[68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas.
[69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno.
[70] Deseo insistir en la intención de la nota al verso 289, de esta misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del castellano familiar, recordando al lado de esta: más ardiente que la llama, las siguientes: más dura que mármol, v. 57; más helada que nieve, v. 59; más fuerte que el hierro, v. 265; más rubio que el oro, v. 274; lo quiero más que a mis ojos, Eg. II.ª, v. 747, etc.
[71] La noche de la muerte de Elisa.
[72] Aquel duro trance es el trance del parto. Lucina es Diana, a quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, Los dioses de Grecia y Roma, tomo I, pág. 119.)
[73] inesorable, inexorable; véase Eg. II.ª, v. 253, nota.
[74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya Salicio es ido! — ¡Salicio es ido! luego respondieron — Las selvas, redoblando su ruído... — Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo — No fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo — Por mano del sacrílego enemigo?... — Y tú, Venus dorada... — ¿Por qué no socorriste el doloroso — Trance de tu poeta?...»
[75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su lado. (Véase Gebhardt, obr. cit., tomo I, pág. 133.)
[76] comovida; reducción de la forma culta conmovida; casos análogos tramontar, Eg. I, v. 412; ecelencia, Eg. II, v. 1741; comovió, Eg. II, v. 1817; lacivo, Eg. III, v. 93, etc.; véase nota al v. 1298 de la Eg. II.
[77] Tercera rueda: Juan de Mena, Las Trescientas, tercer cerco. «Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.)
[78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto; porque Salicio comenzó al salir del sol.» y «Nemoroso acaba al poner del sol.» (Pág. 445.)
[79] recordando, despertando. De esta significación antigua de recordar hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase para los palacios — donde sus damas están — dando palmadas en ellas — Las empezó de llamar: — Si dormides, mis doncellas, — si dormides, recordad! — Las que sabedes de amores — consejos me queráis dar...» (R. Menéndez Pidal, El Romancero Español, The Hispanic Society of America, 1910, págs. 25-26.)
[80] Intervienen tres pastores: Albanio, Salicio y Nemoroso y la pastora Camila, ninfa de Albanio. «Esta égloga es poema dramático, que también se dice ativo, en que no habla el poeta, sino las personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del Danubio; seguramente en Nápoles, hacia 1533.
[81] Se ha creído que la fuente que aquí se cita es una que hay en Batres, antigua posesión de la casa del autor, de la cual dice Tamayo (fol. 45) que se ha conservado con el nombre de Fuente de Garcilaso, y como ilustre monumento de sus escritos se venera.
[82] Hay que leer sua-ve, en dos sílabas, y no su-a-ve, como rui-do, canc. IV, v. 98; en cambio dos versos antes del presente se encuentra ru-í-do; más adelante veremos como monosílabos peor, mío, míos, río, día, etc., Son. VI, 7; Son. VII, 10; Son. VIII, 6; Son. XXVI, 13; Eg. II, 1472; Eg. III, 330. «De esta sinéresis, enemicísimas de la buena prosodia, abusaron nuestros clásicos... a extremo tal, que más pueden pasar por vicio común de aquella época que por rudeza de oído de este o aquel versificador.» (V. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 411-413.)
[83] Claros ojos, delicada y blanca mano, cabello de oro y cuello de marfil; la belleza de Elisa (Eg. I, v. 267 y sigs.) coincide exactamente con la de Camila que aquí describe Albanio; conviene apuntar la sospecha de que este Albanio no sea sino Garcilaso, y, asimismo, que la parte sentimental de esta égloga sea una nueva ofrenda del poeta hacia aquella dama cuyos amores, de que fue tan derretido (Eg. I, nota al v. 2), le inspiraron toda la égloga anterior, cuatro bellas octavas de la tercera (versos 217-248), las dos primeras canciones en versos cortos y acaso los sonetos XXV y XXVI. No he podido persuadirme de que Albanio sea el gran Duque de Alba, como se ha dicho. (V. adelante, nota al v. 1716.)
[84] Conviene advertir de estos tercetos dichos por Albanio que son los más antiguos que hay en castellano, aparte los de Boscán, y de algo debe servirles este mérito frente aquella ventaja que puedan llevarles los de Quevedo, de los Argensolas y del gran incógnito sevillano, autor de la Epístola Moral (siglo XVII). (V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 237.)
