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Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo I cover

Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo I

Chapter 22: APÉNDICES.
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About This Book

Presenta un estudio amplio y documentado de la evolución de la literatura y del teatro españoles, combinando análisis histórico, crítico y biográfico. Repasa orígenes y desarrollos de géneros poéticos y dramáticos, perfila autores y obras clave, examina prácticas teatrales y modelos estéticos, y utiliza abundantes consultas bibliográficas en archivos europeos. Incluye observaciones comparativas con otras literaturas, sugerencias para poetas y empresarios teatrales, y notas sobre fuentes y traducciones. El tono mezcla erudición y intención práctica, buscando tanto reconstruir tradiciones como poner al alcance materiales útiles para la creación y la representación.

APÉNDICES.

I.

LOA DE LA COMEDIA.

(DE EL VIAJE ENTRETENIDO DE AGUSTÍN DE ROJAS. MADRID, 1603.)

Aunque el principal intento
Con que he salido acá fuera
Era sólo de alabar
El uso de la comedia;
Sus muchas prerrogativas,
Requisitos, preeminencias,
Su notable antigüedad,
Dones, libertad, franquezas,
Entiendo que bastará
No hacer para su grandeza
Catálogo de los reyes
Que con sus personas mesmas
La han honrado, y se han honrado
De representar en ella;
Saliendo siempre en teatros
Públicamente en mil fiestas,
Como Claudio, emperador,
Lo acostumbraba en su tierra,
Heliogábalo, Nerón,
Y otros príncipes de cuenta;
Sino de aquellos varones,
Que con la gran sutileza
De sus divinos ingenios,
Con sus estudios y letras,
La han compuesto y dado lustre
Hasta dejarla perfecta,
Después de tan largos siglos
Como há que se representa.
Y donde más ha subido
De quilates la comedia
Ha sido donde más tarde
Se ha alcanzado el uso de ella;
Que es en nuestra madre España,
Porque en la dichosa era
Que aquellos gloriosos reyes,
Dignos de memoria eterna,
Don Fernando é Isabel
(Que ya con los santos reinan),
De echar de España acababan
Todos los moriscos que eran
De aquel reino de Granada,
Y entonces se daba en ella
Principio á la Inquisición,
Se le dió á nuestra comedia.
Juan de la Encina el primero,
Aquel insigne poeta,
Que tanto bien empezó,
De quien tenemos tres églogas
Que él mismo representó
Al almirante y duquesa
De Castilla y de Infantado,
Que estas fueron las primeras.
Y para más honra suya
Y de la comedia nuestra,
En los días que Colón
Descubrió la gran riqueza
De Indias y Nuevo-Mundo,
Y el Gran-Capitan empieza
A sujetar aquel reino
De Nápoles y su tierra,
Á descubrirse empezó
El uso de la comedia,
Porque todos se animasen
Á emprender cosas tan buenas,
Heróicas y principales,
Viendo que se representan
Públicamente los hechos,
Las hazañas y grandezas
De tan insignes varones,
Así en armas como en letras;
Porque aquí representamos
Una de dos: las proezas
De algún ilustre varón,
Su linaje y su nobleza,
Ó los vicios de algún príncipe,
Las crueldades ó baxezas,
Para que al uno se imite,
Y con el otro haya enmienda;
Y aquí se ve que es dechado
De la vida la comedia.
Que como se descubrió
Con aquélla nueva tierra,
Y Nuevo-Mundo el viaje
Que ya tantos ver desean,
