La locura del loco amor llega hasta canonizar, bendecir sacerdotalmente y cantar en epitafio, que resulta bufonesco, á la podrida vieja, divinizándola casi casi, como graciosamente levantó á los cuernos de la luna el oficio de alcahuete don Quijote (1, 22). Socarroneria es esta que á algunos se les antoja ser cosa de misterio, digo á los que llevan á aquellos tiempos de fé religiosa el descreimiento de estos que corremos y quieren hacer del Arcipreste un precursor de Lutero y á Cervantes un sectario enmascarado. ¡Bonitas antiparras para leer la historia y desaforado enaltecimiento de los grandes hombres que pasaron!
La ironía de las coplas siguientes creo no puede ser más clara como no puede ser más sangrienta, y con todo la ceguera les hace á algunos tener por un tonto de capirote al Arcipreste, cuando no por un impío y blasfemo, forrado de albardan y de borracho de baja estofa.
Debatida en S, como batida de caza; en T abatyda. Perdida, concertando con dueña, por perdido, que diríamos hoy.
Non me corredes? Irónicamente del correrla y acorrerla.
Que le dé Dios buen amor, esto es amor de Dios, y plaser de amiga, esto es loco amor: as¡ pintan los extremos las tales y los clérigos sus admiradores. ¡Sí..., optativo, ¡así...
Saca ya, hablando en veras el propio Arcipreste, la moraleja de las blasfemias y caminos del loco amor, que ha venido pintando y enhebra con lo de los pecados capitales, de que arriba trató, lo de sus remedios y armas para combatirlos. No son apuntes de sermones, que le ocurrió enjerir aquí, como pensó Menéndez y Pelayo; es la moraleja del libro, el alma de él para sus lectores, que supone cristianos de buena fe. De estas armas escribió Don Sancho en los Castigos y documentos (c. 1).
Nenbrar ó membrar, recordar, y sobrar ó vencer son aquí infinitivos imperativos.
Follya, locura. Tranzar, partir por el eje. Buena y malandanza, dicha y desdicha.
Sobrar, vencer en S, bueno en T.
Imitando a San Pablo, compara las virtudes a las piezas de la armadura. Brafuneras ó brahoneras, lo que hacía de brahones en la armadura, ó como bragas de acero para los muslos hasta la rodilla: en los muslos pone la Biblia la virilidad y á ellos ha de aplicarse la armadura de la castidad. Romancero Sepúlveda, 1551: Parecían brafoneras de las que el Cid se calçava.
Quixotes e cañilleras, armaduras de rodillas y canillas.
Las tabletas del escudo, encordadas ó trenzadas de cuerdas.
Meter ó poner nosotros, los clérigos, el sacramento de la extrema unción. E soterrenos, y enterremos á los difuntos.]
Devallar, como aballar, (c. 1010) y baliar, echar abajo, pegar (en Germania). Ordin. Barbastro (Rev. Arag., 1903, p. 58): Que los ganados e cabanyas que deuallyaran de la montanya e puyaran ad iquellya por erbagar.
Deyuso, en el único códice (!). Acaso de uno.
Arrancar, vencer. Cron. P. Niño, p. 127: La batalla fué muy ferida de amas las partes, e arrancaban ya los flamencos á los franceses.
Como tantas otras veces, el clérigo mundano, después de volverse á elevados pensamientos y á Dios, merced á los desengaños de la vida, torna á los amoríos, que á su sino atribuye. Aquí a propósito de haberse alargado y diciendo que se pagó siempre de pequeño sermón, se acuerda de la dueña pequeña, y escribe un regocijado juguete, que acaba por un golpe humorístico de ironía, que es todo del Arcipreste, olvidado ya del papel que hacía de enamoradizo: Del mal, tomar lo menos, por end' de las mugeres la menor es mijor (c. 1617).
Girgonça, piedra fina. Villena, Cis., 3: Asy como rubi e diamante e girgonça.
