[62]

Enpós esto, tras esto; en S apos. Vale después y fuera de. En este segundo sentido véase A. Alv., Silv. Conc., 10 c, § 3: En las demás criaturas, apos de María, apenas puso un dedo della (de su mano). Viene de a y pos(t), como des-pues, en-pos y en-pues. El simple pues, de pos(t), por después en Berc., Sacr., 58: Nin pues nin ante. Pos por pues úsase en Castilla la Vieja y Andalucía.—Parar mientes, atender, clásico: las mientes son las mentes, mens.—Retenientes, de reteñir: me retiñe eso en los oídos.

[63]

Desque, después que. B. Alcaz., pág. 108: Llaméles y desque me vido. Cast., Canc., 1, pág. 335: Desque digas el tormento | tan amargo en que me dejas, | remira con ojo atento | cómo hace sentimiento. Este cuento procede de Accursio, en el Comentario al Título Segundo del Digesto, De Origine Iuris, según el texto de Pomponio, como se ve por el comentario de Nebrija en el Vocabularium utriusque iuris, Lugduni, 1591. Accursius floreció del 1182 al 1260. Dos siglos después del Arcipreste pasó otra disputa de gestos entre Panurgo y Thaumaste en el Pantagruel (2, 18) de Rabelais; aunque harto más pesada, oscura y sin la presente moraleja. Es de origen popular.

[64]

Pastraña ó patraña por refrán vulgar, como patarata ó vulgaridad, de pat-ar-aña ó pat-er-aña, y como pat-ochada, de pat-a, cosa de pat-anes y gente vulgar. Cacer., ps. 72: Les parecen patrañas y cuentos de viejas. La s es parásita. Quijot., 1, 25: Y todo pastraña ó patraña.—Fardida, ingeniosa y ducha en las cosas de la vida. No hay mala palabra, cuando no se echa á mal: las palabras son según se toman y se digan; el ánimo é intención les da valor.—Ha por hay, que vino del mismo ha (3.ª p. de haber) y de la y, allí, como en francés, il-y-a por il a.—Verás que... Hace ya aquí la aplicación del cuento á su libro, que nadie echará a mal los desenfados que en él leerá, si tiene ojo á la buena intención del autor. Pero ¿y cuál fué su intención? ¿Enseñar los malos pasos para que el lector los evite, como da á entender en las coplas siguientes, ó también, y además, lograr dueña garrida? Esto segundo es una añagaza, é irónica, para que los mundanos sigan leyendo, por aquellos á quienes decía al principio que "si algunos quisieren usar del loco amor..."—Garrido, hermoso, lindo. Quij., 2, 21: No viene vestida de labradora, sino de garrida palaciega.

[65]

No menosprecies este libro teniéndolo por de pasatiempo y chanza chocarrera, sino adelgaza tus entendederas, porque el punto más subido del trobar y del arte está en saber decir bien, encubierta y donairosamente lo feo y malo, y raros son los trobadores que á esto llegan, uno entre mil. He aquí una teoría sobre un naturalismo, que encierra en sí el idealismo máa levantado. Zola pintaba lo feo, pero pretendía que había que pintarlo tal cual era, como en fotografía, que sirviese de documento científico. Este naturalismo ó realismo del Arcipreste no desprecia lo feo y bajo, pero el arte está en expresarlo por medio del idealismo.—Doñeguil, donairoso, de don y el éuskaro eguile, que hace, hecho con donaire y gracia.

[66]

La dificultad no está en ver garzas, que todo el mundo ve, sino en dar con el huevo de la intención, de donde las garzas salieron, y que está harto escondida para los lectores vulgares. Los lectores novatos no son quiénes para poner peros a los buenos libros ni para remendar lo que apenas entienden. No me arrastró al escribir el mío ninguna liviandad ni desgarro (es el valor de locura, que hallará el lector en Cej., Tesoro L.); lo que el libro del Buen Amor dize va bien cimentado en una sana y honda intención moral.—Alfayate, sastre, del arábigo.

[67]

Para todos es este libro: el cuerdo sacará cordura de él; guárdese e1 mancebo liviano de sacar ánimos de loquear; en suma: cada cual alcanzará de él lo que le depare su mejor ó peor suerte: qui potest capare, capiat.

[68]

Cava y ahonda en las razones encubiertas del libro, dondequiera que des con el filón (señales çiertas); si das en el motivo de él y aciertas con el sentido (seso) de lo que se dice, no lo desaprobarás, como ahora lo haces.—En el seso, en el sentido de las razones, de sensu(m). Mingo Rev.: Puede aver dos sessos, uno literal, otro moral.—Rehiertar, rebatir, de refertus, referre, llevar y traer palabras, disputar. Cal. Dimna, 4: E non refiertan ninguna cosa de lo que dice. Gonz. Clav., Mamorl., pág. 157: El que refierta que non quiere beber, facenle beber, aunque no quiera. Su posverbal es rehierta ó reyerta.

