NOTAS:

[1] The Swastica, por Thomas Wilson p. 953.

[2] Le Préhistorique, Ed. de 1900, p. 333.

[3] The Swastica, p. 982.

[4] Prehistoric Man p. 601.

[5] México á través de los siglos, p. XV.

[6] México á través de los siglos, t. I, p. 145.

[7] Rápidamente desaparece todo, y muy en breve no quedará más rastro que los apuntes de mis carteras.

[8] Ibid, p. 382.

[9] Santiago era una colonia de los valles calchaquinos.

[10] No se precisan los puntos por estar su ubicación aún en tela de juicio.

[11] El Barco.

[12] Las cruces, se entiende.

[13] Tepiro y Tuamagasta, pueblos de Santiago del Estero, aquel al Norte, éste al Sur.

[14] Sin duda error por Atacama cerca de Río Hondo. Véase p. 33.

[15] Pucos escudillas ó tazas.

[16] Imaimana—Todas cosas. Gonzalez Holguín in voce.

[17] Conquista Espiritual del Paraguay, § XXI, págs. 95 y siguientes. (Bilbao, 1892).

[18] Véanse P. Lozano, Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, tom. I, cap. XX, pág. 452, y N. de Techo, Historia de la Provincia del Paraguay, tom. I, lib. VI, cap. IV (Madrid, 1897).

[19] Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay, Lib. VI, cap. XVI—El P. Cataldino fundó á N. S. de Loreto en 1546, y era italiano (Montoya cit., VI, pág. 30).

[20] Véase El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú, de M. J. de la Espada, inserto en las Actas del Congreso de Americanistas de Bruselas (1879), págs. 529 y 530.

[21] Historia del Paraguay, etc., cit., tom. I, cap. III, pág. 69.

[22] De esta Gruta ocupóse Jiménez de la Espada en el referido Congreso de Bruselas, citando el testimonio de D. Julio Ramón César (Descrip. Hist. del Paraguay), quien dió en 1768 interesantes datos sobre la misma, concluyendo aquel americanista que se trataba de un monumento de la prehistoria, que quizá guardaría vestigios del hombre primitivo (Actas del Congr., tom. I, págs. 538 y 653).

M. Peterken manifestó en el Congreso que sobre esta gruta corrían leyendas nativas en el Paraguay, y que á su juicio fué un refugio de pescadores (Lug. cit, págs. 651 y 652).

[23] Sobre esta piedra debatió largamente el Congreso anterior de Luxemburgo en su 4a sesión.

[24] Lozano, Op. y lug. cits.

[25] Historia de Nuestra Señora de Copacavana, capítulos VII á XI.

[26] Crónica moralizadora de la Orden de San Agustín, lib. II, capítulos II y siguientes.

[27] Ruíz de Montoya, cap. XXIII, págs. 98 á 103—Techo, tom. III, lib. VI. cap. IV, págs. 23 á 26—Lozano, tom. I, cap. XX.

[28] Op. cit., cap. IX.

[29] Cap. XXIII, pág. 102.

[30] Congr. de Amer. de Bruselas, tom. I, pág. 597, nota.

[31] «En toda la Provincia de Tucumán, escribe, no se encuentra vestigio ninguno de los que se celebran en otras regiones, ni hay noticia de que sus naturales tuvieron tradición sobre este particular y hallándose también noticias en la provincia de Santa Cruz de la Sierra, de que por allí discurrió nuestro sagrado apóstol, es verosímil que, dejando á mano izquierda el Tucumán, se encaminó desde el Paraguay al Perú» (tom. I, cap. XX. pág. 463).

Es curioso el dato consignado por Techo á la pág. 397, tom. II.

[32] La Araucana, Part. I, Canto II.

[33] Techo, Op. y lug. cits.—Ruíz de Montoya, § XXIII, págs. 102 y 103—Calancha, Op. cit.—Congr. de Bruselas, tom. I, págs. 555 á 640.

