Chapter Footnotes:
[1] nos contaban y recontaban, had counted and recounted us.
[2] desde que nos alcanzaron a ver, from the time they caught sight of us.
[3] entrando en la cuenta, including even.
[4] un capón a medio pelar, a half-plucked capon.
[5] como yo se la mostrase, as I showed it to her. Note the use of the subjunctive.
[6] ... ¿no? A modism which in condensed form repeats the previous question.
[7] ese ... de. Note the use of de.
[8] están como tristes, as if you were all sad. VARIANT: Todos parecen tristes.
[9] el señor, the gentleman. Note the use of the definite article when referring to a third person. This article is also used in addressing in the second person.
[10] de sobra, more than sufficient.
Después de atravesar las ricas hectáreas de tierra donde las plantaciones de vid forman líneas paralelas, entras en las bodegas. Allí se pisa la uva y se deposita el mosto en barriles, para que fermente y envejezca, hasta adquirir el preciado sabor y colorido del buen vino. Las bodegas, en general, se construyen en lugares de quietud[1] en terrenos sanos, con dobles techos, dobles paredes y dobles puertas; son de higiénica ventilación y los pisos como los muros se revocan con morteros hidráulicos.
El departamento de las bodegas, parte capital del establecimiento, comprende las secciones de elaboración, fermentación maquinaria, depósito y tonelería. La bodega de elaboración está dotada de cierta máquina, llamada demoledora, movida a vapor y colocada sobre un gran tanque metálico, donde se mezcla y refrigera el mosto antes de ser llevado, mediante una bomba centrífuga, a la bodega de fermentación. Ésta comprende para la fermentación del mosto, grandes piletas de mampostería, provistas de sus respectivas compuertas y de un diafragma para la sumersión del orujo, durante el proceso de fermentación. Cada pileta está dotada de refrigerantes, unidos por un sistema completo de cañerías, a la máquina refrigeradora, con el objeto de dominar oportunamente las altas temperaturas que alcanzan en ese clima los mostos en fermentación, asegurando de tal manera la marcha normal del proceso, y, por consiguiente, la calidad de los vinos. En ciertas bodegas de San Juan existen las más vastas, poderosas y completas instalaciones frigoríficas que se aplican en el mundo entero a la vinificación. Una bomba a vapor facilita el trasiego de los vinos nuevos a la bodega de depósito. La bodega de depósito está a un nivel un poco más bajo que el suelo; es semisubterránea. La singular disposición de sus dobles techos y paredes, dotados los techos de poderosos ventiladores, permiten mantener, aun en los días más ardientes del verano, una temperatura muy baja. Completan las reparticiones indispensables, vastos talleres mecánicos, herrería, carpintería, etc., para la fabricación y reparación de herramientas y maquinaria. Un elegante «chalet» sirve de local a la administración. El establecimiento representa un capital de varios millones de pesos.
—Carlos O. Bunge (Argentino)
Chapter Footnotes:
[1] lugares de quietud, quiet places. VARIANT: Lugares tranquilos.
La operación de la aparta se efectúa en un rodeo por la gente de a caballo.[1] Parte de ésta se coloca en las puertas que dan paso de un corral a otro, y la restante es la que desempeña la ocupación activa del trabajo. Para esto rodean los de a caballo a un grupo de animales y el vaquero encargado de presidir la faena designa uno o varios de ese grupo para ser apartados. Al instante dos o tres jinetes hienden el grupo que entre todos han arrinconado en algún ángulo del corralón; colocan sus cabalgaduras rozándose con un costado del animal, que por huir del que se acerca, se abre paso entre los otros, y emprende una veloz carrera en que el jinete le sigue, animándolo con la voz y sin apartarse una línea hasta dejarlo en otro corral, cuya puerta despejan los que la ocupan para dar paso al animal, volviendo a cerrarla inmediatamente. Pero muchas veces el animal designado retrocede con velocidad en su carrera, da precipitadas vueltas y «saca lances» imprevistos para libertarse de la obstinada persecución del que lo sigue. Hay, pues, un gran peligro en seguir al animal en estas diversas evoluciones caprichosas, que ponen en dura prueba[2] la destreza de los jinetes y el vigor y maestría de los caballos. Para los huasos, el rodeo es un campo de batalla en que el deber les manda desafiar los peligros; las caídas de algunos y aun la muerte que suelen encontrar en esas caídas, no interrumpen ni modifican el curso de la faena. El herido es transportado por los de a pie[3] fuera del campo, y los demás continúan el trabajo, sin arredrarse ante las probabilidades numerosas de correr igual suerte.[4]
—Alberto Blest Gana (Chileno)
Chapter Footnotes:
[1] gente de a caballo, men (farm laborers, or peones) on horseback.
