En vez de salud, como de ordinario, le manda sangría como á enferma.
Ser con irse á ver, tratar ó combatir con él. Lena, 4, 7: Diga á mi yerno que luego seré con él. Amuerço, almuerzo, de morsu(m), bocado. El almuerzo es aquí el embajador de D. Carnal por ser la primera comida del día. La emplaza para el domingo de Pascua, en que vence D. Carnal y acaba la Cuaresma. Los tres días (c. 1187) que echó en ir á buscar ganados, son los de Semana santa; el cuarto envía la carta de desafío, estando solo (c. 1189), porque todo el mundo ayunaba durante la Semana santa.
Sequro, adverbio. El tu cuero (S), cuerpo (G) maduro, por las disciplinas y asperezas; no las carnes, que no las tenía, pues con los ayunos estaría en los cueros ó en puros cueroz. A media noche entra y comienza la cuaresma.
Judiós, como en muchos cantos populares, donde trastuecan la acentuación á este tenor. Con muchas carnes, que siempre de nosotros, Carnal y Rabí carnicero, os vendrán á vosotros.
¡Mal pecado!, exclamación conocida, de desgracias, etcétera, atribuyéndolas al pecado y al diablo, que son todo uno, como hemos visto. Arrancado, vencido. Cid, 793: Quando la tal batalla auemos arrancado.
Doña Merienda, harta, pues viene tras la comida, y don Almuerzo, mas apercibido, como que madruga más que las demás comidas, son los mensajeros de don Carnal. Ymos, vamos.
Valdevacas, monte en las cercanías de Navamorcuende, de que hace mención la Montería de Alfonso XI. Hay también pueblo asi llamado en tierra de Segovia. De todos modos, un valle de vacas es lugar amado de don Carnal y del Rabí carnicero. Va por vaya, con el antiguo uso del indicativo por el subjuntivo.
Con sangre biva, y no propia por supuesto, como compete á D. Carnal y á un carnicero. Catyva, desdichada, miserable, vil, como en italiano, era común. Quij., 1, 4: Non fuyais gente cobarde, gente cautiva atended. Esquivo, malo, de lo que se huye. Trat. Arg., 1: Que como el cuerpo está en prisión esquiva. Quij., 1, 14: En esquivas playas.
De que, como desque, es común en el pueblo.
Decuere, decorar, tener y recitar de memoria, par coeur en fr., de coro; cuer, corazón, Quij., 1, 11: Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente. «Popar es tener un hombre en poco, como si con las manos le diesen palmadas en la cabeza y en los hombros.» (Covarrubias). Vald. Diál. leng.: Popar, por despreciar, me parece que usa un refrán que dice: Quien su enemigo popa, a sus manos muere. Idem en Lisandro y Roselia, 3. 1. A. Pérez, Mierc. dom., 1 cuar., f. 199: De ningún enemigo se puede popar, ni aun hacer poco caso.
De coraçon flacas, fuera de las vacas, son todas las hembras cobardes, de pocos ánimos, tan poco firmes para pelear como las estacas hincadas en el afrecho ó salvado: menos las muy peludas, que son tan fuertes como las berracas ó hembras de los verracos, las cerdas. Valderr. Ej. Fer., 5 om. pas.: Lo que encendían las mujeres eran como afrechos ó salvados. La excepción de las vacas tira claramente á la costumbre de correrlas, como hoy, lydiarlas.
Su admision en la nave.
Rrepto, reto posverbal de reptar ó retar. El reto que primero envió la dueña, o sea la Cuaresma, era a plazo fijo, dentro del cual venció á D. Carnal; pasado el plazo, puede ahora irse sin desdoro. Tiquismiquis del Código del honor de ahora y de los duelos de entonces.
Lo al, por lo demás, además, sin pescados es difícil ayunar y también queda libre del desafío la mujer, por serlo.
Es el traje del romero, como pintan a Santiago. Llegada la pascua, la cuaresma se va de España y de la Iglesia, para la Jerusalén celestial, donde asiste á Cristo, hasta otro año que vuelve á pelear con D. Carnal. La concha maryna, pecten Veneris, la llevan Santiago y los romeros en el ala delantera, doblada, del sombrero: dicen los gallegos que provino de las que hay en aquella costa; pero los romeros iban allá comúnmente por tierra, y más probable es que provenga de la peregrinación á tierra santa por mar. Bordon lleno de ymagenes, esculpidas en él y aun colgadas; entre estas esculturas la palma, símbolo de Jerusalén, como se ve en las monedas de aquella ciudad (Pérez Bayer, De nummis hebraico-samaritanis.) Esportilla, ¿será el zurroncito, que colgado de correas llevaban a la banderola, cayendo sobre el lado izquierdo, y en el cual metían algunos objetos?
Zapatos redondos y bien sobresolados, de doble suela, como para caminar: y no los en punta larguísima, que usaban los pisaflores y lindas en casa y en palacio. Dobler, doblez, parecen ser las alforjas por su doble talego, como las bisazas, llamadas por su doble saco, ó el capillo de atrás en que metían cosas: Échemelo en el capillo. Los costados, los hombros, de donde echarselo a cuestas. En las alforjas llevaba guardados ó condesados los panes que pordioseaba ó gallofas, y los bodigos ó panes que le iban dando los curas al paso. Los romeros llamáronse así por sus peregrinaciones á Roma; pero los de Compostela eran más numerosos. El camino de Santiago desde París era por Orleans, Tours, Burdeos, Roncesvalles, Pamplona, Burgos. En 1434 discurrieron por aquel camino 2.460 ingleses y en 1445, 2.100; franceses y flamencos venían muchísimos más (Eniot, Relac. comer. entre Flandes y Esp.) Pedro de Guzmán (Bienes del hon. trabajo, 2, 8) dice que «hay año que pasan por solo el camino de Santiago por Burgos de sesenta mil» peregrinos. El camino de Santiago era uno de los que Alfonso XI calificó de cabdales, «el uno que va á Santiago e los otros que van de una cibdat á otra é de una villa á otra e á los mercados e á las ferias». Condesar, de densus, denso. Cast., Canc., 1, p. 110: Si es muy avaro, que siempre condesa. Cal. Dimna, p. 43: Convieneme condesar desto cuanto podiere; ca el que non cuida ni condesa, non es enviso, e yo quiero facer provision desto que fallé. Gallofa, pan de pobre y de romero. S. Badaj., 1, p. 382: Si, voto á diez, que colais | cuantas gallofas juntais | por aquesos bodegones. Bodigo, de votivu(m), el pan que ofrecen los fieles en la iglesia por sus difuntos y se lo dan al cura: costumbre conservada todavía, por ej., en la provincia de Segovia, de donde trata el Arcipreste. Bañ. Arg., 3: ¿Cuando de los bodigos | que por los pobres muertos | ofrecen ricas viudas...
Alfaja ó alhaja, f y h eran lo mismo en el són. Miaja ó meaja, un poco más, migaja. Sufraja en G; en S sofraja, en T alhaja. Por sufragio ó socorro, del plural suffragia.
Demudada, mudada, cambiada cuanto al traje. Meto que, como prometo que, apuesto ó pongo que es lo que valía en la Edad media mittere y meter, esto es, poner.
Roncesvalles era el puerto ordinario de los peregrinos de Santiago.
El Sábado de gloria. El ruido de las campanas que se echan á vuelo y es señal de que acaba el luto de la pasión y comienza la gloria, que para los mundanos consiste en amor y carne. Rayar el sol, nacer. León, Casad., 30: Cuando rayaba el sol.
La alianza de don Carnal con don Amor recuerda el fabliau que Le Grand ha llamado Des chanoinesses et des Bernardines (Fabliaux de Le Grand, t. I, p. 279). Aueran, agueran, auguran, pronostican buen tiempo; de agorar, aguero. Crón. gral., f. 149: Esto facien quando agoraban por las señas que veían en el aire. Atyenden, esperan.
Los carniceros son los que hacen su agosto vendiendo sus carnes. Esto prueba que las carnicerías estaban en manos de los judíos (c. 1183). Triperas, vendedoras de menudos, etc. De tantos como corren por los montes.
Carrera, camino. Çanpoña, instrumento pastoril á modo de flauta ó compuesto de muchas flautas como la siringa, que toca el dios Pan y aún tocan anunciándose por las calles los capadores. Ant. Agust., Medall. pl., 199: Un sátiro, que enseña á un hermafrodito á tañer una zampoña de muchas flautas. Puede verse en las Cántigas de Alfonso el Sabio (Riaño, Critical and bibliographical notes on early spanisch music. London, Quaritch, 1887, fig. 45, n. 1). Enamorose Pan de la ninfa Siringa (la Naturaleza se enamoró del sonido y música), virgen de Arcadia (de tierra pastoril), la cual huyendo de Pan, llegó al río Ladon, y como no pudiese pasarlo, pidió socorro á las ninfas y convirtiéronla en cañavera, la cual, meneada del viento, hacía un són apacible y de tan suave armonía, que por el gran contento de que Pan gozaba en cuanto lo oía y por el amor que tenía á Siringa tomó siete cañas de aquellas y juntándolas con cera ordenó é inventó la zampoña: «Pan primus calamos cera coniungere plures instituit» (Virgil., Egl., 2). Albogues, desusados ya cuando se escribió el Quijote, como lo prueba la falsa descripción de Cervantes y el desconocerlos Sancho (1, 67): «Albogues son unas chapas á modo de candeleros de azofar, que dando una con otra por lo vacio y hueco hacen un son... y este nombre albogues es morisco.» Viene de arábigo البوق al-büq, bucina, cornu, fístula (R. Mart.), albogue ó flauta (P. Alc.), de βυκάνη trompeta, lat. buccina. Así en Aben Jaldun, Proleg., II, 353: «El albogue es un tubo de cobre de un codo de largo, el cual se ensancha hasta el punto que el extremo por donde sale el aire resulta tan dilatado, que puede introducírsele la mano ligeramente cerrada... Sóplase dentro por medio de un ligero tubo, que transmite el aire de la boca. Produce un zumbido fuerte. Tiene también cierto número de agujeros por medio de los cuales se producen, mediante la aplicación de los dedos, muchas notas, que guardan entre sí relaciones determinadas. Entonces se le escucha con placer.» Acaso se halla en las Cántigas (Riaño, f. 51, n. 3). Caramiello, flauta delgada, pastoril, de sonido agudo, fecho de cañavera ó carrizo. Diál. perr.: Desmayarse aquí el pastor, allí la pastora; acullá resonar la zampoña del uno, acá el caramillo del otro. Cañavera, D. Sancho, Cast., 31: Todos los fechos que se facen sin gran consejo e bueno son á semejanza de la cañavera, que non ha raices á que derriba luego en tierra pequeño viento. Cítola, según Pedrell (Organografía musical ant. española, 1901, pág. 15) tomándola de Cerone (Melopeo), es la cythara y «se tañe con pluma, mas empero, sin viento y sin teclas». Trae cítola el Alexandre, donde no se confunde con la cítara, que él llama cedra, conforme á la fonética castellana y que Pedrell, (p. 44) dice era «muy semejante á la guiterna, sin el cuerpo tan redondeado ni el mástil tan prolongado como los de este instrumento». Juan de Mena dice que Orfeo tañía la «cítola ó vihuela». Citas donde aparece la cítola (véanse en Rimbault, The Pianoforte, 1860, {25}). Por todo esto no se saca lo que era la cítola. Yo creo que erraron los autores por la falsa etimología de cítola como derivada de cítara; pero no tiene que ver con ella (Cejador, Tesoro, Silbantes, 9) y siendo además la tarara del molino, debía de ser instrumento golpeador, acaso tan sólo para llevar el ritmo ó compás, que por eso la llama trotera, del servir para marchar y correr ó que parece correr y trotar, Retabl. marav.: Válgate el diablo por músico aduendado y qué hace de menudear sin cítola y sin son. Yo me inclino á creer que la cítola es el instrumento que traen las Cántigas (Riaño, f. 41, n. 3) compuesto de dos conos truncados de barro unidos por la parte truncada con membranas en las dos bases: puesto al hombro se golpea con los dedos para llevar el compás. En Marruecos la derbuqa no es más que este instrumento, sino que tiene por forma la mitad del de las Cántigas, pues es como un jarrón ancho de base y más estrecho por el otro extremo, en la base mayor el pergamino. Colócase sobre el hombro izquierdo y se golpea con los dedos de la derecha para los golpes fuertes y con los de la izquierda para los débiles. Hállase igualmente en otro códice español del s. XI, aunque tocado diferentemente. Tal es para mí la cítola, que hace aquí con el golpeteo lo que la del molino, y por eso á ella y al odrecillo las pone el Arcipreste como instrumentos de taberna y baile villano (c. 1516). Trotero, corredor, que sirve para marchar golpeando y señalando el ritmo.
Una seña bermeja, estandarte rojo, cual conviene á don Carnal, esto es, en-CARN-ado. En torno de ella y detrás seguían todas las reses de carnicería. El cordero es lo que se come por Pascua, como símbolo de Cristo sacrificado como un cordero, que por eso lo comían los israelitas en su Pascua. Los cristianos comen el cordero pascual, por serlo Cristo, simbolizado en el de los israelitas, que les salvó de la esclavitud de Egipto, como Cristo había de salvar á los hombres. Los israelitas comían el cordero pascual, de cuya institución habla el Exodo (c. 12): «Tómese cada uno un cordero por las familias de los padres, un cordero por cada familia... Y tomaran de la sangre y pondran en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer... Pasaré aquella noche por la tierra de Egipto y heriré á todo primogenito... y veré la sangre y pasaré de vosotros y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando heriré la tierra de Egipto... Esta es la víctima de la Pascua de Jehova, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió á los Egipcios y libró nuestras casas.» Bailando G, balando S.
Hosco, de color oscuro; loro, amarillento oscuro ó de barro. Quev., Orlando, 1: Al indio cisco, tapetado y loro. Oviedo, H. Ind., 16, 7: Ovo otro mancebo de color loro. Id., 24, 9: La gente de los indios, que allí viven, son loros. Granada era ya el único baluarte seguro de los moros cuando escribía esto el Arcipreste.
Pinta á don Carnal á guisa de cocinero con los cueros de reses desolladas, haldas en cinta, cuchillo y segur en mano (byen armado). En sobra, sobradamente.
Quadrupea en G, quatropea en S, cuadrúpedo, y se usa en Castilla la Vieja. En Palencia llaman así al ferial de ganado. Biblia Ferrara Gen., 6, 7, 8; Villena, Cisoria.
Es el traje de faena de los cocineros de entonces, de modo que el de los chefs de hoy no es tan moderno como alguien creería. Faz' le, le hace balar en octava más alta y aun en la quinta más alta. En G: fas le faser lo quadrado en boz dobla e quinta; en T: fasel faser boz guadrado en los doble e quinta. Parece significar que le hacer balar ó cantar el be cuadrado ó becuadro en octava y en quinta. Quiere decir, en una y otra variante, que el gordo cabron se las ve venir muy malas (muy mal se lo pinta y fantasea), y bala á voz en cuello, alto y largo, viendo la muerte al ojo.
Cofia grande de cocinero, que le coge todo el pelo. Queça en G y S, mejor que çinta en T. Queça es túnica (c. 1275), blanca y larga como rabo de galgo. Lleva galgos para no dejar escapar liebre que asome, así como perros vaqueros y de monte. Echa la galga á toda liebre que le sale al paso.
Del modo de montear de noche tratan los Diálogos de montería, cap. 9, p. 257. Matacanes no pueden ser aquí liebres que con su ligereza cansan á los galgos, sino ladroneras, voladizo que coronaba algunos trozos y singularmente las puertas, de las antiguas fortalezas, y hoy aún se usan en la fortificación imprevista ó pasajera de edificios. Eran perros que saltan á las ladroneras ó matacanes esos.
Tajones y tajos son troncos sobre tres palos, sobre los cuales se cortan las carnes en carnicerías y cocinas. Los garavatos ó ganchos para colgarlas. Las gamellas ó barreñas para uso de las triperas y mondongueras.
Rrehallas en G, rehalas en S, rebaños ó hatos (P. Alcalá). Fuer. Usagre: Todo cavalero que cavaleria prisiere en rafala. Fuer. Salam.: Si ganado vendiesen en corea o en la rrafalla. Del arab. rajhala, viajar, ir. Grand' estoria, le cantan la gala, le alaban, lo cual es natural en los ganaderos, que por los Carnales ganan vendiendo sus ganados. En deziendo la gloria de Sabado Santo, que acaba la cuaresma y vence Don Carnal.
Alcarias ó alquerías, casa sola de labor en el campo. Grand-ias, bravatas. Hacer caballerias, mostrar destreza y nobleza en saber manejar y andar á caballo, jugar las armas y otros ejercicios de caballero. Valderrama, Ejerc. Fer. 5 dom. pas.: Ni pasear la plaza haciendo caballerias, que ya no está gallardo ni para eso.
Hace aquí de ganadero y carnicero, que vende reses y carnes á españoles é ingleses y le pagan en dineros, reales y torneses, recobrando así lo que no vendió en cuaresma. Alude á la gente que de Inglaterra, de Francia y Navarra vinieron en socorro de los cristianos para el cerco de Aljeciras. «De Inglaterra con licencia del rey Eduardo los Condes de Arbid y de Soluzber» (Mariana, H.E., 16, 11); aunque «los soldados estranjeros, en quien los primeros impetus son muy fervorosos y con la tardanza se resfrian, se fueron de los reales luego que vino el otoño, los de Inglaterra llamados de su rey (asi quisieron se entendiese)». A la cuenta los ingleses eran tan amigos de comer carne entonces como ahora, pues no hace mención de franceses ni navarros y solo si de los ingleses á quienes dió muchas carnes. De franceses y navarros solo recuerda los dineros torneses, llamados así por haberse acuñado en Tours de Francia y corrieron en Navarra, dónde además de los sanchetes, de los reyes Sanchos, Carlos II acuñó dineros carlines, pero de tan baja ley que no corrieron y hubo de dar un manifiesto en 1355 en que «otorgaba de gracia especial, que se hiciese luego buena moneda fuerte, es á saber chicos dineros torneses, de tal ley e talla e así buenos e fuertes como fueran e son los buenos torneses del cuino de cornados, qui en el tienpo pasado han obido corso en nuestro regno», que se batiesen también groses torneses blancos de plata y meajas chicas, etc., (Yanguas, Dicc. antigu. Navarra, Moneda). En el Ordenamiento de Leyes de las Cortes de Burgos, 1315, se prohibe «sacar fuera de los regnos» entre otras varias cosas, «caballos, rocines... oro, plata, todo vellón de cambio, aver monedado, sacando ende doblas de la sennal del Rey Don Alfonso, torneses de plata, torneses príetos e los dineros coronados». Los dineros reales son los reales de plata de Castilla.
Pascua mayor, la de resurrección, pues también se decía Pascua de Navidad (Sáez, Moned. Enr., III, p. 186). «¿Qué pensar de esta apoteosis, no ya humorística, sino irreverente y sacrílega?» Así pregunta Menéndez y Pelayo, y cree excusarle con responder: No «En el Arcipreste no es más que una facecia brutal en que el poeta, dando rienda suelta á los instintos pecadores de su naturaleza exuberante y lozana, se alegra y regocija ferozmente con la perspectiva de bodas y yantares y juglarias con que le convidan las ferias de primavera» (Antolog., III, p. XCII). Tan irreverente y sacrílega apoteosis del Amor la hallaba el Arcipreste en los clérigos, frailes, monjas, caballeros y dueñas de su tiempo, sino que él supo darle forma poética, sacándola de los repliegues de las almas donde se solapaba, á la luz pública del arte. Su penetrante mirada la vió y su ingenio le dió plasticidad poética. ¿Y por eso se ha de atribuir á la persona del Arcipreste como facecia brutal de su alegría y regocijo feroz á la vista de bodas y yantares que le aguardan? Lo que supo ver y pintar en la sociedad que critica ¿hásele de atribuir á él mismo? Viejo é injustamente agraviado y preso escribía todo esto el Arcipreste (c. 1671, 1674, 1677, 1683): ¡bueno estaba él para tales facecias brutales, yantares y bodas!
Gayos, en T gallos; pero éstos no hacen corro con las demás aves que aquí se recuentan. Arfe, Conme., 3, 2, 3: Gayo es ave parda y de pico corto, tiene en las alas unas plumas retocadas de azul y blanco. Bibl. Gallard., 4, 225: Oí loar con mesura | un gayo d'entre las flores | calandrias y ruiseñores. J. Man., Cab. esc., 41: Et los gayos et las pegazas. Corr., 122: Gay ó gayo también es el pico ó picarazon, ave en Aragón. Papagayos, aves de papo de colores, que es lo que gayo significa: es de color verde, cuello dorado, pecho redondo, pico torcido y fuerte; al americano se le dió el nombre después por parecérsele. Alex., 1337: Y son los papagayos unas aves mui sabridas | que vencen á los omnes de seso á las vegadas. Véase en Valdecebro lo que hay acerca de los papagayos (c. 52): Cuatro linajes hay de papagayos y sólo en ser unos grandes y otros pequeños se diferencian. Hay papagayos loros, catalnicas y pericos. Los papagayos son como una gruesa gallina; los loros, como una polla; las catalnicas, como un perdigón, y los pericos, como una codorniz. Todos visten plumas de diferentes colores, aunque en los más, lo más de la pluma es verde, salpicados con manchas amarillas, coloradas y azules. Nótese cómo el Arcipreste sentía las bellezas de la naturaleza, cosa extraña en el arte hasta muchos años después. Su exquisito gusto le hace preferir los menores, así como las dueñas chicas. ¡En todo se adelantó en su a tiempo este poeta brutal y tabernario!
Aquí comienzan los instrumentos músicos. El Arcipreste era entendidísimo en música española y morisca: era un verdadero trobador. En esto de los instrumentos del Arcipreste se ha fantaseado de lo lindo. Estudiado asunto tan intrincado lo he llevado á la aprobación del malogrado amigo mío D. Cecilio de Roda, Director del Conservatorio, entendidísimo en música antigua española y marroquí. Guillaume Machaut, que vivió en tiempos del Arcipreste (1284-1377), escribió en 8.877 versos el poema de la Prise d'Alexandrie, donde menciona un buen golpe de instrumentos músicos y entre ellos, comunes con los del Arcipestre: orgues, micanons (medio caño) rubebes (rabel), psalterions, leüs (laud), guiternes (guitarra), citoles, tabours, flaüstes, trompes, rotes, harpes, chevrettes (odrecillo), cornemuses, chalemelles (caramillo), chifonie (çinfonia), douceines (dulçema), simbales (atanbales), frestel (çanpoña). (véase Emile Travers, Les instruments au XIVe siècle d'après Guillaume de Machaut). En el Poema de Alfonso XI ó Crónica rimada, escrita por Rodrigo Yáñez, también se cita un buen golpe de instrumentos (c. 407), el laud, la vihuela, el rabé, la guitarra, la exabeba, el medio canon, la gayta, la farpa. Atabores en G, atanbobores en S, como tabours en francés y tabur en la Chanson de Roland, y atamor en el Cid. Véase copla 899.
La guitarra morisca, por las trazas debe de ser el instrumento ó guitarrillo de dos cuerdas, muy pequeño y delgado y el cuerpo por encima forrado de pergamino y sin agujero, que tienen los marroquíes y llaman كنبري guenbri; mientras que la ladina ó latina era la guitarra española, de cuatro órdenes de cuerdas. Al guenbri se asemeja algún instrumento de las Cántigas (Riaño, Critical and bibliographical notes on early spanish music, London, Quaritch, 1887, f. 43, n. 1), donde se ve que el que lo toca es moro por el traje. Por el texto del Arcipreste se saca que tenía las voces agudas y ariscas, ó sea ásperas, como tenía que sonar un guitarrillo chico y suena el guenbri, del cual poseyó el Sr. Roda varios ejemplares. Cuanto á la ladina (en G) ó latyna (en S), esto es, española, dice Bermudo (Descr. instr., l. 2, c. 32) que «la guitarra común tiene cuatro órdenes de cuerdas... tiene dos temples. Uno se llama á los nuevos y otro á los viejos. La guitarra á los nuevos tiene en vacío una novena mayor y ordénase... No es otra cosa esta guitarra sino una vihuela, quitada la sexta y la prima... El temple de la guitarra á los viejos no difiere de esta á los nuevos, sino que la cuarta cuerda suelen abajar un tono... Pues queda esta guitarra á los viejos una decena mayor. Este temple más es para romances viejos y música golpeada que para música de el tiempo... Guitarra habemos visto en España de cinco órdenes de cuerdas». Id., c. 66: «La antiquísima es la guitarra de Mercurio. De las palabras de Boecio saco que Mercurio usó guitarra y Orfeo la aumentó y la hizo vihuela.» El corpudo alaut ó laud, instrumento de cuerdas arábigo, panzudo, العود alghūd, vihuela, laud (P. Alc.), Quij., 2, 12: Templando está un laud ó viguela. Hay varios en las Cántigas de Alfonso X (Riaño, f. 44, n. 2 y 3; f. 47, n. 2): Que tien' punto á la trisca, de regocijo. Dícese punto que tiene sonido del tono de derminada consonancia. Ferrer. Dom. 2 adv.: La levanta hasta el punto debido, sin atender á los puntos de las otras: ansi conviene entendais vos que el punto de nuestra dignidad está en la diestra de Dios, que por eso este Señor soberano elevó hasta aquel punto la naturaleza humana. Trisca por regocijo. Valderr. Ej. Mierc. dom. 3 cuart.: Por un chiste de un truhan, por una trisca de un regocijo. A. Molina, Dom. 3 cuar.: Hecho el mal, ahí es la trisca de todo el infierno, la risa de los demonios. Apriscarse, juntarse como ovejas ó con ellas en el aprisco, donde es de oir el concierto de balidos, que el Arcipreste recuerda aquí. Comed. Florin., 21: Por ahí me entras? Con las ovejas me aprisco.
El rrabé ó rabel, en árabe رباب rabēb, rebāb, que tiende á desaparecer en Marruecos, sustituído por el kamendjah ó violín europeo; pero que todavía los hay, con sus dos gruesas cuerdas, su pequeña caja abombada, su membrana de pergamino en la parte inferior y su arco, tal como está representado en Riaño (f. 44, núms. 4 y 5; f. 47, n. 1). El rabel morisco se apoya siempre en la rodilla; el que se apoya en el hombro es ó rebeca ó vihuela de arco, que son los antecesores del violín; véase en las Cántigas (Riaño, f. 44, 1). El rabel siguió usándose en España, idos los moros, y todavía lo hemos visto tocado por las calles de Madrid, pues vive en algunas comarcas del Norte de España. Quij., 1, 11: Y es músico de un rabel que no hay más que desear. Describe el rabel Al-Farabi, auntor del s. X, y los árabes le llaman rebab el moghani ó rabel del cantor, si tiene dos cuerdas; el de una rebab eshshaer, rabel del poeta, porque acompaña al que canta sosteniendo siempre el mismo sonido, para que el recitante no se salga de tono, Aquí no es rabel del poeta, pues aunque acompaña, es, no un recitado, sino un cantar conocido. El Sr. Roda poseía uno precioso, traído de Marruecos. Bien le dice gritador al rrabé, ó chillador, mejor dicho. Calbi garabi hubo de escribir el Arcipreste: en S. cabel El orabyn; en G. alborayn ba taniendo; en T. cabel el garaui. Calb-i mi corazon, propiamente qalb corazon, -i mi; gharabi, árabe. Es el comienzo de una tonada arábiga, que trae Salinas (De Musica libri septem, Salmanticae 1592, pág. 339) hablando del metro compuesto de «crétito et trocheo», y dice así: «Cuius cantus et saltatio apud nostrates in usu frequentissima solebant esse a mauris, ut reor, accepta, nam verbis etiam Arabicis canitur: Calvi vi calvi, Calvi aravi. Cantum talis est (con notación modernizada):
La letra arábiga es qalbi gharabi «mi corazon (es corazón) de árabe»; sino que se repite mi corazón (calvi) y la segunda sílaba (vi) antes de decir toda la frase seguida, como hacen los andaluces. Bien se ve que esta letra es la nota del Arcipreste, cantada al són del rrabé: esto significan los dos primeros versos. Tenemos, pues, la tonada, conservada por Salinas, y la letra, conservada por el mismo y por el Arcipreste. No hay, pues, tal instrumento alborain ó orabin, etc., etc., como algunos soñaron. Nota en el primer verso es tono, en el segundo es la letra del canto moro, que ya se había aplicado al rey Alfonso. El salterio, instrumento muy antiguo, de cuerdas fijas, que se punteaban por medio de una especie de dedales en punta, con plectro ó con las uñas. Había muchas variedades en formas y números de cuerdas. Colgábase al cuello, si era pequeño, ó se apoyaba sobre las rodillas. Pueden verse en las Cántigas (Riaño, f. 42, números 2 y 3). Llamóse salterio, del griego psállo, puntear, psalterium en latín. La forma más común era la triangular y con 23 cuerdas, tendidas paralelamente a la base del triángulo, con puentecillos movibles, sobre los que se apoyaban las cuerdas para afinarlas con la colocación de ellos. Tocábase con ambas manos. Mota es un cabezo en medio del llano. J. Pin., Agr., 10, 7: Tal es la vehemencia del amor ardiente con que los justos se traban con Dios, que las motas se les tornan montes altos. Vyyuela de péñola ó péndola díjose del puntearse sus cuerdas con una pluma ó plectro: dos siglos más tarde, al comenzarse á usar la vihuela como instrumento polifónico, dando origen á la riquísima literatura de los vihuelistas españoles, sustituyóse el plectro por los dedos y tomó el nombre de vihuela de mano. En las Cántigas puede verse (Riaño, f. 43, n. 5; f. 46, n. 1) y cotejarse con el de los tratados de vihuela del s. XVI y con el de Fr. Juan Bermudo: la misma comba de sus aros, los trastes (único instrumento que los tiene en las Cántigas) y sus cuatro cuerdas aumentadas ya hasta seis á principios del siglo XVI. La vihuela de péndola de las Cántigas tiene cuatro cuerdas, seis á fines del s. XV, y Fr. Juan Bermudo, propuso ya la adición de la séptima. La guitarra, que á principios del s. XVI se usó generalmente con cuatro cuerdas, tomó la quinta en la misma centuria y la sexta al comenzar el siglo XIX. Sotar, saltar, Alexandre, 252: Reían e sotaban.
Medio caño, parece ser lo mismo que el meo canon, que pedía el rey Alfonso IV de Aragón al rey de Castilla para «tomar algún placer con aquellos joglares del rey de Castilla que eran en Taraçona». (Carta «dada en Valencia 19 días andados del mes de Octubre en el año de nostro Senyor de 1329», Archivo Coron. Aragon, Legaj. 6 de Cartas Reales). Es el llamado kanon, kanum, kunūm, del cual derivaron el tricordo, la pandora asiria, el tanbur árabe, llamado todavía kanoun ó ganoun a la francesa escritos, en Argelia y Marruecos. El canon árabe, de que aquí se trata, no tiene la forma trapezóidea de los usados hoy en la India, sino la de una caja sonora en forma de triángulo agudo. Colócase sobre las rodillas, y a pesar de las 75 cuerdas de los mayores, es tan ligero como una guitarra. Los menores ó medio canon tienen 36 cuerdas y aun menos. La caja es de madera ligera, cubierta con membrana como el tambor. Las cuerdas de los mayores son de 80 á 90 centímetros. Puntéase como el salterio, con dos plectros de ballena ó de cañón de pluma, sostenidos por una sortija puesta en el índice y el medio de cada mano. Tal es el medio caño que aquí dice y el caño entero de que habla en la copla 1232. Puede verse en las Cántigas (Riaño, f. 51, n. 4 el entero; fig. 48, n. 2 el medio caño). Es instrumento aristocrático en Marruecos. Díjose del canon, regla, regular, del griego. El harpa es conocida y se halla en las Cántigas (Riaño, f. 47, núms. 3 y 41). Rrabé morisco, ya dijimos; al rabel morisco se parece el que aún se usa en España. Al galope françisco, algún baile ó danza acaso francesa; en S. el galipe, que no ha faltado quien ha convertido en instrumento y acaso tenga razón, sí el galope es el galoubet, «petite flûte à bec» (E. Travers, op. cit., p. 11). Quiere decir que entre estos instrumentos iba la gente alegremente danzando ó trotando, al galope francisco, con la flauta y tamborete, como hoy la guaita y tamboril. La flauta en S, por la rrota de G y T que sin taborete ó tamboril no vale un albérchigo ó prisco, es la que toca á la vez que tañe el taborete una figura de las Cántigas (Riaño, f. 41, n. 4). Rrota ó rotta, francés rote, «instrumento de 3 ó 7 cuerdas, de la clase de los salterios, que se toca con plectro ó con los dedos, menciónase por primera vez en 868 y parece estar relacionado con la antigua lira». (Grove, Dictionary of music and musicians). Acaso en las Cántigas (Riaño, f. 42, n. 1). Tanborete en S. ó taborete en G. es el tamboril que se tocaba con un palillo de la mano derecha y se llevaba colgado con cuerda del cuello, mientras con la mano izquierda se tocaba, y aún se toca, la flauta ó el pito. Hállase así representado en las Cántigas (Riaño, f. 41, n. 4).]
Vihuela de arco. Parece ser la de la figura 44 de las Cántigas (Riaño, número 1, y la 48, n. 4): la primera, apoyada en el hombro, de figura muy parecida, si no igual, á la del siglo XIV, reproducida en el Diccionario de Grove, t. V, p. 294; la segunda, quizá una vihuela baja, una predecesora de la viola de gamba. Conviéneles á estos instrumentos el nombre de vihuelas, mejor que el de rabeles, no sólo por tocarse en posición enteramente desconocida de los moros, y haberse por eso tomado el nombre latino derivado de viola, sino porque con el nombre de vihuelas fué adelantando el instrumento, mientras que el rabel, aunque llega con su nombre al siglo XVII (Cerone), desaparece pronto y no parece mudar de naturaleza con el tiempo. Vaylada, lo mismo que balada y baila, tonada y baile. Alex., 1976: Las dolces de las baylas, el plorant semiton. Autos s. XVI, 4, 80. Cata qu' es lindo atinar | y el andar de bailada. El mismo calificativo de dulce le dan el Arcipreste y el Alexandre. Puntar, entonar, de punto, tono, que hemos ya visto (1228).
Del caño entero en la c. 1230. Panderete, pandero pequeño. Pandero, instrumento rústico de un cuadro de madera, cubierto de pergamino por ambos lados y en el hueco cuerdas cruzadas, y en ellas cascabeles y sonajillas. Con sonajas de açofar, tabla delgada en cerco, con agujeros, y en ellos alambres con dos rodajas de azófar, para que, meneando el instrumento con la mano, suenen; suelen llevar un parche, como el tambor, para golpearle con la mano y en los codos y rodillas. Gitanilla: Tomó Preciosa unas sonajas. Sonete, son. A. Veneg., Agon., 3, 10: Allí se veran las limosnas, si se dieron con título de caridad ó por sonete de magnificencia y liberalidad. Los órganos, como puede verse en las Cántigas (Riaño, f. 49, n. 1), eran portátiles, con varios tubos de diferente dimensión y un fuelle que les daba aire y era manejado con la mano izquierda, mientras que la derecha toca las teclas del instrumento, que están en la tabla que sirve de base á los tubos. Chançonetas, villancicos festivos, de chanza ó dicho jocoso, casi lo mismo que motete ó breve composición música, sobre todo para la iglesia; en S, chançones. Oña, Postrim., 1, 2, 1: Dejad ya la música consonancia é instrumentos de ella, dejad contrapuntos y motetes. Entre estos motetes y chançonetas se entremete y toca y canta uno, que debía de ser bien conocido, cuya letra era: ¡Hadedura albardana! ¡desdichada albardana! Berc., Loor., 46: Cuydó ser artero, probar por fadeduro. Albardán es bufón, truhán y holgazán; hadeduro, desdichado. J. Enc., 23: Ni andeis hechos albardanes | comiendo vianda vil. Conq. Ultram., t. 44. p. 499: E pagábase poco de joglares nin de albardanes. Cleonard y otros inventan aquí no sé qué instrumento músico y le traen su etimología arábiga de addedar, que diz es el sonido del tímpano ó tambor; pero se entremete entre ellos, esto es, entre los motetes y chançonetas, de modo que es un motete o chanzón particular, y nada más. Es imposible que todos fueran instrumentos; el Arcipreste metió entre ellos danzas y voces, y así en la copla 1229 van cantando una tonada morisca; en la 1230, van danzando al son de la gaita y tamboril; en la 1232, cantan un motete ó villancico, acompañado del órgano, caño y panderete.