[34] Garcilaso, Comentarios Reales, tom. II, cap. IV—Antonio de Pinelo, Paraiso, lib. II, cap. XII—Lozano, tom. I, pág. 446—Lucas Fernández de Piedrahita, Historia del Nuevo Reino, etc.

[35] Pay, escribe Montoya en una de sus obras (Cong. Esp. del Paraguay, § XIX, pág. 96), «quiere decir Padre, y lo usurparon los viejos, los magos y los hechiceros»; Pay, escribe en otra (Tesoro de la Lengua Guaraní, verb. Pai), «dice Padre, es palabra de respeto y con ella nombran á sus viejos hechiceros y gente brava». Pay escribe Calancha (Op. cit., Lib. II, cap. II), «es el nombre que daban á lo que ellos tenían por divino, poderoso ó sabio, como á Dios y á sus encantadores». «Los magos, dice Lozano (tom. I, cap. XX, pág. 462) se usurparon el nombre de Pay, para honrarse con él».

[36] Sobre Pay Tumé ó Tumá el Abate Schmitz discurrió en el Congreso de Luxemburgo (Compte-réndu du Congrès Internat. des Américanistes, tom. I, pág. 363).

[37] Lozano (Lug. cit., pág. 462) dice que los ancianos y magos que se decían Pay, «jamás se pusieron el de Abaré, como opuesto á su profesión, que era de vivir con cuantas mujeres alcanzaba su posible.» Ruíz de Montoya (Id. id, pág. 95) escribe que los paraguayos á los sacerdotes «llámanlos Abaré, que quiere decir Homo segregatus á venere». «Por oprobio nos llaman Abaré», agrega en otro lugar, citando el ejemplo del «eunuco á natura» que vióse obligado á desterrarse, como los venados, por los montes (págs. 96 y 97).

[38] Wiener, Pérou et Bolivie, Vocabuls., verb. Pai, pág. 786, dice que esta voz es el pronombre él, ella.

[39] Lozano, cit., pág. 449—La cita de Alfaro, reproducida por Montoya (pág. 105), dice: «Cuando estuve visitando la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra, supe que había en toda aquella tierra noticia de un Santo que llamaban Pay Tumé, el cual había venido de hacia la parte del Paraguay, y que había venido de muy lejos, de suerte que entendí como que había venido del Brasil por el Paraguay á aquellas tierras de Santa Cruz».

[40] Sin dejar de admitirse la comunicación continental con tierras del norte de la América y la migración europea de los escandinavos de los siglos X y XI, primero á Groenlandia y después á Vinland, los Congresos de Americanistas de Nancy y Luxemburgo debatieron y trataron con todo género de reservas la evangelización de las tierras americanas por los Apóstoles (Nancy, 1875, Congrès des Américanistes, tom. I-Id. id. Luxemburgo, Compte rendu des Congr., etc.—Véanse: M. E. Beauvais, Les Colonies Europ., Ses. 2a tom. I, pág. 174; Monseñor Timon, Missions in Western New York, Buffalo 1862, págs. 16 y siguientes; Palfrey, Hist. of New England, tom. I. págs. 56 y siguientes, etc.)

En el Congreso de Bruselas el Abate Schmitz quizo reabrir la cuestión, pero sin éxito alguno (Bruselas, 1879, Congr. des Amér., tom. I, sesión 3a, págs. 497 y siguientes.)

[41] «Abierta la puerta, escribe, y queriendo entrar por ella, apenas cabía un hombre y había mucha oscuridad y no muy buen olor. Visto esto, trajeron candela y ansi entramos con ella en una cueva muy pequeña, tosca, sin ninguna labor, y en medio della estaba un madero nincado en la tierra, con una figura de hombre hecha en la cabeza del, mal tallada y mal formada y al pie, á la redonda del, muchas cosillas de oro y de plata ofrecidas de muchos tiempos y soterrados por aquella tierra. Vista la suciedad y burlería del ídolo, nos salimos afuera á preguntar que porque hacían caso de una cosa tan sucia y torpe como allí estaba? Los cuales muy espantados de nuestra osadía volvían por la honra de su Dios, y decían que aquel era Pachacámac, el cual los sanaba de sus enfermedades.»