[2] ponen en dura prueba, which are a severe test. VARIANT: Ponen a dura prueba.
[3] los de a pie, those on foot.
[4] correr igual suerte, meeting the same fate.
No hay suceso en los ingenios, enlazado de alguna manera con la vida de los negros, que no se refiera alegre o tristemente en sus canciones. Si el buey brioso y bello, que todos se disputaban por tener en su carreta, ha muerto, en un día abrasante, de cangrina; si un tacho se ha desfondado; si las coronas del trapiche se han roto; si en los cañaverales ha prendido fuego, y con afanoso trabajo ha sido menester atajar aquel mar de llamas; si las crecidas del río han arrastrado el maíz, el arroz o la caña acabada de sembrar en sus márgenes; si una seca o unos aguaceros horrorosos amenazan las cosechas; si el cerdo ya cebado y pronto a ser vendido al especulador que recorre la finca se ha muerto de repente sin saberse por qué; si el compañero, que solitario en los campos estaba desmochando palmas, se ha caído; si se ha dado por el mayoral y los perros con algún negro cimarrón; si la vaca bermeja, si la puerca del hocico blanco,[1] si la yegua más hermosa del potrero ha parido, la letra de las canciones lo dirá cuando se esté chapeando o cortando caña, cuando se junte o cargue en la casa de trapiche, cuando los negros uno enfrente de otro batan en las resfriaderas, con las bombas, la templa que acaba de ser sacada del tacho. Lo mismo sucede en habiéndoseles cambiado el alimento[2]; en habiéndose aumentado o disminuido las horas de trabajo; en habiéndose introducido una máquina, un instrumento, un proceder cualquiera, que a la vez que los asombra, facilita y minora las faenas; en anunciando los aguinaldos sobre las cercas y los matorrales que pronto llegarán los amos; en concediéndoseles un pedazo de tierra para que hagan, concluida la zafra, sus conucos; en dejándoles desmochar guano para cubrir los bohíos; la ocasión que se mata una res para partirla en raciones; la ocasión que se muda el mayoral que los apuraba demasiado.
—A. Suárez Romero (Cubano)
Chapter Footnotes:
[1] la puerca del hocico blanco, the sow with the white snout. Note the use of the preposition de.
[2] en habiéndoseles cambiado el alimento, when their food has been changed. VARIANT: Cuando el alimento les ha sido cambiado.
En las estaciones nos acosaba el gremio de los vendedores de fruta, hombres, mujeres y niños provistos de cestos con uvas, duraznos, aceitunas, tortas de manjar blanco o de bizcochuelo, espárragos y caldúas de San Francisco.... Aquella muchedumbre gritaba tanto, que más no podía ser.[1] En los andenes se movían pesadamente los huasos con mantas de vivos colores, zapatos de taco alto, haciendo resonar las espuelas de ancha rodaja. Por las ventanillas de los wagones de tercera clase[2] asomaban sus rostros tostados y barbudos esos rotos que componen la masa flotante de los trabajadores de Chile y que se llevan a viajes[3] para uno y otro punto, en la agricultura o en las minas, ora cavando en el norte, ora segando en el sur. A medida que el tren se tragaba las leguas,[4] veíamos desfilar a Rengo, con sus viñedos, a San Fernando de estación oscura y triste, a Chimbarongo, Curicó, Lontué, cubierto igualmente de viñas, Talca, Linares. Desarrollábase paisaje tras paisaje, animales, prados, bosques y ríos, hasta la monotonía, hasta la saciedad.
—Orrego Luco (Chileno)
Chapter Footnotes:
[1] que más no podía ser, until they could (shout) no longer. VARIANT: Hasta más no poder.
[2] tercera clase, third class. In most Latin American countries trains are made up of first, second and third class cars.
[3] a viajes, traveling. VARIANT: En viaje.
[4] se tragaba las leguas, the leagues disappeared.
