[154] Hijo de D. García y de una tía carnal del Rey Católico fue D. Fadrique de Toledo, segundo Duque de Alba, el cual casó con D.ª Isabel Pimentel, de la casa de Benavente, y fue también Marqués de Coria. (V. Herrera, 588; Navarrete, 156.)

[155] «Don Fadrique, siendo vivo su padre, D. García, fue general de los cristianos en los pueblos de la frontera de Granada.» (Herrera, 589.)

[156] Esto fue en la guerra de Navarra. El Duque de Alba fue el jefe del ejército que conquistó aquel reino para D. Fernando el Católico, 1515. (Mariana, lib. XXX, cap. XXII.)

[157] «Este caballero, D. García, fue hijo mayor de D. Fadrique de Toledo y de D.ª Isabel Pimentel, Duques de Alba y Marqueses de Coria, y padre del Duque don Fernando.» (Herrera, pág. 589.) Hermano de D. García, pero de otra madre, de D.ª Isabel de Zúñiga, hija del Duque de Béjar, fue D. Pedro de Toledo, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles. (Navarrete, página 156.)

[158] inicas, inicuas; refiérese a las Parcas. (V. adelante v. 1581, nota.)

[159] «Militando D. García de Toledo con el Conde Pedro Navarro en la costa de África, paso a la conquista de la isla de los Gelves. Luego que desembarcó quiso internarse en el país desierto y arenoso. Era el tiempo extremamente caloroso, y su gente, fatigada del ardor del sol y del cansancio, fue a beber a unos pozos, donde los moros estaban en emboscada. Dieron sobre los nuestros, que de pura sed y fatiga apenas se pusieron en defensa. D. García les animó con la voz y con el ejemplo; y con una pica en la mano peleó como valeroso soldado, hasta que muertos o dispersos todos sus españoles, oprimido de la muchedumbre, lleno de heridas, cayó muerto en la arena a los veintitrés años de su edad, el de 1510.» (Azara.) «Allí pereció la flor de la gente española... murieron casi 4000 escogidos soldados con sus capitanes y oficiales, pocos a hierro, muchos con sed y ahogados en aquellas cuevas y bocas cubiertas de la tierra y en aquellos tragaderos ascondidos.» (Herrera, 595.) Por esta derrota se levantó aquel cantar español: «Y los Gelves, madre — malos son de tomare.» etc. (Brocense, nota 169.)

[160] Queda dicho que cuando murió D. García solo contaba veintitrés años de edad, lo cual disculpa el elogio de su belleza, que parecería poco oportuno si se tratase de un guerrero veterano. (V. Eleg. I, v. 116, nota.)

[161] vista, nombre; en vista, advervio, como a la vista. Palabras iguales, pero equívocas, pueden formar rima, porque, en realidad, al tener distinta significación, vienen a ser palabras diferentes; Tirso y Barahona usaron de esto (Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 404), y aun hoy se ha defendido como licencia que se debe permitir. (E. Benot, Prosodia castellana y versificación, tomo III, pág. 236.)

[162] Doña Beatriz Pimentel, hija del Conde de Benavente, mujer de D. García y madre de D. Fernando, el gran Duque de Alba.

[163] Don Fernando Álvarez de Toledo nació en Piedrahita, villa de la provincia de Ávila, en el año de 1507, y murió en Lisboa a 11 de diciembre de 1582, a los setenta y cinco años de edad. (V. Navarrete, 156-157.)

[164] «Si bello infante n’ apparia che’ l mondo — Non hebbe un tal dal secol primo al quarto.» (Ariosto, canto 46) Pónese como término de ponderación el nacimiento de Jesús a los 4000 años de la Creación.

[165] El monte Parnaso tiene dos cumbres. En una estaban los templos de Apolo y Diana, y en otra, el de Baco. (Herrera, pág. 188.)

[166] Aquellas nueve lumbres, las nueve Musas.

[167] Pintan mancebo a Febo, porque naciendo y escondiéndose todos los días, nunca siente vejez, y le llaman intonso, porque nadie puede cortar de su frente su cabellera de luz.

[168] Las Musas, luengamente, es decir, desde hacía mucho tiempo tenían visto y sabido lo que había de ser el porvenir del recién nacido.