[69]

Tan encubierto es el sentido de esta copla, que G tampoco la entendió, pues lee: Do coydares que miente dize y gran fealdat... dicha mala ó buena por vientos la juzyat | Las coplas con los pintos load ó denostat. Lo de fealdad, vientos y pintos no tiene pies ni cabeza. ¿Entiende la copla el lector? Si a mí se me alcanza, su sentido es éste: Donde piensas que el libro miente, dice mayor verdad, que es en la doctrina moral y en el sano intento mío, que algunos creerán no ser más que una farsa, una máscara y mentira, un dar color de moralidad á pinturas desenfadadas y á desahogos de un Arcipreste de vida airada. La moralidad é intento moral, que afecto, no es careta, es sinceramente lo que yo pretendo en el libro: esta es la pura verdad. Al revés, en las coplas, donde se cantan escenas ó sentencias de libertinaje, es donde no hay más que falsedad, esto es, pura fantasía del autor, que aunque toma cada rasguño del natural ó de la comedia Pamphilus y algunos fabliaux, no son cosas que han pasado, ni menos que me hayan pasado a mí, como alguien creerá, sino que me pongo y envisto en los personajes, por pura traza artística y, por lo mismo, en ello hay falsedad de hecho. Cada cosa, buena o mala, juzgadla por los fines é intentos á que apuntó y que contrapunteó el autor (por puntos); no separéis, al criticar el libro, los fines de los medios, de que él se vale para llegar a los unos por los otros. Puntos son los fines adonde apunta el autor, y éstos son verdaderos en él, no mascarilla para no escandalizar; mientras que los medios son trazas artísticas, por consiguiente, de hecho cosas falsas, al artista permitidas. Puntadas, entonadas, puntar, entonar, metáfora acaso del contrapunto por intento (c. 1228, 1231) y del apuntar al blanco.

[70]

Trae G pyntares en la corrección por puntares. Puntar, como apuntar y contrapuntear, y con esto se entenderá esta copla, que sin ello, fuera más oscura que la anterior. Yo, el libro, soy padre de los medios ó instrumentos de canto y contrapunto empleados aquí: según apuntes y contrapuntees ó discantes, así sacarás provecho ó daño de ellos, esto es, de dichos, escenas y personajes. Detente y haz punto en el decir, dicho ó escena que tú quisieres ó buscares (quisieres vale buscares, quaesieris); si estudiándolo supieres dar en el blanco que yo tenía allí al escribir (si sopieres apuntarme), no te extraviarás, irás conmigo (ssiempre me avrás en miente) y no sacarás el daño que acaso saques si no apuntas bien á mi intento, pues te quedarás en los medios y con los instrumentos, que son cosas, á veces, harto libres, sin llegar a él: llevarás mal el contrapunto y no como yo lo llevo. Acaso algún moderno lo entenderá todo patas arriba, como no faltan quienes supongan que Cervantes era un descreído y aun que ataca rebozadamente á la Iglesia en su Quijote. Con capa de moralidad, se dirá ese tal, quiso encubrir sus desvergüenzas el tuno redomado del Arcipreste, para no ser tildado por la sociedad, y por eso da á entender aquí, al buen y sutil entendedor, que distinga entre la capa y el cuerpo, y no haciendo caso de aquéllas se quede con éste. "Comme un Rabelais hypocrite rendu prudent par le pays et le temps dans lesquels il vivait", dice Puymaigre (Les vieux aut. castill., t. 2, p. 63, etc.). Pero el Arcipreste, para mí, ni era hipócrita ni necesitaba serlo en época tan desgarrada como aquélla. Por algo le metieron en chirona, donde cabalmente escribió este libro con tan buena estrella como escribió en la cárcel el suyo Miguel de Cervantes. Fuera el Arcipreste un picaronazo, amigo de figones, hampón á carta cabal, mujeriego y cuanto fueron nuestros pícaros, de los cuales fué el primero en levantar enseña literaria, siendo su primer modelo y maestro, abuelo del Lazarillo y del Guzmanillo, bisabuelo del Buscón; ¡pero suponer en él hipocresía! Eso sólo se les ocurre a los que siempre ven á España encapotada por los negros nubarrones de la Inquisición. Pero hay más, y es que por este libro no pueden sacarse pruebas de que el Arcipreste fuera prácticamente un picaronazo, amigo de figones, hampón y mujeriego, como de sus libros nadie saca que lo fueran Mateo Alemán, Cervantes ni Quevedo. Viviendo en un siglo gazmoño y farisaico, nos escandalizamos de oir ó de leer lo que no nos escandaliza practicar. Un hombre como el Arcipreste, que tiene alma para echarles en cara á los clérigos de Talavera sus desgarros y solturas, hasta verse preso por sus solapadas maquinaciones, no hubiera tenido autoridad para hacerlo ni le hubieran hecho el menor caso si hubiera sido tan suelto y desgarrado como ellos. El Arcipreste de Talavera, autor del Corvacho, escribió un siglo más tarde acerca del mismo asunto que el de Hita. Nadie pone en duda la religiosidad y buena conducta del Arcipreste D. Alfonso Martínez de Toledo. Pues bien: su respeto por nuestro Arcipreste llega hasta copiarle con loa, lo cual cierto no hiciera si de él hubiera tenido la opinión de Puymaigre y de tantos otros. En estas dos coplas está el nudo del libro, el intento del autor: según se entienda, así será el libro bueno ó rematadamente malo. El es sutil, qui potest capere, capiat: el delicado griego lo entenderá por todo lo alto y á lo divino; el zafio romano, á puñetazos y figonescamente. Juzgar de este libro por la lectura de un trozo suelto, es lo mismo que suponer que la Sagrada Escritura es una obra impía, porque en ella se dice literalmente: Non est Deus: no hay Dios. Si allí lo dicen los impíos y no la Escritura, aquí esos trozos los dice ó practica el mundano, á quien pinta y rebate el Arcipreste.

[71]

El bien del individuo y el de la especie, los dos quicios sobre que se mueve y perdura el universo. Pretende asentar la causa fisiológica del amor en los hombres y la raíz de la locura del mundano, que quiere describirnos. Las cosas se dicen claras y sesudamente comprobadas; si no, no se dicen. El Arcipreste, como iremos viendo, era tan gran filósofo como poeta.

[72]

Los hechos prueban ser verdad este dicho y tener razón el sabio filósofo.—Rebtar en S, y en G reptar, de rep(u)tar(e), y de aquí retar, imputarle á uno una culpa, echarle en cara, después desafiarle, echándole en cara cosa que le agravie. Cid. 3343: Riebtot el cuerpo por malo é por traydor. Sobre la concordancia de se prueva en singular con dos sujetos, véase Cejador, Cabos sueltos (pág. 152): es la común concordancia castellana hoy día, como lo fué siempre, pese a dómines y Academias. Oígase al Tostado (Bibliófil. esp. Op. liter., pág. 226): Bien paresce, segund esto, quel amor non consiste en el arbitrio humano; mas necesidad nos apremia amar á la mujer.—Que en el cuarto verso, en S, causal y muy común, como Ca, que lee G.

[74]

Llama locura al hacerlo sin mesura, pues locura es soltarse y salirse de la medida (Cej., Tesoro L., 87).—Mesura, medida, que así sonaba ya en latín lo que se escribía mensura, pues no sonaba ya la n delante de s en el mismo latín.

[75]

Comoquier que, porque: dice que el fuego arde y se deshace, por consiguiente, cuando se le atiza sacándole de la ceniza, por lo cual prefiere él quedarse encenizado, mirando por su conservación propia. Pero el hombre cuando hace esta locura, que es á lo que llama pecar, por salirse de la raya, bien ve que de ella se desliza, sino que como la naturaleza le aguija, se aferra en el pecado. Oviedo, H. Ind., 49, 7: Envió á llamar al factor é luego fué allá, comoquier que estaba sin culpa. También significa siempre que. J. Pin., Agr., 21, 9: Del cual dice Suidas que comoquiera que oyese hablar á alguna mujer sucia, le dolía la cabeza.—Ende, de allí, de ahí, inde en latín. J. Enc., 220: Y érguete hora ende, Juan. Partid. 1, 1, 3: E nascenle ende dos bienes.—Le enriza, le azuza y compele. F. Juzgo. 8, 4, 8: Si algún home enriza boy ó can ó otra animalia contra sí. Idem, 8, 4, 18: El can que es enrizado (Cej., Tesoro L., 118).

[76]

Por ende, por eso. León, Job, 34, 25: Por ende, hace conocer servidumbre de ellos. Cabr., pág. 232: Y por ende han menester diversas provisiones. Omnia autem probate: quod bonum est, tenete (Tesalon. 5, 21): ¡buena asilla para tunos! Pero el Arcipreste no es hombre para poco. Como que lo que desde aquí comienza á decir como de sí y que le hubiese acontecido, no es sino farsa y traza artística, falsedat, para que el mundano, que nos quiere pintar, sea persona concreta y viva. ¿Quién será tan simple que crea que D. Melón, en la glosa que hace del Pamphilus, es realmente el Arcipreste? Pues allí sigue envestido en D. Melón, como aquí en el hombre mujeriego.

