Dar mal cabo, mal fin, acabar mal. En su cabo en su fin.
Falta el texto en G hasta la c. 1467. La sustancia de este cuento hállase en el Conde Lucanor (c. 45), que escribió D. Juan Manuel, contemporáneo del Arcipreste y es popular, pues yo lo tengo oído contar de niño á una vieja devota. Merino, juez puesto por el rey donde tenía amplia jurisdición y era el Merino mayor, á distinción del puesto por el Adelantado ó Merino menor, el cual tiene jurisdición para aquello sólo que se le delega. Partid., 2, 9, 23: Merino es nome antiguo de España, que quiere tanto decir como home que ha mayoria para facer justicia sobre algun lugar señalado. Sayon era el verdugo y también el alguacil. Salaz. Mendoza, Dign., 1, 18: Está nombrado el Mayorino del Rey como juez mayor, y el sayón como su ejecutor y ministro.
Desorejaban por pena al ladrón y malhechor, porque fuese conocido y solía hacerse en Martes, de donde se dijo: No hay orejas para cada martes. (Respondió el desorejado escarmentado) Correas, 217: y no menos lo de La menor tajada la oreja. Juan de la Sal (Carta inédita de la Bibl. Real): Que la oreja había de ser la menor tajada de los que no sienten lo que ellos. Quev., Rom., 72. Por ladron desorejado.
Presiese, tomase, del tema priso, en T pediese.
Dende, de ello; enartar, coger y engañar con arte. Cambio en S, al camino en G. Cambio era lo que hoy decimos casa de banca, donde se hacen cambios y el banquero que los hace, el oficio y el ejercicio de la profesión. Guevara, Ep. Razon. á la Emperatr., pl. 568: A san Mateo, que estaba en el cambio, Cristo le buscó. En Medina, durante las famosas ferias, los cambios sacaban á la calle de la Rua un tablón grande y un banco de respaldar. El espacio estaba asegurado con cadenas contra atropellos. Como gente adinerada y con buenas fianzas para ejercer el oficio, los mercaderes fiaban más de ellos que de tener el dinero en arcas, y así había quien tenía en los cambios 2.000, 4.000 y más ducados (López Osorio, Hist. Medin.; Espejo y Paz, Ferias de Med., p. 76). Alfonso XI por necesidades apremiantes embargaba los fondos de los cambios, causando con ello grave quebranto á las ciudades, villas y lugares, á los romeros de Santiago, á los mercaderes y á los viandantes, «por razón que non fallaban presto el cambio, cuando les era mester». Prometía D. Alfonso que correrían de nuevo con entera libertad conforme á las urgencias de la contratacion; pero el cumplimiento de esta promesa, hecha en las Cortes de Alcalá de 1348, estaba reservado á su hijo D. Pedro, tres años más tarde, de modo que todos pudieran usar de ellos como solían antes del estanco (Cort. Vallad., 1351). También por esto llama el Arcipreste á Alfonso XI monedero y masillero, cuando fué á Alcalá, nuestra ciudad, dice; frase que confirma haber sido de allí el Arcipreste (326).
Morrás, de mor(i)rás.
Ribalde, ribaldo, bellaco. Quito, libre, de quitar.
El malo, el diablo, nombre común que se le da.
Falló negro fallado, halló negro ó mal hallazgo.
Non t' engorres, no te detengas. S. Badaj., 2, p. 72: Si un tantico me engorro, | ¿no creeis que engarrafara | como gato de tripera? J. Enc., 217: Muerte, no cures de mas engorrar; | ven prestamente, que alegre te pido.
Pintura de lo más recio, realista y expresivo. A quien te fay, fayle, es frase proverbial, imperativo hoy vulgar. Corr., 16: A quien te la fai, faila. A quien te la faz, fazla. Vayle en G, bayle en S, era el que cogía á los malhechores y recogía las rentas reales (Yanguas, Dicc. Antigüed. Navarra), y aun hoy en Navarra y Aragón el que recoge las aguas torrenciales en balsas para el riego. Zurit., Anal., 3, 11, 41: Ramón de Mur, baile general de Aragón, Ayora, Cart., 12: Lo que aquel baile cree es que si la hueste de V.A. llegase á Narbona.