[169] nétar, voz semiculta, por néctar, como vitoria, Eg. I, v. 35; acidente, Eg. II, v. 131; eleción, íd., 166; aflitos, íd., 229; efeto, íd., 253; noturna, íd., 297 y 301; jatancia, íd., 1513, etc.; la pronunciación de estas palabras respondía a su ortografía, como demuestra el hecho de encontrar en rima trompetas, perfetas y otros casos análogos. (F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, pág. 402.)

[170] Este mancebo de quien habla Garcilaso es su amigo Juan Boscán; da su nombre más abajo, v. 1349. Boscán, siendo muy joven, entró en la casa de Alba a ser ayo de D. Fernando. «El ayo, en las costumbres de entonces, tenía más de camarada que de pedagogo, pero aun así, no es verosímil que se confiara tal cargo a quien, por lo menos, no excediese en diez años a su educando.» (Menéndez y Pelayo, Antología, XIII.) Hace igual conjetura Navarrete, pág. 161. Debió, pues, nacer Boscán a fines del siglo XV, y murió en 1542.

[171] El robusto oficio de la silvestre caza. Eg. III, v. 147.

[172] «En el año de XXIV (1524), en Burgos, un caballero servía a una dama a quien también el Duque de Alba servía, y aún no era Duque; y en aquel tiempo se habían comenzado a usar los arcabuces, y teníase por caso de menos valer, entre caballeros, usar de arcabuces, principalmente los que se preciaban de la espada. Y aquel caballero preciábase de gran tirador de arcabuz; y estando los dos delante de la dama, sacó el Duque un lienzo, y poniéndolo en las narices dijo: “¡Oh, como hiede por aquí a pólvora!” Entonces riose la dama, y corriose el caballero; y luego lo más secreto que pudo apartó al Duque y desafiole a espada y capa a la puente de San Pablo, a cierta hora de la noche. Y llegando el Duque, dijo el otro: “¿Qué armas traéis?” Dijo el Duque: “Espada y daga.” Dijo el otro: “Yo no tengo más que espada.” Entonces el Duque sacó su daga y echola de la puente abajo en el río. Comenzaron su desafío; y allí se hicieron amigos y trataron de que no se supiese este hecho; mas húbose de descubrir, porque al tomar de las capas que estaban en el suelo, se trocaron, y el Duque no cayendo en ello, descubrió en palacio la encomienda que tenía la capa del otro, y por aquí se vino a saber el desafío.» (Brocense, nota 177.)

[173] «Himeneo era el dios de las bodas. El diestro pie calzado significa buen agüero, porque la reina Dido, para desatar el casamiento de Eneas, tenía un pie descalzo, como dice Virgilio.» (Brocense, nota 179.) De este rito de calzarse o descalzarse el pie derecho, para significar firmeza o rompimiento de los lazos matrimoniales, entre los gentiles recogió varios datos Tamayo, notas, fol. 62-65.

[174] «Comprehende aquí Garcilaso las costumbres de las bodas antiguas (paganas). Dice que alternaban el canto las que ponían a la novia en el lecho... Las que llama aquí vírgines eran las pronubas antiguas, aunque no vírgines, pero castas, que tenían este oficio a su cargo...» (Tamayo, notas, fol. 65.)

[175] «Esta señora era hija del Conde de Alba de Liste, y prima y mujer del Duque.» (Herrera, 603.)

[176] Al divino Herrera, pág. 603, le escandalizó este atrevimiento de Garcilaso «que muy ajeno es de su modestia y pureza, y que deslustró mucho la limpieza y honestidad de toda esta descrición.» Pero no se trata de cosa indigna, impura ni inmodesta, sino de la casta y legítima correspondencia del lecho conyugal, y aun solamente del deseo de D. Fernando, no del suceso. Homero, Virgilio, y el mismo Petrarca, llegaron en sus versos a mayores libertades. (V. Tamayo, notas 61-62.)

