[351] «Pues que asi fue que saliendo un dia a caza, como acostumbrado lo tengo, a la parte que del Castillejo se llama, que por ser la tierra tan pedregosa y recia de andar, en ella más que en ninguna otra parte de caza se halla; y alli llegado, hallé una lechuza, y aunque viento hacía, a ella mi falcon lancé, etc.».
[352] Para todo lo relativo á la bibliografía de los libros de caballerías en lengua castellana y portuguesa, es trabajo casi único el de Gayangos (adicionado por él mismo en el primer tomo del Ensayo de Gallardo); pero ya necesita ser refundido por completo, como sin duda lo hará el Sr. Bonilla en esta misma colección. Salvá, en su Catálogo, describe los que poseía, que no eran muchos, pero entre los cuales había algunos de singular rareza. Para las traducciones extranjeras deben consultarse los Manuales de Brunet y Graesse, y para las italianas en especial las bibliografías de novelas y poemas caballerescos de Ferrario y Melzi.
[353] Arte de Galanteria. Escreuiola D. Francisco de Portogal. Offrecida a las Damas de Palacio por D. Lucas de Portogal Comendador, de la villa de Fronteira, y Maestresala del Principe nuestro Señor. En Lisboa, en la Emprenta de Ivan de la Costa. M. DC. LXX (1670). Pág. 96.
De otros extremos de algunos apasionados, especialmente portugueses, por los libros de caballerías hace curiosa mención Francisco Rodríguez Lobo en el primero de los diálogos de su Corte na Aldêa: «Un curioso en Italia (segun un autor de credito cuenta), estando con su muger a el fuego, leyendo al Ariosto, lloraron la muerte de Zerbino con tanto sentimiento, que acudió la vecindad a saber la causa. Y en lo que toca a exemplo, un capitan valeroso hubo en Portogal, que no lo tuvo mejor el Imperio Romano, que con la imitacion de un cavallero fingido fue el mayor de sus tiempos imitando las virtudes que del se escribieron (alude, sin duda, al Condestable Nuño Álvarez Pereira, que había tomado por prototipo á Galaaz, el de la Demanda del Santo Grial). Muchas doncellas guardaron extremos de firmeza y fidelidad, por aver leido de otras semejantes en los libros de cavallerias. En la milicia de la India, teniendo un Capitan Portugues cercada una ciudad de enemigos, ciertos soldados camaradas, que albergavan juntos, traian entre las armas un libro de cavallerias con que passaran el tiempo: uno dellos, que sabia menos que los demas, de aquella lectura, tenía todo lo que oia leer por verdadero (que hay algunos inocentes que les parece que no puede aver mentiras impressas). Los otros, ayudando a su simpleza, le decian que assi era; llegó la ocasion del assalto, en que el buen soldado, invidioso y animado de lo que oia leer, se encendio en desseo de mostrar su valor y hacer una cavalleria de que quedasse memoria, y assi se metio entre los enemigos con tanta furia, y los comenzó a herir tan reciamente con la espada, que en poco espacio se empeñó de tal suerte, que con mucho trabajo y peligro de los compañeros, y de otros muchos soldados, le ampararon la vida, recogiendolo con mucha honra y no pocas heridas; y reprehendiendole los amigos aquella temeridad, respondió: Ea, dexadme, que no hice la mitad de lo que cada noche leeis de qualquier caballero de vuestro libro. Y él dalli adelante fue muy valeroso».
Corte en Aldea y Noches de Invierno, de Francisco Rodriguez Lobo. De Portugues en Castellano por Iuan Bautista de Morales. En Valencia, en la oficina de Salvador Fauli. Año M. DCC. XCVIII. Pp. 18-20. La primera edición portuguesa de esta obra es de 1619; la primera castellana, de Montilla, 1622.
[354] «Quando fue a Roma por Embaxador, lleuaua solamente, yendo por la posta, en un portamanteo, Amadis de Gaula y Celestina, de quien dixo alguno que le hallaua mas sustancia que a las Epistolas de San Pablo. Estando un dia a la comida del Cardenal D. Henrique, que era inquisidor general, le perguntó (sic) Ilulano: «¿affirmaos vos en aquello que haueis dicho?», y él le respondió: «Señor, hay muchos dias que no me afirmo en nada», que hay muchos que ni a la ley de Dios perdonan por parecer discretos». (Arte de Galanteria de D. Francisco de Portugal, p. 49).
Muchas veces he visto citado este texto, pero suprimiendo siempre los últimos renglones, sin los cuales la Inquisición no hubiera dejado pasar el irreverente disparate de las Epístolas de San Pablo, puestas en cotejo con la Celestina. De todos modos, quien lo dijo no fué D. Diego, sino un caballero anónimo, portugués por las señas.
