Chapter Footnotes:

[1] At the beginning of a clause pues is used to indicate some relation between what has just been said and what is about to be said.

[2] no pocas, not a few. VARIANTS: Muchas, centenares, una gran cantidad.

[3] vendiendo, by selling. Compare with gerund I, 32.

[4] ¿dónde los compra Ud.? Note the accent. VARIANT: ¿A dónde va Ud. a comprarlos? Note that the form a dónde is used with verbs denoting direction. Compare with adonde.

[5] habrá que. See I, 12.

[6] hubiera que. See preceding note.

[7] si... hubiera que... Ud. acudiría a. Note the agreement of the imperfect subjunctive and the conditional.

[8] todo lo que se refiere a, everything in the line of.

[9] Con algunas diferencias. VARIANT: Si se exceptúan algunos casos.

[10] el de mejor calidad. VARIANT: El mejor. Note that el mejor represents the superlative degree of bueno.

[11] ni con mucho, not by a great deal.

[12] el dulce, jam; marmalade; and sweets in general. Note that the article is not omitted.

[13] el ... y las ... son muy apreciadas. Note the agreement of the participle with the nearest noun.

[14] los latinos. Note that the article is not omitted.

[15] En cuanto al, As for. VARIANTS: En lo que toca a; en lo que concierne a; en lo que respecta a; en punto a.

[16] hace unos veinte años. Note that hace is employed when referring to definite periods of time, while ha is used in referring to indefinite periods.

[17] tan general y completamente organizados. Note the omission of -mente from the first adverb in the series.

[18] el comercio y la industria ... organizados. Note the agreement of the adjective.

[19] resultando de ello, and (it is) as a result of this. Note that ello refers to the whole idea which precedes it. VARIANTS: De eso; de tal causa.

[20] ha tiempo. See 16.

[21] del zapatero, el sastre, la modista. Note that de is understood before the second and third nouns in this series.

[22] nosotros los latino-americanos. Note that the definite article is used after nosotros, vosotros, ustedes, preceding an adjective denoting nationality.

[23] ropa a la medida, clothing made to order.

[24] con más generalidad que. VARIANTS: Más generalmente; más corrientemente.

[25] tanto para ... como para. VARIANTS: Así para ... como para; no sólo para ... sino también para.

[26] ropa ... para damas, ladies’ clothing.

[27] prendas (or artículos) para hombre, men’s wear, haberdashery.

[28] todo lo necesario, everything needed. VARIANTS: Todo lo que se necesita (or precisa); todo lo preciso.

[29] artículos menudos para la casa, minor household articles.

[30] van siendo absorbidos, are being absorbed. VARIANTS: Se hallan en proceso de absorción; se hallan a punto de ser completamente absorbidos.

[31] No por cierto. VARIANTS: No ciertamente; no en verdad; de ningún modo.

[32] Y no olvidemos tampoco. Note here the use of the subjunctive mood to express an imperative in the first person plural, and the use of tampoco.

[33] según su clase. VARIANTS: Según la clase que sea; según cual sea su clase.

[34] Por el contrario. VARIANTS: Al contrario; contrariamente; al revés.

[35] eso queda para, that is left to. VARIANTS: Eso queda (or corre) por cuenta de; eso corresponde a los.

[36] tampoco, neither (before a verb). See 43.

[37] tantos, so many. VARIANTS: Tanta cantidad; tanta copia; tanto número.

[38] tualeta, from Fr. toilette. Note that this is one of many terms, made by spelling foreign words according to Spanish phonetics, which are finding a place in the Spanish vocabulary; mitin, from Eng. meeting, and chaqué, from Fr. jaquette, are two others.

[39] distinguir ... la droguería ... de. VARIANT: Preciso es no confundir la droguería con.

[40] No habiendo. VARIANTS: Toda vez que no hay; ya que no hay; puesto que no hay; si, pues, no hay.

[41] aun. VARIANT: Hasta.

[42] lo de siempre, the same old old story. Note the use of lo to express an abstract idea.