[177] «Toca aquí la ficción del filósofo Pródico, la cual refiere Xenofon. Y es, que Hércules siendo mancebo, yendo por un camino llegó adonde se partían dos caminos, y estando dudoso por cuál iría, vio venir por cada uno una doncella, una muy hermosa, y otra robusta y varonil; cada una le rogaba que fuese por su camino, y la muy hermosa, al parecer exterior, que era Voluptas, el deleite, prometía en su camino muchos regalos y descansos; la otra, que era Virtud, le prometía mal camino y muchos trabajos, pero prometía al cabo dellos descanso y fama, al revés de la otra. Hércules dijo que más quería trabajos con aquella condición; y fuese tras la Virtud.» (Brocense, nota 181.)

[178] A partir de este verso cuenta Garcilaso el viaje que el Duque hizo a Alemania para intervenir en el socorro de Viena, amenazada por Solimán, gran Sultán de Turquía. Garcilaso acompañaba al Duque en dicho viaje: año de 1532. (Navarrete, págs. 32 y 33.)

[179] «mudable: atributo propio de los franceses.» (Herrera, pág. 605.)

[180] «Pasadas las asperezas del Pirineo recibió orden el Duque de caminar con más rapidez, dejó su escolta y comitiva, y solo con Garcilaso, atravesó por la posta de Francia hasta París, donde cayó enfermo, acaso de las fatigas del viaje; su amigo le asistió esmeradamente, hasta que ya convalecido pudieron ambos continuar adelante...» (Navarrete, pág. 40.)

[181] «Parece que es alusión a la Morbania, deidad falsa y ridícula de los antiguos.» (Tamayo, notas, fol. 66.)

[182] «Esculapio fue gran médico, tenido por los antiguos por dios de la medicina. Fue hijo de Apolo y padre de Padalirio y Macaón, grandes médicos.» (Brocense, nota 182.) «Halló muchas cosas útiles a la salud de los hombres. Fue tan excelente en la curación de los enfermos, que fuera de la opinión de todos, dicen que restituyó a muchos desesperados a la vida y que volvió a ella a muchos muertos. Acusado por esto ante Júpiter, lo mató con un rayo... Enojado Apolo desta muerte, mató a los Cíclopes que fabricaron el rayo a Júpiter.» (Herrera, pág. 606.)

[183] Repuesto D. Fernando de su enfermedad, Garcilaso y él continuaron su viaje; llegaron al Rin, y embarcados en sus aguas, pasaron a Colonia.

[184] «Dícelo por Julio César, que pasó del Rheno (Rin) contra alemanes.» (Brocense, nota 183.)

[185] «Fue Santa Úrsula hija de Dioneto, nobilísimo príncipe de Inglaterra; padeció martirio con once mil vírgenes de la mesma nación en Colonia Agripina, a la ribera del Rin, por los capitanes de Atila que la tenían cercada, en el año de nuestra salud, 352, siendo emperador Marciano.» (Herrera, pág. 607.)

[186] Aquel tirano fue, según se cree, Giula, capitán general de Atila. (Azara.)

[187] estaba en dubio, en duda; dubio es voz latina.

[188] Emplea metafóricamente suelta la rienda a su navío, como ahora decimos dar rienda suelta al llanto, al entusiasmo, a los deseos; de otro modo «parecería dura esta translación del uso de los caballos al de la navegación; pero es elegantísima, y como tal usada de los antiguos griegos y latinos de mejor fama...» (Tamayo, notas, fol. 66.)

[189] El César Carlos V recibió en sus brazos al Duque de Alba en Ratisbona, donde se hallaba convocada la Dieta entendiendo en el conflicto político-religioso promovido por el protestantismo. (Navarrete, 32.) Era también aquella ciudad punto de reunión para los caballeros que acudían al socorro de Viena.

[190] «El Príncipe turco, Solimán, que dos años antes había sojuzgado la Hungría y puesto, aunque infructuosamente, cerco sobre Viena, salió segunda vez de Constantinopla con innumerables gentes, para repetir el asedio de aquella ciudad.» (Navarrete, pág. 32.)

[191] Eran gentes de diversos pueblos y opiniones, pero con un solo propósito e intención. Los nuestros ocupaban mucho menos terreno que los enemigos... Este pasaje ha tenido mala interpretación en la edición de Castro.

[192] Sobrar: exceder, sobrepujar. V. Eg. I, v. 28, nota.