Sobre Pachacámac, véase Brasseur de Bourbourg, Le Livre Sacré, pág. 224.

[42] Para Girard de Rialle, Pachacámac no fué ni un dios ni un héroe solar, aunque más tarde los Incas le presentaran, como á Con y á Manco Ceápac, como hijo del sol. No era dios del agua, visto su antagonismo con Con (Mythologie Comparée, Cap. XVI, págs. 263 y 264).

Daniel Brinton piensa con Müller y Picard que Pachacámac es el dios del fuego, pues que el fuego es impalpable y sútil, y reanima y vivifica. El fuego contiene, para los pueblos en los cuales la ciencia de la física es poco avanzada, los gérmenes de toda cosa, y constituye el elemento procreador y vital por excelencia (Myths of the New World, págs. 210, 263 y 335—Filadelfia, 1896).

[43] Sobre este interesantísimo mito, véase Brasseur de Bourbourg, Le Livre Sacré, pág. 238.

[44] Keane, Man Past and Present, págs. 424 y 425 (1899), entre otras cosas muy interesantes, dice de Huiracocha: «... El gran templo y los edificios que lo rodean inconclusos, como quedaron, se remontan á la época preincásica y fueron dedicados á Viracocha, dios tutelar de los Aymará; más la edificación fué suspendida por los Incas, para quienes Tiahuanaco, asiento de este culto, era un rival de Pacaritambo, cerca del Cuzco, centro del culto solar de los Quichuas. Después que se realizara la conquista del país de los Aymará, la anterior enemiga entre estos dos centros de cultura desapareció; las desconfianzas internacionales, que procedían más bien de causas políticas que de religión, dejaron de existir, y el mismo Viracocha ingresó al panteón de los Quichuas ...»

La etimología del dios, de «gordura del mar», fué rechazada por Garcilaso (Lib. V. cap. XXI). Cieza dice que significa «espuma del mar», lo que es seguido por Rialle (pág. 256), teniendo Cocha á la vez la significación de «mar» y de «lago». Lafone Quevedo (Ojos de Imaymana, Bol. del Inst. Geográf. Arg., XX, 452 y 453), dice que puede explicarse co-agua-cha==partícula verbal—Vira, gordura: es decir: «El Hacedor del Agua de la fertilidad».

[45] Montoya (XXIII, pág. 99) dá una breve noticia de Taapac, que quiere decir, según él, «hijo del Criador», al que tentaron con riquezas y blanduras.

[46] Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas (J. de la E.), página 316.

[47]
Camcuna Guaca A vosotros, Guacas,
Rimachon Llamé
Camcamcunactamari Pues que á vosotras
Tonapa Tarapaca Tonapa, el Tarapaca,
Viracocha Pachayachip   De Viracocha el Hacedor
Yanan Siervo
Ñusaca Indignado
Chicrisuscanqui Os lanza á la maia suerte.

(Lafone Quevedo, El culto de Tonapa—Rev. del Museo de la Plata1892).

[48] Lug. cit., pág. 14.

[49] Id., pág. 29.

[50] Con razón en el Vocabulario de la Lengua Aymará (1612) de Ludovico Bertonio, verb. Tunapa, dice que fué «dios tenido de estos indios, de quien cuenten infinitas cosas, dellas muy indignas no solo de Dios, sino de cualquier hombre de razón».

[51] La voz Atticci es un calificativo de igual valer á nuestra voz «poderoso», ó más bien «omnipotente».