Por ser de provecho y honra,
Regalo, gusto y riquezas,
Así la farsa se halló
Que no es de menos que aquesta.
Desde el principio del mundo
Hallada, usada y compuesta
Por los griegos y latinos
Y otras naciones diversas:
Ampliada de romanos,
Que labraron para ella
Teatros y coliseos,
Y el anfiteatro, que era
Donde se encerraban siempre
Á oir comedias de estas
Ochocientas mil personas,
Y otras que no tienen cuenta:
Entonces escribió Plauto
Aquella de su Alcumena;
Terencio escribió su Andria,
Y después con su grandeza
Los sabios italianos
Escribieron muchas buenas;
Los ingleses ingeniosos,
Gente alemana y flamenca,
Hasta los de aqueste tiempo,
Que, ilustrando y componiéndola
La han ido perfeccionando
Así en burlas como en veras.
Y porque yo no pretendo
Tratar de gente extranjera,
Sí de nuestros españoles
Digo que Lope de Rueda,
Gracioso representante,
Y en su tiempo gran poeta,
Empezó á poner la farsa
En buen uso y orden buena;
Porque la repartió en actos,
Haciendo introito en ella,
Que ahora llamamos loa,
Y declaraba lo que eran
Las marañas, los amores,
Y entre los pasos de veras,
Mezclados otros de risa,
Que porque iban entre media
De la farsa, los llamaron
Entremeses de comedia;
Y todo aquesto iba en prosa
Más graciosa que discreta.
Tañían una guitarra,
Y ésta nunca salía fuera,
Sino adentro, y en los blancos,
Muy mal templada y sin cuerdas;
Bailaba á la postre el bobo,
Y sacaba tanta lengua
Todo el vulgacho, embobado
De ver cosa como aquella.
Después, como los ingenios
Se adelgazaron, empiezan
Á dejar aqueste uso,
Reduciendo los poetas
La mal ordenada prosa
En pastoriles endechas;
Hacían farsas de pastores,
De seis jornadas compuestas,
Sin más hato que un pellico,
Un laúd, una vihuela,
Una barba de zamarro,
Sin más oro ni más seda.
Y en efecto, poco á poco
Barbas y pellicos dejan,
Y empiezan á introducir
Amores en las comedias,
En las cuales ya había dama,
Y un padre que aquesta cela.
Había galán desdeñado,
Y otro que querido era.
Un viejo que reprendía,
Un bobo que los acecha,
Un vecino que los casa,
Y otro que ordena las fiestas.
Ya había saco de padre,
Había barba y cabellera,
Un vestido de mujer,
Porque entonces no lo eran
Sino niños: después de esto,
Se usaron otras sin estas
De moros y de cristianos
Con ropas y tunicelas;
Estas empezó Berrio;
Luego los demás poetas
Metieron figuras graves,
Como son reyes y reinas.
Fué el autor primero de esto
El noble Juan de la Cueva:
Hizo del padre tirano,
Como sabéis, dos comedias.
Sus Tratos de Argel Cervantes,
Hizo El Comendador Vega,
Sus Lauras y El bello Adonis
Don Francisco de la Cueva,
Loyola aquella de Audalla,
Que todas fueron muy buenas;
Y ya en este tiempo usaban
Cantar romances y letras,
Y esto cantaban dos ciegos
Naturales de sus tierras:
Hacían cuatro jornadas,
Tres entremeses en ellas,
Y al fin con un bailecito
Iba la gente contenta.
Pasó este tiempo, vino otro,
Subieron á más alteza;
Las cosas ya iban mejor;
Hizo entonces Artieda
Sus Encantos de Merlín
Y Lupercio sus tragedias.
Virués hizo su Semíramis,
Valerosa en paz y en guerra:
Morales su Conde loco,
Y otras muchas sin aquestas.
Hacían versos hinchados,
Ya usaban sayos de telas
De raso de terciopelo,
Y algunas medias de seda.
Ya se hacían tres jornadas
