosivo; tras de la arenga, la arremetida. Y así pasó su vida de visionario y de vidente, mostrando y dejándose ver; dando ideas y practicándolas.

La persuasión y la discreción del hombre de estado; la sencillez de Cincinato; la impetuosidad del guerrero estoico; la serenidad del hombre inconmovible; la mirada del águila y la garra del león; la bondad de la paloma y la dulzura del ruiseñor: Cada cosa en su oportunidad. Fiero, cuando se necesitaba atacar; magnánimo, cuando la clemencia se imponía. Bello, en el rasgo vigoroso, y en la sonrisa, suave. Imponente sin dejar de ser[4] humano; militar que con sólo clavar los ojos[5] encendidos dictaba una proclama y ordenaba un asalto. Era un león que acariciaba. No hay, no habrá en millares de años, temperamento, ni fuerza, ni carácter, ni entereza, que sobrepujen las cualidades extraordinarias de aquel atleta del ideal que tenía los resortes de la concepción y del hecho encarnados en sí: apto para mandar y apto para ejecutar. Luchó con el desinterés y la pasión de un evangélico sacerdote bajado de los cielos para salvar los pueblos.

Bolívar era el héroe incólume que reunía todas las cualidades del genio: Sólo así pudo llevar a las naciones de la roca Tarpeya al Capitolio.[6]

Miguel S. Carbonell (Cubano)

Chapter Footnotes:

[A] Simón Bolívar: General and statesman, born in Caracas, later President of Venezuela, and founder of Greater Colombia (Colombia, Venezuela and Ecuador) and “Alto Perú” (Perú and Bolivia). Called the Liberator, because he conducted the last battles of the Revolutionary War (1783-1830).

[1] los hombres de la Gironda, the Girondists. A famous political party during the French Revolution.

[2] ponen de relieve, reveal. VARIANTS: Destacan; vuelan.

[3] que apenas si, that he hardly; that he scarcely. VARIANT: Que no le daban tiempo sino para.

[4] sin dejar de ser, but not lacking. VARIANT: Sin ser, por eso (inhumano).

[5] con sólo clavar los ojos, with but a single glance.

[6] de la roca Tarpeya al Capitolio, metaphorically, from death to life. Note the inversion of “from the Capitoline Hill to the Tarpeian Rock.”

2.—RETRATO DE SAN MARTÍN[A]
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San Martín, como ser físico, poseía una figura arrogante, altiva y en todo militar. Había nacido soldado[1] y murió soldado. Alto, moreno, ancho de pecho, rígido como un sable, su espesa cabellera negra caía, aún en su edad madura, en enérgicas guedejas sobre su frente atezada, según se dejaba ver en un retrato casi juvenil, que de él se conservaba en la sala del gobierno[2] de la antigua Mendoza. En su vejez, peinaba empero, sus canas cortadas militarmente, con la llaneza del cuartel. Su nariz era aguileña, su barba saliente, su boca enérgica, si bien en sus últimos años su espeso bigote, completamente cano, disimulaba la languidez de sus pliegues y la pérdida de su dentadura. Su vida entera parecía, empero, concentrarse en sus ojos, de un negro brillante y sombrío, en que todas las pasiones parecían teñirse de relámpagos, como en los de aquel admirable tipo de belleza guerrera, su capitán favorito, las Heras.

Benjamín Vicuña Mackenna (Chileno)

Chapter Footnotes:

[A] José de San Martín: Argentine general and statesman, liberator of Chile and Perú, 1778-1850.

[1] Había nacido soldado, He was a born soldier. VARIANT: Era un soldado nato.

[2] la sala del gobierno, the Audience Hall or the Executive Room in the Government House.

3.—SAN MARTÍN Y BOLÍVAR
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El sol que calentó la cuna de San Martín es tibio en comparación del que ardió sobre la de Bolívar. Éste nace opulento y mimado en una ciudad capital; aquél en la severa economía del hogar de un soldado, en una aldea sometida al régimen monacal de la célebre sociedad de Jesús.[1]

El uno tiene por maestro y mentor a un visionario, cuya razón desgreñada no conoce freno al apetito de las novedades[2]: el otro se educa en un colegio austero bajo la disciplina del compás y la escuadra del geómetra.