Este Atticci, en la obra del P. Molina (Rites and Laws of the Incas de Clements R. Markham, Londres 1873), aparece como el dios Creador, del que son emanaciones ó atributos Imaymana y Tocapo Viracocha (El tema Imaymana dice «Hacedero de cosas; Tocapo se descompone así: Toco, ventana—y Apu», señor: Señor de la Ventana)—Véase la interesantísima monografía de Lafone Quevedo, Los Ojos de Imaymana y el Señor de la Ventana, págs. 454 y sigtes, del Bol. del Inst. Geográf. Argent., Tom. XX.

[52] Pérou et Bolivie, pág. 703.

[53] Lafone Quevedo atribuyó á representación de Aticci la figura del dios-sol de Wiener. Según aquél, Aticci es un andrógino, padre y madre á la vez de los hijos dioses Imaymana y Tocapu (Op. cit., págs. 14 y 15).

[54] Este menhir fué descubierto por nuestro americanista Juan B. Ambrosetti, quien lo describe en sus Monumentos Megalíticos del Valle de Tafí (Bolet. del Inst. Geográf. Argent., Tom. XVIII, nos. 1 á 3, págs. 105 y sigtes). El menhir mide 3.10 m. de largo por un ancho casi constante de 0.50m y un grueso de 0.20.

[55] Un ejemplo tenemos en el dios Tláloc, llamado Napatecutli, «el generoso», cuyo nombre significa «cuatro veces señor». Más interesante es aún el Gucumatz azteca, el que se transforma en serpiente, águila, tigre y sangre coagulada.

[56] Tom. I, cap. XX, pág. 438.

[57] Cap. XXIV, pág. 106.

[58] Relación Historial de las Misiones de los Indios que llaman Chiquitos (1726).

[59] Sobre la Trinidad de los Nahuas, véase Brasseur de Bourbourg, pág. 121.

[60] «La cabeza del Dios-sol, escribe Wiener (pág. 704), está rodeada de 24 rayos, entre los cuales, 6 cabezas de león; el número de símbolos de la reproducción de la especie es de 18; los dedos que retienen los cetros son en número de 3; los campos que aparecen sobre los cetros, esceptuando la parte superior del cetro izquierdo, son 3, lo mismo que los pequeños campos ornando las cabezas de los cóndores, á la extremidad inferior de los cetros y de las coronas de león sobre los pedestales laterales. Es lo mismo en los campos de la cintura, que al primer rango son en número de 3, al segundo, en número de 6. Las cabezas humanas son igualmente 6, lo mismo que las cabezas de cóndor», etc.

[61] Historia de las Conquistas del Nuevo Reyno de Granada, II.

[62] «Y que el Santo, escribe, les explicó la unidad de estas tres personas divinas, dá testimonio un ídolo que llaman Tangatanga, en que adoraban á este uno en tres y tres en uno, lo cual tengo por muy probable que les quedó del Apóstol, y ellos lo aplican á sus ídolos» (XXIV. pág. 106.)

[63] Congr. de Amer. de Bruselas, Tom. I, pág. 576.

[64] Idolo Tangatanga—Trinidad India (Notas de Arqueol. Calchaquí, § VI, págs. 43 á 46, Buenos Aires, 1899).

[65] El objeto es una especie de cuba, de 0.15 m. de alto, cuya boca y asiento son triángulos isóceles, de modo que figura una pirámide. En las tres aristas laterales, aparecen de relieve tres monstruosos dragones dobles, uno en cada arista, con sus dobles cabezas y dobles colas.

No conocemos otro ejemplar tan típico, muy superior á los ternos que reproduce el Señor Jiménez de la Espada en su trabajo citado.

[66] Véanse Techo, tomo III, libro VI, cap. IV, pág. 23. Ruíz de Montoya, XXV, pág. 107; Raimundo de Hurtado, Crón. Moralíz. de la Ord. de S. Agust., libro II, cap. III; siendo muy interesantes las actas del Congreso de Bruselas, págs. 598 á 604.

