NOTAS:
[59] Éstos se llevaron siempre bien con los conquistadores laicos, llegando á vivir á unos pocos kilómetros de la Asunción en completa paz hasta el ataque que les llevó sin causa alguna el gobernador Reyes, hechura de los jesuítas. (Cap. V.)
[60] En una carta dirigida al gobernador de Buenos Aires (1746) el P. Cardiel elogia la dedicación con que la Corona protegió siempre á las misiones del Nuevo Mundo, enviando ministros evangélicos «y señalando en casi todas las provincias buen número de soldados que les sirvan de escolta en sus ministerios. Pues además de los muchos que tiene pagados para esto en Filipinas, Marianas y Méjico... en Buenos Aires tiene pagados para lo mismo 50 con su capitán... Todos estos soldados de todas estas provincias, son para sólo los misioneros jesuítas y no de otra religión.»
[61] Ver (Cap. V.) el asesinato que en represalias del ataque del gobernador Reyes, cometieron los payafuás con los jesuítas Silva y Mago. Éstos no entran ya en el cuadro de la conquista espiritual.
[62] Recién en 1679, se limitó á 12.000 arrobas la exportación de yerba de los pueblos jesuíticos, que la habían hecho alcanzar á 50.000.
[63] Como en el canto X de la Ilíada, vs. 257-265, donde se elogia los cascos de cuero.
[64] Falta el dato exacto, que sólo habría podido ser suministrado por el archivo jesuítico. Mucho se ha bordado al respecto, no faltando quien asegurara que dicho documento se hallaba en una estancia de Entre Ríos; pero los PP., que recibieron noticias de su expulsión un año antes de efectuarse, tuvieron tiempo de enviarlo á Roma, donde estará seguramente. Los inventarios de los comisionados reales poco dan de sí, pues certifican un estado de cosas dispuesto con anticipación por los PP.
[65] Era teniente de gobernador del departamento de Concepción, uno de los cinco en que fueron divididas las Misiones para su administración laica.
[66] Ya se recordará que el promedio de población era triple en la época de los jesuítas.
[67] 218 francos.
[68] El promedio equitativo sería de $ 300.000.000 (1.600.000.000 de francos) durante el siglo de trabajo pacífico que puede asignarse á las reducciones.
[69] Se había establecido una equivalencia entre una determinada cantidad de productos y la unidad monetaria, lo cual recibía el nombre de «peso hueco». Tres pesos huecos equivalían á un patacón (5 francos 446).
[70] No obstante, después que la revolución comunera de que se hablará más adelante puso de manifiesto el odio paraguayo hacia los jesuítas con la intensidad expresada por el P. Lozano, el real rescripto del 6 de noviembre de 1726 puso las reducciones bajo la jurisdicción de Buenos Aires; pero fué una medida de política ocasional, que preludiaba probablemente la autonomía definitiva.
[71] Tal vez era el mismo de Itapuá que fué llevado á la Asunción, ignorándose su paradero. El mismo religioso publicó en Barcelona en 1752, bajo el título de Lunario de un Siglo, un almanaque astronómico para las visiones, aplicable desde 1740 hasta 1841 y prorrogable hasta 1903. La hora está regulada en él por el meridiano del pueblo de Mártires y comprende observaciones efectuadas desde 1706. Es una notable obra cosmográfica, cuya dedicatoria á la Compañía, y cuya introducción, revelan por otra parte un literato y un hombre de ciencia nada común.
[72] El texto guaraní dice lo siguiente:
«La ignorancia que hay de los bienes verdaderos, y no sólo de las cosas eternas sino de las temporales.»
«Para el uso de las cosas ha de preceder su estima, y á su estimación su noticia, la cual es tan corta en este mundo, que no sale fuera de él á considerar lo celestial y eterno para que fuimos criados. Pero no es maravilla que estando las cosas eternas tan apartadas del sentido, las conozcamos tan poco, pues aun las temporales que vemos y tocamos, las ignoramos mucho. ¿Cómo podemos comprender las cosas del otro mundo, pues las de éste en que estamos no las conocemos? Á esto puede llegar la ignorancia humana, que aún no conoce aquello que piensa que más sabe. Las riquezas, las comodidades, las honras, y todos los bienes de la tierra que tanto manejan y codician los mortales, por eso las codician, porque no las conocen. Razón tuvo San Pedro cuando enseñó á San Clemente Romano, que el mundo era una cosa tan llena de humo, en la cual nada se puede ver; porque así como el que estuviese en semejante casa, ni vería lo que estaba fuera de ella, ni lo que estaba adentro, porque el humo estorbaría la vista clara de todo; de la misma manera sucede que los que están en este mundo, ni conocen lo que está fuera de él, ni lo que está adentro; ni entienden cuánta sea la grandeza de lo eterno, ni la vileza de lo temporal, ignorando igualmente las cosas del cielo como las de la tierra, y por falta de conocimiento truecan los frenos en la estimación de ellas, dando lo que merecen las eternas á las que son temporales, y haciendo tan poco caso de las celestiales como se debe hacer de las perecederas y caducas, sintiendo tan contrario á la verdad, como nota San Gregorio, que al destierro de esta vida tienen por patria, á las tinieblas de la sabiduría humana por luz, y al curso de esta peregrinación por descanso y morada; siendo causa de todo esto la ignorancia de la verdad y poca consideración de lo eterno. Por lo cual á los males califican por bienes y á los bienes por males. Por esta confusión del juicio humano rogó David al Señor que le diese de su mano un maestro que le enseñase, etc.»
[73] Ver el plano de San Carlos.
[74] Ver para más detalles el Capítulo sobre las ruinas. Los muros en cuestión pertenecen al tipo ciclópeo que Schliemann en su «Micenas», clasifica de primero y tercer período.
[75] Los invasores de San Pablo eran llamados también mamelucos.
[76] La ley XVII de Indias, ordenaba que la arquitectura de las casas, en las poblaciones del Nuevo Mundo, fuera enteramente igual.
[77] Calculando tres personas por metro cuadrado, resulta que esta iglesia podría contener seis mil: los habitantes de un pueblo entero.
[78] Ver el Capítulo siguiente.
[79] Estos grillos están en nuestro Museo Histórico, lo propio que los siguientes objetos: dos santos de madera; dos cabezas de piedra; una bala de plomo; dos de piedra; la cerradura de la antigua iglesia de Concepción; un escudo con la efigie de San Silvestre; una cariátide; una matraca; una puerta decorada—efectos donados por el autor.
[80] Es positivo que los PP. explotaban minas en el Tucumán, conservando ocultos sus derroteros. Igual pudo suceder en el Imperio, más allá no abundan los metales preciosos.
[81] En Alta Gracia y Caroya; pero es una evidente exageración.
[82] Pueblos de las Misiones Argentinas.
[83] La Academia no trae nuestra acepción, que denomina así al arma arrojadiza compuesta de tres guijarros unidos por cordeles.
[84] En ejércitos de tres y cuatro mil hombres habían colaborado á la defensa de Buenos Aires contra franceses y portugueses en 1698 y 1704, mereciendo elogios especiales del Rey, por su valor y pericia.
[85] No se olvide que la comunidad eran, al fin de cuentas, los mismos PP.