De todos los sitios en que se forman agrupaciones humanas, ninguno que[1] presente más ancho campo de observación al curioso que el salón central de la Bolsa de Comercio. El traje nivelador[2] le da, a primera vista, cierto aspecto de homogeneidad que desaparece cuando la mirada sagaz ahonda un poco en aquel mar revuelto en que se mezclan y confunden todas las clases.
El fastuoso banquero, cuyo nombre sólo con ser mencionado[3] hace desfilar por la mente un mundo fantástico de millones, estrecha con su mano pulida la grosera garra del chalán marrullero; el humilde comisionista se codea familiarmente con el propietario acaudalado a quien adula según las reglas de la democracia en boga; el mozalvete recién iniciado en la turbulenta vida de los negocios pasea por todas partes sus miradas[4] codiciosas; el aventurero procaz roza el modesto traje del simple dependiente con los estirados faldones de su levita presuntuosa; el insular petimetre ostenta su bigote rizado a tijera[5] bajo la mirada aguda del periodista burlón que prepara su crónica sensacional, husmeando todas las conversaciones; el anciano enriquecido por largos años de duro trabajo comenta, con la frialdad del egoísmo que dan los años, esa crónica diaria de la Bolsa, muchas de cuyas páginas están escritas con sangre[6]; el usurero famélico gira y gira describiendo círculos siniestros en torno de sus víctimas infelices.
El doctor se abrió paso como pudo[7] hasta que consiguió llegar a la reja que limita el recinto destinado a las operaciones, vulgo «rueda.»[8] Agolpábase a aquella reja una multitud ansiosa, estremecida por corrientes eléctricas. Se veían pescuezos estirados en angustiosa espectativa, con la rigidez propia del jugador que espera la salida de la carta que ha de decidir la partida; ojos desmesuradamente abiertos, siguiendo con fijeza hipnótica los movimientos de la mano del apuntador, el cual, subido sobre su tarima, anotaba las operaciones en las pizarras que, negras, cuadradas, siniestras, se dibujaban como sombras en la pared del fondo.
Salía de la «rueda» un estrepitoso vocerío, una algarabía de mil demonios[9]: voces atipladas, roncas, sonoras, de tenor, de bajo, de barítono; voces de todos los volúmenes y de todos los metales. Los corredores parecían unos energúmenos; más tenían caras de hombres enredados en una discusión de taberna, que de comerciantes en el acto de realizar sus operaciones. Y no sólo gritaban como unos locos,[10] sino que también gesticulaban y accionaban como si estuvieran por darse de bofetadas.[11]
—Julián Martel, nom de plume of José Miró (Argentino)
Chapter Footnotes:
[1] De todos los sitios en que ... ninguno que ..., Of all places in which ... none offers. Note the use of que and the subjunctive. VARIANT: Ninguno presenta.
[2] El traje nivelador. Referring to the fact that because of close uniformity in the style of clothing, it is impossible to distinguish from appearance alone the social status of each of a group or body of men.
[3] sólo con ser mencionado, the mere mention of whom.
[4] pasea... sus miradas, glances on all sides.
[5] bigote rizado a tijera, mustache curled with curling irons.
[6] están escritas con sangre, are written in blood.
[7] se abrió paso como pudo, made his way as well as he could.
[8] «rueda.» In the Stock Exchange of Buenos Aires, there is an inner circle, within which only members are admitted and which is divided from the rest of the floor by a circular balustrade.
[9] algarabía de mil demonios, the wild gabble of a thousand demons.
[10] como unos locos, like madmen.
[11] darse de bofetadas, were coming to fisticuffs.
A las tres de la mañana llamó a la puerta de mi cuarto el mozo del hotel con fuertes golpes y gritando con apremio[1]:
—¡Ya es hora![2]
Echéme a cuestas[3] el vestido a toda prisa, entre grandes bostezos y dándome al diablo[4] porque el administrador de las diligencias hiciese salir tan temprano el vehículo; y pocos momentos después abrí la puerta de mi habitación, y me dirigí al comedor a tomar algún refrigerio.
