NOTAS:

[A] El vocabulario de los chilenismos que se encuentran en estos cuentos y las notas comparativas, irá al fin de la colección.

[B] Aquí se nombra a cualquiera de las personas que escuchan el cuento. Esta es una de las muchas fórmulas que se usan para comenzar estas narraciones y pertenece a las con chacharachas o matutines, nombres que se dan a la retahila de palabras y expresiones sin sentido, que contienen. Véase el anexo II de mis cuentos de Carahue.

[C] Es de regla decir de una sola tirada, sin descansar ni tomar aliento, las quejas de la Tenquita.

[D] En este cuento se han transcrito las mismas palabras empleadas por la González al narrarlo, pero no como las pronunciaba. Quien quiera imponerse de la pronunciación de la narradora, vea el número de Abril de 1909, T. XXXII, F. 526 a 538, de la Revista de Derecho, Historia y Letras, de Buenos Aires, en que se publicó con grafía fonética, y comentarios.

[E] ¿El Meñique?

[F] Quedó muerto, hecho una bolsa de huesos, informe.

[G] Lo que se presuma de literario en esta versión, seguramente que no es adorno superior a las descripciones, reflexiones y formas pintorescas que daba Liberona a la narración. Pueda ser que algunas haya yo cambiado, por olvido de los originales; pero no son invenciones mías, sino reflejos borrosos ya, por los cuarenta años transcurridos, pero fieles representantes de la impresión causada por el cuento en un niño de 13 años.—R. Rengifo

[H] El maestro Tránsito, que sazonaba sus cuentos con comentarios más o menos sabrosos, agregó lo que sigue:

“Una ocasión estaban varios trabajadores reunidos después del trabajo y entre ellos había uno que era calvo y lampiño; y otro que se las daba de poeta le dijo:

“Al amigo Pedro Antonio
le ha pasado lo que al Jote:
por comer la mejor presa,
perdió toda la cabeza
y se le peló el cogote.

“Lo que ha quedado por refrán y se les dice a los que son faltos de pelo”.

[I] El Cuero o Manta es una especie de piel o tela gruesa extendida en el fondo de los ríos y lagunas, que atrae a las personas, animales y pequeñas embarcaciones tripuladas que pasan a su alcance. La simple vecindad de cualquier ser viviente le irrita y se levanta y se recoge asiendo entre los pliegues que forma con sus movimientos al que ha tenido la desgracia de acercársele y que irremisiblemente perece ahogado. El Cuero o Manta se alimenta de sus víctimas. (R. F.)

[J] Huelga la explicación de haber muerto reventado nuestro carpintero, pues seguramente acostumbraría él gastar su paga semanal divirtiéndose en casa de algunas familias pobres de esos lugares, en que se prodigaría el licor, como acostumbra hacerlo nuestro pueblo en reuniones de esa especie. El que se sobrepasara atrevidamente en alguna de esas remoliendas: el que perdiera la vida y le pasara casual o intencionalmente una carreta por encima, es cosa nada extraña en tiempos y en campos como aquellos.

Este cuento de brujos y muchos otros, ciertamente habrán servido para encubrir o disculpar un asesinato ante los campesinos o gentes crédulas.—R. Rengifo.

[K] Pueblecito del departamento de Victoria, provincia de Santiago, en el cual es fama que ha habido muchos brujos, y, según algunas personas, todavía los hay.

[L] Véase pág. 234, Núm. 6.

[M] Nombre vulgar del Dafila spinacauda.

[N] Esta leyenda me fué referida en 1910, pero no tomé nota del nombre de la persona que me la contó. Igual observación debo hacer respecto de las que no tienen noticias sobre los informantes y aquellas en que simplemente indico el año en que me fueron contadas.

[O] Como en los Cuentos populares de Carahue, y por las razones que ahí se expresan, comienzo por citar primeramente a Cosquin, siempre que en sus Contes populaires de Lorraine haya cuentos que tengan relación con los que se publican en este volumen.

[P] De este cuento procede la frase fam., tan común en Chile y en otros países hispanoamericanos, salir con su Domingo siete, que se aplica a los que dicen o hacen cosas fuera de razón, Membreño (Hondureñismos, 3.ª ed., p. 70) atribuye este dicho a que «el domingo nunca ha sido el séptimo día de la semana», y, por tanto es lógico decir que DOMINGO SIETE significa «despropósito, disparate». «El Diccionario de la Academia y con él los demás Diccionarios, cuando afirman que el domingo es el primer día de la semana, no hacen más que consignar un hecho reconocido desde hace siglos.»