Y echaban restos en ellas;
Cantaban á dos y á tres
Y representaban hembras.
Llegó el tiempo que se usaron
Las comedias de apariencias,
De santos y de tramoyas,
Y entre estas farsas de guerras
Hizo Pedro Díaz entonces
La del Rosario, y fué buena;
San Antonio Alonso Díaz,
Y al fin no quedó poeta
En Sevilla que no hiciese
De algún santo su comedia:
Cantábase á tres y á cuatro;
Eran las mujeres bellas;
Vestíanse en hábito de hombre,
Y bizarras y compuestas,
Á representar salían
Con cadenas de oro y perlas.
Sacábanse ya caballos
Á los teatros, grandeza
Nunca vista hasta este tiempo,
Que no fué la menor de ellas.
En efecto este pasó,
Llegó el nuestro, que pudiera
Llamarse el tiempo dorado,
Según el punto en que llegan
Comedias, representantes,
Trazas, conceptos, sentencias,
Inventivas, novedades,
Música, entremeses, letras,
Graciosidad, bailes, máscaras,
Vestidos, galas, riquezas,
Torneos, justas, sortijas,
Y al fin cosas tan diversas
Que en punto las vemos hoy,
Que parece cosa incrédula
Que digan más de lo dicho
Los que han sido, son y sean.
¿Qué harán los que vinieren,
Que no sea cosa hecha?
¿Qué inventarán, que no esté
Ya inventado? Cosa es cierta.
Al fin la comedia está
Subida ya en tanta alteza,
Que se nos pierde de vista:
¡Plega á Dios que no se pierda!
Hace el sol de nuestra España,
Compone Lope de Vega,
La fénix de nuestros tiempos
Y Apolo de los poetas,
Tantas farsas por momentos,
Y todas ellas tan buenas,
Que ni yo sabré contarlas,
Ni hombre humano encarecerlas.
El divino Miguel Sánchez,
¿Quién no sabe lo que inventa,
Las coplas tan milagrosas,
Sentenciosas y discretas
Que compone de contino,
La propiedad grande de ellas,
Y el decir bien de ellas todos,
Que aquesta es mayor grandeza?
El jurado de Toledo,
Digno de memoria eterna,
Con callar está alabado,
Porque yo no sé aunque quiera.
El gran canónigo Tárraga,
Apolo, ocasión es esta,
En que si yo fuera tú,
Quedara corta mi lengua.
El tiempo es breve y yo largo;
Y así he de dejar por fuerza
De alabar tantos ingenios
Que en un sin fin procediera;
Pero de paso diré
De algunos que se me acuerdan,
Como el heróico Velarde,
Famoso Micer Artieda;
El gran Lupercio, Leonardo,
Aguilar el de Valencia,
El licenciado Ramón,
Justiniano, Ochoa, Zepeda,
El licenciado Mexía,
El buen Don Diego de Vera
Mescua, Don Guillén de Castro,
Liñán, Don Félix de Herrera,
Valdivielso y Almendarez,
Y entre muchos, uno queda:
Damián Salustio del Poyo,
Que no ha compuesto comedia
Que no mereciese estar
Con las letras de oro impresa,
Pues dan provecho al autor
Y honra á quien las representa.
De los farsantes que han hecho
Farsas, loas, bailes, letras,
Son Alonso de Morales,
Grajales, Zorita, Mesa,
Sánchez, Ríos, Avendaño,
Juan de Vergara, Villegas,
Pedro de Morales, Castro,
Y el del hijo de la tierra,
Caravajal, Claramonte,
Y otros que no se me acuerdan,
Que componen, y han compuesto
Comedias muchas y buenas.
¿Quién á todos no conoce?
¿Quién á su fama no llega?
¿Quién no se admira de ver
Sus ingenios y elocuencia?
Supuesto que esto es así,
No es mucho que yo me atreva
Á pediros en su nombre,
Que por la gran reverencia
Que se les debe á sus obras,
Mientras se hacen sus comedias,
Que las faltas perdonéis
De los que las representan.