[43] he visto muchos ... que llevaban. Explain the difference in meaning and the force of using the two past tense verbs in this sentence.

[44] así, so, thus. VARIANTS: De este modo; de esta suerte.

[45] llévanse a cabo, take place. VARIANTS: Se realizan; se hacen.

[46] Si las plantaciones de caña se llaman cañaverales ... en cambio las (plantaciones) de vid se denominan viñedos. VARIANT: Así como las ... se llaman ..., las de ... se llaman ....

IV.—PASEOS POR EL MAPA

Uses of se and lo (continued), por, si, más de, and más que
(to the vocabulary section)

—¿Está Ud. trazando nuevos ríos en las Américas?

—No soy geógrafo ni pretendo serlo.[1] Estoy repasando con tinta roja la parte navegable de los ríos y señalando con líneas azules ciertos trayectos del ferrocarril; porque[2] ha de saber Ud.[3] que pienso tomarle por[4] compañero en un viaje imaginario por toda la América latina.

—Acepto la idea, pues soy muy dado a[5] viajar, y más[6] en esa forma exenta de[7] molestias. Por lo pronto, haremos el viaje por poco dinero; no será necesario hacer preparativos para la partida ni escribir de antemano[8] cartas[9] o poner telegramas[10] a los hoteles para retener habitaciones.[11]

—Tampoco será preciso consultar la guía de ferrocarriles para saber la hora de salida y llegada de los trenes. Podremos salir en este mismo momento.[12]

—Ni se nos dará un comino[13] averiguar si[14] los trenes llegan adelantados, atrasados o con puntualidad; si son expresos o locales; si es tarde o si es temprano,[15] si hace buen tiempo[16] o si va a llover.[17]

—Poco nos cuidaremos[18] de saber cuántos kilos de bagaje[19] permiten las compañías con cada boleto[20]; si el tren ha enganchado al coche-comedor; si hay camas disponibles en los coches dormitorios; y si las estaciones[21] tienen salas de espera cómodas y con suficiente calefacción en los pueblos situados a considerable elevación.

—Me tiene usted listo, y le garantizo que tendrá Ud. un buen compañero de viaje. Pero antes debo despejar una duda: ¿No tendremos que hacer casi todo ese viaje a lomo de mula?

—¡Oh, no! una gran parte lo haremos por ferrocarril; y Ud. se sorprenderá de lo mucho que[22] andaremos sobre rieles.

—Me alegro. Por mi parte deseo tomemos cuantos trenes podamos[23] o por lo menos cuantos nos ofrezcan[24] la perspectiva de un viaje interesante. Ahora que recuerdo: ¿Están adelantados los trabajos del ferrocarril panamericano que algún día[25] unirá Nueva York con Buenos Aires?

—Ese ferrocarril está muy lejos de hallarse terminado[26] todavía. Pero en este mapa verá Ud. que las lagunas o claros en el trazado suman una extensión mucho menor que la de las líneas actualmente en servicio. Lo malo[27] es que los trechos sin terminar[28] se hallan precisamente en las regiones donde es más difícil la construcción de la vía férrea.

—¿Hasta dónde puede irse por ferrocarril desde nuestro país en dirección al sur?

—Como Ud. ve, de cualquier punto de los Estados Unidos es posible llegar a Ciudad Juárez, término del Ferrocarril Central de Méjico, por el cual alcanzaríamos[29] el límite con Guatemala, a más de mil millas de distancia.

—¿Y por vía fluvial? Hay pocos[30] ríos navegables en Méjico y la América Central, según veo.[31]

—Esos países tienen ríos de montañas los cuales[32] están sujetos al cambio de caudal resultante de la irregularidad de las lluvias. Por eso no he señalado como navegables más que[33] el río de las Balsas, parte del Grijalva, del Usumacinta y del Pánuco, todos en Méjico.

—Pero estoy impaciente por partir en el viaje que Ud. ha preparado, y querría salir lo más pronto posible.[34] Sírvase Ud. decirme[35]: ¿Iremos por Méjico?

—Pero antes visitaremos Haití, Santo Domingo y Cuba. La línea Clyde ofrece un servicio de excursión en torno de[36] la isla de Santo Domingo, y esto nos permitirá visitar las ciudades de Santo Domingo y Port au Prince, las capitales respectivamente de Santo Domingo y Haití.

Una línea cubana de navegación nos lleva a Santiago de Cuba, de donde emprenderemos viaje a la Habana, por tren, pasando por las magníficas selvas del sur de la isla, atravesando luego por sembrados de tabaco y caña y espléndidas tierras de pastoreo. Desde Santa Clara, continuaremos el viaje por los Ferrocarriles Unidos de la Habana, hasta esta última ciudad, a donde[37] llegaremos después de una noche de viaje.

—¿Salen de la Habana vapores para Méjico?

—Ciertamente, la línea Ward nos lleva allí, haciendo escala en Progreso, después de un día de navegación, y llegando a Veracruz al cabo de[38] otros dos.[39]

Veracruz está en comunicación con toda la red ferroviaria de Méjico, pero nosotros tomaremos el ferrocarril llamado «de Veracruz al Pacífico» cuyo término es Salina Cruz, donde hacen escala los vapores que van de San Francisco de California a Panamá. Uno de esos buques nos lleva de Salina Cruz a San José, el principal puerto que Guatemala tiene en el Pacífico.

—¿Por qué[40] no se puede ir por tierra desde Méjico a Guatemala?

Porque[41] el ferrocarril mejicano no empalma aún con los de Guatemala, aunque esta última república está por terminar la línea que habrá de prolongarlo. De modo, pues, que por ahora el acceso a Guatemala se hace por mar hasta el puerto mencionado de San José.

Aquí tomamos un tren que en ocho horas nos conduce a Guatemala la Nueva, capital de[42] la república, después de cruzar una fertilísima región montañosa en la que abunda toda suerte de[43] plantas silvestres y árboles de riquísimas maderas.

Podemos continuar nuestro viaje en ferrocarril desde la capital hasta Puerto Barrios, en la costa del Atlántico, donde llegamos tras de doce horas de viaje por una región digna de ser conocida[44] por lo interesante que es[45] para el hombre de negocios a quien le atraen las empresas agrícolas.

—¿Qué productos descuellan allí?

—Café, arroz, frutas y fibras, entre otros. Además el viaje es interesante del punto de vista histórico.[46] El tren pasa por las ruinas de Quirique, situadas a una milla de distancia de la estación y que pueden visitarse en coche o a caballo. En Livingston, doce millas al norte de Puerto Barrios, el paseo en lanchas hasta el lago Izabal ofrece la oportunidad de admirar un paisaje incomparable, que, no sé por qué[47] es menos visitado de lo que debiera.[48]

Regresamos a San José, donde podemos tomar uno de los vapores que hacen el servicio entre los puertos de Guatemala y los de San Salvador. Desde Acajutla, puerto principal de esta última república, donde desembarcamos, podemos ir en ferrocarril a la capital, que queda a sesenta y cinco millas, habiendo un ramal de veinticinco hasta Santa Ana. El viaje a la capital se hace recorriendo una hermosa y fertilísima región. La ciudad de San Salvador está situada entre montañas y en el centro de un valle donde prosperan las plantaciones de índigo.

—Creo que no se puede ir por ferrocarril desde Guatemala al Salvador.

—Mucho me lo temo,[49] a menos que[50] esté ya terminada la línea entre Guatemala y la ciudad de La Unión, en el Salvador; si esto es así,[51] puede ya hacerse por riel el viaje entre Acajutla y la costa del Atlántico. De modo, pues, que[52] acabada la línea entre Guatemala y Méjico, será posible viajar en tren desde el Salvador hasta Nueva York.

—Mirando el mapa, observo que Ud. ha trazado aquí algunas líneas rojas, indicando[53] la existencia de ríos navegables en San Salvador.