[355] Todo el pasaje es muy interesante, como muestra de la crítica del siglo XVI, pero por abreviar omito las observaciones gramaticales, en las cuales se trasluce que el estilo del Amadís parecía ya arcaico en tiempo del Emperador, lo cual prueba el rápido cambio de la lengua. Del argumento dice lo siguiente:
«Cuanto a las cosas, siendo esto asi, que los que escriben mentiras las deben escribir de suerte que se alleguen, cuanto fuere posible, a la verdad, de tal manera que puedan vender sus mentiras por verdades, nuestro autor de Amadis, una vez por descuido y otras no sé por qué, dize cosas tan a la clara mentirosas, que de ninguna manera las podeis tener por verdaderas. Inorancia es muy grande dezir, como dize al principio del libro, que aquella historia que quiere escribir, acontezió no muchos años despues de la pasion de nuestro Redentor, siendo asi que algunas de las provincias de que él en su libro haze menzion i hace cristianas se convirtieron a la fe muchos años despues de la Pasion. Descuido creo que sea el no guardar el decoro en los amores de Perion con Elisena: porque no acordandose que a ella haze hija de Rei, estando en casa de su Padre, le da tanta libertad i la haze tan deshonesta, que con la primera plática, la primera noche, se la trae á la cama. Descuidase tambien en que, no acordandose que aquella cosa que cuenta era muy secreta, y pasaba en casa del padre de la Dama, haze que el rey Perion arroje en tierra el espada y el escudo, luego que conoce a su señora, no mirando que al ruido que harian, de razon se habian de despertar los que dormian zerca y venir a ver qué cosa era. Tambien es descuido dezir que el Rey miraba la hermosura del cuerpo de Elisena con la lumbre de tres antorchas que estaban ardiendo en la camara, no acordandose que habia dicho que no habia otra claridad en la camara sino la que de la luna entraba por entre la puerta; y no mirando que no hay mujer, por deshonesta que sea, que la primera vez que se vee con un hombre, por mucho que lo quiera, se deje ver de aquella manera. De la mesma manera se descuida, haziendo que el Rey no eche menos el espada hasta la partida, habiendosela hurtado diez dias antes; porque no se acordó que lo haze con caballero andante, al cual es tan aneja la espada como al escribano la pluma. Pues siendo esto asi, ¿n'os paresze que sin levantarle falso testimonio se puede dezir que peca en las cosas?».
(Diálogo de la Lengua, ed. de Usoz, Madrid, 1860, pp. 185-187).
[356] Le fonti dell Orlando Furioso. Ricerche e Studi di Pio Rajna. Seconda edizione corretta e acresciuta. Florencia, 1900, pp. 155, 465, y en otros varios lugares que es fácil hallar por el índice.
[357] Amadigi del signor Bernardo Tasso. A l'invictissimo e cattolico Re Filippo. Con privilegio. In Vinegia, apresso Gabriel Giolito de Ferrari, 1560, 4.º. Fue reimpreso en Venecia, 1581 y 1583, y en Bérgamo, 1755, cuatro volúmenes en dozavo, con la vida del autor y otras ilustraciones del abate Pierantonio Serassi.
Hay un larguísimo análisis del Amadís del Tasso en el tomo V de la Histoire Littéraire de l'Italie, de Ginguené (París, 1824), pp. 62-115, que habla con exagerado encomio de este poema.
[358] Torquato Tasso parece haber heredado la afición de su padre al Amadís, puesto que en la Apología de su Jerusalem Libertada, que escribió contestando á los reparos de la Academia de la Crusca, hace dél este magnífico elogio: «Sappiate dunque che essendo mio Padre nella Corte di Spagna, per servizio del Principe di Salerno, suo padrone, fu persuaso da i principali di quella Corte a ridurre in poema l'istoria favolosa dell' Amadigi, la quale, per giudizio di molti, e mio particolarmente, é la più bella che si legga fra quelle di questo genere, e forse la più giovevole; perchè nell' affetto, nel costume si lascia addietro tutte l'altre, e nella varietà degli accidenti non cede ad alcuna che da poi o prima sia stata scritta». (Opere di Torquato Tasso, tomo IV, Florencia, 1724, página 178, col. 2.ª).
[359] En una de sus cartas burlescas, fechada en octubre de 1513, dice el famoso bufón D. Francesillo de Zúñiga: «El Emperador está mejor de su cuartana, y fue por una purga que yo le ordené, que es la cosa más probada y averiguada que para los cuartanarios se puede dar, y fue que le mandé que cuando le viniese el frío, que le leyese el Amadis el duque de Arcos, porque tiene gentil lengua, y le contase cuentos el marqués de Aguilar». (Curiosidades bibliográficas, en la colección Rivadeneyra, p. 57, col. 2.ª).