II.

En la serie de poetas portugueses, que escribieron piezas dramáticas en español, merece nombrarse Saa de Miranda, muy conocido como lírico (nacido en 1504 y muerto en 1558). Entre sus églogas, hay algunas en castellano de carácter muy dramático, quizás destinadas á la representación. D. Adolfo de Castro ha llamado la atención, y no sin justicia, sobre la séptima Alejo (semanario pintoresco de 1851).

Como el drama portugués, no sólo se confunde con el español en las obras de Gil Vicente, sino también en las de otros, debió tratarse con más extensión de este punto en la historia del teatro español, y así se hará cuando en lo sucesivo se aumente y reforme esta obra. Haremos, ahora, sin embargo, algunas indicaciones, tomando por guía la memoria sobre O Theatro portuguez, por Francisco Manoel Trigozo D'Aragaó Morato, en las Memorias da Academia Real das Sciencias de Lisboa, tomo V, parte primera. Lisboa, 1817.

Espectáculos parecidos á dramas en las fiestas de la Corte de Portugal, aparecen mencionados repetidas veces en las crónicas, desde la época del rey Duarte I (1433-38). En las bodas de Leonor, hija de éste y madre del caballeresco emperador alemán Maximiliano, con Federico III, su hermano Alfonso V (1438-1481) y los demás infantes, representaron papeles en las fiestas mímicas, con que se solemnizó en Lisboa esta ceremonia (Chronica d'El Rei D. Alfonso V, capítulo 131). Estas diversiones eran aún mas frecuentes en la Corte de Juan II, sucesor de Alfonso, cuyo cronista, el famoso García de Resende, los describe en su Miscelánea con vivos colores.

Vimos grandes judarias,
Judeos, guínolas é touras;
Também mouras, mourarias,
Seus bailos, galantarias
De muitas fermosas mouras;
Sempre nas festas reaes,
Seran os dias principaes,
Fiestas de mouros avia;
Tamben festas se facia,
Que no podia ser mais.
Vimos costumes bem chan;
Nos reys ter esta maneira,
Corpo de Deos, San Joan,
Aver Canas, prociosam;
Aos domingos carreira.
Cabalgar pella cidade
Con muyta solennidade;
Ver correr, saltar, luctar,
Dançar, caçar, montear,
Em seus tempos é hidade.

En los juegos mímicos, que se celebraron en el matrimonio del desdichado príncipe D. Alfonso, figuraba el mismo Rey (Vida d'El Rei D. Joan II, por García de Resende, cap. CXXVI). Resende habla de una representación del Paraíso á las puertas de Avis, en Evora, cuando los desposados hicieron su entrada en la ciudad; de otra en el comedor del rey, en la cual, el Soberano de Guinea se presentaba acompañado de tres descomunales gigantes y con un séquito de moros; y, por último, de un entremés muito grande que appareceo na mesma sala en que vinhao muitos mouros mettidos em huma fortaleza. (Ib. capítulo CXXII, pág. 126.)

Aunque los orígenes del drama religioso en Portugal no han sido objeto hasta ahora de investigación diligente, aparece, sin embargo, verosímil, que los autos de Gil Vicente se ajustan á otras piezas dramáticas portuguesas de esta misma clase, y que no son, como se ha sostenido, imitaciones de los misterios franceses. Hay datos numerosos de la existencia de dramas religiosos del siglo xvi, y de la primera mitad del mismo. Saa de Miranda dice:

Que tróca ver lá Pasquinos
Desta terra cento á cento,
Quem ó vee sem sentimento
Tratar os livros divinos
Con tal desacatamento!

En muchas constituciones sinodales (como la de Lisboa de 1536, de Braga de 1537, de Angra de 1559, de Lamego de 1561, de Miranda de 1563, de Finchal de 1578 y de Oporto de 1585), se ordena que no se hagan representaciones dramáticas en la iglesia sin licencia de las autoridades eclesiásticas, ni la del nacimiento de Cristo, su pasión y resurrección, deduciéndose que esas órdenes se quebrantaban con frecuencia, si nos atenemos á las veces que se repiten. También los autos sacramentales, con danzas y entremeses, llamaron desde un principio por sus escándalos la atención de las autoridades civiles. En la ciudad de Oporto eran tan populares, que en el año 1538 acordaron el obispo y los magistrados seculares, confirmándolo luego Juan II, que mientras atravesaba la procesión la Rua Nova se representase un auto corto de un asunto piadoso, mientras se descubrían todos delante de la Custodia, y que, en las vísperas del mismo día, se repitiese en la iglesia, siempre que no perturbase el oficio de las mismas vísperas. En virtud de un rescripto dirigido al municipio de Oporto, fecho en Lisboa el 30 de Mayo de 1560, prohibió más tarde el rey D. Sebastián los abusos, que se habían deslizado ya en la procesión del Corpus de esa ciudad, apareciendo de él que se elegían anualmente cinco ó seis doncellas de las más hermosas, hijas de menestrales, para representar á Santa Catalina, Santa Clara y otras Santas, y que no siempre guardaban el decoro que convenía á sus papeles.