El hijo de Caracas pasea su primera juventud por las plazas de las ruidosas cortes de la Europa extranjera; mientras el nativo de las Misiones gasta sus tiernos años en los campamentos de los ejércitos de un pueblo desgraciado, invadido por un usurpador injusto, y que defiende su independencia a esfuerzos de[3] patriotismo y de virtud....

Ambos al fin son víctimas del ostracismo. San Martín se retempla y prolonga en él sus días por la resignación magnánima y la digna espera en la justicia futura; mientras que Bolívar, a semejanza del gran desventurado de la fábula, se deja devorar las entrañas por el buitre de la desesperación.

Juan María Gutiérrez (Argentino)

Chapter Footnotes:

[1] la célebre sociedad de Jesús, the Society of Jesus; the Jesuit Order.

[2] al apetito de las novedades, the appetite (keen desire) for news (knowledge).

[3] a esfuerzos de, by sheer force of. VARIANT: A fuerza de.

4.—JOSÉ F. RIVERA[A]
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Háblannos de Rivera las cualidades nativas de nuestra raza: Desde la astucia del autóctono hasta la caballerosidad del hispano, y todo cuanto tiene relación con nuestra naturaleza, desde las estrellas en cuyo resplandor titilante se bañan en las noches las miradas del viajero, hasta la mata de hierba cuyas flores marchita la planta del rastreador. Háblannos de Rivera el pasado con su cortejo de heroísmos, la tradición con su secuela de enseñanzas, la crónica con su séquito de venerables vetusteces, la fama con sus sonorosos voceros, la inmortalidad con sus eternos pregones. Háblannos de Rivera el criollaje rebelde a todo yugo; la vida campesina, modalidad de una estirpe que se va; la guitarra rasgueada bajo el toldo de las enramadas o en las carpas de los campamentos; la trova plebeya llena, como la flauta del dios Pan, de selváticas armonías. Háblannos de Rivera la fábula tejida por la imaginación del gaucho, tan vivaz como la fantasía del árabe del desierto; la conseja de los abuelos referida al calor del hogar[1]; la anécdota picante[2] que se oye en las estancias; el chascarrillo agudo que entre risas vuela, y hasta las leyendas populares chismean más de un idilio con el chinerío campero, y madrigalizan las tenoriadas del ilustre Pardejón.[3]

Daniel Martínez Vigil (Uruguayo)

Chapter Footnotes:

[A] José F. Rivera: A famous Uruguayan general who distinguished himself in the Revolutionary War and who afterwards became a powerful political leader.

[1] al calor del hogar, by the warm fireside.

[2] la anécdota picante, the spicy (pointed) anecdote.

[3] Pardejón. A term applied to one whose skin is almost brown. VARIANT: Pardo, dark skinned.

5.—FRANCISCO BILBAO[A]
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Un filósofo de veinte años, de cabeza olímpica y palabra elocuente, escritor y tribuno poderoso, Francisco Bilbao, conmueve al pueblo chileno en 1844, con su obra de crítica fundamental «La Sociabilidad Chilena.»

Publica su hermosa obra en un periódico que es una predestinación: «El Crepúsculo.»

Exclama con arrogante convencimiento y altiva independencia: «Sociedad, ¿qué has hecho de nuestro pasado, de la herencia gloriosa de la revolución? Somos ciudadanos de nuestro tiempo y de nuestra patria y venimos a pedirte cuenta de nuestro destino y de nuestro porvenir.»

Los espíritus reaccionarios se sintieron conmovidos y se alarmaron con el levantado pensamiento del valiente reformador y lo procesaron para amordazarlo. Lo llevaron al jurado y lo acusaron de blasfemo, de inmoral y de sedicioso.

Él se defendió vigorosamente en un alegato que ha pasado a la historia[1] como el más notable que se ha hecho en América de la soberanía de la razón y del pensamiento.