¡Ya...!, ¡ojalá! Far, hacer.
So-tener, tener por debajo, so-terné metátesis por so-ten-ré, so-ten-d-ré.
Derramaron, se fueron, se desparramaron.
Porque tu me sospesas, por lo que tú me sostienes en peso. L. Grac., Crit., 2, 12: Tomándola en sus manos y sospesandola decia: A gran peso, gran pesar.
Otea, mira. Col. perr.: Y desde allí oteé y ví que.
Hatos, vestidos. Gatas e gatos, los ladrones y ladronas que engarrafó el diablo.
Dies tanto en T, diez veces otro tanto; en S y G dos tanto, doble; como tres tanto, triple, que era la manera de expresarse en castellano los adjetivos y adverbios multiplicativos. Loz. andal., 16: Tres tanto pareceis mejor desa manera. En pos ty, ó en pues tí. Eugui., Cron., 12: Que corria enpues el ouso. En la c. 1474: En pos ellas. Cort. Jerez, 1268: Su hueste que yra en pos ellos en aquella mar.
Sobre arigote, gente vil, despreciable, véase Cejador, Tesoro, R 59. Buenandança, felicidad. Galeote era el remero de la galea ó galera: quiere decir que al rico y poderoso todos prestan su ayuda porque esperan de él. Apostizos, falso, postizo, suppositicium (Nebrija) H. Nuñ.: Ni pariente apostizo ni cochino invernizo. Baena, p. 405: E assi trahe apostizo | la muger el avayalde. Que quieren pasar por ser sus parientes, sin serlo. Amigos paviotes, amigos de pico, que lo chillan mucho, sin serlo de veras. Mote, sentencia, palabrilla, en francés mot. Santillana, p. 15: Del qual se podia decir aquello que en loor de Ovidio... que todos sus motes e palabras eran metro. J. Lucena, Vit. beat., p. 1: Esto es lo que siento en pocos motes de la vida beata en esta vida.
Alrrotes en S, ó arlotes como traen G y T (c. 439), baldío, holgazán (Tesor., R 28). Amagotes, es del tema mag, que indica mengua y engaño (véase magadaña, maguer ó magar y amagar), es, pues, engañifa, como las falsas lysonjas y como amigotes ó amigos despreciables.
Malqueriente, el que malquiere; sobejo, mucho. En trebejo, en los pasatiempos y deportes. So capa, con solapería, teniéndote bajo su capa y amparo cual excelente amigo. No l' salves en conçejo, no le tengas por bueno en público, pues salvarle es abonarle, tenerle ó darle por bueno.
Dexarm' yas, me dejar-ias, yas del verbo haber.
En mi caya el prejuro. Corr., 274: Jura mala en piedra caiga.
Agüero, de agorar.
Las figuras ó facha del enamorado y acaso del Arcipreste, cuando era mozo, es lo que quiso él pintar aquí, pues al escribir esto era machucho y ya sabemos hablaba en primera persona por traza artística. Lo que pretende es pintar á tantos arciprestes galanes y rebosando vida, como andaban en esos tráfagos, y contra quienes muy principalmente va el libro. Cabel' prieto, pelo negro. Trefudo, c. 1008.
Esto de la fabla tunbal, que suena cual hueca tumba, aplicado á un arcipreste ó canónigo, que ejercita su vozarrón en el coro, es epíteto tan propio como del Arcipreste. Hay en Galicia la gaita tumbal, ó en si bemol, ó por otro nombre roncadora, la de dos bordones, ronco y ronquillo ó tónica y dominante, y su voz es cavernosa. Además de la tumbal, hay la gaita redonda en do y la grileira en re ó chilladora y que carece de ronco pequeño. En Berceo (Duelo 192) se lee: «Que non cantaban alto nin cantaban tuval,» errata acaso por tumbal. Y en Baena, p. 79: Que tengan las tronpas é los atabales | e yo suba quintas en boses tunbales. Ibid., p. 289: Con un grant laud tunbal.
