No es ménos clara la que resulta, comparando la hora en que los comisarios recibieron á bordo la nota de la Junta, con la en que se supone que la contestaron. Al empezar esa nota reservada, se dice que la respuesta pública iba inclusa en el mismo pliego: por el parte del Capitan del Puerto arriba inserto aparece que ese pliego fué entregado en el bergantin Aquiles á las 8 de la noche del dia 6; y la supuesta contestacion tiene fecha del mismo dia, á las 9 de la noche: una sola hora medió, pues, entre el recibo y la contestacion de la nota: ese tiempo apénas bastaba para la lectura seguida y rápida de un documento que tiene 26 páginas impresas: pero los Comisarios aparecen, á mas, diciendo que D. Felix Alzaga, enviado por la Junta para darle mas informes "ha tenido la bondad de acompañarlos en su lectura, haciéndoles sobre todo los detalles y explicaciones que juzgó necesarios;" y por último la respuesta de aquellos tiene cinco pájinas de impresion. ¿Puede admitirse que, en una hora de tiempo, los Comisarios leyeron las notas de la Junta, oyeron los detalles y explicaciones del Sr. Alzaga, escribieron el borrador de su larga respuesta, y le copiaron en limpio para remitirla?

Esperamos que no se nos dirá que solo presentamos pruebas negativas: desde luego, es una negativa lo que con ellas tratamos de probar; y, despues de eso, pruebas de esa clase hay, tan irresistibles como las positivas. Continuemos manifestándolas.

Pocos habrá entre nosotros, que no conozcan la Historia de la revolucion hispano-americana, por D. Mariano Torrente: para escribirla, por órdenes especiales de Fernando 7.°, se abrieron al autor todos los archivos que contenian documentos sobre los sucesos que debia tratar: no hay hecho ninguno militar, político, diplomático, y aun puramente administrativo, en conexion con la revolucion americana, de que no muestre el escritor español conocimiento perfecto y oficial, aun que los desfigura y refiere conforme á su propósito. En esos archivos debieran naturalmente hallarse los muchos documentos, que, segun la nota de la Junta, probaban sus servicios al monarca: ella dice, pag. 21, que el Gabinete español sabía bien el plan y los tratados secretos que tenian con el Brasil, porque se les transmitió desde el principio; y habla con repeticion de los informes que sus ajentes remitian á la Corte, y al embajador español en el Janeiro: algo de eso debiera haber llegado á conocimiento del historiador Torrente; y nada habria podido servir mejor al objeto único de su libro, que era difamar la revolucion y sus autores. Pues bien, Torrente no encierra una palabra, una indicacion siquiera, de que existiesen jamas los planos ni las intelijencias que la nota supone: muy al contrario, en su tonto empeño de persuadir que la América suspiraba todavia por la antigua metrópoli, dice precisamente que los únicos de quienes nada habria que esperar serian los Buenos-aireños, á quienes ataca como los mas rebeldes, mas tenaces y demagogos.

Pero eso es poco; ese mismo historiador desmiente perentoriamente mas de uno de los hechos referidos en la supuesta nota. Era, en efecto, de estrañar que, en medio de la desmoralizacion social, de la arraigada corrupcion que aquella probaria, si fuese cierta; no se hubiese dado, hasta su fecha, un solo ejemplo de traicion en un jefe militar, que se hubiese pasado al enemigo: la nota para llenar ese vacio, cita al jeneral Rodriguez cuando era sarjento mayor, á las órdenes del jeneral Rondeau. Pongamos en parangon lo que á ese respecto dice la nota y lo que Torrente dice: Segun la primera, D. Martin Rodriguez:

"Encargado de una fuerte division, sobre el ejército del rey, fué su primer empeño sacrificarla y entregarse prisionero á los fines que se le indicaron: él lo realizó todo á satisfaccion en Venta-y-media. Instruyó Rodriguez al jeneral Pezuela bien á fondo de nuestra situacion y nuestras miras, como de las suyas personales; y regresó en clase de fugado, ó suelto jenerosamente por el enemigo."

Eso se supone firmado por el propio Rodriguez: he aquí como refiere ese mismo suceso el historiador español sobre lo que veces diversas, hablamos con el viejo jeneral, que se reia al recordar el modo como engañó á Pezuela. Despues de decir que la fuerza de Rodriguez era de cincuenta hombres, refiere como fué atacado por 180 al mando del comandante Vijil, que Rodriguez se parapetó en una casa, donde Vijil le atacó; y luego añade:

"La resistencia fué tenaz y vigorosa, hasta que viendo los insurjentes su inevitable ruina y la inutilidad de sus esfuerzos, rindieron sus armas coronando las sienes de los realistas con un ilustre triunfo, no tanto por el número como por la calidad de los prisioneros, entre los que se contó el mismo Rodriguez, que era el alma de las operaciones de Rondeau.

"Habiendo determinado Pezuela remitir á Lima varios prisioneros que no dejaban de embarazar sus operaciones, empleó el mayor Rodriguez todos los resortes de la malicia é intriga para no ser alejado de aquel pais en el que esperaba ejercer todavia su maléfico influjo. Con su hipocresia y con una afectada resignacion, capaz de deslumbrar al hombre mas prevenido y desconfiado, espuso al jeneral en jefe los deseos de retirarse á su casa si se le queria cangear por dos oficiales de igual graduacion, prometiendo desengañar á Rondeau de lo infructuoso de sus esfuerzos en continuar una guerra, cuya terminacion llevaba todos los caracteres de serle adversa, desde que el lejítimo Soberano habia sido restablecido al trono de sus mayores con aclamacion jeneral. Fué aceptada dicha proposicion de Rodriguez y admitido su cange por los coroneles Suarez y Sotomayor."

Ahí está segun el testimonio del enemigo, una resistencia tenaz y vigorosa, en vez de una entrega por traicion que figura la nota: una fuerza de 50 hombres, peleando contra 180, en vez de una fuerte division sacrificada de intento; una astucia del prisionero, que burló al enemigo, y evitó que le mandasen á las casas-matas de Lima, en vez de una conspiracion en favor de ese enemigo; y por último, un canje por dos coroneles, en vez de la fuga ó la soltura jenerosa. ¿Cual de los testimonios será mas atendible? ¿Que duda puede quedar de la falsedad de un papel, así desmentido por quien tendria mas interés en confirmarle? ¿Quien no vé que el odio de partido al noble gobernador de Buenos Aires en 1821, fué el oríjen de esa calumnia, de que le defiende el mas competente y acerbo, de sus enemigos?