[67] Tomo I, pág. 444.

[68] Lozano, pág. 454.

[69] Id., pág. 456.

[70] Id., pág. 461.

[71] Techo, lib. VI, pág. 22.

[72] Montoya, pág. 98.

[73] Lozano, pág. 443—Montoya, pág. 101.

[74] Lozano, pág. 442—Montoya, lug. cit.

[75] Introd. á la obra de Lozano, § IX, in fine.

[76] Op. cit., págs. 604 y 605.

[77] Así lo dá á entender el P. Ramos (Hist. del Sant. de Copacavana, cap. XIII), hablando de los rastros de Tupac Yupanqui.

[78] Adán Quiroga, El símbolo de la Mano (1900).

[79] Rialle, cap. XIX, págs. 320 y 324.

[80] Sobre este asunto consúltese á Brasseur de Bourbourg, Op. cit., págs. 70 y 165.

[81] A. H. Keane (cap. XI, pág. 107) traduce así el nombre de Quetzalcóatl: «quezal—the bird Trogon resplendens, and coatl-snake» diciendo que el dios es el «Bright-Feathered-Snake», la encarnación de Tonacateatl, la «Serpent-Sun»—Véase Brasseur cit., págs. 70 y siguientes.

[82] Sobre este dios, véase Brasseur cit., pág. 73.

[83] Brasseur, pág. 246.

[84] Brinton, cap. VI, pág. 217.

Es de advertir que así como hay dioses blancos, hay excepcionalmente dioses negros, y el Nepatecutli mejicano tiene fisonomía negra, con ojos blancos.

[85] Brasseur, pág. 218.

[86] Memorias Antiguas Historiales del Perú. Para Montesinos Inca Roca no era blanco, ni rubio.

[87] Pág. 253.

[88] 4a. sesión.

[89] Págs. 503 y 504. El Abate fundábase en una cita de Stakemann (Studien über die Indianer).

[90] Sobre este punto léase la exposición de M. Peterken en el Congreso de Bruselas (Tom. I, págs. 508 á 511).

[91] Ambrosetti, Anales de la Sociedad Científ. Argentina, tom. XLI, pág. 41 y Bolet. del Inst. Geográf., tom. XV (Los indios Cainguá del Alto Paraná).

[92] Tres Relaciones de Antig. Peruanas, pág. 253, nota 1.

[93] Véase Brasseur cit., pág. 226.

[94] Actas del Congr. de Bruselas, tomo I, pág. 505.

[95] Justo Lipsio, De Cruce, lib. I, cap. LVIII.

[96] Sobre este punto véanse Lipsio, cit.; P. Lafitau, Mœurs des sauvages Americains, comparées aux mœurs des premiers temps, tom. II (París, 1724); Mortillet, Le Signe de la Croix avant le Christianisme, caps. I á IV (París, C. Reinwald, 1866); M. Peterken y Luciem Adam, Congr. de Bruselas, págs. 513, 519 y sigtes, etc.

[97] Cap. XVII, pág. 287.

[98] La Cruz en estos pueblos, que la ofrendaban con codornices, incienso y agua lustral, servía también de ornamentación, y el Dr. Jones enseña conchas y objetos de cobre con cruces, procedentes de Tenesse. Es muy interesante el ornamento de cobre encontrado en un Stone-Grave en Zalicoffer Hill, que el marqués de Nadaillac reproduce en su figura 85, lo mismo que el instrumento de silex en Cruz, de la figura 79 (L’Amériqne Préhistorique, págs. 176 y 171).

[99] Tom. I, pág. 437.

[100] Hist. Ind. doccil, cap. LIII.

[101] De Antich., ci. 3, cap. XXV.