Su libro fué quemado en la plaza pública por mano del verdugo y sus cenizas se aventaron a todos los horizontes.[2]

La Inquisición resucitó por un momento para destruir la obra de un genio vindicador y rebelde, ya que no[3] podía aniquilar a su autor.

De aquella pira brotó la luz de la verdad y la razón, y se esparció por el espacio de la América, alumbrando a las generaciones a través de las edades. El reformador salió proscripto de su patria y fué al Perú y al Ecuador a combatir por la abolición de la esclavitud. Escribió el «Evangelio Americano» y redactó «La Voz del Nuevo Mundo,» descansando de sus fatigas y luchas imponderables en la hospitalaria tierra argentina que le brindó hogar, patria y una apacible tumba.

Pedro Pablo Figueroa (Chileno)

Chapter Footnotes:

[A] Francisco Bilbao: A famous Chilean writer (1823-65).

[1] que ha pasado a la historia, which has become a part of history.

[2] a todos los horizontes, to the four winds of heaven. VARIANT: A los cuatro puntos cardinales (or del cuadrante).

[3] ya que no, since (they could) not.

6.—SARMIENTO[A]
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El esfuerzo de Sarmiento tendió siempre, más que a reformar las instituciones y la legislación, a transformar las costumbres y las ideas del pueblo. La noción de gobierno, esto es, la de una entidad tutelar y directiva, nacida del consenso general, digna de respeto, necesariamente fuerte y obligatoriamente honesta, empezó a entrar en el alma nacional cuando, después de predicarla durante cuarenta años, Sarmiento la encarnó en la Presidencia. Él marcó todos los rumbos definitivos: Al maestro, la cultura que se refleja en el espíritu del niño que educa; al agricultor, la obligación de aliviar a la tierra, en su faena sagrada, con la aplicación de los métodos e instrumentos más perfeccionados; al ganadero, la adopción de las razas superiores; al comercio, la actividad y la honradez; a los administradores de la cosa pública,[1] las manos limpias e impecables; al ejército, por fin, en páginas y actos que no debemos olvidar, el campo circunscripto, pero glorioso, de su acción legítima, el estudio y la preparación constante para responder al alto y noble fin de su institución.

Miguel Cané (Argentino)

Chapter Footnotes:

[A] Domingo F. Sarmiento (1811-1888): An Argentine statesman, writer and educator, who was president of Argentina.

[1] la cosa pública, public affairs.

7.—MACEO[A]
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Y por último, sentado en un banquillo de madera frente a una mesita de campaña, y rodeado de algunos jefes y oficiales, estaba un hombre.

Elevada era su estatura, fuerte y bien hecho su cuerpo, su tez cobriza, su mirada estaba llena de inteligencia y viveza. Las hermosas y varoniles facciones de su rostro expresaban en aquellos instantes serenidad y reposo. Cubríale el labio superior negrísimo bigote: tenía el resto de la cara limpio de barba. Representaba tener cuarenta y cinco años, poco más o menos, y estar en la plenitud de sus fuerzas físicas e intelectuales. Su vestido era sencillo, y en cuanto a las prendas del traje, semejante al de los demás jefes. Llevaba puesta atravesada sobre el ancho pecho una banda con tres estrellas, la cabeza desnuda y poblada de ondeados y negros y abundosos cabellos, y en la boca un tabaco y una leve sonrisa de triunfo....

Había superado obstáculos que insuperables parecían, nublado los cielos con el humo de pueblos, bateyes y cañaverales, en humo convertidos,[1] sentido retemblar las capas atmosféricas y las del suelo con el rugir estruendoso de la metralla de los cañones y de las descargas de los fusiles. Y con sólo algunos miles de hombres había burlado, y a las veces combatido y derrotado, columnas valerosas, desmoralizado al enemigo, y asombrado al mundo.

Aquel hombre, grande por sus extraordinarias cualidades y digno de admiración, aquel hombre—ya todo el que esto lee lo sabe—era Antonio Maceo.

L. Rodríguez Embil (Cubano)

Chapter Footnotes:

[A] Antonio Maceo: A noted Cuban soldier and patriot, who was killed during the Revolutionary War of 1898.