El ejemplo de Gil Vicente dió nacimiento á una escuela de poetas dramáticos, que escribieron autos y farsas de su estilo. Las obras de algunos de los más notables, fueron coleccionadas por Alfonso Lopes da Acosta, y como primera parte dos autos é comedias portuguesas, Lisboa, por Andre Lobato, 1587—4.º Este libro, una de las rarezas bibliográficas más buscadas, contiene los autos Do Ave María, Do Procurador, Do Dezembargado, Dos Dous hirmaós Do Cioso, Do Mouro encantado, Dos Camtarinhos, de Antonio Prestes, de Santarem; el auto de Rodrigo é Mendo de Jorge Vinto, Os Amphitrytes y Filidemo de Luis de Camöens, el auto Do Físico, de Jerónimo Ryveiro Soarez, y la Cena Feliciana, de Enrique López.

A estos autores, y añadiendo á ellos también Sebastián Pires, de Oporto (de quien se conservan muchos autos impresos en Coimbra, de 1557) pueden agregarse otros poetas, que, como por ejemplo, Alfonso Alvarez, Baltasar Díaz, Fray Antonio de Lisboa y Francisco Rodríguez Lobo, escribieron piezas dramáticas portuguesas nacionales hasta principio del siglo xvii.

Después que Portugal se hizo provincia española en 1580, penetró el drama español en los teatros de Lisboa, sin duda en razón á su brillo é importancia. Ya á fines del siglo xvi escribió un cierto Simón Machado, en verso español, la comedia titulada La Pastora Alfea, por que, como dice en el prólogo, sólo lo extranjero merece los aplausos del público.

Vendo quan mal aceitais
As obras dos naturaes,
Fiz esta em lingua estrangeira,
Por ver se desta maneira
Como á elles nos tratais.

Después se arraigó la costumbre de escribir todas las comedias en castellano; y hasta cuando se hizo Portugal independiente de la nación española, no hubo en esto alteración alguna, constando de los catálogos hechos por Barbosa Machado, que eran innumerables las piezas dramáticas de esta clase, escritas en español por los poetas portugueses.

Según parece, el idioma portugués quedó reservado para los autos.

ÍNDICE.

Págs.

Al Sr. D. Felipe González Vallarino.

7

Adolfo Federico, conde de Schack.

9

PRÓLOGO.

31

PRIMER PERIODO.—Origen del drama de la Europa
moderna y origen y vicisitudes del drama español
hasta revestir sus caracteres y forma definitiva en
tiempo de Lope de Vega, á fines del siglo xvi
(1588
á 1590).

79

CAPÍTULO PRIMERO.—Diversos orígenes del drama
moderno.—Decadencia del teatro romano en los últimos
tiempos del imperio.—Elementos dramáticos en el culto
de la Iglesia primitiva.—Fiestas religiosas, en cuya celebración
aparecen las primeras representaciones dramáticas.—Juegos
escénicos romanos, y su fusión en las farsas
de la Edad media.

81

CAPÍTULO II.—Influencia simultánea de los ritos de la
Iglesia y de las diversiones profanas en la formación del
drama religioso.—Dramas religiosos más antiguos que
existen.—Fiestas del Corpus en el siglo xiii.—Edad de oro
del drama religioso.—Misterios.—Moralidades.—Dramas
profanos del siglo xiii.

123

CAPÍTULO III.—Teatro romano en España.—Existencia
de los espectáculos escénicos bajo los visigodos.—Si los
árabes conocieron también el drama.—Juegos mímicos de
los juglares.—Romances populares y su fusión en el drama.

165

CAPÍTULO IV.—Representaciones dramáticas en tiempo
de Alfonso X.—Mención más antigua de las fiestas escénicas
de Navidad (1360).—El Arcipreste de Hita.—Representación
dramática de la Danza de los muertos.—Pedro
González de Mendoza.—Fiestas y diversiones poéticas en
la corte de Juan II.—La comedieta de Pouza.—Las estrofas
de Mingo Revulgo.—Poesías dialogadas de El Cancionero
general
.—Leyes contra la representación de dramas
en las iglesias.

213

CAPÍTULO V.—España á fines del siglo xv.—Juan del
Encina.—La Celestina.—Gil Vicente.

251

CAPÍTULO VI.—Torres Naharro.—Aparato escénico en la
primera mitad del siglo xvi.—Dramas religiosos de esta
época.—Traducciones é imitaciones de tragedias y comedias
antiguas.