Orior ú oriol, pajarito de color rojo bajo, que tiene enemistad con el cuervo y el cuervo con él, quebrándose mutuamente los huevos. Papagayos hay grandes y pequeños, llámanse además loros los menores como una polla; catalnicas, los como un perdigón; pericos, como una codorniz. Las guacamayas son doble de grandes que los papagayos. Cantador, gritador, usábanse igualmente como femenino.
Ffuron, ó huron, como sonaba, por meterse en las madrigueras y traer la caza al amo. El pecado, por el diablo. Rretaço, pedazo y aquí como atajo de ganado: aunque siendo ellas carne de abades no está mal el retazar.
Traynel, recadista en Germanía. El chiste del apostado donçel, sin tacha, fuera de catorce, lo repitió después Clement Marot:
«J'avois un jour un valet de Gascogne,
Gourmand, ivrogne et assuré menteur,
Pipeur, larron, jureur, blasphémateur,
Sentant la hard de cent pas à la ronde;
Au demeurant le meilleur fils du monde.»
Faz, haz; menester, necesidad.
Hunda ó funda, bolsa de cuero ó lienzo con que algo se cubre; aquí una prójima como el scortium ó cuero de los romanos. Quij., 1, 49: Dicen que está metida en una funda de vaqueta, para que no se tome de moho.
Por mal cabo, mal, como por el cabo, muy bien, acabada ó extremadamente.
De aquí malhadar, echar á perder (Segovia). Pecado, demonio.
Quatro cantares, las cuatro canticas á la Virgen, después de los gozos. Çerrar, acabar. Quij., 2, 18: Con estas razones acabó don Quijote de cerrar el proceso de su locura.
Ironías delicadas. Al leer amores tan galanos y tan galanas dueñas en el libro, los que tengan mujer fea y las que tengan feos maridos, se entregarán al servicio de Dios, que es el Buen Amor, que pretende el libro.
Como cuando las dueñas juegan á la pelota, que se la echan una á otra, peloteen así mi libro y lo lean todos.
Pues el libro es de Buen Amor ha de tratarse amorosamente, prestándolo; no vendiéndolo. Ni grado ni gracias era frase común. Quij., 1, 25: Que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias.
En las fábulas hay la moraleja además del cuento, y tras las demás narraciones (la rasón fermosa) viene igualmente su moralidad. Sobre, además. J. Pin., Agr., 30, 1: Porque como han pasado tantos inviernos sobre otros tantos veranos después que no nos vimos.
Jograría en T, juglería en S, el mester así llamado, propio del pueblo, de los juglares, en oposición al de clerecía de los clérigos letrados.
Era de César ó española de 1381, ó año de Cristo 1343, y todo concuerda para asegurar que este año se compuso (c. 1088). Rromance era el hablar vulgar y cualquiera escrito en ella. Escribiólo para desengaños de muchos, que pueden ser engañados, como el Sendebar o Libro de los engannos e assayamiento de las mugeres, que tradujo D. Fadrique, y para entretener y enseñar nuevas maneras de versificar á los sencillos de corazón que no corrían tales peligros. Esta copla es del mismo Arcipreste y se halla en S y en T. Pero en T se lee: «Era de mill e tresyentos e sesenta e ocho años | fué acabado este lybro por munchos males e daños...» Y aquí acaba T; lo que sigue es sólo de S. Esta fecha de T, ó sea el año 1330, está errada, pues escribió su libro el Arcipreste estando preso y siendo arzobispo de Toledo D. Gil de Albornoz (c. 1709), el cual sólo lo fué desde el año 1337. Desde la c. 1635 el texto es de S hasta la 1648.
Rremanecer, permanecer.
Por o, por donde.
Pujaste, subiste. Vald., Dial. leng.: Tampoco usamos pujar por subir. Bien los aldeanos.
Gento, gracioso, como gentil; en antiguo francés gente, como escribió para su epitafio Margarita de Austria, hija de Maximiliano I, hallándose en una borrasca, antes de casar con Don Juan, príncipe de España:
«Cy git Margot, la gente demoiselle,
Qu'eut deux maris, et si mourut pucelle.»