[85] «Imita en estas tres estanzas la famosa oda de Horacio Beatus ille. No se pone aquí porque la saben aun los muchachos medianamente instruidos y porque tenemos en castellano más de veinte traducciones.» (Azara.)
[86] «Don Francisco Gómez de Quevedo, ejemplo de las ingeniosidades de los nobles de nuestra nación, me escribe que le parece que se ha de leer así: Que en nuevo gusto nunca el bien se pase. Basta su parecer para que se siga.» (Tamayo, fol. 46.)
[87] «Dice Virgilio, tomándolo de Homero, al fin del libro VI de la Eneida, que hay dos puertas del sueño: por la de marfil salen los sueños falsos, y por la de cuerno, los verdaderos. Ebúrnea es de marfil.» (Brocense, nota 118.)
[88] El mejor testimonio de la consideración que mereció a Garcilaso el castellano familiar y corriente está en la frecuencia con que se vale de adagios y refranes: el mal, comunicado, se mejora; de un mal, ajeno bien se empieza, Eg. II, v. 259; no hay mejor cirujano que el bien acuchillado, Eg. II, v. 355; no es malo tener quien llore al pie del palo, Eg. II, v. 363; fácilmente, el sano da consejo al doliente, Eg. II, v. 400; de un dolor a otro se empieza, Eg. II, v. 494; a quien no espera bien, no hay mal que dañe, Eg. II, v. 774; etc. (V. Eg. I, v. 289, nota.)
[89] «Este verso está en Boscán en un soneto.» (Brocense, nota 123.) Castro podía haber repetido en este lugar lo que dijo con motivo del v. 32 de la Eg. III.
[90] Sujeto estaba enteramente, y destinado por el cielo, a consumirse en vivo amor, Eleg. II, v. 76; a poder suyo, se hubiera resistido, mas no hay defensa contra lo que el destino determina, Son. VII. Los que creyeron en el fatalismo, pensando que la fuerza del hado podía ahogar nuestro libre albedrío, fueron juzgados por herejes; de aquí que Herrera, pág. 551, y Tamayo, fol. 37, hayan intentado defender la ortodoxia de nuestro poeta. Acaso Garcilaso había aceptado esta opinión, a la vez que su respeto a los dioses, a las musas y a natura, como uno de tantos aderezos poéticos, resucitados por el clasicismo, de la antigüedad pagana; pero lo cierto es que los poetas, en materia de amor especialmente, y el vulgo, en esta y otras muchas materias, han concedido siempre gran influencia al poder del destino, a pesar de las decisiones ecuménicas de la religión.
[91] Esta referencia al parentesco entre Camila y Albanio habrá sido recogida, seguramente, por el Sr. Menéndez y Pelayo en el próximo tomo XIV de su Antología, para identificar definitivamente las personas en ambos pastores representadas.
[92] Ofrecerse a Diana era jurar castidad, vivir en las selvas y consagrarse a los ejercicios de la caza; era parte del culto de esta religión ofrendar a la diosa, en su silvestre altar, la testa del jabalí, los cuernos del ciervo y otros tales despojos de las piezas cobradas.
[94] Empieza a faltar sombra al ruiseñor —Filomena— en el otoño, cuando los árboles van quedando sin hoja.
[95] secutando, ejecutando; esecutarse, canc. I, v. 16; esecutivo, Son. XXV, v. 1; en el Son. XXIX, v. 14, esecutá, ejecutad. (* exsecutare, Körting, Lateinisch-Romanisches Wörterbuch, 1907, núm. 3483.) En español antiguo se escribía executar; pero la x equivale al grupo cs, y este grupo, en palabras cultas, podía simplificarse en s, como hoy se simplifica en las formas vulgares: desaminar, desención, etc., Eg. I, v. 377, inesorable.
[96] «Este es proverbio latino, Nulla mala hora est, quin alicui sit bona. No hay mal sin bien, catá para quien.» (Brocense, nota 127.)
[97] «Superno, adj. Supremo, o lo que está más alto. Es del latino Supernus y tiene poco uso.» (Dicc. Aut., 1739.)