[193] Sobrado: el que excede a otro. V. Eg. I, v. 28, nota.

[194] En el ejército del César había alemanes, flamencos, italianos y españoles: «El Emperador al ver la gran tempestad que sobrevenía pidió auxilio a la Dieta, escribió al Marqués del Vasto para que recogiese toda la infantería española que acababa de poner fin a la guerra de Florencia, y juntase más italiana, avisó a los hombres de armas ordinarios de Flandes y Borgoña, y pidió a los grandes y ciudades de España apercibiesen hombres de armas y todo recaudo, preparándose a sostener solo este glorioso empeño, en que ni el Rey de Francia ni el de Inglaterra quisieron ayudarle.» (Navarrete, pág. 32-33.)

[195] Tirar, quitar, apartar.

[196] Su gente, no se refiere al guerrero, sino al cauto italiano, que en el valor del Duque recordaba el de los famosos capitanes de la antigua Roma.

[197] Habla en estos versos de Cornelio Escipión el primer Africano, única esperanza de la República, vencedor del terrible y duro Aníbal, y demoledor de la fiera Cartago.

[198] así molesta, acaso deba interpretarse tan molesta, del mismo modo que en frases como «no puedo dudar de un hombre tan honrado; tan cordiales relaciones quedaron rotas»... En el castellano antiguo, tan y así tenían un valor equivalente en comparaciones. (V. R. Menéndez y Pidal, El Cantar de mío Cid, tomo I, parte II, § 180.) Compárense en esta misma égloga, versos 1671, 1735 y 1769. El Brocense interpretó de otro modo «dividiendo aquella palabra, assí, en dos, a sí, que es en latín sibi», y la mayor parte de las ediciones han seguido esta enmienda del Brocense.

[199] Se entiende mejor leyendo el pensamiento ambigo, como propone Tamayo, fol. 67; el estado cristiano estaba en dubio, v. 1493; el suceso de esta guerra era dudoso, v. 1578; su remedio, por consiguiente, ambiguo. Las tropas del César apenas eran, en efecto, la mitad de las que llevaba el sultán. (Navarrete, pág. 43.) La forma ambigo corresponde a ambiguo, como inicas a inicuas, verso 1223, y como antigo a antiguo.

[200] «Salió, el Emperador, de Ratisbona con la caballería flamenca y un lucido tren de artillería, pasando por el Danubio a Linz, seguido de numerosa comitiva en barcas construidas al efecto, con el nombre de nasadas, cuya dilatada hilera formaba una escuadra de sorprendente vista.» (Navarrete, pág. 42.)

[201] Gran tirano: entiéndase por el Sultán de Turquía, Solimán el Magnífico, contra quien fue toda esta expedición.

[202] «Los Cíclopes fueron unos salvajes en Sicilia, que no tenían más de un ojo en la frente, y eso quiere decir en griego Ciclops. Dicen los poetas que son los herreros de Vulcano, al cual llaman aquí el gran maestro.» (Brocense, nota 191.)

[203] Nuestro lenguaje antiguo empleaba las formas esora, la hora, a esas horas, etc., con el valor castellano actual entonces, como el francés alors y el italiano allora; esta interpretación conviene en este caso a aquellas horas, en vez de suponer como Tamayo, notas, fol. 68, el latinismo ora por ribera, cuyo uso, si ha existido, debió ser rarísimo en castellano: comp. a la hora, Canc. IV, v. 49, nota.

[204] Noticioso el Sultán de los preparativos con que acudía el Emperador, retirose de Viena a Gratz, sin aventurarse a darle la batalla, y después retrocedió definitivamente a Constantinopla. (Navarrete, págs. 42 y 43.)

[205] «Don Fernando estuvo en la persecución de algunos de los capitanes enemigos, y anhelando teñir su espada en sangre turca, sintió que la suerte no preparase a los imperiales más difíciles triunfos.» (Navarrete, pág. 43.) Cree este autor que Garcilaso no debió tomar parte en estos sucesos por haber sido desterrado por el Emperador desde el principio de la jornada, cuando el Duque y el poeta llegaron a Ratisbona. (V. nota a la Canc. III, v. 3.)