[1] nublado los cielos ... en humo convertidos, the skies darkened ... converted into smoke. Note reversion of regular order. This refers to the fact that during the last war with Spain the Cubans set fire to immense areas of cane, together with the adjacent ranches and villages, to prevent their serving as cover and sustenance for the enemy.

8.—BARTOLOMÉ MITRE[A]
(to the vocabulary section)

Tuve la fortuna de conocer íntimamente a este ilustre americano, en 1883, cuando vino a Chile por última vez, no ya en campaña política sino en gira de placer,[2] para visitar a sus viejas amistades. Se alojó entonces en la casa-quinta[3] de don Benjamín Vicuña Mackenna, su amigo, su compañero de aventuras políticas en 1851, y de trabajos literarios posteriormente. Desde ahí, desde los corredores de esa casa, asistió a la ovación que le hizo Chile. Entonces lo ví por primera vez y sentí el atractivo de su hermosa figura de atleta, con pobladas patillas y sedosa melena, blanca y negra.

Volví a ver al padre de la Argentina contemporánea. En diez y siete años, muy poco había envejecido. Pude, otra vez, admirar su hermoso rostro, suave y varonil, curtido por todos los vientos y todas las glorias de la América, con su ancha frente en la cual una bala dejó la estampa de una estrella[4]; toda su expresión, simpática y genial, bajo la sombra movediza de su gran chambergo. Lo ví ejerciendo verdadera fascinación sobre el pueblo argentino, por él unido y dotado de glorias. La veneración lo rodeaba, cuando salía en un simple carruaje de alquiler,[5] a pasear por el parque de Palermo. Así castigaba a los políticos venales que van en carruajes deslumbrantes. Buenos Aires saludaba en su rostro bronceado,—como comenzado ya a convertirse en estatua,—el reflejo de los grandes días de la patria.

B. Vicuña Subercasseaux (Chileno)

Chapter Footnotes:

[A] Bartolomé Mitre, a noted Argentine general, statesman, historian and poet (1821-1906), who became president of Argentina.

[2] en gira de placer, on a pleasure trip.

[3] casa-quinta, country-house; country place.

[4] una bala dejó la estampa ..., a bullet had left its mark. A reference to the scar left in his forehead by a shot received in the war with Paraguay.

[5] carruaje de alquiler, rented or hired carriage. VARIANTS: simón; coche de punto.

9.—JOSÉ PEDRO VARELA[A]
(to the vocabulary section)

Varela fué un benefactor luminosísimo de su país, haciendo por éste lo que éste nunca le pagará a su memoria altísima. A su solicitud y por su intermedio, se constituyó la primera comisión de instrucción pública, o si se quiere,[1] el primer consejo general de educación[2] con que hemos contado. Bajo su égida las escuelas mixtas fueron creadas de un modo pleno, el cuerpo docente[3] se organizó de buena manera, y todos nuestros sistemas de enseñanza se rejuvenecieron y se modernizaron. Ni aun fué inútil el golpe que sentó a la enseñanza universitaria, que instintivamente reaccionó, eligiendo otros rumbos y encuadrándose en otros procederes. Era enemigo de la memoria....

Introdujo en nuestras escuelas, lo que nunca será bastante loado, las lecciones prácticas sobre objetos.[4] Se preocupó, y no se engañaba al preocuparse, en recoger y en difundir los datos de la estadística escolar, fundándola y manteniéndola con solícito empeño. Los ciclos escolares,[5] las inspecciones, la higiene, los principios en que se fundan el arte y la práctica de enseñar, todo lo abarca, y todo lo discute, y todo lo selecciona, y todo lo reglamenta, aquel incansable y enérgico propagandista. Fué un hombre de ciencia,[6] un hombre de bien,[7] un hombre de trabajo y un hombre de ideal, aquel hombre grave, de estilo ampuloso, de cerebro fuerte y de ademán severo que entró en los fríos de la noche sin fin[8] el 24 de octubre de 1879.

Carlos Roxlo (Uruguayo)

Chapter Footnotes:

[A] José Pedro Varela, a noted Uruguayan educational reformer, who died in 1879.