Baço, moreno, negro. Tafur, 110: La color de los onbres de la India mayor es un poco mas baços que nosotros, é viniendo á la Etiopia, mucho mas baços, é todavía fasta los negros atezados. Delanteros, que se adelantan, salientes. Non vy más, callando lo que no dice más que con un abrazo, la artera vieja dice más que mil descripciones y ponderaciones.
Mançebo de días, joven maduro. J. Pin., Agr., 18, 10: Lo cual es mas facil al hombre de días y de experiencia. Juglaria, arte del juglar. ¡Por las çapatas mías!, juramento ponderativo, bien de aquel tiempo, que tanto empeño ponían en la galanura del calzado puntiagudo, fino, de seda de colores, y más en la trotera, cuyo oficio es gastar zapatas, así como el clérigo por su corona y el caballero por sus barbas.
Y ¡qué lindamente supo mi vieja engatusar á la dueña! Enduxo, indujo. Señora, dé credito al refran que sin duda inventó alguno que huyó de la feria por no haberle ido bien en ella. «Cada uno dice de la feria, como le va en ella» (Corr., 327: Santillana, Celestina, 4). Lo que mercas en la puerta de tu casa, Dios te lo trajo, quiere decir que de Dios viene lo comprado á la puerta, donde no hay las trampas que en la feria. Mierca, acción de mercar; huço en G, uço en S y T, puerta de casa; aduxo, adujo, adducere, traer. Yo, viene á decir la vieja, que sé lo que en las ferias pasa, os aconsejo no vayais á buscar por ahí mancebos; á casa os traigo á quien bien conozco, como de la mano de Dios debeis preferirlo á otros. Cid, 3: Vió puertas abiertas e uços sin cañados. Bolet. Acad. Hist., XIV, 308: Los uzos et las finiestras de cal et de canto. Sahagun año 1092, n. 1255: Vuestras portas et vestros uscios. En ant. fr. uys (Discipl. clerical., edic. París, 1824, pág. 63, 67, etc.).
Las ufanas, las que alardean y no están tan encerradas como vosotras, á esas prefieren los clérigos; aunque unas y otras, todas deseáis nadar: y nótese la fuerza de este verbo! Las que no hallan amante, apechugan con cualquiera que se les presente, como para comer pan duro es menester buena hambre. A pan... (Corr., 18).
Verme hé, lo pensaré, verse en ello, recapacitar. ¡Alahé!, á la fe, ¡gracias á Dios! del afianzarse en su parecer. L. Rueda, Camil.: Nó, á la hé, porque no lo he de costumbre. Quij. 1 prol.: A la fe, esto no nace de. Laçio, flojo, perezoso, tardo. Viaj. parn., 7: Daba ya indicios de cansado y lácio | el brío, de la bárbara canalla. Engraciarselo, ganarle su gracia: ¡cómo me lo va á agradecer! Palacio, sala. Cras, mañana.
Picañas, picardías, bromas del picaño.
El que al lobo..., por no decir: Buenas albricias, pues he logrado no poco: déme lo que he ganado con mi trabajo, que la buena corredera ó corredora así es como sabe recabar y obrar. Santill., Quien al lobo envía, carne espera.
Non señero, pero no a solas, sino ante buenas conpañas (c. 1493). Chufas, bromas de chocarrero (c. 784). Abbad fasañero, clérigo ponderador, chismoso. L. Grac., Crit., 1, 12: Algun hazañero, que suelen hacer mucho del hombre y son nada. Malo, S. Mat.: Algunas mujeres hazañeras, que traen en cuentos y en parlerias á Dios. Y tal es el valor de fazañas en la copla 1493.
Nemiga en G, como dice el pueblo, en S y T enemiga, palabras de enemigo, manifestaciones de odio, enemistad. La carta iba en verso, como luego dice (ryma, c. 1498).
De prima, de madrugada, hora de rezar prima. Esgrima, espada negra, que tiene guardas. Çima, lo que hoy dicen éxito, dar cima, cabo, lograr. Guarda en los conventos de monjas la religiosa que acompaña á los hombres que entran en él; en la espada lo que resguarda el puño.
Alto cuello, pintura al fresco en dos pinceladas como de tal artista. Pero el epifonema ¡Desaguisado fiso... es más natural todavía y fresca exclamación. Las tres coplas siguientes no tienen par en la literatura herótica. ¿Cuántas veces habrán descrito los poetas el encuentro de dos que se enamoran? Ninguno alcanzó á decirlo con más brío, color, sentimiento y en menos palabras.