Sólo de S.
Sin egualança, sin igual.
Anparança, amparo.
Estas canticas están llenas de sentimiento y candor. Bien se ve que las escribía estando preso y con toda la unción y fervor que le salía del alma atribulada.
Çibdad, es Toledo, pues Alcalá y Guadalajara todavía no eran más que villas, bien que ciudad parece llamó á Alcalá en la copla 326.
Primeros endecasílabos castellanos que se conocen, si se juntan los dos primeros versos y los dos segundos de cada estrofa. Es de lo más delicado y poético, aéreo y sentido que pudo escribir el más alado poeta.
Tribulança pide el verso por tribulaçión del códice, que se ve escribió mal los versos.
E me espanta, corrijo lo que el códice dice: En tu esperança.
E pesar pongo por conplido del texto, que no consta.
Fiança, fe, confianza. Señor decíase en femenino.
Tribulança, tribulación. Estança, estado de uno.
El severo arzobispo de Toledo D. Gil de Albornoz (c. 1516) encargó á nuestro Arcipreste llevase las cartas del papa á Talavera y las leyese á aquellos clérigos de vida desgarrada. Cómo recibieron estas órdenes es lo que el Arcipreste pinta en esta sátira, que chorrea ironía por todas partes, aunque sin amargura ni ensañamiento, como escrita con el sano propósito de que se enmendasen. No es posible que aquellos clérigos se quedasen sin dar coces contra el aguijón. Piensan, pues, acertadamente los que suponen que ellos fueron los que indispusieron al Arzobispo contra nuestro Arcipreste, haciendo llegar sin duda hasta él chismes y cuentos, acaso que tampoco su Excelencia se libraba de las críticas del que tan vivas sabía escribirlas. D. Gil de Albornoz, hecho á mandar y á ser respetado, de genio recio y hasta tiránico, daría crédito á las hablillas. Ello es que puso en prisión al Arcipreste, sin que se sepan las razones, «por causas meramente curiales» supone Menéndez y Pelayo; injustamente y agraviado, dice el Arcipreste. En la prisión escribió el libro del Buen Amor, al fin del cual puso esta sátira, que yo tengo por un cómo boceto del libro. No que lo hiciera como preparación, sino que, viéndose preso, tomólo como tal para trazar el libro, esplayándose en la sátira del clero, que es la trama de todo él, pintando á un arcipreste que los simbolizase á todos, y para que fuera, no seca abstracción, sino persona viva y real púsose á sí mismo como protagonista. ¿Quién va á creer que todas esas aventuras le pasaron al mismo Arcipreste, cuando consta de lo contrario de algunas, como la de D. Melón de la Huerta? ¿Con qué autoridad hubiera pretendido enmendar á los demás, si él hubiera sido uno de tantos? ¿Cómo el severo D. Gil de Albornoz le hubiera encomendado cargo tan grave y delicado como el de llevar las cartas del Papa á la clerecía de Talavera? Juan Ruiz, era pues, un Arcipreste muy respetable, á pesar de su regocijado natural, de tan austeras costumbres como pedía la confianza que en él puso su prelado el famoso Albornoz, persona de entereza y gravedad bien conocidas. Este juicio personal del Arcipreste lo hemos ido viendo en todo su libro. Hora es ya de no colgar el sambenito de hombre perdido á un autor, sin otros motivos para juzgar de él que una obra, en que algunos sólo han visto los chispazos más salientes, figurándose salían de un volcán de pasiones mundanas desapoderadas. Para Menéndez y Pelayo fué el Arcipreste un «clérigo juglar, una especie de goliardo, un escolar nocherniego, incansurable tañedor de todo género de instrumentos y gran