[102] Sobre la Cruz en estas naciones, véanse Ixtlilxochitl, Hist. des Chichiméques, págs. 5 y sigtes.; Sahagún, Hist. de la Nueva España, lib. I, cap. II; Palacios, Descrip. de Guatemala, págs. 27 y sigtes.; Cogolludo, Hist. de Yucatán, lib. IV, cap. IX.

[103] Op. cit., cap. IV.

[104] D. Antonio de Solís (Hist. de la Nueva España, cap. XV, pág. 59) dá interesante noticia de este ídolo, de fisonomía espantable, como los dioses de la tormenta y del huracán. «A poco trecho de la costa, escribe, se hallaron en el templo aquel ídolo tan venerado, fábrica de piedra cuadrada, y de no despreciable arquitectura. Era el ídolo de figura humana, pero de horrible aspecto, en que se dejaba conocer la semejanza de su original. Observose esta misma circunstancia en todos los ídolos que adoraba aquella gentilidad, diferentes en la hechura y en la significación, pero conformes en lo feo y abominable ... Dicen que se llamaba este ídolo Cozumel, y que dió á la isla el nombre que se conserva hoy en ella.»

[105] Origen de los Indios, lib. V, cap. V.

[106] Découverte de la Croix de Palenque (1792).

[107] La tabla de la Cruz de Palenque, encontrada después que la sacó un fanático, en una selva contigua á las ruinas, se halla en el Museo de Washington, y de ella dá cuenta Ch. Rau (The Palenque Tablet, Smith. Cont., tom XXII).

El marqués de Nadaillac (cap. VII, pág. 325), reproduce el cuadro de la Cruz de Palenque, y también (pág. 326) un bajo relieve descubierto por M. Maler (en 1879, Nature, pág. 326), cerca de Palenque, muy semejante al anterior, con su Cruz y pájaro encima y dos indios ofrendando, el de la izquierda al parecer una cabeza de venado, llevando el de la derecha un adorno de círculo con Cruz, en su cintura. El indio de la izquierda vése claramente que ofrenda á la Cruz.

[108] En el Congreso de Bruselas, M. Peterken decía que era necesario tener el espíritu muy prevenido para ver en esta Cruz una reminiscencia evangélica; y que ni el pájaro, ni la Cruz misma, cuya rama vertical termina en un pagay, se prestaban á interpretación de tanta fantasía (Actas, págs. 545 y 522). Para el conde de Charencey, la Cruz de Palenque era un simple emblema astronómico (Id., pág. 654).

[109] Lib. VI, cap IV, págs. 23 y 24.

[110] Ruíz de Montoya, caps. XXIII y XXVI, págs. 99, 100, 110 á 112; Alonso Ramos, cap. IX, de quien el primero toma sus noticias, y Lozano, cap. XX, pág. 440.

El Yamqui Pachacuti (Tres Relaciones, pág. 238) asegura que el leño fué labrado en los Andes de Caravaya por Tunapa.

[111] Cap. XXVI, pág. 112.

[112] Hist. Nat. etc., lib. VII, cap. XXVII.

[113] Luxemburg., 4a. ses.

[114] Cap. XX, pág. 437.

[115] Lib. II, cap. III.

[116] En la Relación del pueblo de Paycabamba ó Leoquina del R. P. Arias Dávila (1582), aparece la Cruz incaica con el nombre de Xaygua (Sayhua), en la parte que el cronista refiere la lucha de Huayna Cápac con los Quillacincas en Gaytara, «donde dejó una señal á forma de mármol, tan grueso como cinco ó seis brazas, redonda y dentro de si una cruz de plata ó semejanza á ella: su nombre de la cual se llama Xaygua, que quiere decir nombre y señal del Inca

[117] L’Amérique Préhistorique, cap. VII, pág. 327.

[118] Sobre Tiahuanaco, véase Brasseur, pág. 223.

[119] Id., pág. 241, sobre Pacaritambo.

[120] Atlas.

[121] El hombre Blanco y la Cruz en el Perú, Apénd.

[122] Péron et Bolivie, pág. 100.