Apretarse las manos, de admiracion y espanto. ¡Velo negro, á ella, que era una rosa blanca!
Aunque sea errança, especie de adulterio contra Dios para el que peca con monja ¡ay Dios! ¡Quisiera haber sido yo ese pecador dichoso; después de hecho el pecado, haría penitencia! Pensamiento que el Arcipreste atribuye al clérigo mundano, que quiere juntar la Fe y el miedo al infierno con tan horrendo sacrilegio. Que esto acaezca y tales pensamientos y deseos pasen por cabezas clericales, es un hecho; pero ¿dónde está el hombre que con la valentía del Arcipreste lo diga y con la fuerza de su pincel lo pinte?
Candela, fuego, como dicen los aduluces. Los dos últimos versos dicen tanto y tan bien como el Veni, vidi, vici de Julio César; pero con una armonía y suavidad incomparable.
Mandado, obediente, como bien mandado.
Trabajarse. Lag., Diosc., 2, 133: A esta causa no me trabajaré en referir sus fuerzas ó cualidades.
Escuseras, rezongonas, que dan escusas. La delicadeza del Arcipreste en idealizar el amor de la monja, haciéndolo enteramente platónico, nos deja ver toda la grandeza de su alma. Alguien habrá que no crea en tales platonismos y acaso acaso el hondón de ellos sea pura fisiología sexual; pero el Arcipreste sabía muy bien que se dan á veces y, si alguna, en religiosas como la que ha pintado desde que la puso á razonar con la Trotaconventos. Virginal mujer, que no deja de ser mujer, pues siente el amor y lo siente como una virgen.
A morir han, han de morir, morir + an; nados, nacidos, natos.
Todo ome e quien tiene amor de Dios, buen amor, el virtuoso, entenderá esta delicadísima endecha, que acabo de hacer del amor platónico, y no se deje engañar por él sino enmiéndese, si en él cayere.
Casar, aquí amancebar. Estas cinco coplas son originalísimas, un idilio en diálogo de lo más delicado. En el Ordenamiento de Burgos de 1315 se dice: «Otrosi que los christianos non vivan con judíos ni con moros, nin crien sus fijos; et los que lo ficieren, que los jueces de las villas e de los logares do acaesciere, que fagan escarmiento en ellos e en sus cuerpos como aquellos que quebrantan su ley. Otrosí que los moros no trayan copete, mas que anden cabel partidos ó cercenados en derredor». Este bendito clérigo creíase libre de esa ley y de los Cánones y buscaba ayuntamiento con mora placentera. La lección, que la mora le da rechazándole con la ley común, es lo que pretende hacer notar el Arcipreste. De aquí la sequedad brusca con que pinta á la mora, firme en su ley religiosa y en la ley civil, ella mora y mujer, mientras salta por una y otra él, varón esforzado, cristiano y devotísimo cura de almas. Resalta todavía más este cuadrito de cinco coplas junto al que acaba de pintarnos del amor platónico de la monja. Monja y mora cumplen con su deber, mientras el clérigo se despeña de lujuria en lujuria.
En S yznedri, en G lesnedir, en T lesnedri. En árabe vulgar debió decir lesh-nēdr-i. Lesh de la negación lā y -sh (ch francesa) de shai cosa en literario, que así se junta á la negación en árabe vulgar: ma fish, no hay dicen en Siria, lesh no cosa, no, con verbos, como aquí. El verbo نطر nathara, ver, mirar, en el participio presente y con la dentolingual, como en vulgar se articula, nāder, nēder, y con la tercera persona vulgar -hi, -i: nēdr-i. Significa no le he visto, no lo tengo visto. La lección verdadera es, pues, lexnedri ó lesnedri.