Sobre lectura de libros de caballerías ante el Emperador, refiere esta curiosa anécdota D. Luis Zapata en su Miscelánea (Memorial Histórico Español, tomo XI, pág. 116): «Doña Maria Manuel era dama de la Emperatriz nuestra señora, y leyendo ante la Emperatriz una siesta un libro de caballerías al Emperador, dijo: «Capitulo de cómo D. Cristóbal Osorio, hijo del Marques de Villanueva, casaria con doña Maria Manuel, dama de la Emperatriz y reina de España, si el Emperador para después de los dias de su padre le hiciese merced de la encomienda de Estepa». El Emperador dijo: «Torna a leer ese capitulo, Doña Maria». Ella tornó a lo mismo, de la misma manera, y la Emperatriz añadio diciendo: «Señor, muy buen capitulo y muy justo es aquello». El Emperador dijo: «Leed más adelante, que no sabéis bien leer, que dice: sea mucho enhorabuena». Entonces ella besó las manos al Emperador y a la Emperatriz por la merced».
[360] Alúdese aquí, por supuesto, al antiguo moralista francés Juan Luis Guez de Balzac (nacido en 1594), autor del Sócrates cristiano y de otros libros tan famosos en su tiempo como poco leídos hoy, pero que tienen importancia en la historia de la prosa clásica del siglo XVII.
[361] Es notable en este punto el texto del P. Possevino (Biblioteca selecta, 1603, pp. 397-398), citado en varias monografías sobre el Amadís:
«Iude igitur quo non intrarunt Lancelotus a Lacu, Perseforestus, Tristanus, Giro Cortesius, Amadisius Primaleo, Boccaciique Decamero et Ariosti poema? Ne hic enumerem aliorum ignobiliorum Poetarum carmina male texta et caro vendita. Et plerisque igitur istis omnibus ut suavius venena influerent, dedit de spiritu suo Diabolus, eloquentia, et inventione fabularum ditans ingenia quæ tam miseræ supellectilis officinæ fuerunt. In uno Amadisio ista intueamur... Venerat hic liber aliena lingua in Gallias... Sparserat enim eo in libro, quisquis ejus fuit auctor, amores foedos, inauditos congressus equestres, magicas artes. Sic his mentes illis corpora pertraxit in nassam, in qua innumeræ propemodum animæ perierunt alternum. Nam sic ablegata sunt studia sacrarum rerum, divinæque historiæ oblivioni sunt traditæ atque horum loco Pantogrueles et ramenta quæque Tartari successerunt... Quin etiam visum est peccatum leve, atque adeo festivum sapere si quis Magiam Urgandœ et Arcelai, Meliæ, magni Apollidonis passim recenseret; ut interim desideria sensim irreperent eadem experiendi, Magosque accersendi qui novas ipsi humanarum mentium libarent primitias, et homines ad ipsam imaginem Dei factos revocarent ab uno unius Dei syncerissimo cultu».
[362] Philarète Chasles, Études sur le seizième siècle en France (París. 1876), pp. 113-114.
[363] Bonnefon, Montaigne et ses amis (Paris, 1808), tomo I, p. 248, y el estudio del mismo autor sobre la biblioteca de Montaigne en la Revue d'Histoire Littéraire de la France, 1895, pp. 313-371.
[364] «Je ne sçais s'il en advient aux antres comme à moy, mais quand j'oys nos architectes s'enfler de ces gros mots de pilastre, architrave, corniches, d'ouvrage corynthien et dorique et semblables de leur jargon, que mon imagination se saisisse incontinent du palais d'Apollidon et par effet je treuve que ce son les chestives pièces de la port de ma cuisine». (Essais, lib. I, cap. L).
[365] Sobre la bibliografía alemana de nuestros libros de caballerías puede consultarse el libro del Dr. Adam Schneider, Spaniens Anteil an der Deutschen Litteratur des 16. und 17. Jahrhunderts (Strasburgo, 1898), págs. 165-205, y sobre la influencia literaria las eruditas y penetrantes observaciones de Arturo Farinelli en su obra, desgraciadamente no terminada, Spanien und die Spanische Litteratur in Lichte der deutschen Kritik und Poesie (Berlín, 1892), parte 1.ª, págs. 23-25.
[366] Sobre todo lo relativo á las traducciones inglesas de libros españoles durante el siglo XVI debe consultarse principalmente la docta tesis del joven norteamericano J. Garrett Underhill, Spanish Literature in the England of the Tudors (Nueva York, 1899).
[367] Amadis of Gaul, by Vasco Lobeira, from the spanish versión of Garci Ordóñez de Montalvo, by Robert Southey. Londres, 1803, cuatro volúmenes en dozavo.
Del mismo año hay un poema inglés sobre Amadís, que no conozco:
Amadis de Gaul, a poem in three books; freely translated from the first part of the french version of N. de Herberay, sieur des Essars; with notes, by Will. Stewart Rose (Londres, 1803).
[368] Rodríguez de Castro, Biblioteca Rabínico Española, t. I, p. 639.
[369] Ochoa, Catálogo de los mss. españoles de las Bibliotecas de París (1844), p. 537.—Morel-Fatio, Catalogue des manuscrits espagnols de la Bibliothèque National (1892), p. 616.
[370] Historia de la literatura española, t. VII, pp. 382-385.
[371] Curial y Güelfa; Novela catalana del quinzen segle, publicada á despeses y per encarrech de la «Real Academia de Buenas Letras» per Antoni Rubió y Lluch, soci numerari de dita corporació, Barcelona, 1901.
Además de estos libros en prosa se escribieron en catalán algunas narraciones en versos cortos pareados de nueve y de seis sílabas (novas rimadas), que por su forma especial corresponden á la historia de la poesía lírica. Á este género pertenece la Faula de Guillem de Torrella, publicada en parte por Milá (Obras, tomo III, págs. 364-378), composición agradable y llena de reminiscencias del ciclo de la Tabla Redonda, interviniendo en ella el propio rey Artus y el hada Morgana. Parece ser de la segunda mitad del siglo XIV. En cuanto al Blandin de Cornouailles, tanto Pablo Meyer como Milá y Fontanals, opinan que su autor fué un catalán que quiso escribir en provenzal. También es más provenzal que catalana, y al parecer traducida del francés á fines del siglo XIV ó principios del XV, la Storia del amat Frondino et de Brissona, on se contenen quatre libres d'amors ab alguns cansons en frances, publicada por Meyer en la Romania (1891, tomo XX, págs. 599 y ss.). Es una novelita sentimental mezclada de prosa y verso, y tiene de curioso el empleo de la forma epistolar. Frondino y Brissona están citados en el Curial (pág. 498); como famosos amantes, al lado de Amadís y Oriana.
[372] Vide Milá y Fontanals, De los Trovadores en España, 2.ª ed., pp. 109-110.
[373] El libro comienza de esta suerte: «Fonch ja ha lonch temps, segons jo he llegit, en Cathalunya, un gentil hom...». etc. Según se ponga coma antes ó después de Cataluña, resultará que el padre de Curial era catalán ó que el autor había leído la historia en Cataluña.
[374] Obras completas del Dr. D. Manuel Milá y Fontanals, Tomo III. Estudios sobre historia, lengua y literatura de Cataluña (pp. 485-492).
[375] Es singular, y prueba la portentosa memoria de Cervantes (que no siempre ha de ser la memoria cualidad de los tontos), el que se acordase de este insignificante personaje, que sólo una vez está mencionado en el enorme libro del Tirante (cap. CXXXII): «Toda la gent se arma e pujaren a cavall per partir. Primerament ixque la bandera del Emperador portada per un cavaller qui era nomenat Fonsequa, sobre un gran e maravellos cavall tot blanch».
[376] Detriante dice la primera edición del Quijote y repitieron todas las sucesivas hasta la de Bowle, que escribió, como es debido, de Tirante. Pero el primero que propuso la enmienda fué el académico francés Fréret, autor del curioso prólogo que lleva la traducción francesa de aquel libro de caballerías hecha por el Conde de Caylus.
[377] Es en extremo forzada la interpretación que da á este pasaje D. Juan Calderón en su curioso y á veces atinado libro, Cervantes vindicado en ciento y quince pasajes del texto del Ingenioso Hidalgo... que no han entendido, ó que han entendido mal, algunos de sus comentadores ó críticos (Madrid, 1854), pp. 19-27. Supone que la expresión con todo eso no tiene fuerza adversativa; que el verbo merecía está usado como neutro, y que la frase «que le echaran á galeras» es una oración incidente determinativa del sustantivo necedades, por lo cual debe omitirse la coma después de industria. Con todos estos desesperados recursos viene á resultar la siguiente frialdad indigna de Cervantes: «por todas estas razones os digo que el tal autor tenía mérito (merecía), puesto que de industria (esto es, sabiendo lo que traía entre manos) no hizo tantas necedades como otros dignos de ir á galeras por toda su vida». Para atormentar así los textos vale más confesar lisa y llanamente que no se entienden.
[378] Es libro rarísimo, del cual existe un ejemplar en la biblioteca de la Universidad de Valencia y otro en el Museo Británico. D. José Salamanca poseyó otro procedente del colegio de la Sapiencia de Roma. Pero todavía es más rara la segunda edición de Barcelona, 1497, que puede verse descrita detalladamente en el tomo primero del Ensayo de Gallardo (núm. 1.218) con presencia del ejemplar que, procedente de la Biblioteca de Oporto, estuvo algún tiempo en poder del mismo Salamanca y no sabemos dónde se encuentra hoy. No menos peregrina es la traducción castellana impresa en Valencia, 1511, por Diego Gumiel, de la cual he visto un solo ejemplar, que perteneció al Marqués de Casa-Mena y posee actualmente el bibliófilo barcelonés D. Isidro Bonsoms. Otro ejemplar, falto de hojas, se vendió en Londres, en 1854, en la subasta de la librería de Lord Stuart de Rothsay, antiguo ministro de Inglaterra en Lisboa.
El texto original del Tirante, conforme á la edición príncipe de Valencia, fué reimpreso con mucha corrección y elegancia por D. Mariano Aguiló en cuatro tomos de su Biblioteca catalana, que, como casi todos los de la misma serie, carecen todavía de portadas y preliminares.
[379] Si algo puso de su cosecha Juan de Galba, sería en lo que toca á las hazañas de Tirante en Túnez y Tremecen, episodio ciertamente muy largo y no indispensable para la acción. Pero los últimos capítulos, que comprenden la vuelta de Tirante á Constantinopla, su casamiento y su muerte, no es verosímil que nadie sino Martorell los escribiera, porque son esenciales en el plan y propósito del libro.
[380] Vide Dunlop-Liebrecht, Geschichte der Prosadichtung, p. 175, y G. París, Histoire Littéraire de la France, t. XXX, pp. 191-192.
[381] Véase el extenso análisis que de este poema hizo Littré en el tomo XXII de la Histoire Littéraire de la France, pp. 841-851.
[382] Extensamente analizado en el tomo XXII de la Histoire Littéraire de la France, pp 796-806.
[383] J. M. Warren, A History of the Novel previous to the seventeenth century (Nueva York, 1895), página 175.
[384] Histoire du vaillant chevalier Tiran le Blanc, traduite de l'espagnol. À Londres. Dos tomos en 8.º sin año, que al parecer fueron impresos hacia 1737, y no en Londres, sino en París. Por lo licencioso del libro se le puso este pie de imprenta falso. Fué reimpreso en París, 1775; tres tomitos en 12.º.
[385] Vide Giornale Storico della letteratura italiana, t. XXII, pp. 70-73.
[386] Le fonti dell'Orlando Furioso, 2.ª ed., pp. 149-53. En Dunlop-Liebrecht, p. 172.
[387] Les hauts faits d'Esplandian. Suite d' Amadis des Gaules. A Amsterdam, chez Jean-François Jolly,1751. 2 ts. en 8.º.
[388] Como sólo trazo un bosquejo general de la novela, y no intento escribir una monografía del género caballeresco, empresa reservada (como dicho queda) á mejor pluma, no entraré en el análisis de ninguno de los libros secundarios de los diversos ciclos. De los argumentos de varios de ellos se da sucinta pero interesante noticia en la History of fiction de Dunlop, y en el discurso preliminar de Gayangos. Hay también compendios de algunos de ellos en la curiosa y enorme enciclopedia novelística que lleva el título de Bibliothèque universelle des romans, publicada en 112 volúmenes desde 1775 á 1789. Hubo una tentativa de continuación desde 1798 á 1805.
[389] Sales Españolas ó Agudezas del ingenio nacional, recogidas por A. Paz y Meliá. Primera serie. Madrid, 1890, pág. 80.
[390] Sueño de Feliciano de Silva. En el qual le fueron Representadas las excelencias del amor; agora nuevamente puesto de prosa en metro castellano por un su cierto servidor que porque tan notable ficion fuesse mas manifiesta a todos quiso tomar este pequeño trabajo. Con otro Romance en que la muerte de Hector brevemente es contada; segun los mas verdaderos hystoriadores de Troya affirman; hecho por el mesmo autor. Año M. D. XLIIII (1544).
Pliego suelto en 4.º, de ocho hojas á dos columnas (Núm. 4.498 de Gallardo).
[391] También en su Segunda comedia de Celestina, cuya primara edición es de 1534, intercaló Feliciano de Silva un episodio pastoril, como veremos más adelante.
[392] Anonymus, lusitanus, scripsit fabulam ex his unam, quibus otiosi homines superioribus saeculis valde gaudebant lectis, nempe «Penalva» nuncupatum, in quo occisus magnus ille fabulosorum heroum Amadisius refertur heros: unde Castellani per jocum usurpare solebant, Lusitani tantum gladio tantum virum occumbere potuisse: quo Lusitanorum philautiæ palpum obtruderent (Bibliotheca Hisp. Nova, tomo II, pág. 404).
[393] Existe en la Biblioteca Imperial de Viena y Wolf lo describe minuciosamente en sus Studien (pp. 185-186).
[394] Lo mismo puede decirse del Primaleón, que tiene capítulos indecentísimos, en que las doncellas quedan fechas dueñas con la mayor facilidad del mundo. Nada de esto escandalizaba al maleante clérigo Francisco Delicado, y, en efecto, era un idilio en comparación de su Lozana Andaluza, uno de los libros más obscenos que se han escrito en lengua castellana. «Todo él (dice hablando del Primaleon) es un doctrinal de andantes caballeros, donde éstos podran deprender, leyendo, a mantener justicia y verdad, e mas la mesurada vida que han de tener con las dueñas y doncellas, la cortesia y crianza con las damas, asi mesmo los atavios que han de usar asi de armas como de caballos, la gentil conversacion y el moderamiento de la ira, la observancia y religion de las armas».
Fué Delicado, á pesar de su tendencia groseramente realista, muy afecto á los libros de caballerías, que defiende con mucho brío en sus curiosos prólogos: «Algunos, fingiendo ser sabidos, menosprecian estas coronicas diziendo ser fablillas. Fablilla es ser el hombre ynorante, y no conoscer qué cosa sean los buenos amaestramientos de los caballeros que fueron mesurados, y leales mantenedores de derechos, y tenedores de fe; y, si como dizen que no fueron tales hombres que asi hayan obrado, seanlo ellos y deprendan a ser hazañosos en estos dechados, porque el caballero y el Rey y el Emperador no han juez: su juez es su palabra».
[395] «Porque estas cosas que cuentan los componedores en la lengua española, si bien dizen que son fechos de estrangeros, dizenlo por dar más autoridad a la obra, llamándola Greciana por semejança de sus antiguos hechos. Mas componen los estraños acaecimientos de algunos caualleros de los Reynos de Spaña, como de aquellos que han fecho cosas estremadas, como lo fué el rey don Enrique e su fijo don Iuan e| primero deste nombre, Rey de Castilla, que se asemejan a los fechos de Palmerin con el Rey de Granada; y otro Primaleon como lo fue el Conde de Cabra, señor de Vaena, don Diego Fernandez de Cordoua; y a don Duardos fue semejante otro su pariente don Gonçalo Fernandez de Cordoua; y assi tomando de cada uno sus hazañas fizo esta Philosophia para los caualleros que seguirla quisieren, y fue tan marauillosamente fingida esta ystoria llena de doctrina pora (sic, por para) los caualleros e amadores de dueñas».
[396] También el famoso predicador Fr. Hortensio Félix Paravicino, á quien llamaron el Góngora del púlpito, lo cual no sé si ha de entenderse como alabanza ó como censura, pues confieso que no he leído sus sermones, aunque sí sus insípidas poesías, sacó del Primaleón el argumento de una comedia fantástica, á modo de libreto de ópera, con el título de La Gridonia ó cielo de amor vengado, «invención real», como él la llama por haber sido escrita en breve plazo por orden expresa de Felipe IV. Hállase en el tomo de sus Obras posthumas, divinas y humanas, donde se disimuló su nombre con el de D. Félix de Arteaga (1641).
[397] La identificación que algunos eruditos del siglo XVI hicieron entre la Lusitania antigua y el Portugal moderno, confundiendo el todo con la parte, es tan absurda, que puede hacer pasar por portugués á cualquier vecino de Mérida, de Salamanca ó de Ávila. Hubo en Lusitania una población llamada Augustobriga, pero estaba, según el itinerario de Antonino, en el camino de Mérida á Zaragoza, y generalmente se la reduce á Villar del Pedroso, en los montes de Toledo. Otra había en el país de los Arevacos, al Oriente de Numancia, y era mansión en la vía romana de Astorga á Césaraugusta.
[398] Opusculo acerca de Palmeirin de Inglaterra e do seu autor no qual se prova haver sido a referida obra composta originalmente em portuguez. Por Manuel Odorico Mendes, da Cidade de S. Luiz do Maranhão. Lisboa, 1860.
[399] Discurso sobre el Palmerín de Inglaterra y su verdadero autor, presentado á la Real Academia de Ciencias de Lisboa, por Nicolás Díaz de Benjumea, académico correspondiente extranjero. Lisboa, imprenta de la Real Academia de Ciencias, 1860.
Antes había publicado Benjumea otros trabajos sobre la misma materia, que están refundidos en éste.
[400] Este Palmerín de Inglaterra castellano es de la mayor rareza. No se conocen de él más ejemplares que el del Museo Británico y el que perteneció á Salvá (núm. 1 646 de su Catálogo), cuyo actual paradero ignoro.
[401] «Desculpa de huns amores, que tinha em Pariz com hūa dama Francesa da Rainha Dona Leonor, per nome Torsi sendo Portugues pella qual fez a historia das Damas Francesas no seu Palmeirim.» (Al fin del tomo III de la edición portuguesa del Palmerin de Inglaterra, hecha en 1786, donde están reimpresos sus Diálogos, cuya primera edición (póstuma) es de Évora, 1624).
[402] Cronica de Palmeirin de Inglaterra, primeira e segunda parte, a que se ajuntāo as mais obras do mesmo autor. Lisboa, 1786, tres tomos en 8.º prolongado.
[403] Propiamente Juan Maugin no fué el autor, sino el corrector de esta versión, según declara la portada.
Le premier livre de Palmerín d'Olive, fils du roi Florendos de Macedone et de la belle Griane, fille de Remicius empereur de Constantinople, histoire plaisante de singulière recreation; traduite iadis par un auteur incertain de Castillan en françoys, lourd et inusité, sans art ou disposition quelconque, maintenant reueuë et mise en son entier selon nostre vulgaire par Iean Maugin. Paris, de l'imprimerie de Ieanne de Marnef, vefue de Denis Ianot, 1546. Fol.
[404] Así lo afirma el Sr. Garrett Underhill, que ha hecho estudio especial de este fecundo traductor (Spanish Literature in the England of the Tudors, pág. 294 y ss.). Al parecer, el Palmerín de Inglaterra va adicionado con la tercera parte de Diego Fernandes, traducida del italiano por Mambrino de Roseo. El Primaleón tiene también una secuela de origen italiano, Darineo de Grecia.
[405] Il Palmerino di M. Ludovico Dolce. In Venetia appresso Gio. Battista Sessa, M. D. LXI. 4.º (reimpreso en 1597).
Primaleone figliuolo di Palmerino di messer Lodovico Dolce. In Venetia, appresso Gio. Battista et Marchio Sessa fratelli. M. D. LXII. 4.º. Existen ejemplares de esta misma edición con el título y el año cambiados:
L'Imprese et Torniamenti con gli illusiti fatti d'arme di Primaleone figliuolo del invitto imperator Palmerino, et di molti altri famosissimi cavalieri del suo tempo. Ridotto in ottava rima da M. Lodovico Dolce di nuovo con diligentia ristampato. In Vinegia M. D. XCVII, appresso Giov. Bat. e Bernar. Sessa.
[406] Palmerin of England, translated from the portuguese of Fr. de Moraes, by Rob. Southey. Londres, 1807. Cuatro vols. en 12.º.
[407] Tanto las cinco partes del Florambel de Lucea como el Don Valerián de Hungría pasaron inmediatamente al italiano, las primeras por obra del infatigable traductor Mambrino Roseo (1559-60), el segundo por diligencia de Pietro Lauro (1558). El lugar de impresión fué, como de costumbre, Venecia, que era el gran centro editorial para esta clase de libros.
[408] Son varios los pasajes de las Quinquagenas en que se consigna esta reprobación:
«Non relates cosas que inciten a pecado; e tales son esas de los caualleros de la tabla rredonda, y otras que andan por este mundo, de Amadis, e otros tractados vanos e fabulosos, llenos de mentiras, e fundados en amores, e luxuria, e fanforrerias, en que vno mata e vençe a muchos: e se cuentan tantos e tan grandes disparates, como le vienen al vano çelebro del que los compone, en que haze desbariar e cogitar a los neçios, que en leellos se detienen, e mueven a esos e a las mugeres flacas de sienes a caer en errores lividinosos, e incurrir en pecados que no cometieran si esas liçiones no oyeran». (P. 233).
Sancto consejo seria
que dexassen de leer
y tambien de se vender
esos libros de Amadis.
«Razon muy grande es, sancto y provechoso, de mucha vtilidad y nesçessario seria dexar de leer esos libros de Amadis; y que essos ni otros semejantes no se vendiesen, ni los oviese, porque es una de las cosas con que el diablo enbauca, e enbelesa y entretiene los neçios y los aparta de las leçiones honestas y de buen exemplo... Sçiençia, o mal saber, es la de esos libros viçiosos, reprouada por los sabios varones e honestos; e alabada por los vanos e aderentes a la poçilga de Venus... Ya el libro de Amadis ha crescido tanto y en tanta manera, que es un linaje el que dél en libros vanos ha proçedido, que es más copiosa casta que la de los de Rojas, como suelen dezir que porque son muchos acostumbran dezir «mas son que los de Rojas». Y Amadis es tan acresçentado que tiene hijos y nietos, e tanta moltitud de fabulosa estirpe, que paresce que las mentiras e fabulas griegas se van passando a España, y asi van cresçiendo como espuma, e quanto más cresçieren menos valor tienen tales fiçiones; aunque no para los libreros e impresores, porque antes les compran esos disparates, e se los pagan, que no los libros autenticos e provechosos de leçiones fructuosas e sanctas». (PP. 481-486).
(Las Quinquagenas de la nobleza de España por el capitán Gonzalo Fernandez de Oviedo y Valdés, alcayde de la fortaleza de Sancto Domingo, publicadas por la Real Academia de la Historia... Madrid, 1880. Tomo I y único hasta ahora).
[409] También Juan de Barros se arrepintió, andando el tiempo, de este pecado de su juventud, y como grave historiador condenó los libros de caballerías, según puede verse en estas líneas que traduzco de su Espelho de Casados (ed. de Tito de Noronha, introd., p. IV): «Cuando los mancebos comienzan a tener entendimiento del mundo, gastan el tiempo en libros innecesarios y poco provechosos para sí ni para otros, como la fabulosa historia de Amadis, las patrañas del Santo Grial, las simplezas insulsas del Palmerín, Primaleon y Florisando y otros a este tenor, los cuales habian de ser totalmente exterminados porque de ninguna cosa sirven, habiendo tantos otros de que se puede sacar partido, asi como de San Agustin y de San Jeronimo y de Seneca, y para pasar el tiempo en mayores hazañas que las de Esplandian, lean a Livio, Valerio, Curcio, Suetonio, Eutropio y otros muchos historiadores, donde se hallarán mayores hazañas provechosas para los que desean saber, y ademas avisos y muy necesarias doctrinas». Hay edición asequible y moderna del Clarimundo (Lisboa, 1790, cuatro tomos en 8.º).
[410] Compuso además un poema inédito (y digno de estarlo), El Victorioso Carlos V, cuyo argumento es la guerra del Emperador contra los protestantes alemanes. Tradujo, como á su tiempo veremos, la Arcadia de Sanazaro y el Caballero Determinado de Olivier de la Marche. Se ha perdido una novela original suya, al parecer del género pastoril, La famosa Epila.
[411] Primera parte del libro del invencible caballero Don Clarisel de las Flores y de Austrasia, escrito por D. Jerónimo de Urrea, caballero aragonés. Sevilla, 1879 (Publicado por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces). No comprende este tomo más que los XXV primeros capítulos de los XCII de la primera parte de Don Florisel contenida en el códice del Sr. D. Francisco Caballero Infante, que sirvió para la publicación. Las partes segunda y tercera, que ocupan sendos volúmenes en folio, de la misma letra que el primero, se conservan en la biblioteca de la Universidad de Zaragoza, y de ellos da cabal idea la Memoria del Sr. Borao.
[412] Noticia de D. Jerónimo Jiménez de Urrea, y de su novela caballeresca inédita Don Clarisel de las Flores, por D. Jerónimo Borao... Zaragoza, imp. de C. Ariño, 1866.
[413] Casi todas estas imitaciones del Orlando están hábilmente agrupadas por el Sr. Borao (página 124 de su Memoria): «Aquella Cristilena tan ingrata con Orfelín después de haber sabido tan por sí propia su amor, y aquella Aquilina, tan infamemente desleal con su esposo Silván, recuerdan á Lidia, princesa de ese reino, que mata á desaires al gran guerrero Alcestes después de haberle obligado á trabajos como los de Hércules; aquella Coronea, reina de los palacios de Plutón; aquella Verecundia, señora de los Valles del Deleite, y aquella Recisunda, reina goda que mantenía costumbres intolerables contra los hombres, recuerdan á la Orontea del canto XX y á la Marfisa de los cantos XIX y XXXVIII; aquella celada resplandeciente de que se apoderó valientemente Clarisel recuerda el escudo deslumbrador con que Ruger venció á la orca que iba á devorar á Angélica; aquellas rosas blanca y roja del sabio Altineo, que denotaban con sus cambios de color la lealtad ó deslealtad de la mujer ausente, recuerdan el vaso de Melisa que, bebido sin derramarse el líquido, anunciaba fidelidad; aquella flecha de Paris y aquella yerba do Astrafelis, que hacían olvidar el antiguo amor é inclinaban á otro nuevo, recuerdan la fuente helada en que bebió Reinaldo, de que resultó desdeñar á Angélica; aquel fruto olvidador de Escocia recuerda la otra fuente en que el desdén, en forma de caballero, hizo beber al mismo Reinaldo».
[414] Así parece que constaba en la primera edición, sólo conocida hasta ahora por la anotación del Registrum de D. Fernando Colón: «Cronica de Lepolemo llamado el Cavallero de la Cruz, hijo del emperador de Alemania, compuesta en arabigo por Xarton y trasladada en castellano por Alonso de Salazar. Valencia, 1521, a, 10 de abril».
En Valencia terminó otra impresión del mismo libro Juan Jofré, á 2 de septiembre de 1525, y en ella se advierte que «fue mejorado y de nuevo reconocido por el bachiller Molina», que será probablemente el traductor bien conocido de los Triunfos de Apiano; de las Epístolas de San Jerónimo y de otras varias obras.