frecuentador de tabernas.» (Antolog. III, p. LXIX), «un clérigo libertino y tabernario» (p. LXIV); fué «su vida inhonesta y anticanónica» (p. LXVII), y su obra «una autobiografía picaresca, sin la menor señal de arrepentimiento» (p. LXVI). Cuanto al intento «fué un cultivador del arte puro, sin más propósito que el de hacer reir y dar rienda suelta á la alegría que rebosaba en su alma aun á través de los hierros de la cárcel: y á la malicia picaresca, pero en el fondo muy indulgente, aunque contemplaba las ridiculeces y aberraciones humanas, como quien se reconocía cómplice de todas ellas» (p. LXVII). «De esta levadura herética creemos inmune al Arcipreste, si bien confesaremos sinceramente que hay pasajes de sus obras que hacen cavilar mucho, y hasta sospechar en él segundas y muy diabólicas intenciones» (p. XCIII). Para Puymaigre fué el Arcipreste «un precursor de Rabelais, un libre pensador en embrión, un enemigo solapado de la misma Iglesia á quien servía» (Men. Pelayo, ibid., LXV). No juzgaré yo á estos dos ilustres escritores: el lector habrá formado juicio del Arcipreste leyendo su libro, y esto basta. Lea ahora el boceto del mismo, lo que para mí fué como un incentivo para pintar el alma podrida de aquella desalmada clerigalla con solo ensanchar el marco de este pequeño cuadro de costumbres de los de Talavera. El asunto mismo le llevó á meter en él á toda la sociedad de su tiempo, resultando la gran Comedia Humana del siglo XIV, como el Quijote, sátira de la fantasmagórica caballería, resultó la Comedia Humana del tiempo de Cervantes, ingenio gemelo del del Arcipreste de Hita. Si plugo á uno, sin duda al Arcipreste, que veía con lágrimas en los ojos la depravación de costumbres que tan gallardamente satirizó.
Amidos, bien á su pesar, que le daba el corazón lo que había de venirle por ello, el odio de todos aquellos señores y la prisión. En la Historia de Talavera, por Cosme Gómez de Tejada (Bibliot. nac. MS. 2039) se lee en el capítulo 20: «Cavildo de curas y beneficiados... Conponesse de los curas y beneficiados de las parroquias de Talavera: suele llegar el número de los capitulares á veinte y pudieran pasar de treinta mas, como son Beneficios simples, provision del Arzobispo de Toledo. Gózanlos sus dueños aunque estan ausentes. Preside el más antiguo cura ó beneficiado, no obstante que el Arcipreste de Talavera en negocios que tocan al comun de toda la clerecía puede presidir... es la junta de grande importancia y autoridad, porque en este Cavildo se consulta y dispone todo lo que conviene á la religion y culto divino de las Parroquias para que se celebren los oficios y se cumplan los actos parroquiales con la decencia y ceremonias, que manda la Santa iglesia Romana y las Constituciones sinodales de el Arzobispado de Toledo... Asisten los prebendados en forma de Cavildo á las festividades de sus vocaciones, vísperas y Missas.» Y en el capítulo 12: «La iglesia colegial la lograron tener del Arzobispo Don Rodrigo Jimenez, era de 1249 ó 1211 de Cristo. El cual puso cuatro dignidades, Dean, sodean, chantre y tesorero, la Dignidad de sodean los años adelante se extinguió y despues cumplió este número y fué admitido el Arcipreste de Talavera. Puso más doce canónigos; los dos pasados algunos años se dividieron en ocho raciones por estar la iglesia muy necesitada de Ministros.»
En ver lo que veo que va aquí á acontecer con esta gente y lo que ví, su depravación hasta el día de hoy.