—Los hay allí por docenas. Son pequeños ríos y lagos que se utilizan para el transporte de productos y en gran parte para excursiones campestres. Sin embargo, ninguno de ellos nos lleva a la vecina república de Honduras, y esta es la razón por la cual[54] deberemos regresar a Acajutla para tomar el primer vapor que salga[55] para Amapala, principal puerto de Honduras en el Pacífico, el cual gozará de una gran prosperidad cuando llegue a este punto el ferrocarril interoceánico, que arranca de Puerto Cortés en el Atlántico.

—¿Cómo se va, pues, a Tegucigalpa, la capital de Honduras?

—A caballo[56] o en mula y, a trechos[57], en coche[58] y la travesía requiere de tres a cuatro días. El país es tan montuoso, que en algunos lugares no es posible hacer más de tres millas por hora. A veces el camino está esculpido en la roca; otras, penetra por selvas espesísimas o cruza dilatados desiertos de arena.

—En vez de regresar a Amapala, ¿no se puede continuar hasta la cabecera del ferrocarril que nos llevaría al Atlántico?

— No, porque habría que hacer una travesía de más de cinco días,[59] lo cual requeriría dos mulas o cinco caballos....

—¿Más caballos que mulas[60]?

—Sí, porque en países montañosos una mula es más resistente que[61] dos caballos.

—¿No hay medio de llegar al Atlántico por via fluvial?

—Si no en su totalidad, la mayor parte de esa travesía[62] puede hacerse por agua; pues como usted ve, el río Ulúa, que desemboca en el Atlántico, se comunica con el lago Yojoz por medio del río Blanco. Por lo tanto es preferible que regresemos a Amapala.

El viaje de Amapala hasta Corinto, puerto de Nicaragua, nos permitirá admirar el volcán Coseguina. La costa que tocamos es la más fértil de Nicaragua,[63] y en ella se produce en abundancia el café y otros dos productos[64] importantes: el cacao y el maíz. De Corinto un ferrocarril nos lleva a las ciudades de León, Managua (que es la capital) y Granada.

Con la excepción de[65] un pequeño trecho en las montañas, el tren recorre una comarca casi llana, dedicada principalmente a la agricultura y a la ganadería. Desde Granada, en la costa del lago Nicaragua, podemos continuar la travesía en vapor, primero por el lago y luego por el río San Juan que es su desagüe en el Atlántico.

—Veo que Nicaragua ofrece fácil tráfico fluvial entre ambas costas.

—Y esa ha sido la base del proyecto de canalización en Nicaragua. Hoy puede admirarse[66] los trabajos ya realizados en el San Juan, por el lado del Atlántico. Por el del Pacífico, un canal entre la costa y el lago habría completado la ruta por agua.

Si en nuestro viaje fluvial hubiéramos llegado a Greytown, en la desembocadura del San Juan, sería fácil[67] pasar a Puerto Limón en Costa Rica en uno de los pequeños vapores que hacen la travesía entre los puertos marítimos y los fluviales. El viaje de siete horas en un excelente ferrocarril entre Puerto Limón (notable por su actividad comercial relacionada con el comercio de la banana y del caucho) y la capital, San José, es excepcionalmente cómodo y se considera a la vez como[68] uno de los más atrayentes que ofrece la América latina, como que[69] se realiza por entre montañas. De San José podemos prolongar nuestra excursión por cinco horas más hasta Punta Arenas, el principal puerto de Costa Rica sobre el Pacífico y lugar de residencias preferido por las clases acomodadas. Dicho puerto se halla en una región rica en perlas y próximo a la famosa mina de Trinidad, a la vez que[70] es el centro de la producción y exportación del café.

—Veo que Costa Rica también tiene ríos navegables.

—Nada menos que[71] diez y seis; pero lo son en cortas distancias y por embarcaciones de poco calado. El río San Juan, ya nombrado y que sirve de límite con Nicaragua, es uno de los más utilizados.

Regresando a Puerto Limón por el mismo ferrocarril, cualquiera de los buques de la «Flota Blanca» que vienen del norte y hacen escala en ese punto, nos lleva a Cristóbal, en la cabecera norte del canal de Panamá.

Dos caminos se nos ofrecen aquí para entrar a la América del Sur: el del Mar Caribe y el del Pacífico, este último en vapores de bandera chilena o peruana.[72] En el primer caso nuestro destino es Cartagena; en el segundo Buenaventura, ambos puertos de Colombia.

—Me atrae el viaje por Cartagena, pues he oído alabar las excursiones por el río Magdalena y el Cauca.

—Pues vamos allá.[73] Como Ud. ve, el río es una de las más grandes vías fluviales del continente. Aquí navegan buques de un calado de cuatro pies.

—¿Entran al río los buques que hacen el servicio entre los puertos de la costa oceánica?

—No pueden hacerlo[74] porque una barra de fango, formada en la desembocadura del río, impide la entrada de los transatlánticos al río, a la vez que la salida al mar de los vapores del río. Por eso ve Ud. aquí un ferrocarril comunicando el puerto fluvial de Barranquilla, con el marítimo de Puerto Colombia. Y verá muchos más, porque en Colombia el tráfico terrestre está bien combinado con el fluvial.

—También observo otras líneas que, al parecer,[75] no corresponden con los ferrocarriles ni con los ríos.

—Son caminos de mulas.

—Veo que el Cauca, afluente del Magdalena, es también navegable.

—Facilita el tráfico entre Bogotá y la costa del Pacífico.

—Para ello habrá sin duda que bajar por el Magdalena hasta su confluencia con el Cauca y remontar éste hasta donde nos lo permita su profundidad.

—Dejando el Cauca, el viaje se prosigue en mula hasta Cali, y por ferrocarril hasta Buenaventura, donde tomaremos el vapor de la Pacific Steam Navigation Company,[76] con rumbo a[77] Guayaquil.

Entremos a Guayaquil por el golfo de ese nombre y seguimos luego por un río que en él desemboca y cuyo valle estará completamente sumergido, si por acaso llegamos en la época de las lluvias.

Desde el término de esta navegación el viaje a los Andes se continúa en mula, ascendiendo la falda hasta el Paso del Arenal, por donde se entra al alto valle central del Ecuador, que nos lleva en dirección a Quito, teniendo a la vista el Chimborazo. El círculo de nuestra gira comenzada en Guayaquil se cierra recorriendo en ferrocarril las trescientas millas que separan a Quito de aquel punto.

De Guayaquil al Callao los vapores de las dos compañías sudamericanas ponen cuatro días. Lima, la ciudad de los Reyes,[78] está sólo a pocos minutos del Callao, y el trayecto se recorre en tranvía o en ferrocarril. En el Perú el ferrocarril de Oroya, el más alto del mundo, ofrece una oportunidad singular para conocer los Andes y estudiar la labor de sus minas. Este ferrocarril llegará un día hasta los tributarios del Amazonas; pero por ahora, como Ud. ve, sólo alcanza lugares un poco al norte de las famosas minas de Cerro de Pasco. Un ramal austral llega hasta Ayacucho, a menos de 200 millas del Cuzco.

—Veo que la gran red de ferrocarriles de la parte austral de Sur América extiende una de sus líneas hasta las proximidades de Cuzco.

—Sí; y observe Ud. que cuando los rieles hayan suprimido esa distancia de doscientas millas, podrá viajarse por ferrocarril desde Buenos Aires a Lima.

—¿Cómo[79] puede hacerse hoy esa parte del viaje?

—En mula o en diligencia. Pero sigamos nuestro viaje. De Cuzco el ferrocarril nos lleva hasta Puno, sobre el lago Titicaca, a 12,500 pies de elevación; cruzamos las aguas del lago en un vapor moderno, de mil toneladas, que nos lleva a Guaqui, en la costa boliviana; y de allí llegamos fácilmente en tren o diligencia a La Paz, teniendo a la vista el Illimani.