[98] grúa, grulla. «Escribe Eliano que las grúas duermen todas de noche, y que tres o cuatro velan haciendo guarda a las demás, y que por no vencerse del sueño, sufren un fatigoso y molesto trabajo, porque levantando un pie, tienen en él con gran cuidado una piedra, para que cuando las acometa el sueño y se haga señor dellas, las despierte el ruido de la piedra que se les cayere.» (Herrera, 555.)
[99] Esta fama ha quedado a los ánsares desde aquella hazaña en que, gracias a ellos, se salvó Roma. «Teniendo los Galos sitiado el Capitolio, lo asaltaron una noche que los centinelas estaban dormidos; pero los ánsares con sus graznidos despertaron a Manlio, que con sus romanos rechazó el asalto.» (Azara.)
[100] Primo de Faetón era el rey de Liguria, el cual llorando la muerte de su pariente se convirtió en cisne. De esta fábula va una nota más amplia en el Son. X, v. 14.
[101] «La fábula de la perdiz se cuenta en Ovidio, y dice que era —Talo— un criado de Dédalo, y que halló —es decir, inventó— la sierra, y Dédalo de envidia de tan buena invención le echó de una torre abajo, y agora las perdices por miedo de la caída hacen nido en el suelo huyendo de los techos.» Brocense, nota 129. (Ovidio, Metamórfosis, lib. VIII, fáb. IV.)
[102] En este lugar y en tres pasajes más de la presente égloga, versos 720, 934 y 1129, ensaya Garcilaso la rima interior, imitando al Petrarca. Es esta rima pariente de los viejos versos leoninos usados alguna vez en la Eneida y no desconocidos en el Cantar de mío Cid. (V. la obra de este título por D. R. Menéndez Pidal, Madrid, 1908, tomo I, parte 1.ª § 35.) Garcilaso estuvo poco afortunado en esta rima trabada; sus continuadores, Cervantes, Cetina, Tirso, Barahona y otros, no tuvieron mejor éxito. (V. sobre esto una interesante nota de D. F. Rodríguez Marín en Luis Barahona de Soto, pág. 330.)
[103] No hay mejor cirujano que el bien acuchillado. Proverbio antiguo.
[104] al pie del palo, al pie de la horca. «También es refrán, que alude a los que ahorcan.» (Brocense, nota 132. V. Eg. II, v. 142, nota.)
[105] contrastar: hacer oposición y frente, combatir y lidiar. (Dicc. Aut., 1739.)
[106] maníficas, magníficas. V. Eg. I, v. 34, nota.
[107] «Quiere el licenciado Cristóbal de Mesa que diga retórico por filósofo, por ser más propia la elocuencia de aquel que déste.» (Tamayo, notas, fol. 49.) Sin embargo, por lo que Salicio ha venido discurriendo para consuelo de Albanio, cabe que este pudiese calificarle con lo de filósofo además de lo de elocuente.
[108] «El silencio es alimento de las enfermedades de amor.» (Herrera, 559.)
[109] Camila, deseosa de conocer a la ninfa de Albanio, levantose con tanta prisa que no dio lugar al pensamiento para discurrir sobre la imposibilidad de que en la fuente se encontrase mujer alguna. Conviene intentar esta explicación para que no parezca excesiva la candidez, o acaso la coquetería de Camila.
[110] boca arriba tendido: Garcilaso repite algunas veces esta imagen como última expresión del aniquilamiento y postración del ánimo; en esta misma égloga, versos 118, 659, y Canción I, versos 13 y 37; la rusticidad de la vida pastoril disculpa la llaneza de esta figura, no bien acogida por algunos críticos.
[111] «Proverbio latino: malis mala succedunt. Por eso decimos: Bien vengas, mal, si vienes solo.» (Brocense, nota 139.)
[112] la mi muerte. «Los pronombres posesivos y demostrativos se suponen envolver el artículo cuando preceden al substantivo: Mi libro, el libro mío... Pero antiguamente solía construirse el posesivo con el artículo, precediendo ambos al substantivo, en sentido determinado; uso que subsiste en las expresiones el tu nombre, el tu reino, de la oración dominical; en el mi consejo, la mi cámara, y otras de las provisiones reales.» (Bello-Cuervo, Gramática, París, 1907, § 878.)