Cuando bajé al zaguán, estaba listo el carruaje. Los tres tiros de mulas hallábanse ya enganchados; el cochero ocupaba su puesto en el alto pescante, y empuñaba con mano firme el abundante manojo de las mugrosas riendas; el sota tenía por la brida el par de mulas delanteras para impedir que partieran antes de tiempo; y dos mozos alumbraban la escena con otras tantas gruesas y resinosas hachas, que despedían tanta luz como chispas y espeso humo. Todavía salieron algunas maletas del despacho del administrador, que fueron adicionadas a la henchida zaga o al abultado techo del carruaje. La máquina estaba materialmente atestada de carga: en la covacha, en el pescante, en la parte superior, en el interior, debajo de los asientos, y aun en el espacio destinado a los pies de los viajeros, por donde quiera[5] había maletas. Concluidos los preparativos, llegó el momento de ocupar nuestros sitios, y lo hicimos los pasajeros con resignación de mártires.
La diligencia se llenó en pocos momentos. ¡Éramos once pasajeros! Sólo un asiento quedó desocupado en la banqueta de en medio, donde no hay más apoyo para la espalda del paciente,[6] que una movible correa que empuja, cede y aporrea como instrumento de inquisición. Afortunadamente para mí, había podido escoger con tiempo un buen número en la banqueta delantera, junto a la ventanilla; así es que relativamente quedé bien instalado.
—¿No falta ningún[7] pasajero?—preguntó una voz en la puerta de la posada.
—Ninguno,—repuso el sota.
No contento con[8] la respuesta, el administrador que era un español de muy mal genio,[9] subió al estribo de la diligencia, y nos echó al rostro la luz de la linterna que en la mano llevaba.
—Está bien—dijo bajando del estribo—¡en marcha[10]!
Sonaron las cadenas de los tiros, rechinó la pesada máquina, vaciló un momento sobre las duras sopandas, hizo el cochero chasquear su látigo descomunal y nos pusimos en movimiento. La diligencia salió con rapidez vertiginosa, haciendo furioso estruendo en el empedrado, y turbando el sueño de los buenos habitantes de Querétaro. Quien la hubiera visto animada de aquella velocidad, habría creído que poca ventaja podría sacarle el vapor[11]; no así yo,[12] que estaba en el secreto,[13] y sabía por experiencia que tales vehículos son rápidos en las poblaciones y tardos en despoblado.
—José López Portillo y Rojas (Mejicano)
Chapter Footnotes:
[1] con apremio, insistently.
[2] ¡Ya es hora! It is time (to get up)!
[3] a cuestas. In this case it means literally on my back. This expression usually means carried on the back or the shoulder, as a burden or load.
[4] dándome al diablo, consigning myself to the devil; cursing myself.
[5] donde quiera, everywhere.
[6] paciente, the patient; the sufferer. The author gives this name to the traveler to suggest the discomforts of traveling by stage-coach.
[7] ¿No falta ningún ...? Is any one ... missing?
[8] No contento con, Not content with.
[9] de muy mal genio, very bad tempered. VARIANTS: De genio muy malo; malhumorado.
[10] ¡en marcha! forward! we are off!
[11] poca ventaja podría sacarle el vapor, that (to travel by) steam were but little faster.
[12] no así yo, but I was not (of this belief); but I knew better.
[13] que estaba en el secreto, who had inside knowledge (in this matter).
—Mucho cuidado, señores—dijo Toribio, nuestro montero mayor,—porque las váquiras[1] están entiempadas ahora y son peligrosas.
Y empezó a colocarnos en nuestros puntos.
Las reses se bañaban en los charcos del quebradón y roznaban como si todo el invierno estuviera allí: diríase que era un conciliábulo patriótico de incondicionales que celebraban con el santo fin de[2] repartirse la república.[3]
Casiano había vuelto a tomar la escopeta y estaba en el fondo de la quebrada, por el lado de abajo.
Toribio le había hecho aquella concesión por su extremada habilidad en la cacería de váquiras.
Yo quedé cerca de él, dominándole desde un barranco y cubierto por un chipio; y novicio en el tiro de váquiras, creí prudente sacar los cartuchos de guáimaros y sustituirlos con balas rasas.
Los perros levantaron las piezas[4] y comenzó el tiroteo en la parte de arriba; y salidas las reses del lecho de la quebrada, se hubiera dado por perdido el lance, si dos de ellas, macho y hembra, no hubiesen corrido hacia abajo.
La posición que yo ocupaba no era muy ventajosa: pasaron por junto a mí[5] y no pude disparar; pero me acerqué a la quebrada y gané el cauce.