Si en lugar de atravesar el Titicaca hubiéramos continuado el viaje en tren por un ramal que se desprende en dirección al sur desde Juliaca, habríamos podido llegar a Arequipa (cerca de la cual se halla el Observatorio de Harvard), y de allí a Mollendo, puerto del Perú, por donde pasa una gran parte del comercio exterior de Bolivia.

De La Paz, situada en la proximidad de los valles que producen ricos cafés, así como la coca y la cinchona, o árbol de la quina, podemos dirigirnos, sea al puerto chileno de Arica, por el ferrocarril del Estado, sea al de Antofagasta, cerca del cual[80] están las fundiciones de minerales más grandes de Sud América. Esta última línea que se llama de Antofagasta y Bolivia, nos permite visitar las minas de estaño de Oruro y la celebrada ciudad de Potosí.

En Urquín se desprende un ramal que está para unirse[81] con el ferrocarril boliviano y más al sur con los ferrocarriles argentinos. La parte por terminar se recorre sin embargo en diligencia.

—¿Y los campos de nitrato?

—Quedan en Iquique, y para visitarlos habría que elegir las líneas de La Paz al puerto de Arica, llegando a Iquique por agua.

Desde Antofagasta, y aun desde Iquique, el viaje al sur puede continuarse en ferrocarril por más de mil quinientas millas por el centro de Chile, hasta Puerto Montt. A propósito, le hago notar a Ud. que hoy día es posible en Sud América hacer un viaje en tren de 3300 millas, equivalente al de Nueva York a San Francisco de California.

—¡Por vida de...! No tenía idea de tales progresos,[82] lo confieso.

—Para ello, puede Ud. salir de Puerto Montt, que queda como Ud. ve, a unos mil kilómetros de Valparaíso, y continuar su viaje hasta Buenos Aires; de allí es posible seguir hacia el norte, cruzar los ríos Paraná y Uruguay en ferribote y empalmar con la línea San Paulo y Río Grande, que termina en Río Janeiro, y que dentro de poco llegará a Pernambuco.

—Es sorprendente. Y veo que también se puede ir de Puerto Montt a La Paz, en Bolivia.

Por cierto. Y este es el trayecto que a la inversa podremos elegir para nuestro viaje imaginario, sólo que nos apearemos en Concepción, situado en la rica región carbonífera de Chile, desde donde emprenderemos el viaje marítimo a Punta Arenas, en el estrecho de Magallanes, la ciudad más austral del mundo. Aquí nos vemos rodeados de montañas, selvas umbrosas, ventisqueros y hielos flotantes.

Nuestro vapor nos lleva de Punta Arenas directamente a Montevideo; pero otros hacen escala en los puertos argentinos, o a lo menos en Bahía Blanca, de donde podríamos continuar el viaje por tierra en el Ferrocarril del Sur de Buenos Aires. La ciudad de este nombre es el centro ferrocarrilero y de navegación fluvial más importante de Sud América. De aquí es posible, por lo tanto, continuar la gira de muchas maneras, sea llegando a La Paz en Bolivia, después de pasar por las ciudades argentinas de Rosario, Tucumán, Salta y Jujuy y recorrer en diligencia la pequeña solución de continuidad mencionada anteriormente, sea regresando a Valparaíso, sea, en fin, pasando a la Asunción, capital del Paraguay, o a Río Janeiro en el Brasil.

—En efecto, observo que su mapa muestra un enorme sistema fluvial cuyos componentes convergen al Plata. ¿Pueden entrar tierra adentro los vapores de ultramar, navegando por los ríos Paraná y Uruguay?

—Sí tal. La ciudad de Corrientes que ve Ud. aquí, a cosa de[83] mil kilómetros de la desembocadura del Paraná, puede recibir vapores transatlánticos en las épocas de las crecidas periódicas del río. Rosario, mucho más cerca de Buenos Aires, tiene su puerto dragado hasta una profundidad mínima de 6.90 metros en marea baja, lo que le permite recibir grandes transatlánticos.

—¿Pueden también pasar éstos por el río Uruguay?