La nota dice tambien, pag. 20, que el Congreso de Tucuman "declaró la independencia solo por captarse la aura popular, de acuerdo con el ilustrado ministro español que tenia la embajada en el Brasil." Existia, pues, en manos de la España ese gran documento, ese gran hecho, que alegar, no solo en la América, para desconcertar á los que continuaban haciéndola la guerra, sino tambien en Europa, ante las potencias que la amenazaban de reconocer la independencia de las colonias. Sin embargo, en tanto como se ha escrito en España, y en los puntos de América ocupados por sus armas, contra los independientes del Rio de la Plata, no ha aparecido una indicacion siquiera de ese hecho fundamental, cuya prueba oficial se dice que tenia el Embajador en el Janeiro. ¿Puede haber explicacion alguna de ese silencio, si no es la completa falsedad del hecho?

Uno de los méritos mas recomendados en la supuesta nota de la Junta, es que á los esfuerzos de esta se debió la ocupacion de la Banda Oriental por las tropas Portuguesas en 1817: se dice expresamente que tenian tratados secretos con el Rey Juan VI; que los portugueses eran sus aliados (pag. 26); que á sus esfuerzos se debia el que estos tuviesen la provincia oriental (p. 25), y esa idea se repite mil veces, designando siempre á D. Manuel José Garcia como el ajente de la Sociedad en el Janeiro. Bien, pues: ese mismo D. Manuel Garcia, fué quien firmó la nota de 4 de Noviembre de 1825, que sirvió de declaracion de guerra al Brasil, por causa de la Banda Oriental: la ocasion era la mas propia para echarle en rostro su perfidia; sin embargo, sucedió todo lo contrario. El manifiesto, que con ese motivo publicó el gobierno imperial, el 10 de diciembre de aquel mismo año, es un libro de 240 pájinas; de las que 224 están ocupadas con documentos: el objeto del Imperio fué demostrar que él tenia la provincia oriental, por voluntad de esta, por que sus pueblos le habian llamado, aclamado y jurado: en ese empeño dió á luz cuanto documento pudo reunir, de los que la seduccion y la fuerza arrancaron desde 1817 á los cabildos de los pueblos Orientales: publicó tambien su correspondencia con el Enviado del gobierno de Buenos Aires, y, sin embargo, no hay una indicacion sola de esos tratados secretos, de esa negociacion con la Sociedad. Muy léjos de eso; el manifiesto dice que "es en fin tiempo de descubrir al mundo entero" que el gobierno de Buenos Aires fué siempre pérfido y "trabajó sin interrupcion en las tinieblas para comprometer la marcha del Brasil." ¿Y que perfidias, qué trabajos tenebrosos son esos que el Brasil denuncia? No son otros que los esfuerzos y los trabajos para impedir que aquel se apoderase y conservase la Banda Oriental; tan léjos de haber sido para dársela, y para traer su conquista. Y téngase presente que esas quejas del manifiesto empiezan desde 1810, "cuando reventó la revolucion de las provincias españolas del Rio de la Plata, incluso Buenos Aires." Esos son documentos públicos, de autoridad indisputable; ellos confunden las calumnias, vulgares en 1817 y años despues, sobre inteligencias de los gobiernos de Buenos Aires con el Rey Juan VI, y olvidadas posteriormente, como desmentidas por los sucesos.

Entre los hombres á quienes mas se calumnia en la nota, de haber servido á las miras de la España, como militar, como diputado, como director supremo, se cuenta el Jeneral Puigredon. Prescindamos de que no hay quien ignore en el Rio de la Plata las instigaciones de ese jefe á sus amigos, aun antes de venir él de España, para que promoviesen la revolucion contra la metrópoli: hay, fuera de eso, un hecho de su administracion, un hecho solemne, histórico, que desbarata, por sí solo, todas las calumnias acumuladas en la supuesta nota: hablamos de la insurreccion en la Isla de Leon del ejército español, destinado al Rio de la Plata en 1820. D. Andres Arguibel, ayudado, en mucha parte, por D. Tomas Lezica, ambos de Buenos Aires, fueron los que, por instrucciones del gobierno de Puigredon, y de acuerdo con él, pronunciaron y lograron la insurreccion de aquella expedicion, cuyo arribo habria puesto en muy grande conflicto la causa de la independencia. Los servicios que entonces hizo Arguibel hubieron de conducirle al cadalzo; tuvo que fugar de Cádiz, y refujiarse en Gibraltar, desde donde continuó sirviendo á su pais. Existen autógrafas, en nuestro poder, algunas cartas suyas, escritas desde Gibraltar, despues de aquel suceso, entre las que hay una dirijida á ese mismo D. Ambrosio Lezica, cuya firma aparece al pié de la supuesta nota de la junta todas ellas contienen avisos importantes y reservados sobre los planes de la España contra la América, que le comunicaban desde Cádiz sus ajentes. Arguibel volvió á Buenos Aires, donde justificó todos sus servicios en la insurreccion de la expedicion de Cádiz, para obtener el reembolso dá lo que en ese objeto gastó. Los archivos de Buenos Aires deben encerrar esos documentos. Esos fueron los servicios y conspiraciones en favor de España del gobierno del Directorio: minarle, desde Buenos Aires, sus ejércitos, y sublevarle una expedicion pronta á dar la vela contra el Rio de la Plata.

No terminariamos este artículo—que ya no cabe en las proporciones de nuestro Diario—si hubiésemos de continuar desmintiendo, uno á uno, los hechos que esas notas suponen. Cerraremos esta tarea con uno, que, aunque insignificante en si mismo, suministra una prueba concluyente de que esos documentos fueron forjados despues de la fecha que llevan. En la páj. 24 hablan sus supuestos autores de "la necesidad en que se vén de aplaudir los triunfos del Jeneral San Martin en el Perú, por no ser descubiertos; y mencionan las ventajas adquiridas por él en la actual campaña de Lima". Pues bien, la noticia de los primeros ensayos de los valientes libertadores del Perú, comunicada al Gobierno de Buenos Aires, por el Director de Chile, Jeneral O'Higgins, de cuya nota hemos copiado esas palabras, no llegó á Buenos Aires hasta el 21 de Diciembre, dia en que la publicó un estraordinario de la Gaceta; por lo que se ordenaron fiestas públicas en la capital. La nota en que se dice que se veian forzados á celebrar esos triunfos, es de 6 de Diciembre, 15 dias antes de que se supiesen en Buenos Aires!!... ¿Hay dada de que fué forjada despues de su fecha?—Porque no suponemos que se diga que la nota se refiere á la primer noticia del desembarco de la espedicion en Pisco, recibida á fin de Noviembre; pues ella no comunicaba triunfos ningunos ni ventajas adquiridas en la campaña sobre Lima, ni ocasionó fiestas, ni aplausos públicos; esto solo tuvo lugar á la noticia de los primeros ensayos victoriosos recibida, como hemos dicho, despues de la fecha de la nota.

