—¿A qué vienes tú aquí? ¡Soplón!—exclamó—. Aquí no haces falta.

—Ya lo sé.

—Estás despedido. El jornal no lo esperes.

—No, no lo espero.

—Entonces, ¿á qué vienes aquí?

—Vengo á esto. El Garro, el polizonte amigo de usted, me puso en libertad, con la condición de que ayudara á coger al que mató á Vidal, y á mí me hacen ir y venir á todas horas, y ya me he hartado de eso, y ya no quiero hacer de polizonte.

—Pues mira, de todo eso, á mí... Prim.

—No, porque si yo no aparezco por casa del cabo, á quien me confió el Garro, me cogerán y me llevarán á la cárcel.

—Bueno; allá aprenderás á no moveria la sin hueso.

—No; allá lo que haré será declarar cómo se estafa en este Círculo á la gente...

—Tú estás loco. Tú quieres que te dé dos garrotazos.

—No; yo quiero que le diga á usted al Garro que no me da la gana de perseguir al Bizco, y, además, que le mande usted que no me persiga; conque ya sabe usted lo que tiene que hacer.

—Lo que voy á hacer es darte dos patadas ahora mismo, ¡soplón!

—Eso lo veremos.

Se acercó el cojo á Manuel con el puño cerrado y le largó un puñetazo; pero Manuel tuvo la habilidad de agarrarle de la mano, y empujándole para atrás, le hizo perder el equilibrio y cayó sobre la mesa y la derribó con un estrépito formidable. Se levantó Calatrava furioso y se fué hacia Manuel; pero al ruido entraron algunos mozos y los separaron.

En esta situación, apareció el Maestro en la puerta de la secretaría:

—¿Qué pasa?—preguntó mirando á Calatrava y á Manuel severamente—. Marchaos vosotros—añadió dirigiéndose á los demás.

Quedaron los tres solos, y Manuel explicó el motivo de la cuestión.

El Maestro, después de oirle, dijo á Calatrava:

—¿Es eso de veras lo que te ha dicho?

—Sí; pero ha venido aquí con exigencias...

—Bueno. De eso no hay que hablar. ¿De manera—añadió dirigiéndose á Manuel—que tú no quieres ayudar á la policía? Haces bien. Puedes marcharte. Yo le diré al Garro que no te moleste.

Una hora después, Manuel y Jesús habían salido de casa á dar una vuelta. Hacía una noche de calor sofocante; bajaron á la ronda.

Hablaron. Manuel sentía una sorda irritación contra todo el mundo; un odio hasta entonces amortiguado se despertaba en su alma contra la sociedad, contra los hombres...

—De veras te digo—concluyó diciendo—, que quisiera que estuviera lloviendo dinamita ocho días y bajara después el Padre Eterno hecho ascuas.

Y rabioso invocó á todos los poderes destructores para que redujesen á cenizas esta sociedad miserable.

Jesús le escuchaba con atención.

—Eres un anarquista—le dijo.

—¿Yo?

—Sí. Yo también lo soy.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde que he visto las infamias que se cometen en el mundo; desde que he visto cómo se entrega fríamente á la muerte un pedazo de humanidad; desde que he visto cómo mueren desamparados los hombres en las calles y en los hospitales—contestó Jesús con cierta solemnidad.

Manuel enmudeció. Pasaron los dos amigos silenciosos por la ronda de Segovia, y en los jardinillos de la Virgen del Puerto se sentaron.

El cielo estaba espléndido, cuajado de estrellas, la vía láctea cruzaba la cóncava inmensidad azul. La figura geométrica de la osa mayor brillaba muy alta. Arturus y Wega resplandecían dulcemente en aquel océano de astros.

A lo lejos el campo obscuro surcado por líneas de luces, parecía el mar en un puerto, y las filas de luces semejaban las de los malecones de un muelle.

El aire húmedo y caliente venía impregnado de olores de plantas silvestres, agostadas por el calor.

—¡Cuánta estrella!—dijo Manuel—. ¿Qué serán?

—Son mundos, y mundos sin fin.

—No sé por qué hoy me consuela ver ese cielo tan hermoso. Oye, Jesús, ¿tú crees que habrá hombres en esos mundos?—preguntó Manuel.

—Quizás, ¿por qué no?

—¿Y habrá también cárceles, jueces, casas de juego, polizontes?... ¿Eh? ¿Crees tú?

Jesús no contestó á la pregunta. Luego habló con una voz serena de un sueño de humanidad idílica, un sueño dulce y piadoso, noble y pueril.

En su sueño, el hombre, conducido por una idea nueva, llegaba á un estado superior.

No más odios, no más rencores. Ni jueces, ni polizontes, ni soldados, ni autoridad, ni patria. En las grandes praderas de la tierra, los hombres libres trabajan al sol. La ley del amor ha sustituido á la ley del deber y el horizonte de la humanidad se ensancha cada vez más extenso, cada vez más azul...