[206] Cuentan que los antiguos coronaban con ramos sus naves después de una victoria, y que tales ramos solían poner en el sagrario o capilla de popa; a esta costumbre pudo aludir Garcilaso, aun cuando lo que dice puede también decirse metafóricamente por las naves que volvían vencedoras.

[207] Ha dicho el Sr. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 54, que el pastor Albanio, enfermo de mal de amores por la hermosa Camila, debe de ser el Duque de Alba, D. Fernando; a esto quiero decir que no acierto a comprender cómo a Garcilaso pudo ocurrírsele introducir dos veces al Duque en esta Égloga con tan distinto carácter, a saber: como Duque en persona y como pastor; como esposo enamorado, correspondido y satisfecho, y, a la vez, como amante desesperado y loco furioso; téngase presente que mientras Nemoroso ha estado elogiando al Duque por su prudencia y su valor, ha tenido a sus pies al mismo Albanio, aletargado y rendido en su locura.

[208] Es necesario leer glo-ri-o-so, como o-di-o-sas, soneto XVI, v. 1; nuestros poetas clásicos medían a la manera latina e italiana, la-bi-os, o-di-o, glo-ri-a, y del mismo modo los derivados fu-ri-o-so, in-ge-ni-o-so, etc. (V. Elías Zerolo, Noticias de Cariasco y del empleo del verso esdrújulo en el siglo XVI. Legajo de Varios, París, 1897, y F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 405-411.)

[209] lustre por lustro, que fue primitivamente espacio de cuatro años, y que «el uso y abuso de los gramáticos lo ha hecho de cinco». (Herrera, pág. 267.) Cuando la expedición a Alemania (1532) el Duque D. Fernando solo tenía veinticinco años, y Garcilaso veintinueve.

[210] coruscar, lucir, brillar. El Dicc. Aut. solo da coruscante y corusco, «resplandeciente, sumamente lucido y brillante».

[211] Describe pastoralmente el tiempo de la cena, de la cual es indicio el humo que sale por los alcores, chimeneas.

[212] Garcilaso dedicó esta Égloga, según afirmación de D. Antonio Puertocarrero, su yerno, a D.ª María de la Cueva, esposa de D. Juan Téllez Girón, Conde de Osuna, fundador del Colegio Mayor y Universidad de dicha villa, y gran amigo de los hombres de letras. D.ª María, ya viuda, fue Camarera mayor de la Reina D.ª Isabel de Valois, tercera mujer de Felipe II, y falleció en Madrid a 19 de abril de 1566. (V. F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, Madrid, 1903, pág. 73.)

[213] Garcilaso no ha dejado más octavas rimas que las que componen esta Égloga y la que nos conservó Castillejo (V. Apéndice IV): «La octava rima, enteramente desconocida en todas las literaturas de la Península antes de Boscán, es una de las adquisiciones más importantes que este hizo para nuestra métrica, y quizá el género en que sobresalió más. Su modelo inmediato, aunque no único, fueron las estancias compuestas por Bembo para el Carnaval de la corte de Urbino en 1507.» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, 237.)

[214] Entiende Tamayo, fol. 68, «que es demasía sin fruto decir que la lengua está en la boca, pues ¿adónde había de estar?,» y sin más que esto, en algunas ediciones se ha corregido el presente verso, imprimiendo: «Mas con la lengua muerta y fría la boca», que es la lectura que el mismo Tamayo proponía. Yo respeto tal demasía porque he visto que Herrera, más escrupuloso que nadie en estas cuestiones, la conserva, y el elegante prosista Cienfuegos, hablando precisamente de la muerte de Garcilaso por la honda impresión que causó en el espíritu del Marqués de Lombay, la repite diciendo: «él vio fría y difunta en su boca aquella espiritosa lengua, ramillete de las más cultas flores de la erudición y de la elocuencia...» (Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 48.)

[215] «Carta por el papel, en significación latina o italiana.» (Azara.)

[216] «En Boscán se hallan en una estancia de una canción los versos que dicen:

Hablaré yo lo menos que tuviere

Que esto será lo más que yo pudiere.

¿Quién tomó a quién en este último verso? ¿Boscán a Garcilaso o Garcilaso a Boscán? Tamayo afirma, notas, fol. 69, que Boscán aprovechose de este verso como de hacienda de amigo. Ignoro en qué se fundó para decir lo que dijo.» (Castro, pág. 21.)

[217] Nadie ha hablado de Garcilaso que no haya repetido este famoso verso, el cual glosa Cienfuegos (Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 50) de esta manera: «Él había nacido para decidir aquella antigua batalla entre las armas y las letras, siendo a un tiempo milagro de ambas escuelas... Él hizo cantar las Musas al son de los clarines y de las cajas roncas, como al compás de las cítaras templadas...»

[218] somorgujar y somormujar, verbo que significa meter debajo del agua, chapuzar, zabullir; la forma verbal se ha hecho sobre el substantivo somorgujo, cuya etimología es * submergulio, derivado de submergo, y con el sentido de submergulus. (V. R. Menéndez Pidal, Gramática Hist. § 65.)

[219] calar, bajar, descender. «Entonces se levantó (Don Quijote) y... dándole soga el primo y Sancho, le dejaron calar al fondo de la caverna espantosa.» (Don Quijote, I.ª Parte, cap. XXII.)

[220] lacivo por lascivo, como picina por piscina. (Santa Teresa, Las Moradas, ed. Cl. Castellanos, Madrid, 1910, 11-23; v. nota al v. 383 de la Eg. I.)

[221] «Burlaba un poeta de este verso: nadando dividieron y cortaron, porque parece que hay en él ripia para henchir el verso, y sobra el cortaron. Digo que de no entender el punto, se erraba él, porque se ha de leer:

El agua clara con lascivo juego

Nadando dividieron; y cortaron,

Hasta que el blanco pie, etc.»

(Brocense, nota 219.)

[222] Por lo visto alguno protestó de que el poeta sacase de las aguas a estas ninfas, que siendo moradoras de dicho elemento no podrían vivir en tierra seca. Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de varios autores clásicos.

[223] delgadeza, domestiqueza, Eg. II, v. 180, y selvatiquez, Son. XXVIII, tienen procedencia italiana.

[224] «Debe Toledo a Garcilaso muchas alabanzas, pues no deja ocasión en que las olvide; y aquí no son encarecidas, sino verdaderas las del oro de sus arenas, pues hasta hoy se experimenta lo que en los tiempos antiguos fue tan recibido.» (Tamayo, notas, fol. 71.) Del aurífero Tajo hablan muchos autores latinos.

[225] El de Tracia es Orfeo, a quien se refieren las dos octavas siguientes.

[226] «No dejaré de notar el cuidado de las palabras de Garcilaso en todo lo que es ornato de las mujeres, cuya blancura, particularmente en los pies, repite tantas veces.» (Tamayo, notas, fol. 65.)

[227] Por si alguno aspira a resolver la cuestión advertiré que hay discrepancia entre los autores sobre si la sierpe que mordió a Eurídice fue pequeña o grande. (V. Brocense, nota 215.)

[228] En otro lugar, Eg. II, v. 942, fue necesario decir parte de esta fábula. Dejaron, pues, a Orfeo, marido de Eurídice, que sacase a su esposa de los infiernos, pero con la condición de que no había de mirarla hasta que saliese de los límites y jurisdicción de ellos, y no habiendo podido abstenerse de verla, le fue arrebatada por segunda vez; Orfeo, desesperado de su infortunio, retirose sobre el monte Hemo. (Ovidio, Metam., lib. X, fáb. I.)

[229] Hallábase Cupido ofendido contra Apolo porque este se había atrevido a burlarse de las astucias del Amor; fue su venganza dispararle una flecha dorada para rendirle al amor de Dafne, y, al mismo tiempo, inspirar a esta un gran desamor hacia Apolo.

[230] La fábula de Apolo y Dafne se trata más adelante en el Son. XIII.

[231] Cupido hiere con dos géneros de saetas; con las de oro engendra el amor firme y verdadero, v. 152; con las de plomo inspira la antipatía y el desdén. (Ovidio, Metam., lib. I, fáb. X.)