303

CAPÍTULO VII.—Tragedias de Vasco Díaz Tanco.—Comedias
de Jaime de Huete, Agustín de Ortiz, Juan Pastor
y Cristóbal de Castillejo.—Lope de Rueda.—Disposición
externa del teatro á mediados del siglo xvi.—Alonso de la
Vega.—Comedia más antigua en tres actos ó jornadas de
Francisco de Avendaño.—Luis de Miranda.

341

CAPÍTULO VIII.—Juan de Timoneda.—Dramas religiosos
y su división en autos y comedias divinas.—Juan de Malara
y otros poetas dramáticos de Sevilla.—Perfeccionamiento
del aparato escénico por Pedro Navarro.—Noticia
de las compañías errantes de El viaje entretenido de
Agustín de Rojas
.

373

CAPÍTULO IX.—Fundación y progresos de los teatros de
Madrid.—Teatros de la Cruz y del Príncipe.—Disposición
interior de los teatros españoles.—Nombres de diversos
autores ó directores famosos de teatros del año de 1580,
que fueron también poetas dramáticos.—Tragedias de Jerónimo
Bermúdez.—Juan de la Cueva.—Su dramaturgia.—Sus
dramas.

413

CAPÍTULO X.—Andrés Rey de Artieda.—Cristóbal de
Virués.—López Pinciano, sobre el drama español.

447

APÉNDICES.

473

Este libro se acabó de imprimir
en Madrid, en casa de
Manuel Tello, el día
12 de Enero del
año de
1886.


COLECCIÓN
DE
ESCRITORES CASTELLANOS.

Alarcón (D. P. A. de). Obras: trece tomos, 52 pesetas.

Balaguer (D. Víctor). Las ruinas de Poblet: un tomo, 4 pesetas.

Bello (D. Andrés). Poesías. (Agotada la edición ordinaria, hay ejemplares de lujo, de 6 pesetas en adelante.)—Derecho Internacional: dos tomos, 8 pesetas.

Cánovas del Castillo (D. Antonio). El Solitario y su tiempo: dos tomos, 8 pesetas.—Problemas contemporáneos: dos tomos, 10 pesetas.

Cañete (D. Manuel). Escritores españoles é hispano-americanos: tomo I, 4 pesetas.—Teatro español del siglo XVI: tomo I, 4 pesetas.

Estébanez Calderón (D. Serafín: El Solitario). Escenas andaluzas: un tomo, 4 pesetas.—De la conquista y pérdida de Portugal: dos tomos, 8 pesetas.

Fuente (D. Vicente de la). Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón: series primera y segunda, 8 pesetas.

Gómez Manrique. Cancionero: tomo I, 4 pesetas.

Guillén Robles. Leyendas moriscas: tomo I, 4 pesetas.

López de Ayala (D. Adelardo).—Obras completas.—Siete tomos, 29 pesetas.

Menéndez y Pelayo (D. Marcelino). Odas, epístolas y tragedias: un tomo, 4 pesetas.—Historia de las ideas estéticas en España: tomos I, II y III (cuatro volúmenes), 17 pesetas.—Estudios de crítica literaria: un tomo, 4 pesetas.—Calderón y su teatro: un tomo, 4 pesetas.—Horacio en España, solaces bibliográficos: dos tomos, 10 pesetas.

Suárez (M. F.) Estudios Gramaticales: un tomo, 5 pesetas.

Schack (A. F.) Historia de la literatura y del arte dramático en España: tomo I, 5 pesetas.

Valdivielso (El M. Josef de). Romancero Espiritual: un tomo, 4 pesetas.

Velarde (D. José). Voces del alma: un tomo, 4 pesetas.

Ejemplares de tiradas especiales de 6 á 250 pesetas.

EDICIONES PEQUEÑAS DE LUJO.

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EN PRENSA.

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Sonetos, leyendas y canciones, por D. Juan Valera.

Estudios literarios, por D. Pedro José Pidal.

Cancionero de Gómez Manrique, tomo II.

Historia de la literatura y del arte dramático en España, por Adolfo Federico, conde de Schack, tomo II.

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EN PREPARACIÓN.

Estudios históricos, por D. Aureliano Fernández-Guerra.

Novelas de Salas Barbadillo.

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Los pedidos de ejemplares ó suscriciones se harán directamente á la librería de D. Mariano Murillo, calle de Alcalá, 7.