Y Jesús continuó hablando de un ideal vago de amor y de justicia, de energía y de piedad, y aquellas palabras suyas caóticas, incoherentes, caían como bálsamo consolador sobre el corazón ulcerado de Manuel... Luego los dos callaron, entregados á sus pensamientos, contemplando la noche.

Una beatitud augusta resplandecía en el cielo, y la vaga sensación de la inmensidad del espacio, lo infinito de los mundos imponderables llevaba á sus corazones una deliciosa calma...

 

FIN

 

La continuación y fin de Mala hierba se titula Aurora Roja.

ÍNDICE

PRIMERA PARTE
Págs.
Anteportada 1
Obras del mismo autor2
Portada3
Capítulo I.—El taller.—La vida de Roberto Hasting.—Alex Monzon5
CAP. II.—La señorita Esther Volowitch.—Una boda.—Manuel, aprendiz de fotógrafo26
CAP. III.—La Europea y la Benefactora.—Una colocación extraña41
CAP. IV.—La baronesa de Aynant, sus perros y su mulata de compañía.—Se prepara una farsa58
CAP. V.—Vida y milagros del señor de Mingote.—Comienza la dulce explotación de don Sergio73
CAP. VI.—Kate, la niña blanca.—Los amores de Roberto.—El pundonor militar.—Las cucas.—Disquisiciones antropológicas89
CAP. VII.—El berebere se siente profundamente anglosajón.—Mingote mefistofélico.—Cogolludo.—Despedida111
SEGUNDA PARTE
Capítulo I.—Sandoval.—Los sapos de Sánchez Gómez.—Jacob y Jesús 129
CAP. II.—Los nombres de los Sapos.—El director de Los Debates y sus redactores143
CAP. III.—El parador de Santa Casilda.—La historia de Jacob.—La Fea y la Sinforosa.—La chica sin madre.—Mala Nochebuena152
CAP. IV.—La Navidad de Roberto.—Gente del Norte169
CAP. V.—Paro general.—Juergas.—El baile del Frontón.—La iniciación de amor186
CAP. VI.—La nieve.—Otras historias de don Alonso.—Las Injurias.—El Asilo del Sur195
CAP. VII.—La Casa Negra.—Incendio.—Fuga219
CAP. VIII.—Las cuevas del Gobierno civil.—El repatriado.—La sopa del convento227
CAP. IX.—Noche en el paseo de la Virgen del Puerto.—Suena un tiro.—Calatrava y Vidal.—Un tango de la bella Pérez239
TERCERA PARTE
Capítulo I.—¿Será la buena?—Proposiciones de Vidal253
CAP. II.—El Garro.—Marcos Calatrava.—El Maestro.—Confidencias268
CAP. III.—La Flora y la Aragonesa.—La Justa.—La inauguración del Salón París283
CAP. IV.—Un fusilamiento.—En el puente del Sotillo.—El Destino294
CAP. V.—El calabozo del Juzgado de guardia.—Digresiones.—La declaración306
CAP. VI.—Lo que pasaba en el despacho del Juez.—La Casa de Canónigos321
CAP. VII.—La Fea y la Salvadora.—Ortiz.—Antiguos conocidos329
CAP. VIII.—La pista del Bizco.—Las afueras.—El ideal de Jesús337
Indice357
Colofón359

Se imprimió

Mala Hierba

EN EL

Establecimiento Tipográfico

DE

Antonio Marzo

DE

MADRID

en ABRIL de

1904

colophon

 

De venta en todas las librerías.


Jorge Ohnet.

LAS BATALLAS DE LA VIDA

El Camino de la Gloria
(novela),
versión castellana de Carlos de Bataille,

Un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.


M. Ciges Aparicio.

DEL CAUTIVERIO

Un vol. en 8.º, 2 pesetas.

GUY DE MAUPASSANT

Pedro y Juan

NOVELA

VERSIÓN CASTELLANA

de

CARLOS FRONTAURA

NUEVA EDICIÓN

Un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.


Ricardo Burguete

Mi Rebeldía

«MANE-THECEL-PHARES»

I. Filosofía de la Guerra.

II. La revolución de los Ejércitos.

III. Estudios sobre el valor.

IV. El miedo.

V. Educación de la voluntad.

VI. Inutilidad de nuestras organizaciones militares.

VII. Ensayo de filosofía de la guerra en la historia de los pueblos (Egipcios y Hebreos).

VIII. Mi tramontana. El libro inseparable del soldado.

IX. Algunas máximas y reflexiones militares en olvido.

X. Conclusiones de un rebelde.

Un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.

Willy

(Henri-Gauthier-Villars)

Claudina en la escuela

(novela), un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.

Claudina en París

(novela), un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.

Claudina en su casa

(novela), un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.

Claudina desaparece

(novela), un volumen en 8.º, 3,50 pesetas.

 

NOTA:

[A] El episodio que precede á Mala hierba se titula La busca.