[232] Adonis, hijo de Mirra, de famosísima belleza, fue amado de Venus con la mayor ternura. Un día estando cazando hirió a un jabalí, el cual se volvió contra él con la mayor furia y le mató. (Ovidio, Metam., lib. X, fáb. X.) Y quieren decir que aquel jabalí no fue sino el dios Marte, enamorado de Venus, y convertido expresamente en aquella fiera para matar a Adonis por los celos que le tenía. (Brocense, nota 217.)

[233] Porque Herrera creyó excesivo el color de este detalle, contesta Tamayo, notas, fol. 71: «Melindre es llamar complosiones torpes estos afectos cuidadosos en Garcilaso, pues es imitación de Virgilio; díjolo doctamente nuestro poeta con alusión a la costumbre antigua de recibir con la boca, los parientes y amigos, el último aliento de los que se morían...»

[234] Pinta Garcilaso en las dos octavas siguientes «la ciudad, cabeza y asiento del Imperio de España, Toledo, su patria, con tanta grandeza y suavidad de palabras, que dudo haya cosa mejor tratada en todas sus obras, ni más digna de la majestad de tan insigne madre, ni del ingenio de tan noble hijo...» (Tamayo, notas, fol. 72.)

[235] «Aquí comienza un género de Bucólica que llaman los griegos canto amebeo, que es responsorio, en el cual se suele guardar esta ley: que el que comienza es libre, y puede mudar propósitos, mas el que responde y sigue, o ha de decir mucho más en la misma materia, o lo contrario; y ansí se hace aquí imitando el proceder de Virgilio en la primera y séptima Égloga.» (Brocense, nota 225.)

[236] Describe exactamente el curso del Tajo en torno de la ciudad de Toledo.

[237] Refiérese a las ruedas de las azudas, máquinas hidráulicas con que se saca agua de los ríos por el impulso de su misma corriente. «Se llaman azudas, voz arábiga, significadora de su color y de su ruido, propiedad particular de las lenguas orientales.» (Tamayo, notas, fol. 73.)

[238] «En la pompa funeral que las diosas silvestres hacían a la ninfa, observa sin afectación, Garcilaso, la costumbre de los entierros antiguos... Los antiguos esparcían flores sobre los cuerpos o sepulcros de sus defunctos... Flores cortadas para dar a entender, sin duda, la fragilidad de la vida que retratan las rosas...» (Tamayo, notas, fol. 73 y 74.)

[239] «Era señal de tristeza el desperdicio de los cabellos; en los libros sagrados no hay pocos ejemplos de los hebreos,» y lo mismo entre griegos y latinos. (Tamayo, notas, fol. 74.)

[240] Recuerda nuevamente Garcilaso la muerte de doña Isabel Freyre. (V. Eg. I, v. 2, nota.)

[241] «Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques, saliendo de los árboles en que están metidas, cantan y lloran a su vez, y después de haber cumplido con esta triste solemnidad, se vuelven a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argumento nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por la calidad de los interlocutores podía ser enriquecido con todas las galas del sentimiento y la fantasía.» Tal decía D. Manuel José Quintana (Poesías castellanas, ed. 1830, pág. 371.) a propósito de la famosa Égloga de Barahona de Soto, llamada de las Hamadríades, cuyo argumento, como se ve, dejó indicado Garcilaso en este lugar.

[242] El Brocense dice que halló en un libro antiguo, en vez de degollada, igualada, que significa amortajada. Herrera afirma que degollada se tomaba por desangrada, «como decimos cuando sangran mucho a uno, que lo degolló el barbero.» Covarrubias en su Tesoro de la Lengua castellana, escribe: «Cuando sacan a uno mucha sangre por las venas, solemos decir que conviene degollarle, si el accidente requiere tanta evacuación.» Azara dice que «más natural era que se leyese en el verso desangrada, puesto que D.ª Isabel murió de sobreparto. Tamayo acepta la voz degollada siguiendo a Herrera.» (Castro, pág. 22.)

[243] Dice al mar de Lusitania porque D.ª Isabel era portuguesa; había venido a la Corte española como dama de honor de la Infanta D.ª Isabel de Portugal, casada en 1526 con Carlos V.

[244] Es encarecimiento de las labores de las ninfas, pues el presentar como en relieve figuras llanas «es artificio de la mejor pintura»... (Tamayo, notas, fol. 76.)