[77]

Priso, tomó, cogió, de presit, prendere, como miso de misit, mittere, quiso de quaessit, quaerere.Rrepiso, arrepentido. Ambos pretéritos irregulares.—Riso, risa. Berc., S.D., 11: De risos nin de iuegos avie poco cuidado. Viene de risu(m).—Al, otra cosa, del vulgar latino al(id). Quij., 1, 2: Que el mío non es de al que de serviros. No llegó á mayores la bienhablada y risueña dueña, y da por razón su buena crianza en las coplas siguientes.—Fer y far por fazer, hacer, fueron comunes y hay que devolverlos al texto en varios lugares, de donde los quitaron los copistas deshaciendo el verso. Rosal: Far dicen los rústicos ó har; otros her. Trag. Policiana, 21: No se me yergue ell aliento para her hacienda. Autos s. XVI, 1, 28: Para her ese cariño. Berc., Sacr., 39: Ca el en su memoria lo mandó todo far.

[78]

Dueña y doña de dom(i)na(m), señora. No logró estar con ella ni una hora a solas, porque la guardaban como guardan y observan la Ley de Moisés los judíos, que ellos llaman Tora, y escriben תורה, y los árabes taurat, ley, doctrina, el Pentateuco de Moisés.—Muncho, ant., por mucho, de multu(m); mas mucho es vulgar, como muy mucho.

[79]

Labores de gente noble, bordar en seda y oro. Con ser rica, no era nada entonada. Su honestidad tal, que no se daba á dineros.—Pintada en el sentido de excelente, lo mejor, como el más pintado y tortas y pan pintado, que lo es, pues lo pintan los confiteros.

[80]

Cántiga, como en Galicia, cántiga y cántega, del lat. cantica, plural de canticum ó de canticare, como posverbal. Otra cosa es cantico y cantica, diminutivo de canto.—En-puesta, enseñada, informada, de em-poner, hoy imponer, impuesto.—Conpuesta, la bien concertada y modesta, da la callada por respuesta á tales embajadas ó mandatos.—Rrepuesta en S. de reponer, como respuesta de responder. Usase todavía repuesta por respuesta en Venezuela, y repost-ada por réplica al superior en Aragón y América, y repost-ero, el que responde y repone en entrambos países. Respuesta, de *respuesto, fué el repuesta, repuesto, contaminado con responder: son diversos los orígenes, ponere y spondere.

[81]

Ende, por ello, y end, en fr., en. Alex., 345: Fallarás ende bien, auras end grant provecho. Berc., Loor, 27: E ovo en pavura.—Castigo en su manera, me enmiendo ó corrijo con lo que á ellas les sucede.—Castigar, fué intransitivo y transitivo por enmendarse y enmedar á otro, aprender y enseñar, y se verán otros varios ejemplos.—Manera, el modo de proceder de ellas y lo que por la mensajera les acaeció de fallarse mal.—En agena mollera, en cabeza ajena; la mollera, propiamente los sesos muelles, blandos.

[H]

Enxienplo, de exemplu(m), ejemplo, con n parásita, como en enjalbegar de exalbicare, enjaguar de exaquare.

[82]

Ver, infinitivo final, sin preposición á, porque ya la lleva embebida en su etimología (Cej., Tesoro, Silb., 248).

[83]

Abastar, que dió el posverbal abasto, suficiencia, el consumo público, como bastar. Timoneda, Menem., 3: Abaste lo dicho. Herr., Agr., 5, 40: Un puerco abasta tanto, si es bueno, como una vaca (cundir, lucir).

[84]

Que comiese, final.—La canal es el cuerpo, sacadas las asaduras y menudos, que se dicen y aquí dice el autor: por su forma. De aquí abrirle en canal á uno.—La mayor que, era de lo mayor que se puede ver: ome, indefinido por se, como on en francés, que tiene el mismo origen. Comed. Eufros., I: Comprar hombre barato es gran riqueza, comprar caro no es franqueza. S. Abril, Adelf.: Que pues hombre ha tomado esta ganancia... De quienquiera se huelga hombre de recibir una buena obra.

[85]

Liviana, ligera, úsase en Castilla.

[86]

Por... santiguar, para santiguar. Por y para vienen del per latino, son finales. Quij., 1, 2: Desvelábase por entenderlas. Para de per + ad ó per + á; por de per.—Casco es la calavera ó huesos de la cabeza.

[87]

Golpeja, vulpeja.—Eguala-dera, en S, igualdad, de egual, igual.