Casiano había disparado y errado el váquiro: hirió la hembra, y el macho, como sucede en estos casos, se enfureció y le atacó.
Cuando yo doblé el recodo de la quebrada que me ocultaba los sucesos, pude ver a Casiano luchando cuerpo a cuerpo[6] con el váquiro mientras la otra[7] se revolcaba en su propia sangre.
El negro se defendía con el cañón de la escopeta, que despedía chispas en los colmillos del cochino: la caja del fusil estaba hecha añicos.[8] Pálido, ceniciento, se veía el negro entre el verde follaje de las barrancas, bajo un toldo de ramas entrelazadas.
—¡Socorro, socorro!—gritaba....
El negro retrocedía pidiendo socorro, y el váquiro le cargaba.
Dió una embestida el animal y al saltar atrás el cazador se enredó en un bejuco y cayó.
Un minuto más y[9] llevaríamos un cadáver.
—¡Ahora conmigo![10]—grité, y el váquiro se volvió hacia mí.
Tenía los ojos inyectados y las encías hechas sangre.[11]
Volví a gritarle y partió como una flecha: clavé la rodilla en el fangoso lecho de la quebrada y le aguardé en la boca de mi escopeta.
Al ver el obstáculo que acababa de oponerle, erizó las cerdas y se recogió para asaltarme; pero fué el último esfuerzo que tentó porque le enterré la bala en el corazón.
Ya llegaban los otros. Pascual, estupefacto, me miraba desde el barranco, con ojos desencajados.[12] Toribio venía jadeante por el lecho del arroyo, y Tigre, mi fiel Tigre, pasó rozándose conmigo y un instante después destrozaba al váquiro agonizante.
—M. V. Romero García (Venezolano)
Chapter Footnotes:
[1] váquira. Name given in Venezuela to the pecari (peccary) or wild boar.
[2] con el santo fin de, with the exalted (solemn) purpose of.
[3] incondicionales (unreconstructed rebels) ... repartirse la república. An allusion to local revolutionary politics.
[4] Los perros levantaron las piezas, The dogs raised the quarry.
[5] por junto a mí, by my side. VARIANT: Junto a mí.
[6] cuerpo a cuerpo, on even terms; unarmed.
[7] la otra. Note that el otro, la otra, are generally used as correlatives of el uno, la una. Sometimes, as in this case, the latter are understood.
[8] hecha añicos, broken into bits. VARIANT: Hecha pedazos.
[9] Un minuto más y ..., Another minute, and ....
[10] ¡Ahora conmigo! Now (you must reckon) with me! VARIANT: Ahora te verás conmigo.
[11] encías hechas sangre, the gums (mouth) all bloody.
[12] con ojos desencajados, with bulging eyes.
—Pero cualquiera de estas fincas es un verdadero pueblo—prosiguió el conde;—hasta el capellán que les diga la misa[1] suelen ustedes tener. Este batey está compuesto de muchas y numerosas casas; semeja el parque de recreo de una ciudad, y aun le sobrepuja; porque es preciso estar en Cuba para ver[2] esta vegetación que lo limita y rodea. Detrás de la cerca de limón, veo una ancha calle con doble fila de matas de cocos, naranjas y caimitos; por más allá[3] se divisan los cuadros de cafetos, cargados de blancas flores que imitan el azahar, cortados a la misma altura y que devuelven hacia la tierra sus copiosas y redondas ramas; sobresalen entre los cafetos las matas de plátanos, que con sus hermosos racimos ofrecen abundoso alimento, regalo de una tierra providencial. Cortan la finca en secciones regulares espaciosas calles de corpulentos frutales; veo el maíz, veo la yuca, veo cuanto forma[4] una gran despensa, ante la cual la miseria cesa y la abundancia la sustituye y la reemplaza. Y como si no fuese bastante el fruto de la tierra, discurren por entre los cafetales bandadas de gallinas comunes y de guinea, o pintadas, grandes perdices de este suelo privilegiado; los ánades, patos y gansos forman en pos de ellas[5] la pesada artillería de casa y boca[6]; los pavos reales electrizan el aire con los reflejos de sus espléndidos colores, y los pavos comunes, ruidosos, tartamudos, llamados aquí guanajos, aturden el oído con la redoblada descarga de sus graznidos. Y para que aquí no falte nada y se parezca en todo a un jardín de aclimatación[7] nuestro—jardines que allí[8] solamente un gobierno puede sostener—veo manadas de ovejas y cabras y a lo lejos oigo el torpe gruñido de mansos cebones. La cuadrilla de perros que no pierden nunca la pista del negro cimarrón,[9] la vaca de leche y los bueyes de las carretas, los caballos de la molienda[10] del grano y de la volanta y silla, todo esto completa un cuadro lleno de vida y movimiento, que yo estudio, que yo admiro,[11] porque es la Providencia en forma estética y la Estética reencarnada en la Providencia.
—Malpica La Barca (Cubano)
Chapter Footnotes:
[1] diga la misa, from decir misa, to say Mass.
[2] es preciso estar en Cuba para ver ..., one has to be in Cuba to see .... VARIANT: Hay que estar ....
[3] por más allá, further on. VARIANT: Más allá; más lejos.
[4] veo cuanto forma ..., everything necessary to form. VARIANTS: Todo cuanto forma; todo lo que forma.
[5] en pos de ellas, behind them. VARIANT: Tras ellas.
[6] y (de) boca, eatable.
[7] jardín de aclimatación, botanical garden.
[8] que allí. The Count is referring to Europe.
[9] negro cimarrón, in olden times a runaway slave. Dogs were specially trained to follow the scent of the fugitives, as police dogs are to-day.
[10] caballos de la molienda, horse power for the crushing of sugar-cane.
[11] que yo estudio, que yo admiro. Note the redundance for the sake of emphasis. VARIANT: Que yo estudio y admiro.
Esa noche había gran asamblea.
El Comité hervía de gente[1] de toda clase.—
Las piezas interiores estaban ocupadas por los personajes más conspicuos;—los miembros de la comisión directiva, con cierto aire de suficiencia y de unción que les venía de lo alto.
El secretario se había puesto su cuello más almidonado y una levita negra que le daba por[2] las pantorrillas; estaba embarazado con sus faldones, que en cualquier movimiento se abrían como paracaídas; lucía su mejor alfiler, y su anillo de chispa[3] tenía un compañero tan ancho que le impedía doblar el dedo.
Iba de un lado para otro, llevando papeles, entregando cartas y notas—dando explicaciones,—escuchando pacientemente las preguntas que le dirigían y sonriéndose con malicia con alguno de su confianza,[4] cuando pasaba por delante de una serie de personajes adustos, graves, que estaban sentados en hilera simétrica, en un rincón de la sala, fumando con desahogo, hablándose a hurtadillas[5] con monosílabos, y dirigiendo de tiempo en tiempo sus ojos desconfiados a la puerta.
Tenían el aspecto venerable de los ancianos bíblicos.
La buena fe les hacía considerar el Comité como un templo; su actitud era la de un testigo que espera la llegada del juez para prestar su declaración.
Habían acudido al llamamiento, trayendo su contingente de influencia; en cambio, habían abandonado su hogar y sus majadas[6] con la despreocupación que les caracteriza.
El secretario aprovechaba la confusión para hacer sus excursiones al fondo de la casa, en busca del fulano de los mates[7] que los tenía cebados en hilera y por cuyas bombillas pasaba alternativamente sus labios como quien[8] toca la zampoña; luego, limpiándose con la manga del levitón, entraba más serio que un obispo en el salón de su dependencia.
Un vocerío sordo y molesto llenaba todo el ambiente, especialmente en el interior, donde se respiraba un aire denso y saturado de humo.
En los distintos corrillos que se habían formado, se hablaba en voz alta, se discutía, se armaban apuestas y se ponderaban las virtudes y los méritos de los ciudadanos inscriptos en las listas.—Eran todos la flor y crema[9] del partido; ninguna tacha podía arrojárseles; en cambio, a los que figuraban en la lista contraria, se les aplicaban los dicterios más usuales del vocabulario callejero.[10]
Se les presentaba como a seres de otra especie.
Esos no querían la patria feliz, engrandecida, sino abierta por los cuatro cantos para satisfacer sus ambiciones y su codicia.
Un extraño, al oirlo, habría creído que se trataba de enemigos feroces a quienes era menester negarles el fuego y el agua.
—Manuel T. Podestá (Argentino)