[1] o si se quiere, that is to say, or, if you prefer (the term).

[2] consejo general de educación, general council of education. This and similar names are given in Spanish America to the National or State Boards of Education.

[3] el cuerpo docente, the teachers; the teaching force. VARIANT: El magisterio.

[4] lecciones ... sobre objetos, object lessons. VARIANT: Lecciones de cosas (a Gallicism).

[5] ciclos escolares, school grades.

[6] hombre de ciencia, a scientist, a man of understanding.

[7] hombre de bien, a good man; a man of integrity.

[8] los fríos de la noche sin fin, the chill of endless night; death.

10.—BERNARDINO RIVADAVIA[1]
(to the vocabulary section)

Consiste la principal gloria del Sr. Rivadavia en haber colocado la moral en la región del poder como base de su fuerza y permanencia, y en comprender que la educación del pueblo es el elemento primordial de la felicidad y engrandecimiento. Sobre estas columnas fundó una administración que todavía no conoce rival en estos países, y parte de cuyas creaciones, como puntos luminosos han lucido hasta en las negras horas del gobierno bárbaro que por tantos años mantuvo detenido el carro del progreso[2] argentino....

Su razón fué elevada; su carácter recto y firme; sus intenciones intachables. Nadie ha hecho más que él en favor de la civilización y de la legalidad en estos países. Nadie ha amado con más desinterés y más lisonja, más de veras[3] al pueblo. Nadie ha respetado más que él la dignidad de los compatriotas. Tuvo la conciencia de[4] nuestras necesidades y se desveló por satisfacerlas. Trajo a su rededor todas las inteligencias, diólas impulso y las preparó un teatro útil y brillante de acción. Buscó en el extranjero las ciencias de que carecíamos y las aclimató en nuestro suelo. Compensó y alentó los servicios y las virtudes; protegió las artes y confió más en el poder de la razón que en el de la fuerza.

Su mérito es tan positivo, como su gloria será eterna.

Juan María Gutiérrez (Argentino)

Chapter Footnotes:

[1] Bernardino Rivadavia. An Argentine statesman (1780-1875) who, while president of the Republic, founded the first public primary schools in Spanish America.

[2] el carro del progreso, the wheels of progress.

[3] más de veras, more truly; more sincerely. VARIANTS: Con más sinceridad (or verdad); más sinceramente.

[4] Tuvo la conciencia de, He felt; he was conscious of; he comprehended fully. VARIANT: Sintió nuestras necesidades.

11.—JUAN MONTALVO[A]
(to the vocabulary section)

El Ecuador era, en tiempos de[1] Montalvo, nido de clericales, y el fanatismo gobernaba. La conciencia nacional, más que aletargada, parecía muerta, y Montalvo no dió descanso[2] a su pluma volteriana,[3] combatiendo al clero, dueño y señor[4] de su patria.

Su pluma polícroma y erudita recorrió todos los campos de la literatura. Filósofo idealista, escritor sereno de reposado estilo, polemista indignado; periodista brillante, crítico sincero.

Temperamento bravío, evangélico, forjado para el bien y para el martirio, consagró su vida a la patria: su gesto era siempre hermoso y justiciero en defensa de sus altos intereses.

Fué el gran perseguido[5] de su época. La tiranía detesta a los iluminadores de conciencias y misioneros de la verdad, y cuando no halla medio para silenciarlos, reduciéndolos a la impotencia, los persigue, los insulta, haciéndolos vivir errantes como los israelitas a través del desierto melancólico, de nostálgicos ideales. Pero el genio triunfa al cabo de los protervos,[6] como las águilas alterosas de los reptiles de la charca.

Los paladines de la libertad, y él fué uno de ellos, han sido siempre desterrados. Pero los grandes luchadores dominan desde lejos. El verbo salvando la distancia, enciende y redime, inyecta fuerza a los oprimidos y espanta a los opresores: así Martí dió vida a un pueblo: así Montalvo hizo temblar a los tiranos.

Miguel S. Carbonell (Cubano)

Chapter Footnotes:

[A] Juan Montalvo, a philosopher, reformer and writer of Ecuador (1833-1889).