—Hasta Concordia. Después puede navegarse el río, pero por embarcaciones muy pequeñas, hasta Ibicuy en el Brasil y hasta Cuareim por un afluente del río. En cambio, volviendo al Paraná, que dejamos en Corrientes, vea Ud. como continúa la línea roja hacia el Paraguay por un lado y el Alto Paraná por el otro.

—¿Hasta dónde se navega el Alto Paraná?

—Hasta Puerto Aguirre, cerca de Iguazú, aunque por buques de muy poco calado.

—¿Y el Paraguay?

—Por él puede viajarse hasta la Asunción, durante todo el año, en buques de tres metros de calado; por más que recibe buques de 4.20 en épocas de crecida. En condiciones favorables, los buques de 1.50 m. de calado ascienden hasta Matto Grosso, en el Brasil, a 3200 kilómetros de la desembocadura.

Ud. ve, pues, que Buenos Aires ofrece al viajero un sinnúmero de conexiones. Es éste, además, un gran puerto marítimo de donde parten más de cincuenta líneas de navegación para Europa y Estados Unidos, cuyos vapores hacen escalas en Montevideo, Santos, Río Janeiro, Bahía y Pernambuco.

En Bahía puede tomarse uno de los cómodos vapores que costean la parte norte del Brasil, por la oportunidad que ofrece de visitar las ciudades de Ceará y Pará, donde sería posible continuar el viaje por el Amazonas hasta Iquitos, en el Perú, en los vapores de la línea Booth.

—Veo que Ud. ha señalado de rojo la gran ruta del Amazonas hasta el Perú.

—¿No sabía Ud. que gracias al Amazonas, pueden entrar a la ciudad peruana de Iquitos los vapores del Atlántico?

—¡Es en verdad maravilloso! Y a propósito de[84] trayectos interesantes, ¿es cierto que por el Amazonas y sus afluentes puede navegarse hasta el mar de las Antillas? Por mucho que pensase, no sabría[85] cómo puede hacerse ese viaje.

—Ya verá Ud. eso bien claro aquí: Entra Ud. por el Amazonas; sigue por el río Negro, luego remonta este río durante algunos días hasta que llega al río Casiquiari por donde entra Ud. al Orinoco y por éste al mar de las Antillas. El viaje se hace cómodamente, aunque por cierto en buques de poco calado.

—Me parece notar aquí que mediante un corto canal podría unirse el Amazonas con el sistema del Plata.

—Precisamente. Remontando el Tapajos hasta sus fuentes, bastaría un canal para unir sus aguas con el Paraguay a la altura de Cuyabá; desde allí puede navegarse hasta Buenos Aires en embarcaciones de calado cada vez mayor. De modo que no es difícil que[86] algún día se navegue cómodamente desde la boca del Orinoco hasta la del Plata.

Pero volviendo al Orinoco, aquí puede Ud. ver la parte navegable de ese río. Este punto representa Puerto España, con el cual se hace casi todo el comercio fluvial de Venezuela.

—¿Y este otro lugar más al sur?

—Ese es Ciudad Bolívar, a dos días de viaje, remontando el río. Aquí se hace una parada de tres días, y la carga y los pasajeros se trasbordan a lanchas o vapores de poco calado, sea para continuar por el Orinoco o por su afluente el Apure, hasta donde lo permita la profundidad del agua.

—¿Según eso, en algunas estaciones del año se puede avanzar más que en otras?

—Sí señor; por enero y febrero, o más exactamente, entre diciembre y abril la navegación en las partes altas del Orinoco está interrumpida.

—Suponiendo que hubiéramos[87] llegado a la boca del Orinoco, ¿cómo completaríamos nuestra gira desde allí?

—Muy fácilmente; pasando a la isla inglesa de Trinidad, desde donde visitaríamos las ciudades y puertos de Venezuela, que se hallan casi todos en la costa del mar Caribe. De la Guayra o Puerto Cabello regresaríamos por último a Nueva York en un vapor de la Red D Line.

Por más que se diga,[88] mucho puede aprenderse en un viaje ... por el mapa.