Está cumplida nuestra tarea. Réstanos ahora esforzarnos porque esta rápida y sencilla defensa de las glorias, y de la moralidad de nuestra revolucion, circule y se reproduzca en todas partes donde puedan haber llegado los documentos con que se queria ennegrecerlas: en eso esperamos ser ayudados por cuantos aman esas glorias y el nombre de su pais.

Noviembre 16 de 1846.


APUNTES PARA LA HISTORIA FUTURA
DE LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA.

Dificilmente hay en el Rio de la Plata quien no haya oido alguna vez, ó leido escrita, la acusacion fulminada, en épocas diversas, contra algunos de los mas elevados caracteres que iniciaron y dirijieron la revolucion americana, de que, despues de haberla iniciado y dirijido, procuraron hacerla traicion, trabajando por traer, en 1815, al infante de España, D. Francisco de Paula, para coronarle en una seccion de la América. D. Bernardino Rivadavia y sus amigos políticos han sido el blanco principal de esa acusacion—una de las mas insidiosas calumnias que el odio de partido ha levantado, para mejor acreditarla, sobre una basa de verdad desnaturalizándola indignamente. Muchas veces hemos deseado oportunidad de desbaratar esa calumnia, poseyendo, como poseemos, los medios mas completos para hacerlo. El artículo, que hoy rejistramos, del Morning Chronicle de Lóndres, reproducido por el Heraldo[22] en el centro de la que fué metrópoli de la América, nos ofrece la mejor oportunidad posible. Lo que antes era un deseo, cuya satisfaccion podiamos diferir á voluntad nuestra, es ahora un deber cuyo cumplimiento no admite demora. La especie que dió oríjen á la calumnia se resucita ahora en Europa, en los momentos precisamente en que la situacion política del Rio de la Plata está llamando la atencion de los gabinetes y aun de los pueblos de aquella parte del mundo. La oportunidad es favorable á la propagacion del error; es preciso esforzarse por atajar su progreso, propagando la verdad por los medios que están á nuestro alcance.

La negociacion—mas bien, el pensamiento de la negociacion con Cárlos IV, existió realmente, no como dice el escritor del Chronicle, en 1812 ó 1813, sino en 1815. Manejaron ese negocio en Lóndres D. Manuel de Sarratea, hoy ministro de Rosas en aquella misma corte, D. Bernardino Rivadavia, representante de la doctrina mas opuesta á la que Rosas representa; y el jeneral D. Manuel Belgrano, tenido con indisputable justicia, por todos los partidos, como la perfeccion ideal del patriotismo mas desinteresado y mas puro.—Basta nombrar esas tres personas para que desaparezca todo recelo de parcialidad en nosotros; para que todos vean que no tratamos de defender individuos, sino de revindicar la moralidad de la revolucion Americana, cualesquiera que sean los hombres á quienes su conservacion y pureza estaban encomendadas. La relacion que haremos del negocio reposa en la coleccion completa de los documentos á él relativos, que existen en nuestro poder, orijinales, autógrafos, con las firmas de los tres individuos mencionados.

Antes de empezar esa relacion, debemos decir que la publicada en el Chronicle, y reproducida en el Heraldo, es no solo deficiente, sino de todo punto inexacta. El emigrado español, hombre de mucho talento, cuyo nombre calla el escritor ingles, era el Conde de Cabarrus, hijo del personaje de ese nombre, conocido entre las notabilidades literarias de la hermosa época de Cárlos III. El hijo distaba mucho del padre: era, sin duda, hombre de travesura, pero estaba léjos de merecer la clasificacion que de él hace el escritor del Chronicle.

Nombra este, como comisionados del gobierno revolucionario de Buenos Aires, á D. Bernardino Rivadavia y al jeneral Belgrano, callando absolutamente el nombre de D. Manuel de Sarratea. Esta circunstancia es tanto mas notable cuanto que este último fué quien inició el negocio, aun antes que los dos primeros hubiesen llegado á Lóndres; y no es posible dejar de fijarse en la omision de ese nombre, al pensar que Sarratea se halla actualmente en aquella metrópoli, y que el Chronicle es precisamente el papel donde él escribe, en defensa de la política de Rosas, que allí representa.

Dice el escritor ingles que los diputados se hallaban en Lóndres, "solicitando ostensiblemente el reconocimiento por la Inglaterra de la independencia de la República Arjentina". Así se escribe la Historia. En 1815—y mucho ménos en 1813, que es la fecha citada por el Chronicle—ni estaba declarada la independencia de las Provincias Unidas, que se declaró en 1816; ni se habia pronunciado el nombre de República Arjentina en documento ni escrito público ninguno. ¿Como solicitar el reconocimiento de una independencia que no estaba declarada? Despues diremos el oríjen y fines de la mision de los diputados.

El emigrado español—Cabarrus—dijo al escritor del Chronicle que el objeto de la suya cerca de Cárlos IV habia sido invitar al Rey á trasladar su corte á América, residiendo en Méjico. Nada de eso es cierto. El escritor, ó Cabarrus, confunde con el negocio de que se trata, el pensamiento, que algunos españoles tuvieron, de hacer pasar la corte de España al asiento del Imperio de Motezuma: pensamiento muy anterior á la llegada de los Diputados de Buenos Aires á Europa; y en el que estos ninguna parte tuvieron directa ni indirecta.

Inexacta es tambien la relacion que hace el Chronicle de los motivos que frustraron el pensamiento. No fué el miedo de viajar por mar lo que retrajo á Carlos IV; fueron los sucesos militares y políticos que cambiaron totalmente la faz del mundo, concluyendo en Waterloo con el Imperio Francés.

Entremos ya en el asunto.

En 1814, Fernando VII, en cuyo nombre decia obrar el gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, habia vuelto de su cautiverio en Bayona, y ocupado nuevamente el trono de España. Los soberanos de Europa—inclusa la Inglaterra, que, al principio de la revolucion, se habia mostrado favorable á ella, por motivos y con miras que no es del caso referir—apoyaban unánimes al rey Fernando en sus cuestiones con la América, á cuya causa eran hostiles. Lord Strangford, plenipotenciario británico en el Janeiro, habia ganado el aprecio y aun la confianza del gobierno de Buenos Aires, por los servicios que le habia hecho, en desbaratar las intrigas de la princesa Carlota. La toma de Montevideo, en 1814, sirvió de pretexto al diplomático ingles, para escribir al Supremo Director Posadas, insinuándole la conveniencia de enviar diputados al Rey Fernando, para arreglar las desavenencias de la América con su metrópoli. El Director prometió hacerlo, en nota de 12 de Setiembre de ese año, advirtiendo sin embargo á Strangford que:

"Los pueblos de la Union habian peleado por sus derechos: que ellos no habian sido los primeros en entrar en la lucha, pero no podian verla concluir, sin conseguir su libertad."

La vuelta de Fernando al trono quitaba efectivamente el pretexto de la revolucion, y del establecimiento del gobierno que la representaba. Era necesario adoptar un partido: el gobierno de Buenos Aires se resolvió á mandar una mision á Europa: no precisamente á España, sino á cualquiera de los gabinetes, que, segun el estado en que las cosas se hallasen en aquella parte del mundo, ofreciese mas probabilidad de apoyar eficazmente el establecimiento de la independencia, de modo que la afianzase y terminase la guerra. El espíritu de esa mision aparece todo entero de las instrucciones, tanto ostensibles como reservadas que se dieron á los comisionados. Las públicas solo eran referentes á la España: nada determinado expresaban: se les encargaba presentar al Rey las quejas de la América contra la opresion y los vicios de los virreyes; y oir proposiciones, en el concepto de que cualquier arreglo que se hiciera deberia tener dos bases esenciales: "dejar en los americanos la garantia de la seguridad de lo que se estipulase;" y presentar lo pactado al exámen de las provincias "en Asamblea de sus Representantes." Las instrucciones reservadas decian en su artículo 2.°

"Tendrá muy presente [el Diputado] en el desempeño de la comision, que las miras del gobierno, sea cual fuere el estado de la España, solo tienen por objeto la independencia política de este Continente, ó á lo ménos la libertad civil de estas Provincias."

En 1814 ni estaba, como ya dijimos, declarada la independencia, ni se habia adoptado, por consiguiente, forma ninguna de gobierno. Estos paises aparecian todavia, de derecho, como parte de la monarquía Española: no era posible, por consiguiente, que la mision llevase un carácter republicano. Por otra parte, la opinion entonces, como otra vez lo hemos expuesto, estaba todavia dividida: habia muchos hombres, de intachable patriotismo, que deseaban la Monarquia Constitucional. El sentimiento era uniforme en cuanto á la independencia: en cuanto á la forma de Gobierno todavia no. La mision era toda, pues, en el concepto de asegurar la independencia de la América, estableciendo monarquias constitucionales; con un principe español, si se podia; con uno ingles, ó de otra casa poderosa, si la España insistia, dicen las instrucciones, en la dependencia servil de estas provincias. No discutimos ahora si ese pensamiento era entonces útil y realizable. Seria preciso, para eso, trazar un cuadro general de la situacion de la América y de la Europa en aquellos dias: esa es tarea del historiador. La nuestra hoy solo es establecer el hecho de que el pensamiento no tenia sombra de traicion á la causa de la revolucion. Era un pensamiento honesto, lejítimo, patriótico, aun cuando fuese equivocado.

Tal era la mision que el Director Posadas confió á D. Bernardino Rivadia adjuntándole el jeneral Belgrano, que fué con él, y D. Manuel Sarratea, que estaba de antemano en Lóndres.

A la llegada allí de los primeros, en marzo de 1815, Sarratea les dió conocimiento del plan que tenia entre manos; de esa tan célebre y tan pérfidamente desfigurada negociacion con Cárlos IV. El pensamiento, en resúmen, era el siguiente: Los soberanos de la Europa, que se habian coaligado contra Napoleon, habian desconocido la validez de la abdicacion y de las renuncias del rey Cárlos, en Aranjuez y en Bayona, como obra de la coaccion ejercida por el emperador: no podian, sin inconsecuencia, negarse á reconocer en Cárlos,—refugiado entonces en Roma con su mujer y con su valido Godoy—el lejítimo soberano de España y sus Indias. Obtengamos, decian los comisionados, una declaracion espontánea de Cárlos IV, hecha en virtud de su soberania, por la que separe totalmente la América de la España, constituyéndolas en dos ó mas monarquias constitucionales, absolutamente independientes, poniéndo en ellas á sus hijos: comunique el mismo Cárlos esa resolucion á los soberanos de Europa, y pidales que lo apoyen contra cualquier tentativa en contra de su hijo Fernando VII. El estado de la Europa; las ideas de los gabinetes, la presencia de Napoleon que habia vuelto de Elba, y armaba de nuevo la Francia; todo hacia esperar que Cárlos seria apoyado por los demas soberanos. Si esto se realiza, añadian los diputados, se habrá conseguido, de un golpe, la independencia de la América, se habrá neutralizado la hostilidad contra ella de los gobiernos absolutos de Europa, se habrá puesto término á la guerra. Lo demas lo arreglarán los pueblos americanos por si mismos.

Ese era el pensamiento. ¿Habia en él sombra de traicion, mengua siquiera del mas puro y acendrado patriotismo? Si hay quien diga que si, deberá probar cual era el dogma político adoptado por la América, en 1814 y 1815, que fuese vendido ó contrariado por aquel pensamiento.

Sarratea, como hemos dicho, le tenia ya algo adelantado. Cabarrus era el ajente que habia empleado para ganar á Godoy y á Maria Luisa; y por estos á Cárlos IV. Este pareció, al principio, prestarse al pensamiento. Cabarrus, que estaba de vuelta en Lóndres de su primera entrevista con los Reyes en Roma, fué presentado por Sarratea á los diputados Rivadavia y Belgrano. Bien considerado el negocio, resolvieron estos darle curso. En consecuencia, se redactaron varios documentos, que Cabarrus deberia llevar para proponerlos á la aprobacion y á la firma de Cárlos IV:—una peticion de los diputados solicitando la medida; un proyecto de la declaracion del Rey; otro proyecto de la constitucion de la nueva monarquía; una obligacion de continuar al Rey Cárlos la pension que su hijo le pasaba, en caso de que, por este motivo, se la quitase; y otro de pension á Godoy, para empeñarle en obtener la decision del Rey. La peticion de los diputados, aislada de todos los demas documentos, separada de la época, y de la historia de los sucesos, es el instrumento que ha servido para acusar de traidores á los promotores del pensamiento. El odio de partido llegó á punto que, en una edicion, que no hemos visto, de ese documento, se puso únicamente la firma de D. B. Rivadavia, suprimiendo la del jeneral Belgrano, de cuyo puño y letra poseemos copiada la peticion.

Provisto de esos documentos, salió Cabarrus para Roma en el mes de Junio de 1815; y llegó á presencia de Cárlos IV casi al mismo tiempo que la noticia de la batalla de Waterloo, ocurrida el 18 de aquel mes. Ese suceso cambió totalmente el ánimo del Rey Cárlos: le faltó el apoyo que contaba hallar, si era preciso, en Napoleon; tuvo miedo de su hijo Fernando; y cerró decididamente la puerta á toda ulterior negociacion.

Ahí está todo lo que hubo en ese tan decantado negocio. Le presentamos, por supuesto, en las reducidas dimensiones que nuestro diario permite. Aun así, nos parece que no habrá persona de buena fé y de cordura, que vea en ese negocio sombra de traicion, mengua del patriotismo. Cuando la historia le presente en todas sus relaciones con la época á que pertenece, no dudamos que aparecerá mas bien como un rasgo de habilidad de la diplomacia Americana.

Cerraremos este bosquejo, que sentimos no haber podido reducir mas, dando una idea sumarísima de la constitucion que se exijia de Cárlos IV, cuyo proyecto de letra del general Belgrano, autorizado con las firmas autógrafas de éste, de Rivadavia y de Sarratea, tenemos en nuestro poder. Constaba de siete títulos ó secciones, todas ellas muy breves, en este órden: Del Reino, establecia el nuevo Reino Unido de la Plata, Perú y Chile, designaba el monarca, el escudo de armas, y el órden de sucesion. Del Rey; fijaba su inviolabilidad y prerrogativas. De la Nobleza; establecia sus grados, sus prerrogativas: le daba parte en la formacion de las leyes, sus miembros podian ser diputados de los pueblos; y no podian ser esceptuados de los cargos y servicios al Estado. Todo individuo, sin escepcion, podia optar á la nobleza. Del Cuerpo Lejislativo: el Rey y dos Salas, una de la nobleza, otra de los diputados: sus atribuciones, las que tienen en las mas liberales monarquias constitucionales; en el Brasil, por ejemplo El Ministerio: establecia su responsabilidad, sus funciones, el modo de juzgar los ministros. Ninguna órden del Rey, sin la firma de uno de ellos, tenia valor alguno. Del Poder Judicial:—Sancionaba su independencia, garantias y responsabilidad. Establecia el juicio por jurados.—Del comun de la Nacion: decia literalmente.

"A mas del reparto proporcionado y uniforme de todos los cargos y servicios del Estado, de la opcion de todos á la nobleza, empleos y dignidades, y del comun concurso y sujecion á la ley, la nacion gozará, con derecho de propiedad inalienable, la libertad de cultos y de conciencia, la libertad de imprenta, la inviolabilidad de las propiedades y seguridad individual, en los términos que clara y distintamente acuerde el Poder Lejislativo."

¿Gozan hoy de estos bienes los pueblos arjentinos bajo la dictadura personal de D. Juan M. Rosas? El escritor del Chronicle la ha clasificado, con verdad, como igual al gobierno del Autócrata de la Rusia.

Octubre 19 de 1847.


INDICE DE LO CONTENIDO EN ESTE TOMO.

  PAJINA.
El Editor 5
Biografia del Dr. Varela 9

Escritos del Dr. Varela
 
Observaciones contra el proyecto de ley sobre la moneda de cobre. —1830 28
Informe de la Comision Clasificadora del Certámen Poético de Mayo. —1841 70

Artículos del Comercio del Plata
Congreso Americano. —1845 82
I. "   82
II. "   87
Rosas y las fronteras de Buenos Aires. "   93
Frutos y Comercio del Rio de la Plata. "   98
El Coronel Olavarría. "   102
Errores curiosos. "   112
Juicio sobre el gobierno de Rosas. "   119
Navegacion de los rios interiores. —1846 124
I. Enero —1846 124
II. " 132
III. Marzo—1846 137
IV. Junio—1846 144
V. " 140
VI. Agosto—1846 153
VII. Octubre—1846 160
VIII. Agosto—1847 178
IX. Octubre—1847 188
X. " 196
XI. " 203
XII. " 207
Rosas y el principio relijioso. Marzo—1846 221
Ajentes Extranjeros en Buenos Aires—Regularizacion de la guerra. "   227
El Peregrino—Canto XII por D. José Mármol. Agosto—1846 232
Confederacion Arjentina. 245
I. Noviembre—1846 245
II. " 264
Orijen de los males y desgracias de las Repúblicas del Plata (Refutacion del escrito publicado en este título). —1846 272
Apuntes para la historia futura de la Independencia de la América Española. "   297

Crónica de la Biblioteca 311
Bibliografia (artículo de D. Marcos Sastre) 313
Rectificaciones 318

CRONICA DE LA BIBLIOTECA[23]

Para evitar la monotonía, vamos hoy á darle otro jiro, como diria uno de nuestros amiguitos. Suprimiremos los artículos apolojéticos y las listas de suscriptores, poniéndo únicamente la de las obras publicadas, como simple aviso que conviene reproducir para facilitar la venta.

Perdonen nuestros nuevos suscriptores: sus nombres irán en otro tomo. Hay quien se irrita y nos acusa de defraudar pliegos por esta sola circunstancia. Ignoramos si es de envidia ó de caridad; pero plácenos humillarnos ante su fallo soberano para que luego sea mayor el gustazo que reciba.... al leer de golpe triplicadas las listas que tanto le encocoran. Oros son triunfos!


OBRAS PUBLICADAS EN LA BIBLIOTECA.

Estudios histórico-políticos sobes el Rio de la Plata; por el Dr. D. Alejandro Magariños Cervantes, 1 t.—Horas de melancolía; (poesias del mismo autor) 1 t.—No hay mal que por bien no venga; Novela orijinal del mismo autor, 1 t.—Esther—La familia Sconer; Novelas del Dr. D. Miguel Cané, 1 t.—El Tempe Arjentino; Cuadros é impresiones del Paraná, por D. Marcos Sastre, 1 t.—Pensamientos, Maximas, Sentencias, Juicios, &a. de escritores, oradores y hombres de Estado de la República Arjentina, con notas y biografias, por el Dr. D. Juan Maria Gutierrez.—Escritos políticos, económicos y literarios del Dr. D. Florencio Varela, Precedidos de su biografía, por D. Luis L. Dominguez.

De estas obras el primero, tercero y quinto tomo se han agotado completamente. Los otros cuatro se venden en los puntos designados para la suscripcion.


Tiempo hace que deseamos publicar unido á la Biblioteca un Boletin bibliográfico, que podria ser muy útil para nuestros lectores, para los autores de las obras que se publiquen en el Rio de la Plata, y para los libreros que reciben frecuentes remesas de Europa. Aun en las grandes capitales son contados los que se toman la molestia de leer los avisos de los periódicos ó de pasarse por las librerias á informarse de las novedades literarias llegadas en cada paquete. ¿Qué será en los pueblos pequeños y lejanos donde ni periódicos se leen?

Circunstancias ajenas á nuestra voluntad nos han hecho aplazar esta y otras importantes mejoras. Trataremos sin embargo de llenar ese vacio, haciendo que personas autorizadas y competentes nos favorezcan de vez en cuando con algunos artículos encaminados, como el que hoy publicamos, á dar á conocer las producciones que vén la luz entre nosotros y que por razones fáciles de comprender, son las que ménos proteccion alcanzan.

Aprovechamos con gusto esta ocasion para decir á los suscriptores de la Biblioteca que deseen suscribirse á algunas de las obras y diarios que se publican en Buenos Aires, Montevideo y la Confederacion Arjentina, se dirijan á nuestros respectivos corresponsales, á quienes rogamos y les agradeceremos tengan la bondad de aceptar, siempre que les sea posible, y trasmitirnos los pedidos que se les hagan; quedando nosotros obligados, aunque se trate de periódicos que nos son hostiles como el Museo Literario por ejemplo, á ver ó escribir á los editores para los envios ó remesas correspondientes.

Es cuanto podemos hacer por ahora; y ojalá nos fuera dado poder ser útiles de este modo, tanto á los que nos han tendido generosamente su mano amiga, como á los que en vez de ayudarnos, como dignos compañeros de una misma causa, se complacen en crearnos nuevos obstáculos y enemistades.

He aquí el artículo de que hablamos mas arriba, y que pertenece á la conocida y simpática pluma del autor del Tempe Arjentino.


BIBLIOGRAFIA.

"La civilizacion es la economía de la fuerza; la ciencia nos dá á conocer los medios mas sencillos para conseguir con la menor fuerza posible el mayor efecto, y utilizar los medios para obtener un máximum de fuerza. Toda manifestacion y disipacion inútiles de fuerzas, ora en la agricultura, ora en la industria, ora en la ciencia, ora por fin en el estado, es un rasgo característico del estado salvaje y de la falta de civilizacion."

Liebig.

No hay mas remedio: LA CIENCIA; y la educacion para los niños y la instrucion para los adultos, con medios de adquirirla, sino queremos ver, en breves años, nuestra nacionalidad perdida, nuestras industrias absorbidas, nuestra raza anonadada, por esa actividad, por esa superioridad industrial y cientifica que se desenvuelve en el mundo, que penetra entre nosotros y todo lo invade sin que se aperciba de ello nuestra confiada ignorancia, y que concluirá por ofrecer, mas tarde ó mas temprano, á nuestra vista (segun la sublime imágen de Tocqueville) á los estraños sentados, en lugar de nuestros hijos, sobre la herencia de nuestros padres: imágen de lo que es ya una realidad en el Canadá y la Luisiana con la raza francesa, en el Nuevo Méjico con la española, y que se ha realizado ó realizará donde quiera que militen iguales circunstancias; donde quiera que con los prodigiosos medios de producir que dá la ciencia, se ponga en contacto un pueblo con otro que los desconoce ó los desdeña. ¿Quien de nosotros por orgulloso que sea, sino lo ciega la ignorancia, negará que nos hallamos en un grado muy inferior de cultura, de industria y de ciencia, al de otros pueblos de Europa y América?

En los dos primeros elementos del bienestar y la vida nacional—la EDUCACION y la AGRICULTURA, los pueblos sud-americanos se hallan en las condiciones, sino del estado enteramente salvaje, del de falta de civilizacion, segun el aforismo de Liebig, que es de una verdad palmaria, y de una aplicacion aterrante para estos paises. ¿Qué mayor disipacion de fuerzas, por ejemplo, que los caudales que se invierten en el Estado de Buenos Aires para la enseñanza de la niñez con los resultados tan mezquinos y deficientes constatados por los documentos oficiales? ¿Qué mayor disipacion de fuerzas que los sacrificios que hace el pueblo entero comiendo el pan á doble precio de su valor para protejer una labranza que no merece el nombre de tal, y á unos labradores á quienes la ignorancia tiene sumidos en la miseria sin esperanzas? Los premios y las protecciones aduaneras jamas han producido ni producirán otro efecto que sacrificar con contribuciones mas ó ménos indirectas á la gran mayoria de la poblacion para que el resto vejete en el atraso y la miseria, sino se asienta la base de la instruccion de la enseñanza agricola. En vano un ilustre educacionista apelará á los esfuerzos individuales del vecindario para llenar el desconsolante vacio de la educacion popular, esa espantosa sima hácia donde va deslizándose visiblemente nuestra raza; en vano, porque la misma falta de ilustracion general hace que ese pueblo á quien apostrofa no vea el precipicio ni crea en él; hace que carezca del espíritu de asociacion de sociabilidad, de mancomunidad, que caracteriza al pueblo de los Estados-Unidos, cuyas instituciones se quieren remedar. Buscar el apoyo directo de la ignorancia para producir la ciencia, es caer en un círculo vicioso; es reproducir los inútiles esfuerzos de Sisifo para subir la piedra á la montaña. Una exitacion facticia, momentánea, debida á la persuasiva del Sr. Sarmiento, la hará trepar hasta cierta altura; mas, pronto verá con dolor que vuelve á rodar hasta la falda de donde partió: le falta el punto de apoyo de la ilustracion.

Ademas de qué, es un absurdo pretender fomentar una agricultura sin agricultores, y plantear la educacion popular sin maestros: es edificar sin cimiento, ó mas bien en el aire. La agricultura es una ciencia, cada uno de sus numerosos ramos es un arte mas ó ménos complicado, fundado en los principios de la ciencia, luego no puede crearse ni progresar sino por medio de la instruccion cientifica. La educacion pública tambien es una ciencia, es una profesion cientifica que no puede ser desempeñada sino por maestros preparados, con estudios especiales. Estas son verdades evidentes que solo en estos paises parecen que se ignoran, pues no hay nacion ninguna de las que se llaman civilizadas (con escepcion de los Estados Sud-Americanos) en que no se hayan establecido escuelas públicas de Agricultura y de Pedagogia, estas últimas con el nombre de Escuelas Normales ó de Metodo.

¡Singular anomalia, incoherencia y confusion de ideas, que patentizan como todavia marchamos á ciegas en la carrera de la civilizacion! Todas nuestras repúblicas tienen universidades y cátedras para formar profesores de Medicina y Jurisprudencia, y no tienen (con escepcion de Chile) una escuela para formar profesores de enseñanza primaria, ni de agricultura, ni aun una simple escuela elemental para esta industria, principal fuente de produccion y moralidad en estos paises. Puede suplir la falta de esa enseñanza, y aun deberia siempre acompañarla la publicacion de los libros que difundiesen no solo las nociones indispensables, sino todos los descubrimientos y progresos que dia por dia perfeccionan las artes, los métodos y los procedimientos especiales para conseguir con la menor fuerza posible el mayor efecto.

Pero ¿con que proteccion cuentan los autores ó traductores que se propongan hacernos ese gran beneficio? Si se ocupan de la Pedagogia, (ciencia desconocida entre nosotros) de los métodos de enseñanza, de los sistemas de educacion mas adaptables á nuestro modo de ser, ¿contarán con la proteccion de los maestros ó directores de enseñanza primaria, que ni idea tienen de la delicada y árdua profesion que ejercen, ni creen que sea necesario consultar libros para dirigir una escuela? Si tratan de agricultura ¿lo comprarán nuestros pobres labradores que ni aun sospechan que pueda haber cosa mejor que el arado primitivo y el azada tradicional para obtener buenas cosechas?

Siempre la ignorancia. He aquí el escollo en que viene á fracasar todo esfuerzo, toda tentativa de mejora siempre que busque la cooperacion directa ó inmediata del pueblo sin ilustracion. He aquí el escollo en que habrán de perderse dos publicaciones de la mayor importancia para nuestra naciente Agricultura que han empezado á ver la luz, una en Montevideo, y otra en Buenos Aires, si los gobiernos no ocurren como deben á prestarles su apoyo generoso. Generoso es decir, munifico para que sus autores, ambos hijos del pais, ambos instruidos y prácticos en las materias de que tratan, reciban el galardon debido á su trabajo, y para que haciéndose ediciones numerosas de sus obras, puedan obtenerse á ínfimo precio y propagarse su importante doctrina por toda la estension de estas Repúblicas.

Manual práctico del agricultor americano, por D. Antonio T. Caravia, se intitula la primera.

Tratado del ganado lanar por D. Daniel Perez Mendoza, es el título de la segunda.

Ambas se están publicando por entregas, aunque con la lentitud proveniente de las causas que acabamos de indicar; pero han salido ya suficiente número de páginas para juzgar del mérito é importancia de las producciones con que se han presentado los señores Mendoza y Caravia á enriquecer nuestra literatura y dar un poderoso impulso á las industrias, que á la vez de ser las mas proficuas y necesarias en estos paises, son las mas atrasadas.

Bien quisiéramos entrar en el análisis de las dos obras que recomendamos al público, y sobre todo, á los Gobiernos que son los que mas pronto y eficazmente pueden popularizarlas; empero los límites de esta seccion de la Biblioteca Americana nos obligan á ceñirnos á la espresion de nuestro humilde voto de aprobacion y aplauso. Ocho años de dedicacion en nuestros campos á la cria de ovejas y refinamiento de sus lanas con la observacion y el estudio necesario para obtener como lo logramos, los mejores resultados; la publicacion de uno de los mejores tratados de Alemania sobre el ramo; y nuestra predileccion por la agricultura en general que ha hecho de esta importante y deliciosa ciencia el estudio de toda nuestra vida, y la consiguiente lectura de los agrónomos mas acreditados, como creemos haberlo demostrado en alguna de nuestras publicaciones; esperamos darán algun peso al juicio que formamos de los útiles trabajos de los Señores Caravia y Mendoza. En lo que ha salido ya á luz se deja ver que los autores, ademas de su propia esperiencia, han bebido en las mejores fuentes, aprovechandose de las mejores doctrinas, y de los progresos mas recientes de la ciencia. Nos permitimos únicamente recomendarles porque todavia es tiempo, que no desdeñen la pureza y correccion del lenguaje. Las faltas de propiedad en el uso de las voces y en la construccion de las frases que se notan de vez en cuando, no solo podrian privar á sus libros de la importante aceptacion de los hombres de letras, sino que perjudicarian notablemente á la claridad, que es uno de los dotes mas necesarios en las obras didácticas ó de enseñanza popular.

Apesar de esos pequeños lunares (que confiamos desaparecerán en las siguientes entregas, si sus autores quieren tomarse la molestia de revisar con detenimiento los manuscritos y las pruebas) el Manual práctico del agricultor americano, y el Tratado del ganado lanar, serán unos guias tan seguros como indispensables para nuestros agricultores y criadores de ovejas.

Marcos Sastre.


RECTIFICACIONES,
O VARIACIONES SOBRE UN TEMA DADO.[24]

Al son que te toquen, baila—Requiescat.

Un nuevo campeon ha salido á la palestra, dejando muy atrás (en pretensiones y vis comica) á sus predecesores. No le nombraremos á él ni á su periódico.... de puro miedo. El adalid es terrible, y tememos, si provocamos sus iras, que se desplome el cielo y nos aplaste.

Cuantas risueñas ideas nos rebullen y brincan en la cabeza! pero resistiremos á la tentacion.... en todo el año de gracia de 1859.

En este picaro mundo dado á la risa y á la burla mas de lo que seria conviniente; en este valle de lágrimas y carcajadas en que todo se vuelve antinomias y sarcasmos como diria Proudhon, misterios y contrasentidos inesplicables, al estremo que algunos han creido que no es obra de Dios sino del diablo;[25] nada divierte tanto á los que han encanecido sobre los libros como la facilidad con que resuelven de una plumada las mas árduas cuestiones los que recien empiezan á deletrear las primeras páginas.

Así se esplica como y porqué un sábio de diez y ocho años que quiere echarla de dómine, por mas felices que sean las disposiciones con que le haya dotado la naturaleza, provoca generalmente la hilaridad lo mismo de sus iguales que de los que le aventajan en edad y ciencia.

Esta regla general no sufre escepciones ni aun cuando se trata de genios, que solo despues de demostrar su superioridad obligan á todos, de grado ó por fuerza, á inclinar la cerviz ante su poderosa inteligencia.

Media un abismo entre la maledicencia y la crítica, y si el que pretende ejercer esta última, cambia los frenos por incapacidad ó inocencia, si grita mas fuerte á medida que se le llama al órden, empeñándose en justificar la alta idea que se ha formado de si mismo; si prevenido á tiempo, no se detiene en esa pendiente fatal que arrastra á los que se dejan dominar por una vanidad desmedida á rebelarse contra todo lo que los molesta, á saltar por encima de las conveniencias sociales, á mirar con menosprecio y odio á sus semejantes, á no retroceder por vengarse ni ante la difamacion ni la calumnia, hay mil probabilidades contra una para asegurar que la enfermedad es gravisima, que necesita remedios heroicos, y que si la providencia no realiza algun milagro en favor del que la padece, se malogrará irremisiblemente.

El ensimismamiento, aunque esté fundado en grandes cualidades personales, ocasiona un vértigo que si no es la demencia, se le parece mucho; y una triste esperiencia ha enseñado á los médicos mas humanos, que no es con razones ni con blandas palabras como se logrará convencer de su pequeñez y desvario al mono-maniaco que se crée superior á cuanto le rodea.

Arrastrados por el encadenamiento de las ideas, olvidamos que en justa espiacion de nuestros pecados literarios, nos hemos impuesto el duro sacrificio por ahora y en mucho tiempo, de limitarnos á rectificar las falsedades que se lanzan á la circulacion en letras de molde con el único objeto de desacreditar nuestra publicacion.

Sentimos de véras que este nuevo y sapientisimo crítico, que nada encuentra bueno, sin duda por las grandes cosas que él ha hecho, no nos haya dirijido antes la palabra. Así nos habria proporcionado en tiempo hábil el doble placer de patentizarle, reconociendo humildemente nuestras faltas, todo lo que hay de jocoso en sus ataques, aun admitiendolos como hijos de la mejor buena fé, cosa imposible, por que están revelando al ménos avisado los móviles poco generosos que guian la pluma del autor. Conocemos el jueguito óte-toi que je m'y mette de los que quieren heredar en vida á los que no han muerto aun, y no nos alucinan las protestas á lo Tartufo.

Desgraciadamente ya pasó el carnaval, y ahora ni aun con huevos de cera seria permitido divertirse, cuanto mas con vejiga y bombas; pero paciencia que hay mas dias que longanizas, y arrieros somos y en el mundo andamos.

Ahora rectifiquemos solamente; no para él de cuyas sátiras ó elogios

"Ni el dulce llena ni el veneno mata:"

sino para algunos de nuestros lectores que podrian dejarse embaucar por el tono dogmático y majistral, la altisonante fraseologia y las erradas aseveraciones, forjadas á sabiendas con el poco cristiano intento de hacernos todo el mal posible.

No se comprende, en efecto, como todo un crítico ignora que una biblioteca no es ni puede ser un repertorio de obras maestras. La etimologia se lo está diciendo: biblioteca, se compone de dos palabras griegas biblion, libro, y theke, depósito ó coleccion. Segun las reglas que asienta el moderno Aristóteles, el millón y medio de libros, manuscritos y folletos que encierra la Biblioteca Nacional de Paris serian todos obras de primer órden. Vaya el erudito de nuevo cuño á la de Buenos Aires no mas, lea media hora el catálogo, pregunte á los que allí están y que saben mas que él,[26] y se convencerá que por cada libro que cumple con las buenas exijencias literarias, hay centenares que no pasan de muy medianos, y que sin embargo son utilisimos por que han servido, sirven y servirán de materiales para componer otros mejores En todas las artes y ciencias los individuos y pueblos no avanzan un paso sin utilizar el legado de las generaciones que les han precedido.

Las obras maestras del ingenio humano desde los tiempos mas remotos, dice Broughan, son tan escasas que podrian á lo sumo colocarse todas en un armario de dos varas de alto y una de ancho.

Queda, pues, demostrado que el erudito á la violeta, no sabe lo que dice desde que se abroga el alto majisterio de la crítica sin conocer siquiera la etimologia de las palabras.

Deducese igualmente que en vez de herirnos como pretende, nos pone una corona, cuando asegura dogmáticamente que de las seis obras publicadas en la Biblioteca Americana, solo dos cumplen con las buenas exijencias literarias. Y todavia le parece poco! Pues á nosotros nos parece tanto, que por este solo rasgo colegimos que el profundo Aristarco está aun por comprender todo el alcance de este su fallo soberano, y deducimos logicamente (como demostraremos algun dia usque ad satietatem) que aunque presuma de erudito y cite á rozo y bellozo el primer libraco ó manual de literatura que le caiga á la mano, no solo ignora el valor de las palabras, sino hasta los principios elementales del arte y las reglas mas triviales de la crítica.

Ay! es nada lo del ojo! que mas quisiera el que traza estas líneas, como todo editor, que en cada seis libros que publicára, hubiese dos que llenasen las buenas exijencias literarias!

Llamamos á nuestra publicacion coleccion escojida, por qué en la imposibilidad de publicar todo lo que ha escrito cada autor, dejamos á su albedrio escojer lo que cada uno considere mas digno de ofrecerse al público como muestra de su capacidad; y nos reservamos el derecho de entresacar oportunamente de las obras y documentos antiguos, los que juzguemos de mas interés é importancia. Se comprende que para llenar medianamente esta segunda parte de nuestro compromiso, necesitamos publicar volúmenes de otro tamaño y con otro tipo &a.

Si calificamos de mas notables á los escritores cuyos nombres en su generalidad ocupan el primer rango entre nosotros, es por la sencillisima razon de que relativamente á nuestro estado social, valen y representan aquí lo que otros de igual nombradia en sus respectivos paises. En efecto, si D. Florencio Varela, D. Adolfo Berro, Echeverria, Sarmiento, Figueroa, Rivera Indarte, Frias, Dominguez, Mármol, Gomez, Mitre, D. Vicente, F. Lopez, D. Juan Maria Gutierrez, Cané, Sastre, Zuviria, Lamas &a. no son los mas notables escritores que tenemos en el Rio de la Plata (cuya série estamos coleccionado[27]) rogamos al severo crítico nos diga quienes son, para solicitar su cooperacion, seguro de que no los desacreditaremos despues de haberles andado rogando con el sombrero en la mano nos prestasen el apoyo de su nombre y de su talento, para fundar una publicacion, que si algo vale, lo debe y lo deberá principalmente á ellos.

Nos discutiremos lo que valgan nuestras propias obras; mas todavia, daremos de barato al concienzudo crítico que sean iguales á las suyas (que es cuanto puede concederse) pero ni él ni nadie nos negará el derecho de creer, contra la opinion del vulgo, que siendo generalmente el público propenso á desalentarse en las publicaciones largas, las esperiencia aconseja empezar por las obras ménos importantes, á fin de aumentar el interés é ir gradualmente satisfaciendo las justas exigencias de los lectores. Niegue el profundo censor, si le parece, que la Biblioteca ha seguido una escala ascendente; demuestre que ha decaido, en vez de mejorar, en cada tomo, y podrá dar un colorido de verdad á sus mal fundadas imputaciones.

Dejamos en el tintero para otra ocasion el análisis de la buena intencion que revela su gacetilla respecto de Cané, Gutierrez, y otros á cuyos escritos únicamente debe que su semanario no haya pasado ya á mejor vida. El que sabe agradecer tales favores, si nada bueno tiene que decir de sus Mecenas, se calla la boca, por que solo en las Navas ó en Asnopolis, (que en esto no están muy conformes los viajeros), se acostumbra pedir y recibir la ofrenda con una mano y devolver con la otra un bofeton. Recomendamos la receta á los deudores insolventes, ora dimane su deuda del bolsillo, ora de la gratitud.