[1] en tiempos de, in the time of. VARIANTS: En los días de; en la época de.

[2] no dió descanso, gave no rest; (his pen) did not cease. VARIANTS: No dejó en paz; no dió paz a.

[3] pluma volteriana. Writings inspired by Voltaire’s ironic scoffing at religious hypocrisy.

[4] dueño y señor, lord and master.

[5] el gran perseguido, the most persecuted man. VARIANT: El hombre más perseguido.

[6] Pero el genio triunfa ... de los protervos, But ... genius triumphed over vicious ignorance. VARIANTS: Al fin; al fin y al cabo.

12.—JOSÉ MARTÍ[A]
(to the vocabulary section)

Yo admiraba altamente el vigor general de aquel escritor único, a quien había conocido por aquellas formidables y líricas correspondencias que enviaba a diarios hispano-americanos, como «La Opinión Nacional», de Caracas; «El Partido Liberal», de Méjico; y, sobre todo, «La Nación», de Buenos Aires. Escribía una prosa profusa, llena de vitalidad y de color, de plasticidad y de música. Se transparentaba el cultivo de los clásicos españoles y el conocimiento de todas las literaturas antiguas y modernas; y, sobre todo, el espíritu de un alto y maravilloso poeta. Fuí puntual a la cita, y en los comienzos de la noche entraba en compañía de Gonzalo de Quesada por una de las puertas laterales del edificio en donde debía hablar el gran combatiente. Pasamos por un pasadizo sombrío; y, de pronto, en un cuarto lleno de luz, me encontré entre los brazos[1] de un hombre pequeño de cuerpo,[2] rostro de iluminado, voz dulce y dominadora al mismo tiempo y que me decía esta única palabra: «¡Hijo!»

Era la hora ya de aparecer ante el público, y me dijo que yo debía acompañarle en la mesa directiva[3]; y cuando me dí cuenta,[4] después de una rápida presentación a algunas personas, me encontré con ellas y con Martí en un estrado, frente al numeroso público que saludaba con un aplauso simpático. Martí tenía esa noche que[5] defenderse. Había sido acusado, no tengo presente[6] ya si de negligencia, o de precipitación, en no sé cuál movimiento de invasión a Cuba. Es el caso, que[7] el núcleo de la colonia le era en aquellos momentos contrario; mas aquel orador sorprendente tenía recursos extraordinarios, y aprovechando mi presencia, simpática para los cubanos que conocían al poeta,[8] hizo de mí una presentación ornada de las mejores galas de su estilo. Los aplausos vinieron entusiásticos, y él aprovechó el instante para sincerarse de las sabidas acusaciones, y como ya tenía ganado al público, y como pronunció en aquella ocasión uno de los más hermosos discursos de su vida, el éxito fué completo y aquel auditorio, antes hostil, le aclamó vibrante y prolongadamente.

Concluido el discurso, salimos a la calle. No bien[9] habíamos andado algunos pasos, cuando oí que alguien le llamaba: «¡Don José! ¡Don José!» Era un negro obrero que se le acercaba humilde y cariñoso. «Aquí le traigo este recuerdito»,[10] le dijo. Y le entregó una lapicera de plata. «Vea usted», me observó Martí, «el cariño de esos pobres negros cigarreros. Ellos se dan cuenta de[11] lo que sufro y lucho por la libertad de nuestra pobre patria.» Luego fuimos a tomar el té a casa de una su[12] amiga, dama inteligente y afectuosa, que le ayudaba mucho en sus trabajos de revolucionario. Allí escuché por largo tiempo su conversación. Nunca he encontrado, ni en Castelar mismo, un conversador tan admirable. Era armonioso y familiar, dotado de una prodigiosa memoria, y ágil y pronto para la cita,[13] para la reminiscencia, para el dato, para la imagen. Pasé con él momentos inolvidables, luego me despedí.[14] El tenía que partir esa misma noche para Tampa, con objeto de arreglar no sé qué[15] preciosas disposiciones de organización. No le volví a ver más.

Rubén Darío (Nicaragüense)