[113] Murió Garcilaso, y «luego que se oyó su muerte, se desataron en elogios y en lágrimas las lenguas y las Musas compitiéndose las naciones extranjeras unas a otras. En Toledo fue universal el luto y el llanto, en una muerte tan digna de sentimiento, que hasta hoy no acabó de llorarla bien el Tajo, como predijo él mismo en este que quiso ser verso y fue vaticinio.» (Cienfuegos, Vida de San Francisco, Madrid, 1726, pág. 52.)
[114] «Cosa muy vulgar es decir que el cisne canta dulcemente siempre, pero más al fin de su muerte. Dícelo Platón in Phaedone, y Plutarco y muchos poetas griegos y latinos; pero Luciano se burla mucho desto, y Eliano, grave historiador, en el libro 1.º de Varia Historia, y Plinio, libro 10, cap. 23. Puede ser que en unas tierras cantan y en otras no; a lo menos en España no sabemos que canten, mas de que en Tordesillas oyeron muchas gentes entre los juncos del río unos gaznidos (sic) espantosos, tanto que pensaron ser alguna cosa monstruosa, y algunos se atrevieron a llegar allá, y hallaron un cisne que había venido de otra parte, y murió muy presto. Desto hubo muchos testigos.» (Brocense, nota 146.)
[115] De la ninfa Eco y del castigo que Juno la impuso por ayudar a Júpiter en sus devaneos tiénese noticia a mano en el tomo II, pág. 17, de esta Colección, nota a los versos 294-295, acto I de El Vergonzoso en Palacio, de Tirso de Molina.
[116] Porque también Eco fue muy desgraciada en sus amores con Narciso.
[117] Eco no puede mostrarse; pero se oye su voz, que es lo único que de ella ha sobrevivido.
[118] «Para que se entienda la propiedad destas ninfas que aquí pone, digo que Nayades, son de los ríos; Napeas, de los collados; Dríades, de los bosques; Hamadríades, de los árboles; Oreades, de los montes; Henides, de los prados.» (Brocense, nota 149.)
[119] Las napeas son la verdadera guarda del bosque. Creo, a pesar de Castro, que en esta frase no hay nada contrario a la Gramática.
[120] A las orejas de algún purista acaso suene mal esta expresión, como a la de aquellos contemporáneos de Herrera que hubieran querido enmendar divinos oídos, «por parecerles que no significan orejas, en el sermón vulgar, sino las del asno... lo cual no es otra cosa que una solicitud demasiadamente curiosa y afectada, y que procede antes de inorancia, que del conocimiento de la fuerza y hermosura de nuestra habla... ¿Mas qué, merecen menos las orejas, varia y hermosísima parte de la composición humana, que las otras que constituyen el cuerpo? ¿No son ministras de nobilísima operación? ¿No es esta voz bien compuesta? El oído, ¿no es ajeno de la significación dellas? ¿Pues qué barbaria se ha introducido en los ánimos de los nuestros, que huyen como si fuese sacrilegio inespiable, el uso de esta dición?...» (Herrera, Anotaciones, 568-569.)
[121] Dríades o Hamadríades son las ninfas de los bosques que viven en los troncos de los árboles:
«Y así las ninfas, el cantar rompido,
Volviendo al campo do el oculto moro
Riquezas guarda con el puño avaro,
Desnudas se metieron
En las encinas huecas, do salieron.»
Luis Barahona de Soto. Fin de la égloga de las Hamadríades.
[122] viso, vista, italianismo usado especialmente por los poetas del siglo XV. «Señora, flor de azucena — Claro viso angelical,» Villasandino, Canc. Baena, 18-a. «Tanto quel viso de la criatura — Por la diáfana claror de los cantos — Pudiera traer objetos a tantos — Cuantos celaba so sí la clausura.» (Juan de Mena, Las Trescientas, cap. XV.)
[123] Por el paso en que me ves... El culto Herrera nos hace saber el carácter popular de esta forma de juramento al decir de ella, como censura, que es traída de en medio de la plebe.
[124] Albanio no hubiera pensado en suicidarse con un arma, «porque la muerte de hierro es trágica y no conviene a la rustiqueza y simplicidad de pastores». (Herrera, 570.)
[125] En situación semejante a la de Albanio, Carino, pastor de Sannazaro, fue distraído de su desesperación por el vuelo de unas palomas, y tal recurso es, acaso, más verosímil que el que utiliza Garcilaso, pero, desde luego, se advierte en la intención de este el deseo de valerse de un fenómeno puramente natural, y al mismo tiempo decisivo, para vencer la voluntad de Albanio sin dejar sospecha sobre la firmeza y sinceridad de su resolución.