[88]

Aguisada, en S, gisada en G, bien, concertado, propio y justo, de guisa, manera propia.—En cabeza de otro se escarmienta, aprende y castiga.—Castigué, aprendí (copl. 81).

[89]

Vuelve á hablar la dueña á la vieja mensajera. Se castiga, se enmienda, aprende y escarmienta en mal ageno el cuerdo.—Enemiga es vocativo.

[90]

Habla ya de sí el Arcipreste, esto es, el mundano que pinta, y dice que su poridat, el caso con la dueña, salió á plaza, esto es, se publicó é hiciéronse corrillos de ello: sacar y salir á plaza ó echar en la plaza, publicar. Persil., 2, 11: cuando salió la salud perdida de Antonio á la plaza. Entret., 3: Que no salgan á plaza sus holguras. Puridad por secreto, de puro, díjose del no querer mezcla de tercero, sino ser tratado derechamente. Cid, 104: En poridat flablar querría con amos. La dueña fué más encerrada por los suyos, luego que la dejé, por haberse publicado el caso. Mateo, 10, 26: "Nada hay encubierto que no haya de manifestarse, ni oculto que no haya de saberse."

[91]

Punase, propiamente puñase, hoy pugnar, volviendo al latín pugnare.—Ditado triste, elegía ó versos tristes, el dictado, de dictar, dicere. Villen., Arte trobar: Por la mengua de la sciencia todos se atreven á hacer ditados solamente guardada la igualdad de las sílabas y concordancia de los bordones según el compás tomado, cuidando que otra cosa non sea cumplidora en la rithmica dotrina.

[92]

Cantábalo con más sentimiento que yo supe poner en el cantar. Gentil y delicado encarecimiento.—Señor, por señora, como otros adjetivos en or antiguamente.

[93]

Mescláronme con ella, me pusieron á mal con ella, le fueron con chismes para desavenirnos. Mezclar es confundir y enredar las voluntades y negocios con soplos y chismes. Y esto para dar color á apartarnos al uno del otro y guardarla más.—Partirnos, desavenirnos.—De plan, en G dixieronle de pan; de plano (c. 1714).

[94]

Que hacía alarde de haberla engañado y que hablaba mal de ella, publicándola por mala mujer. Pro-faz-ar, en S, denostar, de pro, delante, y faz, cara, porfazar (c. 422). Villena, 13; Sy les vieren profaçar ó escarnecer de alguno. J. Pin., Agr., 20, 34: Y de ninguno fueron por eso profazados.—Çaraças o zarazas, por mala mujer úsase todavía en Andalucía, su origen y fuerza en Cej., Tesor., Silb. 209 (parte 3.ª, pág. 579); sarasa, por hombre afeminado, es vulgar.—Raza, rotura, desigualdad en el tejido. Cabr., pág. 286: Paño al parecer finísimo, y desdoblado tiene mil razas. Lis. Ros., 5, 1: Cuanto más que en el buen paño cae la raza. Y aun fuera de los paños, como raja, que es su variante. Jineta, pág. 85: Tendrá excelentísimos cascos, sin que les salga cuartos, cercos, razas ni sequedad.

[95]

Fabla ó habla, el dicho ó refrán.—Someten, persuaden, vuelven el corazón á lo que tiran las palabras, que es el significado del refrán. Hasta hacerle decir á la dueña: los novios... quiere decir que le echaba la culpa de la desavenencia al Arcipreste.

[96]

Le avía enbiada, suple yo, concertando el participio con vieja, y de aquí salieron los tiempos compuestos con el verbo haber y el participio sin concertar (Cej., Leng. Cerv., I, 100).—Isopete, Esopo, allí llamaban en la Edad Media á la colección de fábulas, dichas de Esopo. El nombre vino de Francia, donde los troveros le llamaban Isopet. Sobre las fábulas de Esopo medioevales véase J. Jacobs, History of the Aesopie Fable, London, 1889, y del mismo autor y año, The Fables of Aesop as first printed by Caxton. No es fácil decidir de cuáles de esos Isopetes sacó sus fábulas el Arcipreste.

[97]

Ganada, concordado, como en 96 enbiada. Cobrada en S, por lograr, ganar, clásico, y de aquí cobrar la pieza el cazador. Galat, 2: Con la desdicha general cobraron la dicha propia. S. Ter., Mor., 2, 1: No puede cobrar mejor amigo, aunque viva muchos años.

[98]

La comparación de Horacio glosada maravillosamente: parturiunt montes, nascetur ridiculus mus.—Quería quebrar, iba á, estar á punto; poética personificación, atribuyendo el querer á cualquier cosa, es muy castellano. Quebrar, reventar, en el sentido etimológico de crepare, de donde se dijo, mediante crebare.

[99]

Coydavan, pensaban, concordancia del sujeto colectivo.—Atanto, como tanto, fué común, como atal por tal, con a.—Conbrie, disimilación por comerie, al revés de amos por ambos, paloma por palonba.—Estragar, perder enteramente, propiamente por la fuerza fatal de los astros, astr-agar. Poem. Alf. XI, 81: Cadal dia ases parando, | astragando los menores. Mal astrugo, desgraciado, de mal sino ó estrella: Berc., S.D., 423; S.M., 219 y 340; astr-ado, lo mismo. Berc. Duelo, 122: Agora so mesquina é so mal astrada; y astr-oso, igualmente. Falta el texto en G desde 100 a 126.

[100]

Goyr, fuir, que sonaba huir, como hoy.

[101]

Pajatamo, tamo de la paja.—Ramo es como vena, y así se dice tener ramo ó vena de loco.—¡Vete!..., habla la dueña, desechando al Arcipreste.

[102]

Mucho ruido y pocas nueces.—Rafez, rahez, refez, vil, del arábigo.—De-veces por veces, forma adverbial, como á las veces. J. de Padilla, Retablo, c. XIII: Este que digo, muy pobre portal, | era el establo de muchos ganados, | y a las de veces de muchos cuitados. Idem, ibidem; c. XII: A la de veces, los flacos sentidos | reciben engaño de poco accidente. En Chile se conserva esta expresión en la forma adivez, y vulgar adivé, con el significado de perplejo, dudoso; y, tratándose de enfermos, con alternativas, un paso para adelante y otro para atrás, es decir, unas veces mejor y otras veces peor, como la fiebre que sube y baja.

[103]

Aborr-ençia, aburrirle.—Arredrarse, como redrarse, apartarse, de redro ó riedro, atrás, lat. retro. G. Alf., 1, 2, 6: Pensé que ya me llevaba el que á redro vaya. Alex., 1843: Redrola de la riba. Gran., Adic., mem. 2, 14, 7: Arredraos de mí.—Hacerle el juego maña es trampantojo y engaño que tiene de maña y de burla pesada ó juego. G. Alf., 1, 2, 10: Y porque quien da voces, tiene más justicia y vence las más veces con ellas, yo daba tantas, que no le dejaba hablar y, si hablaba, que no le oyesen, haciéndole el juego maña.

[104]

Por su parte, dice el Arcipreste que ella fué la engañada, y sobre este dicho compuso una elegía, ó mejor, endechas de desengañado, de verdadera salva, que son las que siguen. Al mejor tiempo se encoge la malva: de donde sacó que la cosa va mal. Malv-ado se dijo de mal(le)var, llevar mal, educar mal. A esto y al retruécano y sonsonete parece aludir.

[105]

Hízose pregonero del vanitas vanitatum el Arcipreste con los desengaños. Salamo pronunciando Salomon a la samaritana: Shalamah; así también en la prosa al principio del libro, y en la Partida 2, t. 5, I, 2.—Lyviandad, lo propio de lo liviano, en el sentido de cosa de poco tomo y peso, física ó moralmente, y úsase en Castilla, como entre los clásicos.

[106]

Redrarse, retirarse, como hemos visto.—Pleito, placitum, trato.

[107]

Sabe Dios, fórmula común aseverativa, poniéndole por testigo.—Deservir. L. Rued., 1, 317: Y también que me perdone lo que la he deservido. León, Job, 21, 15: Desirviéndole y desamándole.

[108]

Pajés, rústico, provenzal pages, de pagensis, contaminado con paganus, ambos de pagus, aldea; pagensis dió país, de donde pais-ano, pais-aje; por otra parte, payo y pay-aso, de pa(g)ius, del mismo pagus. Nótese la magnífica apología de la mujer contra los que, exagerando el ascetismo, la tuvieron por animal imperfecto y tomaron al pie de la letra lo que los Santos Padres contra el pecado y su raíz clamaron, personificándolos en ella. Al perro flaco todo son pulgas, y á la flaca mujer se achacó siempre lo que el hombre, más culpado que ella, merecía, puesto que tiene más inteligencia y aguante.

En el Eclesiastés (7, 26) dice Salomón: "Inveni amariorem morte mulierem, quae laqueus venatorum est et sagena cor eius." Triste es la muerte y amarga su memoria, fuerte es su brazo y certeras son sus saetas, infalible es su venida y ninguno se defiende de ella; pero con todo eso la mujer, que es cual red barredera de todo, es más triste, más amarga, más fuerte, más diestra y matrera que la muerte. Y pues en la tierra es la mujer lazo del demonio, en el aire rayo de concupiscencia y en el mar red de ocasiones, no apuntó mal el otro poeta griego cuando lo cifró todo en ella, como muchas letras en una, diciendo: Mare, ignis, mulier, tria mala. (Erasm., Chiliad., 2, cent., 2). El mar con su soberbia lo arruina todo, el fuego con su furia consume lo que alcanza y la mujer con su malicia todo lo contamina. Buen ejemplo tenemos en aquellos infelicísimos amores del Rey D. Rodrigo con la Cava, hija del Conde don Julián, los cuales en mal punto se comenzaron, en peor se prosiguieron y en más desdichado se acabaron. Nada de esto desconocía el Arcipreste; pero no lo quería reconocer el vano clérigo á quien aquí el Arcipreste pinta, y en cuyos labios sólo suenan los delicados sentimientos acerca de la mujer, que el Arcipreste pone en ellos, porque tal sentía de ella, como se ve por todo su libro; que ensañándose contra el amor mundano y contra los enamoradizos clérigos, no tiene la menor palabra desabrida contra la delicada y desventurada mujer, á quien otros achacan todo aquello de que ellos son los más culpables.

[112]

Más sentía, todavía pensaba y juzgaba más: que yo cruyziava... Cruyziava, sufría como tormento de cruz, de cruc-iar, ear, cruz. Descruciar por despenarse en J. Enc. (Bibl. Gallard., 2, 895): Ora, Carillo, descrucia | de seguir esta zagala. An-grucia, por en-crucia, tener mucha ansia congojosa por algo, y se usa en el Alto Aragón, de un en-cruciar, como angruci-oso, el que la tiene. Empleó este verbo porque la dueña, por quien cruciaba, se llamaba Cruz. Va dando aquí las razones que suele pensar y sentir el mundano al buscar mujer, bien ó mal buscada, que ese es el caso.

[113]

Recabdar, recaudar, posverbal recaud-o, recad-o, y vale cobrar, percibir ó poner cobro en rentas ú otra cosa, aquí ganar, tener por suyo.—Echarle el clavo ó echarle clavo es engañarle, según Covarrubias, "de albeitares, que conchavados con los mesoneros, clavan mal las herraduras y lastiman las bestias"; pero dícese igualmente clavarle á uno por engañarle, y es vulgar, y lo trae Correas (pág. 598). Figuer., Plaz. f. 247: No hay mercader que con palabrillas melifluas no procure clavar al que más se fía del. Barbad., Coron., f. 99: Tenía que hacer cierta cuenta con unos arrieros vizcaínos, clavándoles el gasto de la posada y comida y no las herraduras de los machos. Igualmente como reflexivo, engañarse. Moreto, Desdén con el desd., 3: Hombre, mira que te clavas. Echársela de clavo, del que á otro engaña en la cuenta. Galindo, C., 858. Lo más llano parece, pues, que el clavarse por engañarse se dijera del quedarse parado por el asombro y como fijo y clavado en el suelo, y lo mismo clavarle ó echarle clavo, dejarle plantado, que también se dice, parado de asombro.—Rumiar no es comer, y así entre los místicos y aquí por pensar y repensar, mientras el otro comíalo.

[114]

Troba caçurra es la que aquí nos conservó el Arcipreste, que, despechado y mohino por la charranada que le hizo su tercero ó mensajero, birlándole la dueña, lo echa á broma, ó, como él dice, troba burla, convirtiendo en chanza el escarnio recibido. Es propio del apesarado apartarse del trato de todos y, mohino por demás, cerrarse de banda, lo cual llaman natural cazurro y azurronado; pero si el tal es de levantados pensamientos, lo echa á bromas, desprecia el hecho y se burla de él, y hasta de sí mismo, que en tales niñerías puso su corazón, y guaseándose del mundo y de sí mismo canta coplas como las siguientes.

[115]

Cruz debió de llamarse la dueña, ó la llama el poeta por haberle sido tormento al amante, y su desvío encapota el alma del poeta.

[116]

Cruz cruzada, panadera, que tal oficio tenía, añadiendo el cruzada por el sonsonete de Cruz y por lo que a él le crució, esto es, Cruz, por quien él crució, por consiguiente, cruzada para él.—Entendedera es amante, como entendedor en masculino. Lo que él creyó había de ser ancha carrera por donde llegar corriendo hasta ella, fué estrecha senda, que le extravió, engañándose como andaluz, que como todo lo exagera en su fantasía, suele quedar después engañado con la realidad.

[117]

Ferrand Garçía es un tercero, á quien encarga haga la pleitesía ó trato y sumisión con la dueña, por lo cual le llama pleit-és, el que se encarga del pleito (placitum); duz, el lat. dux, guía.—Troxiese, del tema de pretérito troxo ó truxo, trujo, que todavía dice el pueblo.—Ferrand púsolo porque aferró de la dueña, como Garcia, que en éusquera suena lo que agarra.

[118]

Privado, que tiene privanza, que trabó amistad e intimidad con la Cruz. Los nombres propios con artículo se usan muchísimo en el habla familiar: la Nicolasa, la Manuela, la Cruz.—Duz, contracción de dulce, y así suena en Andalucía, caña duz, etcétera. El pan y salvado, por ser ella panadera.

[119]

Marfuz, falaz, engañador, del arábigo مروض marfūd, de rafada, desechar, reprobar, y su participio, desechable, repudiado, desechado, falaz. Quij., 1, 40: No te fies de ningún moro, porque son todos marfuzes.—Presentar por hacer un presente ó regalo. Quij., 2, 41: Un caballo de madera que los griegos presentaron á la diosa Palas.—Añejo, lo que pasa de un año ó de más de uno, de muchos años.—Un conejo, que es animal que anda de ocultis, y de ocultis del Arcipreste, sin saberlo él, como regalo propio, se lo regaló. El Arcipreste le había encargado le llevase buen trigo, como á panadera.

[120]

Conejero, porque le presentó un conejo, y fué mal perro conejero, que no trae la caza al amo.—Aduz, de aducir, ad-ducere, traer. Esta troba cazurra es de un humorismo tan filosófico, que no le hallo semejante, y ese humorismo, que se nos antoja la quinta esencia de la civilización moderna, del pensamiento desengañado, hasta desvaharse, del más refinado vivir, sale aquí alquitarado de un alambique de piedra berroqueña, de un poeta enteramente primitivo y brutalmente natural. No hay sentimiento que iguale en reciura, y á la vez en sutileza, al que expresa en estas incomparables coplas el gran Arcipreste de Hita. Desde aquí, las academiqueces de Santillana y Villena, que vinieron á poco, semejan recortados evónimos de jardín, mirados desde la copa de un cedro del Líbano.

[121]

Juega aquí con el nombre de la dueña y el de cruz, á quien se humilla el cristiano y adora.—Conpaño, el compañero, su mensajero. Alex., 1835: Que un fallimiento de su companno oir. El mensajero, más cerca que él, no se omillava, sino que la adoraba y amaba á la Cruz.—Ad-orar se dijo de llevar al os boca, del besar.—Cruz-ada la mala partida del compañero con la dueña Cruz, que á él le crució tanto.—Reguardarse, como resguardarse, recelarse, cuidarse.

[122]

Conpaño de cucaña, de los que á porfía pretenden subir a la cucaña ó viga plantada en el suelo y bien ensebada, con un premio en lo alto, para el que logre trepar hasta cogerlo. Además, el tal compañero le salió como el cuco, que diz pone sus huevos en nido ajeno, en el nido que para sí tenía marcado el Arcipreste.—Ante, latino y castellano viejo, de donde ante-s. Gran., Mem., 1, 13: Aquella grande hambre de los siete años de Egipto, ante de la cual dice la escritura que fué tan grande la abundancia. Celest., VII, pág. 95: Que quiero ver para cuanto eres, ante que me vaya.—Magadaña es mala partida, engaño, falla. En Aragón macatrullo, engañado y tonto; macandon es el engañador, camandulero. L. Fern., 156: Mosquilon y macandon. En Aragón magar por fallar, faltar. Maganada es engaño que á uno se hace. Magancés, el engañador. Pedro Urd., 2: Sois un traidor magancés. Otros vocablos hay del mismo tema mag y mac, que estudiaré en Origen del leng.[122.1]. Magadaña de escarnio es mala partida de escarnio, engaño que escarnece al engañado.

En el Tratado de las Colmenas, del aragonés Jaime Gil, t. 4, c. 6, descríbese un armadijo formado sobre cuatro horquillas para que en ella paren los enjambres: "Tomaba cuatro horcachas de sauces ó de otra madera de las dichas. Hincávalas en tierra. Sobre ellas ataba otras también gruesas y viejas de la misma manera á modo de parral. En los ángulos que había ponía una grande aliaga y seca, bien atada y segura; pero de tal suerte, que dejándole en la atadura lazada, con facilidad desataba, y sin mover mucho la aliaga, que con una mano desataba y con otra aseguraba no se moviese la aliaga. Asentábase en ella el enjambre, desatábala, como he dicho, y de un golpe casi todo el enjambre daba en la nasa ó cogedera... Ha de estar esta malagaña, que así la llaman en algunas partes los colmeneros, de alta hasta siete palmos del suelo." El cambio de d en l es común y así esta malagaña es la madagaña y la magadaña del Arcipreste: una de tantas voces aragonesas como él usó.