La rabia de su corazón fuera pueril atribuirla á que le comprendía á él la orden, pues el Arzobispo no le hubiera encargado á él llevarla; es el hondo sentimiento de tener que poner el bisturí en tan encancerada llaga. Las constituciones contra amancebados ya vimos que eran sinodales, de modo que aquí Papa se pone por ser su delegado el Arzobispo de Toledo, como se dice en la copla 337: Descomunion por costitución de legado. No era tan ignorante de los Cánones el gran Albornoz que encomendara como á subdelegado suyo al Arcipreste la promulgación de esta costitución, si él estuviera incurso en la excomunión y fuera tan amancebado como aquellos clérigos talaveranos. Hago hincapié en esto porque es la clave de todo el libro y de la persona moral de su autor. Corr., 288: Dígolo con la boca y lloro con el corazón. (Contando una lástima.)
En la escritura de «fundacion del Monasterio de Sancta Catalina Virgen y Martir, orden de San Geronimo», de Talavera, dice D. Pedro, Arzobispo de Toledo el 1397: «que bien sabian, en cómo la dicha iglesia era muy mal servida, y los canónigos por morar apartados no vivían casta ni limpiamente, e por esto fuera su propósito de mudar la dicha iglesia colegial seglar, en iglesia regular, entendiendola de dotar suficientemente para un maior, que en ella estubiesse en uno con doçe canónigos reglares.» Así en la citada Historia de Talavera, cap. 16.
Asedia, acedia, desabrimiento. Zamora, Mon., 3, 86, 4: Ni las cóleras ni las venganzas ni las acedias, sino la misericordia. Legos dice el texto donde corrijo clérigos.
Apellasemos. Este deán no se pára en barras poniendo cismáticamente y aun heréticamente al rey sobre el papa. ¡Bien que quadrilla de barbianes estaban hechos aquellos señores!
Nótese la ironía con que pinta la asedia que tomaron (c. 1695). Carnales, que tenemos como hombres la naturaleza inclinada a la carne.
Orabuena, nombre de su prójima, la Dichosa, por estar con él y la que dichoso le hacía. Darle de mano, darle anticipadamente, del ser mano en el juego, jugar de mano. El regalo del paño se entenderá por estas palabras de las Cortes de Alcalá de 1348: «A los desposorios, quando algunos se desposaren, que non den pannos nin joas á la esposa»... «en razon de los pannos e dellas siellas, que an á dar á las bodas el rico ome ó cavallero ó escudero que y casare.» Para la mi corona, por la corona de clérigo que llevo, á la que acude como símbolo de su autoridad al afirmar y aseverar. Baño, ni está bien el texto, alude al refrán Callar como negra en baño, disimular sin responder á denuestos ó quejas; quiere decir que estaba malhumorada de algo contra el deán y que ¡buena ocasión era aquella para darle otro peor rato, lloviendo sobre mojado!
Desí, después, además, des y, como des que, y locativo, allí. Flores d. filos., p. 11: E desi acabolo Séneca (después). Libr. engannos, p. 62: Desi asentose el e perdió el mercader. Id., 63: E desi fué el ome para allá. Renda, renta. Alex., 1617: De tí nunca quisiera otra renda levar. Tal escatima prenda, reciba tal denuesto ó reproche, que es lo que significó (Oudin).
Puso por testigos á S. Pedro y S. Pablo, como el Papa en sus conminatorias para darles fuerza. Vobis... ¡cuan suave se os hará el dejar vuestras buenas mozas! Esta ironía es un botón de fuego. Añado el dixoles, que completa el verso. Parece aludir á lo de Cristo Iugum enim meum suave est, pues las tales hacían las veces de coniuges, como si la Iglesia les hubiera puesto el yugo de casados.
Desta orden, de la gente abarraganada. Confadre sonaba ó cofrade. Derechero, justo, que obra según ley, aquí conforme á las leyes de la tal cofradía. Berc., Mil., 90: Madre eres de fijo, alcalde derechero (justo juez). Este son, esto que suena y dicen las cartas.
Historia amorosa de Flores y Blanca Flor y Libro del esforzado don Tristan de Leonis: y eran los dechados de amor constante. Por el agora se insinúa que corría entonces como relativamente nuevo el libro de Tristán. (Véase Bonilla, Anal. de la liter. españ.) Que fase... Hétela á la buena de Teresa convertida en bombero de incendios intestinos del tesorero.