[126] Tamayo, notas, fol. 18, discute el sentido de este terceto: «Si el último verso se aplica al atónito, es floja la sentencia; si al segundo, no tiene ninguna. Si se lee rendido, en vez de tendido, parece que puede ser alusión al rendimiento del ánimo cuando se ha caído en la cuenta, haciendo equívoca la translación. Los más ingeniosos lo juzguen.» La enmienda de tendido en rendido se ha propuesto también para la Canc. I, v. 13 y 37.
[127] presupuesto, usado como substantivo se toma por el motivo, causa o pretexto con que se ejecuta alguna cosa. (Dicc. Aut.)
[128] Salicio piensa llevar a Gravina el nido de su ruiseñor, con agravio de la desdeñada Galatea, si no es que se trata de un segundo nombre de esta misma pastora, exigido aquí por la consonancia de encina.
[129] Herrera acentúa pásso, como si Camila dijese: no paso, me quedo en este valle; ha parecido mejor acentuar pasó, como hizo el Brocense, entendiendo que esta palabra se refiere al corzo herido que Camila persigue.
[130] Tal ocurrió a la ninfa Calisto, que por corresponder a los amores de Júpiter, perdió la compañía de las demás ninfas, y, además, Juno, en venganza, la transformó en osa. (Ovidio, Metam., lib. II, fáb. IV.)
[131] desbañar, quiere decir afligir, congojar, lo contrario de bañar, que, según Tamayo, fol. 51-52, se usó en latín —balineum, balineare— con la significación de aliviar, quitar cuidados. El mismo Tamayo trae unos versos de otro poeta, sin decir quién es, en donde aparece también desbañar dicha acepción de afligir.
[133] estampa, idea, original, dibujo y molde principal o prototipo. (Dicc. Aut.)
[134] me adiestra: por me guía o me conduce.
[135] prendedero: «cierto instrumento, que se hace de hierro, alambre u otro metal, y consta de dos o tres ganchos pequeños, con que regularmente las aldeanas prenden sus sayas, cuando las enfaldan.» (Dicc. Aut.)
[136] cornado. Moneda de baja ley que mandó batir el rey D. Alfonso el Onceno el año de 1331 para remediar la falta de dinero, carestía y falta de mantenimientos. (Dicc. Aut.) A lo cual Sancho respondió que por la ley de Caballería que su amo había recibido no pagaría un solo cornado aunque le costase la vida. (Don Quijote, tomo I, cap. 17.)
[137] Eurídice, huyendo del pastor Aristeo, fue mordida en un talón por una sierpe y murió el día de su boda; Orfeo, su esposo, fue a buscarla a los infiernos, y de tal modo embelesó a las divinidades infernales con su voz y su lira, que le concedieron sacase a Eurídice. (Ovidio, Metamórfosis, lib. X, fáb. I.)
[138] Son divinidades infernales las tres Furias hermanas, Alecto, Tisífone y Meguera, las de ojos de ira y cabellera de culebras.
[139] fosado: foso.
[140] entramos y entrambos eran formas igualmente usadas en tiempo de Garcilaso, pero la primera tiene más color popular; él mismo dice entrambos en otros lugares.
[141] En esto hay un recuerdo de la fábula del lindo Narciso, el cual, habiéndose visto en una fuente, gustó tanto de su propia belleza, que falleció de amor. (Ovidio, Metamórfosis, lib. III, fáb. V.)
[142] puedes, debes no son consonantes, ni tampoco culebras, negras, v. 945; acabo, hago, v. 1007; faunos, silvanos, v. 1157; sangre, hambre, v. 1205; sangre, estambre, v. 1242 y 1663; campo, blanco, v. 1257, y a propósito de esto dice Tamayo, fol. 54: «en este género de metro, como tan lleno de consonancias, no ofende al oído que alguna difiera en alguna letra... fuera de que en el furor de tan largo discurso como este de Nemoroso, es más permitida esta licencia, que denota el valor acreditado de Garcilaso, que podía reconocer sin reprehensión en sí, facultad libre para no reparar en menudencias tan accidentales.»
[143] «aferrar, de que en los siglos XVI y XVII se decía indiferentemente afierro o aferro, no admite hoy sino la última forma.» (Bello-Cuervo, Gram., pág. 77, n.)
[144] Empiezan aquí los loores a la casa de Alba.
[145] Se refiere a la ciudad de los duques, de la cual dice el refrán: «Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres.» (Herrera, 626.)
[146] Habla de Fr. Severo, monje italiano, preceptor del gran Duque D. Fernando. «Este fraile fue el que, abusando de la confianza del Duque de Alba, D. Fadrique, engañó miserablemente a Luis Vives, que era el verdadero preceptor que el Duque de Alba quería para su nieto... Severo, que iba a Lovaina, se encargó de hablar a Vives y de entregarle una carta sobre el asunto, pero ni una cosa ni otra hizo, a pesar de haber tenido con él larga conversación más de diez veces. Ofendido el Duque por no recibir contestación, creyó que el sabio valenciano despreciaba su oferta, y dio la plaza de preceptor al mismo Fr. Severo, que con tan malas artes la había granjeado.» (Menéndez y Pelayo, Antología, tomo XIII, pág. 48.)
[147] Quintana se equivocó haciéndole benedictino y siciliano. (Obras inéditas de D. Manuel José Quintana, Madrid, 1872, págs. 117 y 118.) Era dominico y había nacido en Plasencia de Lombardía o en su campo. (M. Menéndez y Pelayo, l. c.)
[148] Refiérese a las famosas batallas entre cartagineses y romanos en la segunda guerra púnica.
[149] «En aterrar quieren los gramáticos hacer una distinción entre atierro, en sentido de “echar por tierra”, y aterro, en el metafórico de “consternar”, creyendo, sin duda, que en esta segunda acepción el verbo se deriva de terror.» (R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 112 bis,-2.)
[150] «¿Cómo se pueden traducir en lenguaje vulgar estas maravillas? ¿Sería, por ventura, Fr. Severo un físico más o menos teósofo, a estilo de su tiempo, una especie de Cardano o de Agripa, iniciado en la magia natural, y aun en la teurgia? Si algo de esto hubiese sido, por otra parte lo sabríamos, y quizá los procesos de la Inquisición nos diesen razón de él como nos la dan del licenciado Torralba. Es muy probable que Severo tuviese algunos conocimientos de ciencias naturales, aparte de su física escolástica, y que las cultivase para recreo propio y de sus amigos; pero todo lo demás debe de ser pura fantasmagoría poética. Y lo que me confirma más en esta idea es que Garcilaso, en varios lugares de esta égloga, no hace más que poner en verso mucha parte de las prosas octava y novena de la Arcadia de Sanazzaro, como ya advirtieron en sus respectivos comentarios el Brocense y Herrera: los prodigios de Severo son los mismos que se refieren del mágico Enareto en la novela italiana... la adaptación de estos pasajes a Severo pudo tener algún fundamento en los estudios y aficiones de este; pero pudo ser también mero capricho del poeta. Una de las muchas convenciones del género bucólico era el uso frecuente de la magia y de las supersticiones gentílicas.» (M. Menéndez y Pelayo, Ob. cit., págs. 53 y 54.)
[151] amancilla: entristece.
[152] pastoriles, avena: instrumentos músicos; la avena es una especie de flauta, voz poética y puramente latina. (Dicc. Aut.)
[153] «El Rey D. Juan el Segundo prendió a D. Fernando Álvarez de Toledo, Conde de Alba, y su hijo D. García, que después fue primer Duque de Alba, le hizo mucha guerra desde las fortalezas de su padre, mayormente desde la villa de Piedrahita, que es a diez leguas de Béjar, procurando su libertad; pero muriendo el Rey don Juan, D. Enrique el 4.º, su hijo, luego que fue jurado por rey, voluntariamente sacó de la prisión al Conde de Alba y a D. Diego Manrique, Conde de Treviño.» (Herrera, 588.) Esta era la época de las famosas rivalidades entre la nobleza y el Condestable D. Álvaro de Luna. «De este D. Fernando Álvarez de Toledo hace mención el Bachiller Fernán Gómez de Cibda-real, y Hernando del Pulgar lo incluye entre sus Claros Varones, tít. V.» (Navarrete, pág. 154.)