En esta lectura de S se fundan con razón los que creen era de Alcalá el Arcipreste; en G que mora en Alcalá; en T es en la villa; pero ni uno ni otro consuenan. Alvala, ó alvará, escritura, cédula, del arábigo البرا albarā. Aquí es billete, como en Aben Jaldun, (Hist. Bereber. 2, 351) y en Aben Batuta (IV, 268). Cort. Vallad., 1325: Nin de alvalá con mio nombre, et si alguno mostrare tal carta ó tal alvalá. Çoda en G, açodra en T, çodra en S. ¿Estarán estas voces por çidra? Poca cosa es para regalar á una mora; además que el convenir todos los códices en poner çoda, aunque corrompidamente los dos de ellos con una r, me hacen sospechar si será voz arábiga. Supongo es el arábigo سعُود sughūd, que al castellanizarse había de sonar sud ó sod, pues el ع medial desaparece: acerola, alarabe, alarde, alarife, alazor, laud, noria. Vale buen agüero, buena dicha que se desea á uno, de سعد saghada ser próspero, dichoso, labbaīk ua saghdaīk estoy á vuestro servicio, min saghadi por dicha, saghīd dichoso. Son frases usadas todavía en el árabe del norte de Africa, así como saghad por dicha, felicidad: ghandu es-saghad tiene dicha. Enbiavos una çoda, «os envía sus felicitaciones y saludos con este billete», que es lo que acaba de decir en romance: Saludavos..., mucho vos saluda, y lo de después: El Criador... Dios sea con vos, que él es muy bien afortunado. Tomatlo, el albalá ó billete. Legualá en G y T, pronunciada la sílada uá, como wá, guá al modo que en guardar de warton, aguelo = avuelo = ahuelo; en S le alá. Significa: ¡No, por Alá! Lā ó lē, no; u y; Alá, nombre de Dios, que añaden para dar fuerza á la negación, como ¡no, á fé!
¡Sí el Criador, ¡así..., ¡ojalá... Paz y salud en las frases islámicas corrientes, as-salām, as-salauāt. Aducho, cosa traída, envío, de ad-ductus, ad-ducere; vos adugo, os traigo, aducir. Habladme á laud, á gusto, como con música. ¡Ascut!, ¡silencio!, interjección para hacer calar, اسکت, del verbo sakata, callar.
Bien atento, otro tanto, cuanto os he dicho. ¡Amxy!, ¡vete!, participio del verbo مشى masha, iamshi partirse. En el Quijote amexi (1, 41), que suena ámshi, mientras que en Hita amshí, por ser femenino, enderezado a la vieja.
Cántigas troteras, como trotallas, como quien dice embateria griegas, marchas, pasacalles. Entendederas, ensalmadoras ó curanderas con ensalmos. El canto ó tonada de esas cántigas oyeselo á las cantaderas, si no lo conoces.
Nocharniego ó nocherniego, de noche. Caçurros, de burlas, como troba cazurra, de bromas y chanzas.
Para que vengan bien los instrumentos han de acomodarse á la clase de cantares: diré los que convienen para cada clase.
Marco, medida, clase. La cítola y odrecillo no son para los versos arábigos, que S llama caguyl hallaco (hallaço por errata), G açaghulaco; en T: non aman atan vellaco. Sin duda es el metro llamado largo, attaūīl, de ocho pies en dos hemistiquios, y es el primero de que tratan los árabes (véase en Caspari, Gram. árabe, 488 y 492). Es, pues, ataguyl como lo pronunció y escribió el Arcipreste; la segunda parte -aco de G ó hallaco de S, acaso sea terminación adjetiva, que le añadió para meterlo en la copla. Son, dice, instrumentos de taberna y de baile villano. Esto confirma lo que dije de la cítola (c. 1213).
Bolonia, por haber sido su Universidad, en el siglo XII sobre todo, el centro principal de los graves estudios de Derecho de todas las naciones con hasta 12.000 estudiantes. Había colegios de todas las naciones y el Colegio mayor de San Clemente de los Españoles fundólo el Cardenal Albornoz, según testamento otorgado en 1364, y en él estudiaron Agustín, Fortuny de Arteaga, Fernando de Loaces, Nebrija y Luis Vives. Murió don Gil Alvarez Carrillo de Albornoz en Viterbo año 1367 y nació en Cuenca año 1310: fué el que encarceló á nuestro Arcipreste, grande estadista, capellán de corte, consejero de Estado y su abanderado y Arzobispo de Toledo desde 1337, y de quien tanta cuenta hizo Alfonso XI. Habiendo reprendido sus desarreglos á Don Pedro el Cruel hubo de huir á Aviñón, donde Clemente VI le hizo cardenal en 1350, renunciando entonces al arzobispado y sirviendo al Papa como cabeza militar de su ejército. Su sepulcro en la catedral de Toledo. Suyas fueron las Constituciones Egidianas (Aegidius=Gil) y hubiera sido papa, si no evitara el concurrir al cónclave. Como quier, da á entender que no les sabía bien á los juglares se les dijese tal cosa. Vergoña, vergüenza. Pechar caloña, pagar pena pecuniaria, como los delincuentes. Cron. gral., 4, f. 272: Que matasen aquel que lo metiesen sin caloña ninguna.
Me desconfuerta, me desconforta.
Fuera de la Biblia, jamás hombre se alzó en vuelos tan sublimes acerca de la muerte, que simboliza al pecado, como su natural fruto y conforme con la más honda teología católica, y acerca del poder de Cristo, que entregándose á su guadaña la desarmó y venció para cuantos crean en él. El triunfo de la cruz sobre la muerte y el pecado es lo que canta el Arcipreste en este trozo, que no sólo es el más teológico y filosófico y de más poder poético y hondura de ideas, fuerza de sentimiento, escultórico de expresión, de cuanto escribió el poeta del siglo XIV, sino de los trozos más sublimes y sentidos que han cantado los más soberanos poetas. Esta elegía a la humanidad, condenada a la muerte, que luego se trueca en himno triunfal, no tiene par ni parecido ni aun en el mismo Dante, no ya en Virgilio ú Homero, y hay que llegar hasta los Profetas hebraicos, sin quedar entre ellos oscurecido nuestro poeta. Este arranque es realmente de un primitivo, de un vate natural y recio: sus ecos rebotan de los peñascales del Cáucaso, donde retumbaron las voces de Prometeo encadenado. Enante y denantes, que de él salió, formas todavía vulgares en España y América por antes (Tesoro, N, 13).
De belmez, arrastrándole de las caídas del jubón, así llamado, que sobresalían por debajo de la cota. Alex., 1845: Los de parte de Poro de voluntat feríen, | más ellos en todo el belmez les tenien. Cid, 3635: Las dos le desmanchan e la terçera finco: | el belmez con la camisa e con la guarnizon. Acaso del arábigo, مُلْبُس malbus, vestido, de talabbasa, vestirse, con metátesis balmus ó belmes.
Debdo, deudo. En-amistad, de amistad.
Fuesa, la huesa, que así sonaba. Aviesa, torcida. Berc., S.D., 235: Eran aviessas las passadas (los caminos).
Cras, el cuervo en cuanto dice mañana; dejar las obras para mañana, y en cuanto viene tras la muerte á roer cadáveres.
Sobra en T, vence, subyuga. Corvacho, 4, 2: Tentola de sacaliña por ver sy la vençeria, e non la pudo sobrar. En S sonbra, en G asonbra, déjala á oscuras.
¡A todo!, copar en la banca. Azar, en los dados lo que hace perder. En rodo, abundantemente, rodando, como á rodo. Valderr., Ej., 2, 8: Cosas de regalo y deleite, que aun apenas se hallaron en la ciudad tan de sobra y á rodo. Llegar y allegar valen aquí juntar, alcanzar, de plicare, plegar, que se usa juntamente con llegar en este sentido en Aragón: allega el hombre tesoros por alcanzar estima, que esto vale apodo, luego comparación estimativa y calificativa; de apodar, de ad-putare, estimar, tener por. Herr., Agr., 2, 34: Un balaj que le apodaban en una ciudad. D. Vega, Asunc.: Que allí enmudeció y que faltó el apodo á que poder comparar tanta dulzura.
Repuntar, reprobar, del punzar como repuntarse, ponerse de punta con otro... Les sabe mal que les diga el médico que sanará.
Desferrar, descerrajar, de hierro. Axuar, ó ajuar, como sonaba: la menor mortaja posible.
Dar voces al sordo, al difunto con endechas y voces: ¡terrible desengaño! Es refrán. Rebull., Teatr., p. 386: Viendo que nadie le está atento y que canta villancicos al sordo. Tejad., León, 1, 35: Mas persuadir á un avaro es dar música a un sordo y pedir que cante un mudo.
Después que han recogido lo que les tocó de gracia en herencia ó en mandas, van a la fuerza (amidos) á misa por su alma, porque ya tienen aquello por lo que antes se movían tanto.
Trentanario, duelo del primer mes. «Me podrá con razon reprender el docto y bienenseñado lector, más que tengo de hacer viendo que las mujeres de nuestro tiempo luego me citan la autoridad del Apóstol, y que apenas han enterrado el primer marido, cuando cantan de memoria las reglas y preceptos de la bigamia» (Epist. S. Jeron., I. 2 ep. 6).
Convierte su pecho en huerco ó infierno.
Tañer, tocar; sesos, sentidos. Acostarse, inclinarse. Gran., Adic. mem., 1, 1, 7: Adonde se acostare el amor, allí se acostará la voluntad y eso abrazará todo el hombre. Gastar, echar á perder, que es su valor etimológico, como gâter.
Des-fear, poner feo. Preciosos contrastes. Desadonar, quitar el donaire y gracia.
A nadie agradas; pero tu te agradas con el que mata ó muere, hiere o hace mal: esos son tus amigos.
Requerir, buscar.
El miedo a la muerte dice el mundano, inventó el infierno y el rezo (salterios): tal interpreta este paso el señor Puyol. No es menester mucha teología para ver cuán errada y grosera es semejante interpretación. La muerte es fruto é hija del pecado: el pecado y, por consiguiente, la muerte es el que puebla el infierno; viviendo siempre, el hombre viviría en la gracia del Paraíso terrenal y no tendría miedo al pecado, y por lo tanto ni a la muerte. El miedo al pecado, y si se quiere el miedo a la muerte de por sí, pero no el miedo servil, sino el reverancial llevó á los anacoretas al yermo y á los monjes al claustro para encomendarse á Dios y cantarle noche y día. No cabe en un siglo creyente, como aquel, ni menos en el Arcipreste, el desplante de decir que el miedo inventó todo eso.
El pecado convirtió en demonios á los ángeles del cielo: bien claro se ve cómo el gran poeta cristiano pasa de la muerte á su causa el pecado, «per peccatum mors». A dobladas é sensyllas, alude á las monedas, de donde las doblas y doblones y reales sencillos y dobles. Escotart, pagar.
Lucha Dios hecho hombre con el pecado y la muerte. Aqui comienza el magnífico himno á Cristo, que la venció muriendo.
Mill tanto, como dos tanto, tres tanto, etc., multiplicativos.
Bajó Cristo á los infiernos á libertar de la muerte, de quien quedó vencedor, á los justos, que ella tenía aherrojados por derecho de conquista y de esclavitud desde que Adán pecó. Cegóse queriendo matar al autor de la vida y en él perdió sus aceros la guadaña. Ermar, dejar yermo, despoblado.
Apremir, de premir. Alex., 1975: Alzando e apremiendo facien cantos suaves (apretando ó bajando las cuerdas).
Diezmo, la décima parte.
Tras este magnífico himno, que pone el Arcipreste en boca del otro arcipreste ó clérigo mujeriego, le hace bajar de golpe y porrazo á las más broncas notas del bordón, para que campee mejor el contraste de los pensamientos religiosos con los raheces y bodegonescos del loco amor. Del himno á Dios se hunde en el himno á su alcahueta. Y todavía le hace decir que la tal mala hembra ha sido perdonada y comprada por la sangre de Cristo y está en el paraíso con los mártires, porque ¡en el mundo fué por Dios martirizada! Pide á Dios dé la gloria a tan ruin sabandija, porque fué leal trotera, esto es, fina alcahueta! Así enloquece el loco amor, como poco ha sublimaba el buen amor al clérigo, en quien el Arcipreste se reviste. ¿Dola? ¿dónde ella? Barahona, p. 813: ¿Do está vuestra presencia? ¿Dola, dola? Igualmente adola. L. Rueda, Eufem.: Pues ¿adola?