Angosto, angostura, aprieto. ¿Qué diría el Arzobispo, cuando leyera esta brutal amenaza del tesorero? ¡Valor grande el del Arcipreste!
En post aqueste, después de este. Acaloñar, achacar como delito, imputar, ó caloñar, de caloña. Part., 2, 19, 2: Como home que puede desviar ó acaloñar muerte de su señor. Lo que perdonó Dios, lo que Dios nos dió como cosa natural y por consiguiente no puede tenerse por delito, el apetito carnal. Semejantes argumentos bien se ve que solían traerlos, cuando los pone el Arcipreste en su boca. ¡Abivad! estad ojo alerta vosotros.
Es como si fuera mi parienta, pues la crié siendo huérfana. Esto: aquí el devoto chantre hizo la cruz con el índice y pulgar besándola para afirmar el juramento de que no mentía.
Si cree el arzobispo que eso es malo, dejemos á estas mancebas que son buenas hembras y vayámonos a las que no lo son, á las de la mancebía.
Este otro, que ahora se levanta es..., el que gasta sus alhajas con fulana, que dicen las vecinas la acoge de noche (en casa, añade el texto) y eso que se lo tengo prohibido. Esta última frase parece indicar que el Arcipreste llevaba más amplios poderes del arzobispo que la simple comunicación de sus letras, pues quien habla es el Arcipreste, no el Chantre, que no tenía por qué defendérselo á un canónigo, además de que se ve por lo que sigue, que lo dice el mismo Arcipreste.
Esas çiertas procuraciones ó serían sobornos de los privados ó ministros del Rey para que amansase al arzobispo y les dejase en paz con sus Teresas y Orabuenas, ó acaso alude ya á las ocultas y falsas delaciones, que por medio de cortesanos hicieron llegar al arzobispo contra el mismo Arcipreste, pues lo de mirar por sí se encierra en las buenas appellaciones, que son las de la copla 1696.
Aquí acaba el códice S; el G añade después del cantar de estudiantes (c. 1660) estos dos de ciegos, que Janer puso allí á continuación. El colofón de S es del copista: «Este es el libro...
Pasada, modo de pasar la vida. Fons., Am. Dios, 37: Estimando en mas una pasada honrada, que contenta y regalada.
En esta copla y las dos siguientes se alude á la costumbre de ciegos y pobres de llamar estrenarse y estrenarles al recibir la primera limosna, sobre lo cual forman agüeros, como los romanos del comenzar bien el año, de donde vino el regalarse estrenas, porque comenzase felizmente.
Meaja, cierta moneda menuda, como quien dice un cuarto ú ochavo.
San Julián, obispo de Cuenca, gran limosnero. En quanto començare, emprendiere. Buena estrena, feliz comienzo. P. Vega, 7, 91: Algún seceso favorable, que sea buen principio, buena estrena de los otros. Rinc. Cort.: Vuestra merced me estrena (en el servicio). De plan, de lleno, de plano, enteramente. Baena, n. 162: E ben fol de pran. Id., n. 566: E pois me leixaron de pran | cruel pesar e grand afan.
Su conpaña, su mujer, su compañía. S. Badaj., 1, p. 298: Mas de mujer mala en cabo | no espereis compaña fiel. Atamaña, de atan maña. S, Antón, abogado de los animales. Cabaña, conjunto de ganados de un propietario.
Adestrar al ciego, ser su lazarillo, llevándole de la diestra.
Que de, así las tres veces, indefinido vulgar, cada uno de ellos.
Este colofón del códice G es del copista, el cual acabó de copiar el libro el año 1389.
El número es de la copla y nota.
Orden alfabético del primer nombre, como si estuviese con ortografía moderna, y no habiéndolo, del primer verbo.
Transcriber's note: Typographical errors were maintained in this transcription, except for:
Nota del transcriptor: Se han mantenido en esta transcripción los errores tipográficos del original, a excepción de: